Bienvenidos a Sevilla, bastardos

Pocas veces quince segundos dijeron tanto de un partido de fútbol, de una rivalidad tan histórica como desigual. Una semana de preparación, una espectacular previa en los alrededores del estadio y el ambiente que se merece el templo del fútbol sevillano. A eso súmenle, estimados lectores, un rival mediocre. Todo eso confluye en el inicio del encuentro, hasta el punto de propiciar que el equipo visitante tenga la primera posesión del choque y en lo que tarda un viejete en presignarse ya haya encajado el primero. Porque sacaron y fueron para atrás. ¿Dónde iban a ir? ¿A atacarnos? Retrocedieron un poco más. Tanto, que la bola le llegó a su porteraco anónimo. Falto de calidad, carisma y confianza, cuando percibió que sus propios excrementos, en estado líquido, le corrían por la pierna, sólo pudo desentenderse del esférico para intentar adecentarse un poco. Porque ya me dirán cómo queda eso. Un portero malo e incapaz de controlar sus propios esfínteres, cagado en mitad del césped. Con tantas cámaras. Encima, el balón del que se había deshecho no tiene otra cosa que hacer que ir a parar a la bota de José Antonio Reyes. Dicen que el porteraco regala el gol. Sí, pero no. Que Reyes no es que se encontrase la puerta vacía, sino que define alojándola en la escuadra, haciéndola imparable. Y ya está, quince segundos. El gol más rápido de nuestra historia. Algo que ejemplariza a la perfección la premisa que defendíamos en esta casa: más allá de los jugadores elegidos, los sistemas tácticos y cualquier otro aspecto técnico, estos partidos sólo se ganan de una forma. Saliendo con el cuchillo entre los dientes

Y vaya si salieron así. Qué despligue de garra. El porteraco anónimo todavía andaba revisando su ropa interior cuando Fazio remata, totalmente desmarcado, un excelente centro de Rakitic. Minuto 4. A Pepe Mel parecía que le iba a explotar su cabeza de globo, que ya había adquirido tonos rojizos. Pepe, desde el cariño que no te tenemos, eres un personaje bufonesco. Hecho, qué duda cabe, a la medida de la entidad que te paga. Apenas dos minutos después, Negredo perdona el tercero. Se mereció el tanto el vallecano en el encuentro. El Sevilla era un vendaval. No había acercamientos al área verdiblanca porque nunca se alejaban. Y como no todo era ímpetu, Navas y Cicinho construyen una gran jugada en la derecha, Negredo se topa con el larguero y mientras el lateral diestro saluda a un compadre suyo situado en la grada de Fondo, Reyes se cuela por allí y la mete con la mala. Iban tres en media hora, detonante para que apareciese la sangre inyectada en los ojos de los aficionados sevillistas. No había que parar, la humillación debía ser histórica. El error de aquel derbi con Jiménez no podía volver a cometerse. Y en eso siguió el equipo. Todavía enchufado, como mostraba uno de los mejores y menos reconocidos jugadores del plantel. Fernando Navarro recupera un balón (eso también es aportar ofensivamente), se la deja a Reyes que, con la zurda magistral que tiene, la pone en la cabeza de Fazio. Doblete del argentino. La defensa rival había vuelto a dejarlo solo, y parecían no entender qué pasaba. Ahí va una explicación ajustada a su capacidad intelectual. Igual que los niños de cinco años no desaparecen cuando se tapan los ojos con las manos, el jugador más alto del equipo no deja de medir dos metros cuando se deja barba. Pero qué puede esperarse alguien de una zaga en la que juega de titular Mario, ese tipo con planta de chulo de gimnasio del que cualquier hombre heterosexual huiría en los vestuarios. Y, encima, carajote. Con esas llegó el descanso. Tiempo de revisar las cavidades anales verdiblancas y de echar un poco de agua fría a las erecciones sevillistas.

Desgraciadamente, en la segunda parte se bajó el ritmo. Pensándolo con frialdad, es algo imperdonable. No obstante, hubo tiempo detalles curiosos. Detengámonos un instante en ese jugadoraco llamado Rubén Pérez. Sí, hombre, el muerto de hambre que ayer salió expulsado. Cuando Navas inicia una contra, él no puede más que frenarlo agarrándolo. Peró qué delicia para los ojos sevillistas verlo dando rienda suelta a su envidia más profunda, a su impotencia supina. Revoleó al palaciego con cara de asco, viendo en él un palmarés que no podría igualar ni aunque su lastimosa carrera se alargara un siglo. Permítanme una licencia de metadiscurso. Sabía que este tipo viene cedido del Atlético de Madrid, así que supuse que esa reacción respondía a que era uno de tantos que cayeron en el discurso de que este derbi es un encuentro igualado. Capaz que el tipo se pensaba que podía ganar y, al ver la superioridad, entró en cólera. Pero no, en un trabajo de investigación sin precedentes, he buscado su nombre en Google y resulta que es de Écija. Así que ahí tienen, servida en bandeja, la explicación de su reacción de ayer: lleva mamando desde pequeñito. Volviendo al partido, el tal Pérez lo terminó de arreglar poco después. Le da con la mano y finge, de manera bochornosa, que ha sido golpeado en el vientre. Incluso lo muestra. Fue una de las actuaciones más ridículas que recuerdo, y cuando vio la segunda amarilla sólo pudo esbozar una risita nerviosa. A su casa, el adjetivo patético hecho futbolista.

En un despiste defensivo, Rubén Castro aprovecha la única que tuvo y la cuela. Una cosa era no meterles ocho y otra ya dejar que maquillasen el resultado. Tonterías, las justas. Menos mal que volvieron a ponerse serios y el partido, hasta su finalización, fue un trámite. No obstante, tenía que llegar el quinto. Mucho más bonito, dónde va a parar. Así que cuando el equipo no tenía la garra del principio, el que la lleva de serie la sacó. Medel roba una pelota en la media, cede a Navas que, perfecto, le sirve de tacón el gol en bandeja a Rakitic. El rubio la ajusta al palo y se acabó. Fijaos en la repetición televisiva, el porteraco anónimo se toca las sienes con ambas manos una vez encajado el tanto. No es que esté pidiendo concentración al equipo, ya que el choque se encontraba en el tiempo de descuento. Lo que está implorando es tener la suficiente fuerza mental como para no defecarse encima otra vez. No sabemos si lo consiguió. El árbitro pitó el final y el estadio se convirtió en un cuadro perfecto. La zona visitante vacía, todos los sectores de la grada en armonía y el equipo radiante. Pocas cosas más se le pueden pedir a un derbi.

Y es que, bien pensado, este enfrentamiento siempre será injusto para nosotros. Si por casualidad vence el rival, doblega nada más y nada menos que al Sevilla Fútbol Club. En cambio, cuando triunfa la lógica y se impone el Sevilla, únicamente le está ganando al Betis. Por eso, una manita no viene mal. Por cierto, es la cuarta que se produce en un derbi sevillano celebrado en competición nacional. De ellas, hemos logrado cuatro. Los de verde todas las demás. Bueno, lo del color es un decir, porque ver algo así hoy será misión imposible. Todos callados, guardando las camisetas de Alfonso y Gordillo en el baúl. Más allá de los accidentes recientes, la de hoy es la única realidad que existe, la única ciudad. Bienvenidos a Sevilla, bastardos. Seguro que la reconocéis. Es donde juega como local un equipo con las vitrinas repletas de títulos, no sólo torneos veraniegos. Pero como todos los hijos espurios, la traición y la poca vergüenza la lleváis en la sangre. Así, igual que acabásteis por salir cuando dejamos de ganar títulos, también os olvidaréis de la manita, de que somos mejores y de que siempre lo seremos. No pasa nada, venid a por más cuando queráis. Os estamos esperando.

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18 comentarios

Archivado bajo A toro pasado

18 Respuestas a “Bienvenidos a Sevilla, bastardos

  1. RTPablo

    “Si por casualidad vence el rival, doblega nada más y nada menos que al Sevilla Fútbol Club. En cambio, cuando triunfa la lógica y se impone el Sevilla, únicamente le está ganando al Betis.”

    Gran verdad. En los derbis el Sevilla tiene poco que ganar y mucho que perder. Al menos resultados como el de ayer le hacen a uno afrontar la semana más contento.

  2. Lucius

    Acabo de hacerme 5 pajas seguidas, sin parar, viendo como te sacas el nabo y lo restriegas por la cara de un millón de criaturitas, y ahora llamadme maricón, que me la suda.

  3. Camilo Sexto

    Veo poco odio.

  4. Tras leer esto “Falto de calidad, carisma y confianza, cuando percibió que sus propios excrementos, en estado líquido, le corrían por la pierna, sólo pudo desentenderse del esférico para intentar adecentarse un poco” también el líquido excremento ha corrido por mis esfínteres partido de la risa

  5. Mi felicidad, desgraciadamente, no es absoluta. Primero porque estoy convencido de que tras el 4-0 en la primera parte el vestuario se conjuró para que el 5º viniera en los minutos finales, a modo de redondeo y de regodeo, pero el autor no tenía que ser Rakitic, debía ser Babá, de esa manera se hubiera producido una triple redención con la grada junto a la de Reyes y a la de Fazio (¡Imperial!) y hubieramos enterrado para siempre ese coletilla imperante en las discusiones tabernarias cuando las criaturas se vienen arriba de: “pos mibetigüeno ganó 0-3 con gol de Olías” (la vergüenza no fue el resultado, fue que un tío al que le apodaban “Monseñor” y que llegó con un tal Chirri del Marbella hubiera sido el autor de uno de los goles. Aun me escuece aquello). Que Babá hubiera redondeado la manita hubiera desterrado ese estigma para siempre.

    En segundo lugar porque con 4-0 en el marcador que Fernando Navarro robe un balón y se quede solo delante del portero me sumergía de lleno por unos segundos en contemplar un rara avis que hace más de 10 años que no presencio: un gol de nuestro lateral izquierdo. Estamos hablando de un tio que lleva dos años a un nivel ESPECTACULAR, absolutamente sobrado y que no tiene las depresiones que le entran a por ejemplo Negredo cuando no marca, así que no se le empalma lo más mínimo a la hora de pensar que puede marcar un gol y lo quiere todo, o la gloria absoluta o nada, no hay medias tintas. Merecía la gloria y si esa “pikaita” delante del cancerbero Adrián llega a entrar, juro que me quito los pantalones y le tiro los calzoncillos a Fernando a modo de ofrenda como si fuera una mari adolescente de los 90 viendo a Jesulín de Ubrique en una plaza prefabricada.

    En fin, que el mejor resumen que podrís ver del partido solo lo encontraréis en este video http://www.youtube.com/watch?v=XKKe0kE8ZVg (Mira esta mano y ¡placa!)

  6. SGS86

    Todo muy bien xo se os olvida una cosa……. SEGUIMOS POR ENCIMA!!!!

  7. Anónimo

    Mucha tara y mucha bilis. Soy sevillista y lo de ayer fue puro éxtasis, pero tanto odio me repugna. Saludos, no pienso volver.

  8. Pagaría cien pavos por verle la cara a pepemer cuando se cruce con su yerno.

  9. sevillistagirona

    Tara y bilis? que yo sepa nos reímos de ellos, no les pegamos.
    Anda y que les den por culo que se pegan dos semanas por encima y no hay quien los aguante. Más se merecen los perros estos!!!

  10. Anda que ya te vale

    Solo te voy a decir una cosa: tu no eres un bastardo. Solo eres un deslenguado falto de cojones, que tiene que escribir estas cosas anónimamente porque con nombre y apellidos todos sabrían quien eres y no podrías salir a la calle vacilando lo que vacilas aquí.

  11. Ojú, habló Anda Queya Tevale, DNI 28745625P, C/ Juan Talavera 33.

    Muy bonito el artículo a todo esto.

  12. Gorri

    ON FIRE.

    ONORE A LA PEX FIRM

  13. MELASUDAELFUTBOLPRINGAO

    PUTA SEVILLA PUTA CAPITAL,

  14. Pingback: Sevilla Fútbol Club – miBeti | Palanganismo exacerbado

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