Money League 13/14; el último, que cierre

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Fue una tradición, en los dos primeros años de vida de esta casa, repasar el estudio que la consultora Deloitte publica anualmente sobre los veinte equipos que más dinero ingresan en el mundo, la conocida como “Money League”. La última temporada nos pasamos por el forro de los cojones el análisis. ¿Para qué volver con lo mismo si, año tras año, la lista se repite con variaciones anecdóticas, además de estar elaborada por una multinacional que ha sido cooperadora necesaria, vulgo “gancho”, en la excesivamente optimista valoración de las acciones de Bankia previa a su salida a bolsa, amén de que ponen tal celo en su trabajo que se les pasó el escándalo de las tarjetas negras de sus directivos? A pesar de la satisfacción que suponía no fallar en una sola de nuestras predicciones, si bien es verdad que esa visión de futuro incluso estaba al alcance, a poco que se pusieran, de redactores del diario As, preferimos pasar del tema y dedicarnos a aspectos más serios, como repasos del fútbol sevillano en Semana Santa o arengas terribles que sublimaran los instintos gregarios y telúricos de la masa antes de los partidos ueferos de la primavera del año 2014. Arderemos en el infierno muy merecidamente.  

Algún día se ajusticiará a todos los creadores de redes sociales por el daño irreparable que han hecho a la civilización occidental. Si hubieran existido en el siglo IV de nuestra era, Agustín de Hipona habría regalado “likes” con profusión a grupos maniqueos como “Manes te hama”, “Libre albedrío el que tengo aquí colgado”; discutido con Ambrosio de Milán a través de Twitter en términos de elevada penetración doctrinal como “cristianismo, agárrame esto mismo”, con el que habría llegado a los doscientos retuits y ciento veintidós favs; y continuado fornicando con todo bípedo que se le pusiera por delante, perdiendo así la Santa Iglesia Católica a uno de sus Doctores, Padres y Santos más egregios. Nosotros, por desgracia, nacimos a finales del siglo XX y somos hijos de nuestro tiempo, sus obras y sus vicios. Hemos visto una avalancha en la red, casi una revolución cibernética, pidiendo a gritos y por diversas vías que volviéramos a analizar la Money League. Un tuit explícito y cientos de miles implícitos, suscritos por la mayoría silenciosa, nos han obligado a retomar esta costumbre.

La Money League es la clasificación de los veinte equipos que más ingresos perciben en el mundo. Desde 1997, Deloitte elabora esta tabla basada en la cifra de facturación, y divide esos ingresos en tres áreas: derechos de televisión, marketing y patrocinios, y explotación del estadio. No están recogidas, por tanto, partidas como recalificaciones, acuerdos con la administración más o menos ilícitos, ciertamente inmorales, ni, ay, amigo sevillista, ingresos por venta de jugadores. En efecto, el Sevilla nunca ha salido en la Money League. Ni va a salir en su puta vida de seguir con los actuales dirigentes; nunca; ni aunque el mostachón, delicia utrerana por antonomasia, se convierta en el dulce preferido de los chinos en este nuevo año de la cabra. Ya explicaremos más adelante por qué.

Los 20 clasificados en la Money League 2013/14, y los ponemos a pelo porque acojona mucho enlazar desde la entrada en vigor de la última ley de propiedad intelectual, son: Real Madrid, Manchester United, Bayern Munich, F.C. Barcelona, PSG, Manchester City, Chelsea, Arsenal, Liverpool, Juventus, Borussia Dortmund, Milán, Tottenham Hotspur, Schalke, Atlético de Madrid, Nápoles, Inter, Galatasaray, Newcastle y Everton.

Algunos datos significativos: entre todos estos equipos superaron el año pasado la barrera de los 6000 millones de euros por primera vez, lo que supone un incremento respecto a la temporada pasada del 14%. Una plaza en la Money League cuesta 144 millones de euros, un 20% más de lo que ingresó el vigésimo equipo de esta clasificación en la 12/13. Siete de los diez primeros equipos clasificados siempre han entrado en la Money League. Ninguno de los tres primeros, Madrid, Manchester y Bayern, ha bajado nunca de la décima plaza. El Real Madrid es primero por décimo año consecutivo. El Manchester United, a pesar de que el año pasado bajó hasta su peor puesto en liga desde que existe la Premier League, alcanza el segundo lugar, en detrimento del Barcelona que cae hasta la cuarta plaza. Cuando estás en la élite, que entre o no la pelota, es accesorio. Por último, un dato inquietante: la importancia relativa del “matchday”, los ingresos por venta de entradas y abonos, es la más baja de la historia de la Money League. Catorce de los veinte equipos han visto disminuir esta partida, que hoy significa, de media, sólo el 20% del volumen de negocio. Hace diez años, era un tercio. Y la tendencia es a la baja en los próximos años. No sólo no importa que los equipos que más ganan firmen temporadas desastrosas, empieza a ser irrelevante incluso que jueguen a puertas abiertas.

En la reserva espiritual de Occidente, lo de siempre. Un gigante, EL gigante, que permanece en primera posición, que ahora encima vuelve a ganar copas de Europa y que cada año ingresa más y más y más. Ha sido el primer equipo en superar los 200 millones sólo en el apartado televisivo. Cortesía de Mediapro y, seamos justos, su campaña en Europa y los ingresos que le reportaron llegar hasta la final de Lisboa. Es más, el antiguo modelo madridista, de reventar la cifra de ingresos gracias al demencial reparto hispano de derechos de televisión, ha cambiado. Donde lo petan ahora, como casi la totalidad de estos veinte equipos, es en el área de marketing. Los patrocinios de Emirates, la venta de camisetas y los amistosos en Doha y Estados Unidos, han permitido al Madrid alcanzar los 239 millones. Los ingresos por machday bajan por segundo año consecutivo; ni siquiera llegando a dos finales logran incrementarlos respecto a 2013.

El Barcelona, y esto sí que no lo esperaba nadie, está estancado. Lleva tres años seguidos en los que prácticamente repite su cifra de ingresos, agostamiento que provoca su caída al cuarto lugar de la Money League. En 2013 firmaron un contrato por valor de 100 millones de euros durante tres años con Qatar Airways y ni por esas sube su cifra de negocio. O pasan de Deloitte y les mandan cada año el mismo memorándum o aquí huele tan raro como en el fichaje de Neymar. Un equipo fundado por un señor que se pegó un tiro en 1929 al ver que sus negocios se iban a tomar por culo no merece esta gestión.

El Club Atlético de Madrid es decimoquinto con 170 millones, un incremento del 42% respecto a 2013. Un dato Marca España: es el único campeón de Liga de las cinco principales competiciones de Europa que no está entre los diez primeros. Lo de estos es más de andar por casa: sin los derechos de televisión no podrían ni soñar con estar ahí. Llegaron a la final de la Champions repitiendo su papelón de hace 40 años (que te empaten en el descuento y después te metan cuatro) y gracias al reparto televisivo uefero sacan más de 50 millones. Es decir, si no entra la pelotita, no ganan dinero. Pero esto cambiará gracias al chino, por mucho fair play financiero y muchas milongas que nos cuenten.

El dominio inglés es evidente. Ocho equipos en la Money League, catorce si ampliamos el cupo a treinta equipos y todos, los veinte, en un hipotético top 40 en el que, de nuevo, se desilusionarían si buscaran al Sevilla. Chistes de equipo como el Swansea, el Stoke o el Sunderland están en el top 30, con sede social y principal (y única) clientela en ciudades con 239.000, 239.700 y 174.286 habitantes respectivamente, tienen una cifra de ingresos superior a la del campeón de la Europa League, radicado en una capital de 700.000 habitantes y un área metropolitana de más de millón y medio. Esta ventaja hay que buscarla en el reparto de los derechos de televisión que hace la Premier League. Más de 1.500 millones de libras se repartieron los equipos ingleses el año pasado por este concepto. Casi el doble de los 800 millones que ganó la LFP, que da la mitad a Real Madrid y Barcelona y al resto que le vayan dando por culo. En Inglaterra, la liga se vende como lo que es, una competición. En España, sin embargo, los equipos van por libre como si jugaran sin contrario cada domingo. El resultado, no hace falta haber sido compañero de la Pechotes en Cunef para imaginarlo: un poder de negociación mermado que hace que tu cifra de negocio sea ridícula en comparación con respecto a un servicio casi idéntico. Este mes han firmado un nuevo contrato por 7000 millones, así que ganarán más, seguirán potenciando su liga y un Queens Park Rangers de la vida podrá llevarse a Bacca en cuanto se le antoje.

Lo de Alemania podríamos llamarlo el fin de la novelería. A pesar de sus impresionantes entradas, de la ocupación casi total de los estadios cada partido, los ingresos de los tres equipos alemanes en el “matchday” bien disminuyen, bien suben en un porcentaje despreciable. Que las entradas están tiradas de precio. Sin embargo, en Alemania saben que los enemigos no están en casa y nunca le echarán en cara a su propia gente que no se venden palcos VIP. Ya sea Grecia, Rusia o el judaísmo internacional, el enemigo siempre está fuera, por lo que ni se les ocurrirá subir el precio que da derecho a ver un partido en el estadio; son conscientes de que eso es un activo, un mercado y una fuente de dinero potencial y real; no un problema del que deshacerse. Total, tienen un reparto televisivo negociado por personas en posesión de sus facultades mentales, lo que posibilita unos contratos por publicidad y marketing muy atractivos, y algo a lo que no podemos llegar en España y de lo que ni Tebas, ni Mediapro, ni siquiera Pedrerol, tienen la culpa: un mercado interno de más de 100 millones de habitantes. Ya lo decía el Caudillo; hay que follar más.

Los italianos, su liga, su cultura, todo, menos su cocina y Leonardo Sciascia, me dan mucha pereza. Rancios y pasados. Adriano Celentano no es un modelo a seguir en el ligoteo, el renacimiento fue posible gracias a la estabilidad que le dio a esa península el imperio español, no se puede seguir jugando al fútbol como en los tiempos de Gianni Rivera ni presumir de liga como si siguiéramos en los 90. Están, pero no están. El Inter cae y cae cada año, el Milán, pues bueno, ahí anda, el Nápoles es guadianesco y la Juventus es el único equipo que le saca algo a eso de dejar entrar gente en su estadio para que los vean dar patadas a una pelota. Como buenos católicos, si no fuera por la televisión, ingresarían lo mismo que el Alianza de Lima.

Por último, dos equipos de repúblicas islámicas, Galatasaray y Paris Saint-Germain. Lo de los turcos es un yoyalodije de los amigos de Soccernomics. Si bien, para reseñar el libro, nos centramos en el capítulo más veraniego, el mercado de fichajes, en él se advertía la deriva del fútbol hacia la localización de los equipos potentes del nuevo siglo en mega-capitales (Estambul tiene 14 millones de habitantes) y en países con economías en expansión (el PIB moruno, antes de la crisis, casi llegaba a un crecimiento del 10% anual, actualmente, ya es del 4,1%). A los parisinos les basta con un solo moro: Nasser Al-Khelaïfi. En 2011, el PSG ni siquiera figuró en la Money League. Facturaba entonces menos de 100 millones al año. En 2014 es el quinto equipo con más ingresos en el mundo, con 474 millones de euros. Ya se ha dicho que las inyecciones de capital de magnates no se contabilizan para esta clasificación. Pero a rebufo del moro llegan contratos de patrocinio a mansalva. Con el Qatar National Bank, la Autoridad de Turismo de Qatar, con Panasonic, Heineken, Microsoft y Ooredoo, empresa que tiene poco menos que el monopolio de las telecomunicaciones en Qatar (en 2006, Wikipedia sufrió una serie de ataques que venían de la IP del proxy de Qatar Telecom, es decir, Ooredoo. Al bloquearlo uno de los editores de Wikipedia, se cargó los accesos de todo Qatar, incluyendo a Al-Jazeera). Esta marea de acuerdos se convirtieron en la temporada 13/14 en 321 millones de euros, sólo en marketing. Más que el Madrid de James vendiendo una camiseta cada seis segundos. Más que el Manchester y su alianza con General Motors. Más que nadie en el mundo. Si el PSG jugase todos sus partidos a puerta cerrada y sin televisión, seguiría figurando en el top 10 de la Money League gracias a sus cifras en el sector de mercadotecnia y patrocinios.

El ejemplo del PSG es más que ilustrativo para comprender por qué el Sevilla nunca estará en esta lista. En lugar de Ooredoo, se es fiel a Andalunet. No se atraen empresas que quieran patrocinar al Sevilla Fútbol Club, sino que se crean nuevas ex profeso para que su único cliente sea el Sevilla. Y que nadie se engañe: un jeque, un chino, un ruso, no es la solución. Por una serie de consecuencias que se derivan de la lógica perversa de todo este conglomerado. Un gran empresario, un expoliador de plusvalías a gran escala, que se nos acaba el artículo y no metemos un solo concepto marxista, no invierte en un equipo de fútbol porque “tiene tanto dinero que no sabe qué hacer con él”. Precisamente porque tiene una fortuna sabe muy bien qué hacer con su dinero. Quienes no saben son los que lo pierden en gilipolleces. Wang Jianli, el chino que ha comprado el 20% (una compra de más del 25% de las acciones de una SAD obliga a una verificación y aprobación por parte del CSD; muy cuqui, el chinorri) es propietario de la mayor inmobiliaria de China, Dalian Wanda Group Corporation, ya ha comprado el edificio España de Madrid y tiene los ojos puestos en los terrenos de Campamento, una zona al oeste de Madrid, de más de seis millones de metros cuadrados de titularidad pública (pertenece al Ministerio de Defensa), en los que planifica erigir viviendas, hoteles, casino y, por supuesto, algún puticlub. ¿Qué más le dará a los guerreros arios del fondo sur del Calderón que un miembro del Partido Comunista Chino se quede con terrenos de propiedad de su amada patria a precio de saldo mientras su equipo mete goles? Wang Jianli va a usar al Atlético de Madrid como fondo de reptiles. Mucho más efectivo que sobornar a plumillas de Libertad Digital. Tienes detrás de ti a 50.000 personas que pisan por donde besas y, si la administración se pone digna, o les presiono con lo que supone cabrear a decenas de miles de personas o me voy y les quito el caramelo de la pelotita a esos infelices. Infelices porque pueden argumentar, “sí, el chino viene a lo que viene, pero atraerá contratos, inversores, dinero y, cuando se vaya, el Atlético, o el Valencia cuando Lim se harte, ya habrá formado una marca global que cualquier gran compañía querrá utlizar como escaparate”. Esos contratos no los está firmando el Atlético, el Valencia, el Málaga de Al-Thani o el Sevilla, llegados al caso. Esos compromisos los alcanza la cabeza del proyecto, que compromete a una estructura muy endeble como es un club de fútbol en una serie de gastos desorbitados y, cuando se marche, querrán negociar con él los mismos que ahora: Sanjeplas, toldos y persianas y la frutería de la esquina. Porque un equipo de fútbol factura unas cifras irrisorias. Campofrío, vendiendo chorizos y haciendo incursiones en el siglo XIX a través de sus campañas de publicidad, ingresó en 2010 el triple que el primero de la Money League, el Real Madrid: 1830 millones. Mercadona, en 2013, ingresó también el triple, pero, en su caso, de toda la Money League junta: 19.000 millones. El fútbol no es un negocio, es una estafa.

Como el ferrocarril, la revolución industrial o la abolición de la Inquisición, el reparto “igualitario” de derechos de televisión llegará a España tarde y mal. Lamentamos estimar que no es ninguna salvación. Tras el Mundial de España 82, el fútbol español estaba en quiebra. Una deuda de veinte mil millones de pesetas amenazaba a todo el chiringuito. Se creó la LFP, que independizaba al fútbol profesional de la RFEF y se acordó con el gobierno una especie de tabula rasa así como mayores dividendos provenientes de las quinielas. Fue el primer Plan de Saneamiento; era 1985. Sólo cinco años después, la deuda de los clubes superaba los 40.000 millones de pesetas. Hizo falta otro Plan de Saneamiento; la Ley del Deporte; la conversión en sociedades anónimas deportivas de todos menos Madrid, Barcelona, Athletic y Osasuna. Una nueva “quita”, un nuevo acuerdo sobre las quinielas y, pocos años después, el boom del fútbol por televisión. Los mayores de 25 años lo recordarán; había fútbol todos los días de la semana en abierto; el Extremadura o el Albacete podían permitirse fichajes multimillonarios, el Valencia dilapidaba una fortuna en inventos como Marcelinho Carioca o el Zaragoza fichaba a Cafú para una temporada. Qué sorpresa; a más dinero disponible, mayor gasto, mayor endeudamiento. Hoy, la deuda del fútbol español supera los 500 millones, sólo con Hacienda. El deseado reparto televisivo a la inglesa sólo será otra patada a seguir, un nuevo plan de saneamiento. Servirá para competir con equipos ingleses en el fichaje de medianías, para inflar precios de traspasos y fichas. Y vuelta a empezar. No es un caso de incapacidad congénita futbolera. Es la lógica del sistema. Un sistema de políticas y medios perfectamente racionales encaminados a un fin irracional.

¿Y todavía siguen preguntándonos por qué dejamos de comentar la Money League?

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4 comentarios

Archivado bajo Mi reino por una lavadora

4 Respuestas a “Money League 13/14; el último, que cierre

  1. lobeznoSFC

    plas, plas, plas, plas…

  2. KikeA

    Cohone, se os pide porque cuando los escribís salen articulazos como éste. La reflexión sobre lo ingresado por Campofrío o Mercadona me ha dejado helado. No sé cómo andaréis de visitas, pero puedo afirmar que os merecéis más.

  3. Pepillo "El Gamba"

    ¡Qué barbariá de artículo, coño!. Barbariá por lo bueno, que conste.

    Pero es que sus lo han puesto a güevo; hasta para ser mafioso hay que tener clase y, sobre tó, inteligencia. En tanto que los demás son países serios y no reinos de taifas con su correspondiente patio de Monipodio mangoneando en los que hasta los reventa meten mano en las arcas de los clús cuando no son los mismos clús los que se encargan de la reventa.

    El contraste entre los cómplices de la Merkel y los del Marihuano es más que evidente. Y no digamos el de los anglocabrones, especialistas en sacar partido hasta de los tampones usados y de los ridículos sombreritos que se gasta Su Grasosa Majestá “De Cuíin”, que trae como consecuencia que hasta un equipo de la cuarta división pueda choricearnos furgolistas formados en nuestras canteras.

    En el solar patrio prima el “mantente mientras cobro” o, peor aún, “toma el dinero, corre y el que venga detrás que arree”. Y, en lo que a nuestro Sevilla FC afecta, eso no lo arregla ni una harka de moros ni la totalidad de los chinos vivos o muertos desde Confucio a la fecha.

    Y lo triste es que ya no podemos volver atrás; a lo de que los furgolistas sientan los colores de su equipo y la gente vaya a los estadios a disfrutar de los suyos. Esto se encamina a un resultado como el de aquella película en la que un coche se llevaba tól metraje perseguido por la maera hasta que le pusieron una retro-excavadora en los morros. La imparable huida hacia adelante del fúrgol patrio solo puede ser detenida por la retro-excavadora de las leyes, —-ojo que digo de las leyes, no de la justicia, pues pedir justicia en este país de mierda es más difícil de conseguir que yo logre colmar mi sueño de beneficiarme a la simpar Sharon Stone—-, que enchironen a los mafiosillos de tres al cuarto que mangonean en los máximos estamentos de la cosa.

    En fin; que sus felicito por este monumental artículo mientras me entran ganas de llorar por la fosa séptica en que han convertido el fúrgol los miserables que todos sabemos. Nosotros los primeros, que conste, pues tenemos que soportar la vergüenza de encabezar la lista de clús con presidente enchiquerado.

  4. Kann

    Cafú ni siquiera tenía sitio en aquel Zaragoza, porque en aquel momento Belsué era mejor (cosas veredes). Ganó la Recopa… desde el banquillo.

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