Nosotros que no somos como los demás

Parece mentira que ya hayan transcurrido dos semanas. Desde casi las once de la noche del pasado 1 de mayo, hay un simple vocablo que monopoliza la mayoría de los pensamientos futbolísticos. Obviamente, es imposible concretar el minuto exacto. Como a todos los demás, las palabras que se escaparon de la boca, o que se alojaron en la mente, después de que Mbia rozase la dislocación de pescuezo, son insondables. Al igual que el número de espasmos, cortes de manga, puños apretados y abrazos. En definitiva, una enajenación mental transitoria de manual. Pero, tras todo eso, durase lo que durase, llegó para quedarse la palabra clave. Pronombre personal, primera persona del plural. Nosotros. 

Sí, es evidente. Los que juegan son otros. Son ellos. Pero detrás de los que enredan y desenredan en los despachos, detrás de los que se tragan partidos mierdosos para descubrir al próximo mediapunta habilidoso, detrás, por supuesto, de ese mediapunta habilidoso, estamos nosotros. Detrás está la gente, que cantaba Serrat. Y, en la particular forma que tenemos en PEX de ver toda esta película del fútbol, los de detrás somos los verdaderamente importantes. Haciendo cualquier combinación posible para llegar del sur de España al norte de Italia. Inundando de nerviosismo el auditorio, cada bar, cada salón de cada casa, de Sevilla y de donde sea. Saliendo donde haga falta salir para decir que aquí estamos, una vez más, por si alguien nos daba por muertos. Y el resto, los otros, que revienten.

Nosotros que no somos como los demás, a la manera que reza un libro que no tengo intención alguna de leer. Porque nosotros somos el Sevilla Fútbol Club, y los demás no. Incluso cuando nos falta cohesión en algunos temas, seguimos siendo nosotros. Quiero creer, quizás imbuido de emoción ante la cita turinesa, que cuando la jodemos lo hacemos para reafirmar aquello que le escuché una vez a Panero, citando a algún francés: “Nos autodestruimos para saber que somos nosotros y no todos ellos”. Así que ahora, en fechas como esta, marcadas tan de rojo en el calendario porque no cabe sino disfrutar, con mucho más motivo. Nuestras son las risas, los cánticos, las lágrimas, las cicatrices y las copas. Sólo nuestras.

Lo dijimos cuando eliminamos al Oporto. Ya entonces era inconcebible un sevillista timorato. Ahora, rumbo a nuestra tercera final uefera, si aún existe alguno, únicamente podría tildarse como crimen de lesa humanidad. El disfrute debe ser absoluto. Ya sabemos que ningún médico aconsejaría las taquicardias repentinas de estas horas previas, o los temblores solo de pensar que el árbitro inicie el partido en algún momento de aquí a dentro de doscientos años. Pero es que esos nervios son nuestra mayor recompensa. Mirar atrás con tanto placer que debería estar prohibido. Y sonreír mucho, por cuando no estábamos aquí. Y por cuando no estaremos. Y suspirar ante la certeza de que todavía podemos vivir todo esto una vez más. Que la montaña rusa aún no se ha parado, que nos resta un viaje por delante. Y que nos pare el que se atreva.

Lo reiteramos. Nosotros, los de detrás, somos el Sevilla. Y nacimos para vivir noches como las del miércoles. No es por adoptar una pose conspiranoide, pero es sobradamente sabido que hay mucha gente que preferiría que no estuviésemos ahí. Consecuencia lógica de dejar un reguero de cruces a nuestro paso en los estadios que visitamos, claro. El día que todos nos aplaudan, que nos cojan confesados porque será hora de ir cerrando el chiringuito. Pero así es que hasta nos gusta más, no podemos negarlo. Que se muerdan el labio con sus enhorabuenas. La gloria es nuestra, sólo nuestra, y Europa que nos mire. Que todo el que lleve el puño apretado, por miedo a que se le escape el alma, será de los nuestros. Y solo queremos la gloria, una vez más. El infierno son los otros, y no nos hacen falta. Porque a nosotros no nos quiere nadie, pero es que nosotros nos queremos mucho.

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2 comentarios

Archivado bajo La previa de la jornada

2 Respuestas a “Nosotros que no somos como los demás

  1. Por añadir algo:
    Odio eterno a los carroñeros de las agencias de viajes que se aprovechan de un sentimiento como el nuestro. Mi más profundo desprecio para ellos.

  2. P. Barco

    Yo me cago en tus muertos que casi me haces llorar copon.

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