La vieja del 12

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Faltaban seis paradas para llegar a María Auxiliadora, así que me dispuse a levantarme de mi asiento. No me fío de los autobuseros. Mucho menos, de los de la línea 12. Han nacido para engañarme, para fingir abnegación en los atascos de las siete de la mañana y para correr que se las pelan al mando de las líneas nocturnas cuando le comes la boca a tu chati a tus tristes 17 años y ni a ti ni a ella os importaría que diera un rodeo por Huelva. Una de estas personas que, en su demencia y odio hacia mí, piensan que cuando subo a un autobús le doy las buenas tardes a la máquina validadora de títulos de viaje, me escamoteó la verdad de su recorrido el viernes de feria del año pasado. Pregunté, claramente, que si el 12 iba ya a esas horas al Prado. Dijo que sí. Al ver que el autobús giraba a la derecha en la Puerta Osario, caminé hacia la cabecera del autobús. Sólo me acuerdo de la última frase que le dirigí: porque, usted, no querría engañarme, ¿verdad? ¿Qué ganaría con eso? ¿Qué? Explíquese, por favor. Inmediatamente, me abrió la puerta del autobús en mitad del tráfico de la intersección con Gonzalo Bilbao y me dejó marchar, a mí y a mi tembleque de párpados y labio superior. Con estos precedentes, dejé libre mi asiento con la antelación detallada arriba. Pedí con excelentes modos a la vieja que ocupaba el asiento de pasillo que me dejara pasar. No se levantó, sólo giró su trasero, encogió sus brazos sobre su pecho y miró por la ventana. Le di con la cadera en el hombro y con el codo en la cabeza. Puede que fuera queriendo, no lo sé. Da igual, iba a quedarse con la hostia dada de todas maneras. Ya en la Ronda de Capuchinos, me quedé mirando a la vieja. Esa vieja me deseaba el mal. Aunque, ahora, la veía de otro modo. Su mirada errática, sus gestos nerviosos con las manos, su manía de aferrarse el bolso contra su vientre, denotaban un nerviosismo extremo. La vieja, segundos antes mi enemigo mortal, era uno de los nuestros. Esa vieja iba, como yo, al Ramón Sánchez-Pizjuán a ver el Sevilla-Mirandés del 21 de enero de 2016. Era un espejo, femenino y decrépito, de mi alma. Una hermana en el infortunio. A la altura del monumento a San Juan Bosco, Praeit ac tuetur, nos precede y nos defiende, posé mi mano derecha en su hombro, y le dije: “señora, tranquilidad. Comprendo su zozobra en esta hora negra de su vida. Aquí no se sabe qué es peor, que te toque un mojón de contrario en Copa o que te toque un grande. Porque este equipo es un hijo de puta. Sí, un hijo de puta, no me mire así. Usted recordará, seguro, los papelones contra Algeciras, Sabadell, Castellón y, cómo no, Isla Cristina en Copa. O lo del Racing de hace dos años, me cago en Unai. Esto es como tener un hijo toxicómano. No hace una a derechas, pero, ¿lo vas a dejar de querer? Después te hace un dibujito en el Proyecto Hombre y uno es la más feliz y orgullosa de las madres. Señora, fuera penas. Repórtese, coño. Que ganamos. Ya le digo yo que ganamos. Que es el Mirandés, no el Borussia Mönchengladbach. Tenga un kleenex. Deje esos gimoteos que nada van a solucionar. Recuerde siempre: vencimos y venceremos. Somos católicos, apostólicos y romanos y marianos y sevillanos. Tenemos fe en Dios. Sabemos que debemos pasar este baño de sangre, pero el Sagrado Corazón de Jesús nos ayudará”. Me cabreó un poco que la vieja no se bajara en mi parada y siguiera hasta Ponce de León. Sería una vaga de esas que hacen transbordo y cogen el 24 en la terminal, para asegurarse un asiento. Bueno, ella vería. Total, tiempo tenía, que quedaban cinco horas para el partido.

PEX ha fracasado, camaradas. Cuando el creador de este lupanar me mandó un correo para unirme al proyecto, me detalló los objetivos. Escribir cabronadas cagándonos en todo hasta que sangraran las manos y salir alguna vez en las noticias por nuestra intolerable incitación a la violencia. En lugar de esas loables metas, nos hemos aburguesado hasta el límite de escribir un libro, salir en prensa para captar elogios, han recomendado nuestros artículos empleados del club y, lo más nauseabundo de todo, hasta en Jot Down hemos salido. En Jot Down, por el amor de Dios. Mi abuelo no fue voluntario con su bandera de Falange a los 17 años para que su nieto saliera en Jot Down. Por eso intimamos, aunque sea por última vez, porque el que prueba el mariconeo, repite y ya no vuelve, que algo tendrán los rabos, a no hacer prisioneros. A llamar al rival Bilbao, simplemente porque les jode. A despreciar todo lo de fuera. A ser refractarios y cerriles. El Sevilla es sus rivales. Por sí solo no significa nada. Somos lo que los contrarios han hecho de nosotros. La puta mirada del otro. El rival que te obliga a mirar las diferencias entre nosotros y ellos y ves que no, que esos notas no van a pisar el reino de los cielos. Unas personas que desean la derrota del Sevilla, aunque sea subsidiariamente, no merecen consideración. El tío que mejor escribe de fútbol en este país es del Murcia. A mí, los resultados del filial, me preocupan tanto como los del Ancona. Pero desde que me relaciono con ese señor a través de redes sociales, he escuchado los dos partidos del Sevilla Atlético contra el Murcia de este año comiéndome las uñas, fumándome dos paquetes de Pall Mall y yendo a pillar tras las victorias de los chavales. Porque esto es así. Más conoces a alguien de fuera, más deseas vencerles, porque no son nosotros.

Lo de la vieja del autobús era algo que se adecuaba perfectamente a la eliminatoria que nos medirá al Athletic Club de Bilbao. Pero ahora no me acuerdo de cómo. Igual el enemigo era ella. Que, en vez de estadio gratis, tenía el bonobús por la cara, mientras yo tengo que ir a recargarlo. O lo era el autobusero, que paró el vehículo sin que me diera tiempo a cruzar a la altura del ambulatorio y me tuve que tragar una espera innecesaria en el paso de cebra; una más que guardarle a Tussam. O yo, que atemoricé a una pensionista que no se metía con nadie. El caso es, y digámoslo de una puta vez: a por ellos, hostia. Que esto nació porque estamos locos. Porque los trastornos paranoides de personalidad pueden ser maravillosos. Porque si ya no se puede morir en Acre, tampoco es mal sitio la grada del Sánchez-Pizjuán. A tomar por culo con todo.

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4 comentarios

Archivado bajo La previa de la jornada

4 Respuestas a “La vieja del 12

  1. Carlos

    No puedo engorilarme ya, a más de 24 horas del partido, que a mi edad puede que no llegue al pitido inicial. Pero acabo leyendo el post y me hierve la sangre!!!

  2. Anónimo

    Ni se te ocurra cerrar este blog…

  3. Angel

    Un tussam en La Habana.

    Fotaco

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