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Antes de que vuelva a ser tarde

Vaya por delante una puntualización. Este breve artículo, a diferencia de los que solemos publicar en esta humilde bitácora, no va dirigido al sevillismo. Al menos, no al sevillismo en su conjunto, sino a una parte muy específica del mismo. A la clase dirigente, concretamente. Sabemos que entre nuestro impagable abanico de lectores se incluye gente perfectamente capaz de hacerle llegar estas líneas a las cuatro o cinco personas que toman las decisiones en el club. A los que tienen los despachos en el largo pasillo de la planta noble del estadio. Así que, si pueden, háganlo. Nos permitirán esta osada exhortación, pero creemos que está sobradamente motivada. En primer lugar, porque somos una mijita sinvergüenzas, no tiene objeto negarlo. Y segundo, y más importante, estamos plenamente convencidos de que la razón nos asiste. Cuando alguien desarrolla un postulado válido, ha de ser capaz de defenderlo ante cualquiera.

Además, vamos hasta a hacer las cosas bien. Como tanto se ha repetido, los análisis los preferís a final de temporada con la intención, es de suponer, de que sean a posteriori. En este caso, pese a la fecha, serán a priori, ya que se refieren a decisiones que están por tomarse en el futuro próximo. En efecto, estamos poniendo el parche antes de la herida. Pero es que ya tenemos algunas cicatrices, y a estas alturas va siendo mejor prevenir que curar.

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El día del cateto

El ser humano, caprichoso él, tiene la perversa costumbre de habituarse a lo bueno. Hay quien lo llama evolución. Una vez que se alcanza algo que el conjunto de una determinada sociedad puede convenir como positivo, se considera un atropello que alguien ejecute una degradación y  elimine ese logro. Se entiende, claro está, que esta máxima se aplica a situaciones duraderas y de índole social. Tú puedes irte una semana a la República Dominicana y por mor de una pulsera de plástico en tu muñeca no tener apenas preocupaciones relevantes. Principalmente, que el sol no te queme demasiado, que la camarera te siga echando mojitos todo el día y que el cocinero te haga, en mitad del salón comedor, un plato que no lleve demasiada yuca. Luego, regresas a tu casa y resulta que está lloviendo, te das cuenta de que los mojitos son una bebida para desviados y/o resacosos y comprendes que cocinar en el salón es imposible sin meterte en obras, además de ser una idiotez supina por aquello de los olores. Pues este choque, esta rebaja en tu calidad de vida llamada “síndrome postvacacional” por esa clase de tipos que le ponen nombre a todo, eso no cuenta. Ahora te das de bruces con la realidad y regresas al estado normal de las cosas, ya que lo del Caribe era algo meramente temporal.  Si nos ponemos una mijita serios, un buen ejemplo que sí refleja a la perfección lo comentado es esa ley que regula la voluntad de la mujer o aquella otra que coarta la de toda la sociedad. Leyes que si se hubiesen promulgado hace cuarenta años gozarían, probablemente, de una aceptación popular. ¿Qué ha cambiado? Pues el paso de los años, el bagaje social y la memoria. Salir con estas en el año 2014 es un acto de poca vergüenza porque la gente ya sabe qué es lo bueno. Ni siquiera lo bueno, simplemente lo lógico.  Sigue leyendo

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Una de película

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Hace cien años, durante el apogeo del cine mudo, los espectadores no echaban nada en falta. Aunque hoy nos pueda parecer que el cine estaba limitado desde antes de la llegada del sonoro, a su tatarabuelo, el protofriki fan de Keaton y Murnau, se la sudaba que no hubiera sonido. Más aún, le importaban tres cojones los intentos de desarrollar un cine sonoro, considerándolos cosas de cuatro chalaos. Se había acostumbrado a un lenguaje basado en la pantomima, la imagen y el movimiento. Si alguien quería oír diálogos, se iba al teatro. El cine era otra cosa. Algo nuevo, independiente, que le acercaba historias, planos, paisajes y héroes nunca vistos, con su propio modo de expresión.

Una vez llegó el puto sonoro, me cago en “Cantando bajo la lluvia”, los principales creadores cinematográficos lo vieron como una limitación, más que como una posibilidad de perfeccionamiento de su arte. Habían estado años buscando soluciones expresivas ajenas al lenguaje que le daban al cine un carácter genuino que ahora, con la palabra, perdería. El público, veleidoso como siempre, se volcó con el cine sonoro y aquí estamos. Menos mal que en España aún quedan actores puristas, como Mario Casas, que nos ahorran cualquier sonido inteligible para que pongamos los cinco sentidos en seguir la historia más allá de meras verbalizaciones. Sigue leyendo

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Un poquito de decencia

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Resulta que el reloj me daba problemas. Un reloj de la hostia, 45 pavos nada menos me gasté. El día del Salzburgo hice una previa quince minutos más larga por gentileza del puto reloj, mientras apuraba el último cubata sonriéndome ante las prisas de la afición. “Qué exagerada es la gente para entrar a coger sitio, coño”, pensaba, mientras Diego Capel metía el primero a los austríacos. Después del partido, en un bar, mis amigos me preguntan a qué viene mi expresión capitidisminuida. El relojito de los cojones, que no tiene ni un mes y es fan de nuestro entrenador; tiene vocación de retrasado. Uno de los allí presentes me dice que su padre, jubilado de Construcciones Aeronáuticas S.A., es un verdadero manitas. Fue montador del Saeta, no te digo más. Mi padre nace en Alemania y se merienda a Messerschmitt. Nasser, por lo del Saeta, le dio un homenaje en El Cairo, creo que te lo conté. Ahora que no tiene nada que hacer está todo el día dando el coñazo en casa arreglando cosas. Dame el reloj y te lo traigo para el próximo partido, que esto te lo arregla mi viejo en diez minutos. Ni dos semanas anduvo bien el reloj. Pasé de gilipolleces y lo llevé a El Corte Inglés, que para algo tenía que servir la garantía. Al día siguiente, me llama el empleado, que me pase a recoger el reloj. El Corte Inglés es que es cosa fina. Al identificarme ante él, deja todo lo que estaba haciendo y me lleva a un aparte. “El reloj, efectivamente, está en período de garantía. Y dice usted que no lo ha llevado a nadie antes que a nosotros, extremo que anularía cualquier obligación por nuestra parte, ¿verdad?” Me deshago en protestas sobre mi pavoroso respeto hacia el contrato social que se establece de resultas de la compra de un efecto en tan señalados grandes almacenes, todo con la mano en el pecho, cejas arqueadas, escapándoseme algún viva a la memoria de don Ramón Areces. “Haga usted el favor de mirar esto. Estaba extrañamente alojado en la corona de su reloj”, me comenta, mientras extiende sobre el mostrador un rollo de papel minúsculo, no más ancho que la pata de una mosca, y me pasa una lupa de relojero. Extrañado, me inclino, y empiezo a leer “…victa y Mariana ciudad de Sevilla, se llevó a cabo la restauración de esta máquina de precisión a cargo del muy insigne señor don Benigno Palomero Cardoso, en el día de Nuestro Señor de tantos y tantos. Deo Gratias”. Por detrás hay más, me dice el dependiente. No quise darle la vuelta. Para qué, si ya podía imaginar el resto. Un meapilas que firma con Deo Gratias habría puesto vivas a San Leandro, San Fernando y San Isidoro, a las Santas Justa y Rufina o contado la vez aquella que fue prioste de Los Servitas. Recogí el reloj del mostrador con aire tribunicio y mirar mayestático. Mientras el mamón del relojero me miraba mordiéndose los carrillos para no descojonarse en mi cara, le pregunté por la sección de jardinería, para hacer ciertas compras con las que aliviar las cargas de la Seguridad Social reventándole la cabeza a hachazos a un jubilado que se hacía llamar a sí mismo insigne. Sigue leyendo

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Los padres pijos

PEX CORRESPONSALÍA CEADE Como ya habrán leído en esta bitácora más de una vez y de dos, la democracia es una puta mierda. Una falacia de mediocres, puesto que si algo caracteriza al ser humano es que cada uno es de su padre y de su madre, lo cual imposibilita que todos valgamos lo mismo. Y de padres y madres vamos a hablar hoy, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid o, lo que es lo mismo, que un taurino, sevillista y muy responsable padre de familia de 20 años haya tenido a bien cubrir y plantar un chicharrón en los interiores de esa muestra de solidaridad, ascopena y de no poder ser más grande porque si no reventaría, también conocida como la niña adoptada de la Pantoja.

Doña Isabel (Maribel en privado) marchó a las Américas en busca de una chamaquita con la que cubrir sus necesidades de madre, que seguían existiendo tras haber criado a Paquirrín. Lógico o incomprensible, como prefieran. También hay quien dice que fue, a la verita de María del Monte, el primer matrimonio gay en adoptar. Sea como fuere, allá que fue a por Chabelita, a la cual se eligió, tras revisar un catálogo como el que mandan ahora en Navidad con los juguetes, con mucho pelo, para que no se sintiera extraña con el tiempo, porque en esa casa va el afilaor a poner a punto las silkepils.

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Los de colorado son los nuestros, pero no todos

Imaginamos que no es necesario recordar quién, ni cómo, ni el motivo siquiera de aquella escena en la que se pronunció la consabida frase. Además, sobre don Carlos Salvador Bilardo ya escribimos una serie de dos entregas en esta misma bitácora. Sea como fuere, mientras atendían aquel tipo del Deportivo, el narigón dejaba dos sentencias que han sobrevivido más de dos décadas. Una de ellas, la de que al enemigo hay que pisarlo, que, si por nosotros fuese, estaría escrita en alguna pared del estadio. A la vera del mosaico, por ejemplo. La otra, en cambio, admite más matices. Incluso modificaciones. Por eso nos atrevemos a puntualizar a Bilardo: los de colorado son los nuestros, sí, pero no todos. Casos prácticos. El personal que se rompía las manos a aplaudir a un negro obeso que ha sido, de largo, el peor profesional que ha pasado por esta plantilla en la última década. Y no es un galardón para el que no haya habido candidatos cualificados, precisamente. O los aficionados que pitaban, allá por 2007, cuando Biris Norte insultaba al otro equipo de la ciudad. Qué más, a ver. Los del runrún con Negredo, o con Luis Fabiano. Está claro que esa gente lleva en el pecho el mismo escudo que tú y que, en episodios de fuerza mayor (celebración de un título, de un partido importante, de un gol), no hay miramientos y todos nos equiparamos. Pero, en el día a día, en las conversaciones en la calle, a veces uno tiene la sensación de que fulanito es de mi equipo, sí, pero como si no lo fuera. Hace tiempo que aprendimos que si un ser humano es sevillista no tiene que caernos bien por obligación. También tenemos nuestros tontos. Pues lo mismo ocurre con los futbolistas. Uno va al estadio para ver a su equipo, pero eso no significa que me apasionen los once que lo integran ese día. Si marca un gol lo celebraré, por supuesto, pero eso no significa que me haga gracia que en él continúe jugando, por llamarlo de algún modo, un sinvergüenza como Perotti.  Sigue leyendo

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¿Quién quiere casarse con mi hijo?

PEX CORRESPONSALÍA AVENIDA DE LA PAZ La democracia es una mierda. Así, sin más. Los griegos, esos seres a los que la vida le va de la única manera que le puede ir a descendientes de violadores de niños, enfermos mentales que se iban a la guerra en calzoncillos, poetas, filósofos y demás calaña, nos hicieron creer que es la mejor forma de gobierno. Pero no lo es y no hace falta abrir un periódico para darse cuenta de ello. Sin ir más lejos, en el bloque de éste que les escribe vive un señor que se dedica a ponerle cabezas de gambas y leche a los gatos del barrio. Y sí, ese hombre tiene el mismo a derecho a votar que Punset, Pérez-Reverte, Dinio, Andrés Pajares o Pepe Mel.

Por lo tanto y aplicándolo a lo que nos ocupa, la democracia no es la solución para el Sevilla. Para empezar porque esto es una sociedad anónima deportiva donde cualquier atisbo de funcionamiento democrático está descartado. Los griegos no son bien vistos en el Sevilla y Tsartas fue una excepción del que siempre se decía que le olía la nuca a serranito del Trini regurgitado por maromo tras noche loca en la Alameda. Además, si usted se ha podido abonar a pesar de que no cabemos (jeje), mire a su derecha, a su izquierda, al calvo de la fila de delante y a la abuela que grita “HEZUUUU” cada vez que Palop saca de puerta confundiéndolo con Navas.

Definitivamente no estamos preparados para volver a ser un club de fútbol. Posiblemente, y no sin falta de lógica, si Del Nido se presentara a las elecciones a presidente del Sevilla ganaría, del mismo modo que si se presentase a alcalde a Zoido se le abrirían las carnes. La democracia no funciona, entérense. Sigue leyendo

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