The world, chico, and everything in it

A lo largo de todo este escrito vamos a dar por hecho que los presentes han visto Scarface. La del 83, la de Brian De Palma. Ya saben, esa con una interpretación sencillamente magistral por parte de Al Pacino (probablemente, la más icónica de su extensa y bien ponderada carrera) que alguien más redicho no dudaría en calificar como tour de force. La película, además, fue escrita por un entonces desconocido Oliver Stone. A todo esto se le suman algunos secundarios inspirados y el resultado ya es sobradamente conocido. La escena del jacuzzi, por ejemplo, es una de esas que te marcan cuando empiezas a ver cine. Pero hay otra que entronca directamente con lo que nos ocupa. Tony Montana, el personaje de Al Pacino, conduce su coche junto a Manny. Los dos inmigrantes ya están establecidos en Estados Unidos, y el compañero le comenta que ese ya debería ser motivo suficiente para ser feliz. Tony, que albergaba unos planes bastante más ambiciosos (poca cosa, levantar un imperio criminal), le dice, así finamente, que un carajo para él. Manny le pregunta qué es lo que quiere, y ahí Tony responde la frase que titula este humilde artículo. “The world, chico, and everything in it”. Que, por si algún despistado faltó a la segunda clase de inglés, viene a significar algo así como “el mundo, y todo lo que hay en él”. 

Y esa frase es la que se nos viene a la mente al escuchar, perplejos, ciertos debates. Tenemos por delante una semana prodigiosa. Una de esas que dan sentido a la fundación de un equipo de fútbol. Que, además del sentimiento identitario, la ilusión común y la adhesión a unos símbolos, qué duda cabe, también está pensado para ganar partidos. Para ganar todos los posibles. Y eso, inexorablemente, lleva a disputar competiciones importantes. El prestigio, la grandeza, como la mayoría de cosas que poseen verdadera importancia, no se regalan. Hay que lucharlas y, en muchos casos, el disfrute es la propia lucha. Ahí está el Oporto, ahí está aquella tanda de penaltis. Nuestro discurrir europeo ya sería motivo suficiente para escribir loas al equipo, pero encima, en la competición doméstica, el Sevilla se ha disfrazado de martillo y ajusticia a casi todos los rivales que se le cruzan con tenacidad y aplomo.

Llegados a este punto, el panorama es sobradamente conocido. El jueves hay una semifinal europea, sabemos lo que se siente. Vamos a decirlo otra vez, porque aunque el equipo sea un habitual por aquello de su nacionalidad, no debe restarle un ápice de importancia al asunto. Mañana hay una semifinal europea. Contra el Valencia. Viejos enemigos, viejos llorones. Ya sabemos que, como buenos gitanillos que somos, preferimos la vuelta en casa y perpetrar una encerrona en la que no se escape ni uno vivo. Pero todavía no tenemos mano en los sorteos ueferos, así que toca jugar la ida en nuestro templo. Por tanto, aunque sea difícil, conviene intentar concentrar nuestra mala leche en el primer partido. Vamos a imaginarnos que ya estamos perdiendo, que es lo que nos pone verdaderamente cachondos, y comportémonos como tal. Que cuando el árbitro pite el final del partido ardan en deseos de volverse a su ciudad pero no para celebrar, sino para que acabe de una vez esa tortura. No hay más objetivo que ese.

Hablábamos del debate. Hay gente que, como si se pudiera, anda diciendo que prefiere la UEFA a clasificarnos cuartos. Llevado al caso práctico, pues poco menos que el partidazo del domingo en Bilbao nos tiene que importar una mierda. Y por ahí no pasamos. En el país feliz, de la casa de la gominola, de la calle de la piruleta, en el que se puedan elegir esta clase de cosas, pues sí. Claro que es preferible llegar a una final que una simple clasificación para otra competición. Pero no es el caso. Bastantes milongas tiene el fútbol ya como para que los aficionados abracemos una más. La mentalización, el cuidar las palabras hasta el extremo ridículo, y, en definitiva, lo políticamente correcto, solamente es permisible (que no elogiable) en jugadores, entrenadores y directivos. No concebimos al sevillista de a pie medroso ante las tres citas que tenemos por delante. Ahora únicamente hay espacio para la ilusión desbordada. Volvemos a estar aquí. Jugándonos los cuartos en Liga, y a tiro de piedra de una final europea. Revisitando la gloria, con los dientes apretados. Para que todos sepan lo que tienen enfrente.

Mañana hay que reventar al Valencia, y el domingo ganar en Bilbao. El mundo, chico, y todo lo que hay en él. Y, si no se puede, el haber llegado a estas alturas de temporada con semejantes aspiraciones tiene que ser calificado como un éxito rotundo. Para nosotros, los aficionados, la semana debe ser mágica. Que otros se concentren, que otros se expriman los sesos y busquen la manera de vencer. Nuestro trabajo en estos siete días no es otro que tener una sonrisa dominando nuestro rostro. Reír, beber y decirnos que esta sensación vuelve a ser propiedad del sevillismo. Poco importa si acabamos como Tony Montana, luchando contra todos y tiñendo del rojo de nuestra sangre una piscina con el lema “The world is yours”. Claro que lo fue. Por unos instantes eternos, el mundo fue nuestro. Somos el Sevilla. Que nos quiten lo bailao.

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2 comentarios

Archivado bajo La previa de la jornada

2 Respuestas a “The world, chico, and everything in it

  1. sevillistagirona

    Pues si, hay que ir con ambición por la vida.
    El manquepierdismo lo dejamos para otros. A mi me gusta ganar hasta los amistosos.

  2. Álvaro Ruiz

    Fantástica entrada, para variar.

    Sólo añadir otra famosa frase de el “El Precio del Poder”, como se llamó en España (yo la ví por primera vez con 14 años y me dejó marcado). Cuando al principio de la peli los agentes de inmigración amenazan a Tony Montana, éste les contesta:

    – “Pueden mandarme aquí o allá, no me importa, ¡no pueden hacerme nada que Castro no me haya hecho ya!”.

    Nos pueden eliminar, nos pueden robar el partido, nos pueden preparar una encerrona en Bilbao, nos pueden pisotear. ¿Y qué? Para los que hemos estado en Eindhoven y en un triangular veraniego con el Málaga y el Mohammedia, todo lo demás nos la suda, hemos vivido lo peor y lo mejor, hemos estado en el cielo y en el infierno.

    No le tenemos miedo a nada. A NADA.

    Y lo queremos todo. TODO.

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