La aceptación de la derrota

(Nota de la redacción: Este artículo se pensó antes de ganarle al Fútbol Club Barcelona, pero dada la consabida eficacia de esta bitácora, no ha sido publicado hasta hoy)

Parece como si viviésemos en una novelización de algunos aspectos de la existencia. O, más concretamente, una guionización, toda vez que los novelistas acostumbran a ser sujetos desvergonzados y aficionados a la dispersión. Pero en el cine la justificación de todo tiene que ir por la vía directa. Hablamos, claro está, en el plano teórico, porque luego uno se encuentra con algunas películas cuyos guionistas se esforzaron más en convencer al mundo de que tenían algún talento que en intentar cultivar las reglas básicas del audiovisual. Y, como decíamos, una de esas normas ineludibles es la de que, en la ficción, todo ha de estar motivado. Los personajes tienen que comportarse como lo hacen por alguna razón. Expresado en forma de axioma, la ficción siempre supera a la realidad. El suceso real puede ser aburrido, estúpido o, sencillamente, totalmente increíble. La ficción no puede concederse ese lujo. La vida real puede terminar con que un buen día te levantas y te atropella un autobús. Si eso ocurre en una película, el crítico que la vea a duras penas podrá caminar ante la erección que le supondría esa alfombra roja para el destripe. En definitiva, existe la tendencia a pensar que cada vida es una película que se está rodando, y que todo lo que acontece, lo hace por algo.

Como al fin y al cabo escribimos en un blog de fútbol, toca hacer una comparación, aunque sea un tanto frívola, entre este asunto vital y el balompié. El aficionado a este deporte realiza una curiosa inversión de los hábitos del cinéfilo. En el transcurrir de una película, el espectador perdona cualquier circunstancia que esté motivada únicamente por el azar siempre que vaya en contra de los intereses del protagonista. Que se le pierdan las llaves, que se encuentre justamente con el villano en medio de una gran ciudad o que se quede sin batería en el teléfono son cosas que se dejan pasar si es para joderle la vida a la estrella del celuloide de turno. Ahora bien, si la casualidad permite que el protagonista resuelva algunos de sus problemas, ya estamos todos bramando que si “Deus ex machina” y que vaya mierda de guionista. En el caso del fútbol esta circunstancia se altera. El aficionado asume, con toda la naturalidad del mundo, que sus alegrías pueden estar cimentadas en vencer sin haber tirado a puerta, en favorecerse de errores arbitrales, en que un portero remate a gol un córner para empatar una eliminatoria o que en el descuento marques tras un saque de banda sin haber hecho nada bueno en todo el encuentro. Cuando se gana, se le encuentra la lógica a cualquier suceso. Se ganó porque se tenía que ganar. Lo que ya no gusta tanto al aficionado al fútbol es que los astros se alineen en su contra. Cuando se pierde un partido tras otro ya no puede ser por el mismo motivo por el que se gana, esto es, porque sí. Entonces es que tiene que estar sucediendo cualquier cosa. Ojo, no es que esté pasando algo, sino algo que encima ese aficionado sabe. Y, lo que es peor, por algún motivo considera que es imprescindible hacérselo llegar al resto.

Hablamos siempre, obviamente, excluyendo a la gente que se dedica de manera profesional a integrar un equipo de fútbol. Aquellos que, estén capacitados o no, sea posible o no, trabajan para intentar localizar y eliminar la causa de las desdichas. Pero el jartible-aficionado no. Él cree que ha de ser el que marque el camino, la libertad guiando al pueblo, el faro que ilumina y señala la más variopinta de las razones. Estas pueden ir desde que tal futbolista no juega, o lo hace fuera de su sitio, a que la preparación física no es la adecuada, pasando porque el entrador (aunque sea exitoso) no tiene ni idea o que el césped está demasiado alto. Todo sirve. La nacionalidad de los fichajes, la mala configuración de la plantilla o las disputas accionariales. Incluso, en un acto que define la catadura moral del que lo realiza, inventar (o revelar, que lo mismo da) aspectos pertenecientes a la vida privada de los jugadores. Y todo, claro, haciendo el mayor ruido posible, que se enteren los demás de que cuando la cosa va mal, es por algún motivo, y el aficionado o periodista en cuestión lo saben y el resto no. Huelga decir que cada uno, faltaría más, puede actuar como le salga de la entrepierna. Eso sí, permitan que algunos señalemos lo molesto que resulta soportar a los que confunden la sana exigencia con hacer el ridículo.

Sabemos que la mayoría de los seres humanos están incapacitados para aceptar su derrota, como ejemplifica la invención de religiones basadas en el cielo o la reencarnación. Quizás, y lo planteamos sólo como atrevida hipótesis, ni el fútbol ni el resto de la existencia sean una película perfectamente motivada. Lo mismo hay que ir entendiendo que a veces la vida te lanza un beso y logra dibujarte una sonrisa duradera, pero igualmente es capaz de darte una bofetada tras otra hasta dejarte con la cara partida, desvencijado y tiritando en mitad de la tormenta. Y lo hace porque sí y porque no. Porque puede. Que cada uno se las componga con su madurez individual para aceptarlo.

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6 comentarios

Archivado bajo Mejor fuera que dentro

6 Respuestas a “La aceptación de la derrota

  1. Anónimo

    100% de acuerdo. No me gustan nada los sevillistas tristes; las histéricas, en masculino plural; los que se encuentran más a gusto en la desdicha, porque así pueden criticar a to lo que se menea, que en la derrota; los que están deseando que falle el portero para alzar la voz: ya lo decía yo…

    De esos hay 3.000 en Twitter. Ojo, igual de sevillistas que uno que critica con más mesura. Y a los que le duelen las derrotas como al que más. Pero, lamentablemente, inundan las redes sociales y parece que todo es oscuridad en el Sevillismo.

    Chapeau por tu entrada de hoy,

  2. josefcoxxxl

    Un artículo intemporal. Me descubro ante usted.

  3. palanganismoexacerbado

    Gracias a los dos. Es un artículo pequeñito y minoritario, de esos que pasan por el blog sin hacer mucho ruido.

  4. ignatus

    De lo mejor que he leido por aqui en bastante tiempo. Pasamos bastante tiempo buscando motivos con los que explicar algo que simplemente sucede, y nos olvidamos de lo importante, que es asumir que seguramente no podemos hacer nada mas que perseverar y seguir luchando por lo que venga, no por lo que ya paso.

  5. Artículo de cabecera, para tener en la mesita de noche y revisarlo de vez en cuando.

  6. @pedromonago

    Es sencillamente magistral, no se puede describir mejor una realidad. Felicidades

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