Primavera sin plata

Perder es lo normal. La frase no es mía, pero me identifico tanto con ella como si lo fuera. Romper boletos no premiados, el alcoholizado regreso a casa sin medio ligue a la vista, que los de selección de personal descubran la porosidad de tu CV al contacto con su ano. Que en la radio no suene tu canción favorita, o al menos una que te guste. Eso es lo habitual, y por eso es tan bonito cuando ocurre lo contrario. En el fútbol, el axioma se multiplica. En todos los países, cada temporada vencen un puñado de elegidos, pero la amplia mayoría no. El 99% pierde. Año tras año. Que el Sevilla haya conquistado tres uefas consecutivas supone tal excepcionalidad que podría compararse al avistamiento de ballenas barbadas en Utrera. Incluso el equipo con mejor palmarés en la Champions la pierde (o no la disputa, que es peor) nueve años por cada uno que la gana. Sigue leyendo

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El Sevilla de Monchi

Él no se acordará. Yo tenía veintipocos años, y un profesor me encargó mi primera entrevista. Era un simple trabajo universitario, con la idea de darnos soltura y poco más. Pero, pese a que el texto no se publicaría en ningún sitio, el personaje debía ser relativamente famoso. Yo probé con Monchi, y accedió. No tenía por qué, pero me abrió su despacho y se mostró afable. Estuve allí dos veces ya que, siempre tan perspicaz, la primera vez olvidé hacer las fotos. En la segunda visita, él ya había leído la entrevista (ahora que lo pienso, debo de guardar la transcripción de aquella charla por algún lado). Finalmente, cuando le pregunté si le importaba que la compartiera en un foro sevillista, se retrajo y me dijo que sí, que eso lo leía la prensa y no quería que le dieran palos. Sigue leyendo

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La toalla tirada en el vestuario

No eran fáciles aquellas mañanas. Apenas habíamos descubierto que, con la cadencia propicia, podíamos expulsar un líquido blanquecino para desfogarnos. Pero aún desconocíamos todo lo que se puede anhelar entre el primer y el penúltimo sorbo a un vaso. Y hacía frío. Aunque vivamos al norte de África, hacía frío. Y las mañanas eran complicadas porque tocaba levantarse sabiendo que te enfrentabas a uno de los equipos chungos. A los entrenados por tipos que gritaban tu dorsal para señalarte, y que contaban con jugadores que, amablemente, te mostraban tus dos opciones: o no marcar ni un gol más o conservar el tobillo. Por no hablar de tener que protegerte de una lluvia de piedras, de escupitajos por la espalda o de árbitros con más miedo que tú. En definitiva, eran mañanas de aguantar el temporal. De saber que el único resultado posible (por aquello de aferrarse a la vida) era la derrota. Para mí, que venía de competir en equipos que ganaban siempre, ese cambio fue tan chocante como instructivo. Aún no lo sabíamos, pero De Gregori hablaba de nosotros en una de las más bellas canciones que jamás se escribieron sobre fútbol. En la vida, con el tiempo, dejaríamos de tener miedo a tirar un penalti. Sigue leyendo

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El silencio

Franco Vázquez, en una maniobra absurda, se gira y hace un boquete en la barrera. El tiro de Durmisi, nacido para morir en su pecho, acaba entrando en la portería. Delirio verdiblanco. Éxtasis en La Palmera. No se vive tal algarabía desde la presentación de Denilson. Pero es más que comprensible: llevan mucho tiempo sin poder hacerlo. Siete largos derbis sin cantar un mísero gol, siete. El ruido es ensordecedor, y el estadio parece que se va a caer. Los cimientos, los nuevos y los viejos, tiemblan. La afición se embelesa, retoza y se frota los ojos vidriosos. Marcarle al Sevilla es lo más parecido a un título que han paladeado últimamente, y toda esa amargura contenida tiene que salir por algún lado. Sigue leyendo

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Ay, mi Sampa, navegar y navegar

Hola, guapis. Que esto, aunque parezca mentira, es una crónica. Con sus comentarios sobre el match (cómo me gusta leer crónicas antiguas), su one x one y todos sus perejiles. Pasa que, como las escribimos más o menos una vez cada mes o mes y medio, hay que hablar de actualidad sevillista, deportiva, vendecolchística y heideggeriana. Dice mi calendario que lo que vi ayer fue un Sevilla-Éibar. Ajá. Buen fútbol. Según bdfutbol, he visto todos los Sevilla-Éibar de la historia. Desde el 1-1 de la 97/98, en Segunda, diciembre, campo embarrado (cómo ha perdido pátina este equipo desde que no se embarran los campos de Primera y casi todos los de Segunda) y penalti fallado en el último minuto por David, no Castedo, otro que nos cedió el Deportivo de La Coruña, hasta el 2-0 de ayer que fue, no nos engañemos, una puta mierda (nótese el abismo y la náusea polifuncional ya que califico como putamierdesco un partido con victoria). Son buenos, los vascuences. Corren como descendientes de don Juan de Urbieta persiguiendo al gabacho impío y destructor, no dieron una mala patada (aquí, mal), se van a mantener con la punta del nabo y veremos si no hacen la gracia y se meten en Europa. Es meridiano que no tengo un carajo que decir sobre el partido. Hemos ganado con cara de asco llegando dos veces, a ver qué coño saco yo de ahí.

Serge Rich: Pues tres jornadas consecutivas sin recibir un gol lleva, aquí, mi ex hermanito en Cristo. Ayer tuvo otro lance en el que demostró que, cuando Bastos Pimparel le daba algún consejo, él le decía a todo que sí y hacía cuentas sobre en qué tramo iría el siguiente Lunes Santo acompañando a Nuestro Padre Jesús de la Redención en el Beso de Judas o, si es mariano, a María Santísima del Rocío: la que le para a Luna en ese centro-chut que el portugués habría adornado tirándose hacia adentro y puesto cara de modelo masculino de la pasarela de Milán por la pesadumbre del gol encajado mientras Rami le desenreda los tacos de la red cagándose en su puta madre. El señor Rico la saca, se come el poste como está mandao y hace que, por vigésimo cuarta vez en lo que va de noche, desee algo muy chungo a Ismael Medina, por histérico y por ponerme de los nervios.

Escudero: Estoy echando de menos a Kolo. No por sus cualidades balompédicas ni por las entrevistas que daba a lomos de un tractor, sino porque en las crónicas lo insultaba y pasaba al siguiente epígrafe, y de este nota no sé nunca qué decir. Tiene una cara que me da coraje. No sé por qué. ¿Saben lo del nota que le cae bien a todo el mundo, es una bellísima persona con su familia, pero a ti es verle la cara y ganas de partírsela? Pues eso me pasa con don Sergio, quien estoy seguro de que es un pedazo de pan, pero no lo puedo evitar. Ah, bueno, sí, un tiro a puerta en la primera parte, después de una contra, en la que, mi arma, te podías haber tranquilizado y haberla jugado o haber seguido con ella.

El gabacho nuevo: Francés, zurdo, blanco, atractivo, rubito y con empaque: siempre que veo a un tío así maldigo al universo por lo que pudo ser y no fue si mi abuelo hubiera cogido puerta de este país de cabrones por Le Perthus en 1939 y así yo habría nacido en una nación digna de ese nombre, aficionada a las huelgas generales, culta, centralizada, con un idioma, una ley y un sistema fiscal para todos sus hijos. Lenglet creo que está ahora mismo en un limbo: la tierra de nadie en la que te da un partidazo, se convierte en fijo para muchos años y lo mismo te levanta la Coupe du Monde de foot en Qatar, que la caga y le hacemos la cruz para los restos o, Dios no lo quiera, le ocurre un Andreolli. Yo creo en ti, Clemente.

Rami: Ay, Adelardo, Adelardo. Líder de la defensa, no te digo que no. Claro que eres líder de ESTA defensa. Que no es precisamente aquella de Maldini-Baresi-Costacurta-Tassotti. Pero bien está. Aunque me pregunto, Adelardo, ¿es necesario que cada domingo regales una ocasión franca de gol porque le das a la pelota con los cordones por la puta suficiencia que te ha inculcado Sampa de que esto es el Barcelona y nos las vamos a follar a todas con sólo que te vean llegar a ti, tu pelo engominado y tus hoyuelos? Tápate una mijita en lo sucesivo. Mi armita.

Mercado: No es cierto que los eibartarras no dieran una mala hostia. Dieron una. Y muy bien dada, se cargaron a Atanas Mercado. Está últimamente fatal. Tanto, que nadie lo habrá echado de menos cuando después del descanso salió nuestro verdadero y único lateral derecho, mi negro de mi alma y su cabecita de aceituna.

Steven N’zonzi: Le retiro, hasta mejor ocasión, el título nobiliario de llamarlo Federico Omar. Otro que está para que se caguen en sus muertos. ¿Nos creemos el mantra de que estos bajones de forma y juego están planificados por los vendecolchas a los que en nuestra ignorancia, superstición y sed de orden y sentido del mundo hemos investido con poderes demiúrgicos o simplemente pensamos que se le acaba la cuerda al muñeco y necesita un descansito?

Guti HAZ: Oye, pues sí, es muy Tsartas. Pero el Tsartas que jugaba con Camacho. Lento. Frío. Corta el juego de sus compañeros. No hace una a derechas. Un pedazo de mamón deambulando por el campo como si hubiera ganado siete copas de Europa. ¿Pero por qué lo juega todo? Después se irá al Villarreal y será el amo, como otro al que también se le parece y que todavía no sé si daba o tomaba: Juan Román Riquelme.

Nasri: Como el Estado Islámico, de capa caída desde hace un tiempo. Creo que debería volver a teñirse. ¿Detalle absurdo? No dejen nunca ninguna mierda así al azar. Aunque pudiera suceder que es una maricona mala que se está reservando para lo gordo que empieza ya el miércoles. Depende de cómo salga, le ofreceré, desde estas líneas, chúparsela o no.

Pablo Sarabia: Ayer hablé con un chaval, madrileño y del equipo de su ciudad, como Dios manda, que me dijo que allí son muchos los madridistas que se alegran de su excelente campaña. Más aún, que se hacían cruces de verlo en el Getafe y no en la Castellana. Y tiene razón. Este tío, acostao, es más futbolista que Marcos Asensio o Lucas Vázquez. Y zurdito, como todos los artistas.

Ben Yedder: Creía que era una especie de Juan Sabas y ha sido quitar a Vietto, que el moro es nuestro y al que hay que foguear es a él, y destaparse como un delantero más que aprovechable. Ayer no fue el mejor partido que ha hecho desde que consiguió un puesto fijo, pero interviene en el primer gol, que es lo que conservamos en la memoria todos los que no tenemos ni idea de fútbol ni ganas de darnoslas de que la tenemos, y eso lo salva.

Jovetic: Llevaba 20 años esperándote, Esteban. Todos los nacidos a principios de los 80 tenemos cierta fascinación con Yugoslavia. En nuestra infancia, por los burreos que metían con sus Jugoplastikas, sus Estrellas Rojas y su selección nacional. Ganaban, bordaban el deporte de que se tratara y escupían a los rivales a la cara. ¿Es concebible tanta belleza? En la adolescencia, por la mano de hostias tan impresionante que pusieron en marcha en su país, un país del sur de Europa, mediterráneo, con pasado musulmán y regiones que se creían mejores unas que otras por razones de lo más extravagante y medieval. Yo tenía hace veinte años un delantero balcánico, Esteban. Muy bueno, muchos goles. Pero era una maricona y más perro que decir que te has olvidado la cartera en el coche a la hora de pagar una comida de Navidad. Yo quería un tío que corriera. Yo quería un tío que tuviera ojos en la nuca para pasarla sacando mucho la lengua. Yo quería un tío que las colase en el último minuto. Yo quería a un tío que celebrara los goles como un chetnik degüella a un turco y se caga en la Sublime Puerta acto seguido. Yo no lo sabía, pero yo te quería a ti, Esteban.

Váitol, Kranevitter y Mariano: Que con mi negro empezamos a jugar con lateral derecho, con el argentino con mediocentro y que a mi Víctor lo quiero más que a mi vida.

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El día de Antonio López

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Hay mamones que ya habrán follado que no han visto a mi equipo en Segunda. Eso, con mi pila de años y el compendio de hostias que llevo en el curriculum, me da vértigo. Chavalotes en la universidad que no recuerdan al Sevilla en Segunda. Como uno de los propósitos de esta bitácora fue nuestro “ánimo de ser particularmente útiles a la juventud, y de contribuir a la reforma de las costumbres en general” o, en palabras mucho más asequibles, PEX está “dedicado para [sic] toda la juventud, para que se quiten [sic] de la droga”, como dijo don Toni el gitano, vamos a darle a un memorabilia que tengo en mente desde septiembre pasado, el cual lo habría escrito antes de la eliminatoria de Copa contra el Madrid de no haberse celebrado en Navidad, que con la cantidad de borracheras que cojo no estoy para nadie, que versará sobre las primeras semifinales de algo que no fuera un torneo veraniego que vi en mi vida, a mis lozanísimos 23 años (lo nuestro tuvo taco de mérito), la eliminatoria contra el Real Madrid de febrero de 2004.   Sigue leyendo

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La machine de George Louis

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE (Háganme el favor de pronunciar mentalmente el título de este cronicón, o de viva voz si son ustedes celadores de un hospicio y quieren enseñar la verdad de la vida, el fútbol, y el amateurismo en esta mañana de domingo a los chavales, no como si estuviera escrito en inglés, pues no hay nada más cateto y propio de los locutores deportivos televisivos y radiofónicos de este país que pronunciar los nombres extranjeros como (aproximadamente) piensa el perpetrador de la retransmisión que se dirían en inglés. De ahí que todas las W de los alemanes las pronunciemos como U. O que lo de arriba sería una especie de “Yorch Luis”. Y no. Imagínese, camarada lector, apoltronado en un sillón de mimbre. Una camisa de seda, desabotonada, por toda indumentaria. Juguetea con su collar de perlas de metro y setenta y cinco centímetros, mientras mira a un señor bajito, calvo y en chándal que entra en la estancia y la encuentra a usted mordiendo una de las cuentas de su collar, darle una fumada a su cigarrillo que pende de una boquilla de tres palmos de largo y, mientras mira al enano entrar, usted mantiene el humo en la boca, lo deja escapar poco a poco, para, a continuación, con la mejor voz de putón de que sea capaz, diga algo así como “Chogch Luí”. Esa es mi imagen mental para decir el nombre del Pastor de Casilda en francés y me sale como si acabara de escapar de un prostíbulo del departamento de Provence-Alpes-Côte d’Azur.)

Ni uno solo del más que probable millar de exámenes que habré hecho en mi vida lo aprobé sin copiar. Cambiazo, profesor subnormal con el que es un crimen perder una tarde estudiando si sabes que no habrá problema en hacer el examen con el libro sobre las rodillas, echar un ojo a un compañero, chuletas. Lo que sea. Gracias a esta manera de encarar los desafíos académicos desarrollé una memoria fotográfica incompleta: me acuerdo de todo lo que leo, pero no puedo recordar nada palabra por palabra. Por eso, pido disculpas por no acordarme de los nombres de los protagonistas de la anécdota, pero aseguro que es real y que podrán leerla en la biografía que Paul Preston escribió sobre don Francisco Franco Bahamonde. Resulta que en los 60, durante el nunca bien ponderado desarrollismo, Cerillita manda como nuevo embajador ante la Santa Sede a un meapilas del Opus. Familia numerosísima, duchas frías, misa y comunión diarias en gracia de Dios, y cilicio los viernes. Uno de ese plan. El día de entrega de las cartas credenciales le dan un pequeño refrigerio como homenaje. Una bagatela. Una pequeña kermesse, se diría hoy, que el Santo Padre es natural del Río de la Plata. Topa con un alto cargo de la curia. Un cardenal italiano que sabe que a Dios se le puede servir de muchas maneras y que ese imbécil que tiene ahora ante sí representa al país de mierda que sumió al suyo en las tinieblas y se cargó, nada menos que, el Renacimiento. Al tano le cae bien el español. Cuando se despiden, le dice, “oiga, y usted ¿es creyente o está en el secreto?”

Sampa, el Pastor de Casilda, está en el secreto. No es un imbécil, como, lo reconozco, pensé en un primer momento. No se cree nada de lo que dice. Porque lo que dice, desengañémonos, es como un muro de Facebook de una treintañera recién parida. Quién podría estar en contra de ir siempre a por el contrario, de pasar a la historia por cómo se jugó y no por lo que se ganó, de erradicar el hambre y la mortalidad infantil en el mundo o de que nada menos que todo el universo conspira para que consigas lo que deseas si lo pides muy muy fuerte, pero muy fuerte de verdad, tía. Nadie. Pero todo eso es mentira. Es imposible, no se puede. Este es un mundo muy cabrón. Sampa, que vivió el Proceso de Reorganización Nacional en sus carnes, lo sabe. Y tanto que lo sabe, como que se libró de una estancia a gastos pagados en la ESMA gracias a que su padre era madero y le decía a qué reuniones ir y a cuáles no. A la Juventus que vaya a buscarla a su campo un Agnelli, mi equipo, no. Si voy a jugarme pasar a octavos de final de Shempions a un estadio hostil y me vale perder por la mínima, no tengo ninguna pega en salir sin delanteros. Y si me tengo que enfrentar a un equipo que lleva un pobrecillo que sí que se ha creído a pies juntillas las mamonadas de Bielsa y le meto un gol de córner, que yo iré de someter con la posesión pero tengo un índice de acierto en jugadas a balón parado apabullante, te voy a dar la pelota y voy a quitar a Guti HAZ por Kolo (digan conmigo, “qué huevos”) porque así voy a tener espacios a la contra sin esa rémora del 22 a quien ayer se cargó con toda la razón del mundo y te voy a meter dos más. Como diría Diego Pablo Simeone antes de que lo poseyera el espíritu de Paco Jémez: “para ti, la posesión; para mí, los espacios”. Y anoche, con 10, sencillamente, no se jugó más. Eso no es menottismo. Eso no es bielsismo. Eso parece contradecir al Huracán del 73. Eso es ser listo como el hambre. Un tahúr. Un embustero. Un yonkigitano. Uno di noi. Sigue leyendo

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