Trágico suceso el que nos llega desde la colonia británica del sur de España capital de la Costa del Sol. Según un teletipo de la agencia EUROPA PEX que acabamos de recibir en la redacción, un malagueño ha fallecido este mediodía en su domicilio en extrañas circunstancias. Fuentes de la investigación consultadas por esta humilde bitácora aseguran que, exactamente, el triste suceso aconteció “a eso de las tres y cuarto, cuando empezaban los deportes de Canal Sur”. Y es que, tras sendas informaciones sobre Real Madrid y Fútbol Club Barcelona, la cadena autonómica tuvo a bien dar cobertura a una noticia que afectaba directamente a tres equipos de su comunidad. Aunque hay que esperar a que se realice la autopsia definitiva, los primeros indicios recogidos por los agentes que llegaron al domicilio malagueño arrojan que el individuo mordió de manera accidental su propia lengua mientras luchaba duramente contra la espina de un espeto que le había salido contestón. La cosa no hubiese pasado de una simple anécdota doméstica si no fuese porque el malagueño (que no malaguista, esa especie aún no ha sido posible avistarla en ningún lugar) tenía en su organismo en el instante de la mordedura el veneno equiparable al de diecinueve cobras. Esa dosis resultaría letal para cualquier ser humano, y provocó la muerte inmediata. Las Fuerzas del Orden acudieron al lugar de los hechos como respuesta a las incesantes llamadas de buena parte del vecindario, que, según hemos podido saber, llamaron a la policía ante los constantes gritos que procedían del piso del fallecido. “Que nos echen si quieren, pero que no metan al Sevilla. ¡Por el Sevilla no!”, se oyó en numerosas ocasiones, seguido de sonidos de naturaleza insólita, como toses, arcadas severas y otros imposibles de determinar. Se espera que mañana se instale la capilla ardiente de este mártir de la causa antiplatinesca en el estadio de La Rosaleda, en lo que sin duda representa un detalle emotivo por parte de las autoridades malagueñas, puesto que el edificio es suyo y nadie le paga un duro por hacer uso de él. Sigue leyendo
Muere un malagueño al morder accidentalmente su propia lengua
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El portero
PEX CORRESPONSALÍA CEADE Genselkirchen, 20 de abril de 2006. Un buen puñado de majaras se sitúan en una esquina de un estadio faraónico a ver un partido de futbol. En el estadio está prohibido fumar, pero esa zona parece las alcantarillas de Nueva York. Humo y peste, mucha peste, tras un día tirados en una aldea en la que no merecía la pena ni robar en los bares, si a eso se le puede llamar bares. Eso sí, qué cantidad de Mercedes y BMWs. Son las 22:10 de la noche, minuto 84 de partido. Córner. Llantos y sollozos, que estamos en Alemania y sólo aquí y en Pamplona un córner es más peligroso que un penalti. El balón sobrevuela el área para encontrarse con la cabeza de Marcelo José Bordon, central brasileño de 1,89 natural de Riberao Preto, ciudad del interior del estado de Sao Paulo cuya principal actividad económica se basa en la extracción de la caña de azúcar y la exportación de meretrices culonas. Remata, claro. La vida pasa en un segundo delante de ti. 400 euros que me he gastado en ir y venir en el día a esta mierda de sitio, a ver cómo le explico a mi madre la quemadura de ‘cigarro’ que llevo en la sudadera, sabía yo que tenía que haberme traído una sudadera más gorda… Sigue leyendo
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Manual de supervivencia para tarados
PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE La maricona de Trotsky dice en su autobiografía que toda su vida mantendría una deuda irredimible con el maestro que le enseñó a leer. Sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con la afirmación del judío traidor; guardo un gran recuerdo de la persona que me arrancó de las tinieblas del analfabetismo y que con su trabajo contribuyó a que esta magnífica bitácora exista. La señorita María Dolores. Una persona de principios férreos, a quien ya le había querido abrir la cabeza algún padre porque ella no veía con buenos ojos la aconfesionalidad de la enseñanza pública y se empeñaba en que los alumnos matriculados en Ética aprendieran el Padrenuestro, el Ave María y el Cuatro esquinitas tiene mi cama. Podemos estar de acuerdo con alguien así o no, pero no se le puede negar ni integridad ni un par de huevos. Cuando empezamos las primeras lecciones vio que yo era un tipo listo y me adelantó un tema del Micho, siendo el líder de la clase. Formación personalizada, a la finlandesa. Un ejemplo de mujer. Acababa el curso 87/88 y, en contubernio con la maestra de la clase de enfrente, los asilvestrados del B, convinieron en organizar un partido de futbito entre los combinados de ambas aulas. El anuncio del próximo encuentro de la máxima, Primero A contra Primero B, fue el acontecimiento del año. Fijado para última hora de un viernes, estuvimos toda la semana pensando, analizando y sopesando nuestras opciones, así como elaborando sesudos análisis tácticos y estratégicos para llevarnos la victoria, a pesar de las continuadas amenazas de que cualquier falta en nuestra conducta nos haría acreedores del castigo consistente en perdernos el partido. Mano de hierro en guante de terciopelo. Estos católicos son unos capos para la represión. La hora previa al derby, sabiendo que estábamos nerviosos y con el cuchillo entre los dientes, la señorita María Dolores cogió una tiza y escribió en la pizarra “DEPORTIVIDAD”. En lugar de tirar de repertorio cristiano y recordarnos unas líneas del “Elogio de la nueva milicia templaria” de San Bernardo, convenciéndonos de que los de enfrente ni eran hijos de Dios ni merecían piedad, nos endilga una parrafada sobre el respeto al adversario, a no reírnos de ellos si ganamos y a poner la otra mejilla en caso de que nos infligieran la derrota. Les juro que mentó, en anatema imperdonable, la palabra derrota antes de un partido. Éramos jóvenes e impresionables. Yo veía aterrado que esa invectiva causaba comprensión y aquiescencia entre mis compañeros. Entonces, me levanté, y ante el silencio de toda la clase, me vi en la obligación de decir: “Señorita María Dolores, todo esto me parece muy bien. Usted sabe que somos iletrados, de pocas luces, gente llana. Sobre todo el imbécil de Téllez, que sólo sirve para coger lagartijas y sacarles los ojos. Puede que lleve razón, señorita María Dolores. Pero quiero decirle una cosa. Si yo pierdo este partido, yo, señorita María Dolores, yo me muero.” No había acabado mi proclama cuando cundió el delirio en el aula. Un aullido unánime de toda la clase “¡¡¡¡¡y nosotros aaaaaaargrrgfrrgr!!!!!” se escuchó en todo el colegio. Sillas y pupitres empezaron a agitarse para meter jaleo y decirles a esos mierdas de enfrente, a esos subhumanos del B, que sería la muerte o la victoria. Las niñas me miraban arrobadas. Mis compañeros me proclamaron capitán. Téllez se enjugó una lágrima. Estábamos preparados. Sigue leyendo
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De resaca
¿Qué clase de crónica se publica casi tres días después del acontecimiento que pretende comentar? Una pregunta muy lógica que es probable que se haga la mayoría de lectores de esta bitácora. Pues la de PEX. Los tempos periodísticos no van con nosotros. En realidad no es una crónica, sino una serie de comentarios sobre algunas de las cosas que acontecieron el pasado viernes. Y la distancia temporal está motivada, principalmente, por dos aspectos. Primero, porque, aunque no lo parezca, tenemos más cosas que hacer en la vida. Y, segundo, porque queremos seguir haciéndolas. Esto es, que no queremos estar privados de nuestra libertad en alguna institución carcelaria, que es donde, probablemente, hubiesen acabado nuestros huesos si llegamos a escribir la noche del partido. Así que ahora es tiempo para los análisis pausados, propios de los hombres de fútbol. Es momento para la moderación y la tranquilidad. Pepe Mel, no eres más desgraciado y más bastardo porque el día no es más largo. Cuesta saber qué adjetivo te define mejor: gordo, calvo o envidioso. Ojalá que el dedo que sacaste a relucir sea lo único que quede para identificarte cuando una manadas de perros te devore. Sigue leyendo
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Demasiado bien nos ha ido
PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Pocos amores hay más limpios, puros y mitificados para un varón mediterráneo como su abuela. Nunca tuvieron una mala palabra para ti, te consolaban de las iras de tu padre y si les rompes las gafas a martillazos porque no quieren gastar un quinto de su pensión no contributiva en regalarte el castillo de Skeletor, ni se enfadan, las tías. Ángeles sobre la tierra que ha puesto ahí el Hacedor para pasarte billetitos de dos mil pelas sin que nadie se dé cuenta. No obstante, tenemos una mala noticia que darles, pacatillos fariseos. A esos seres míticos les gusta follar. Más de una vez el abuelo tuvo que apartarlas porque querían jaleo. Más de quince vieron un maromo por la calle y se les hizo la boca agua. Pensaron, casi a diario, tengo ganas de leña de la buena. Y no tiene nada de malo. ¿Acaso es malo que a su señora abuela se le fueran los ojos detrás de una ración de jamón de bellota sin sentirse culpable al querer comer por simple deleite y no para garantizar su alimentación? No me jodan con el catolicismo y los complejos absurdos. Se folla, se come y se bebe porque, en caso contrario, la raza se exterminaría; y la naturaleza, en su sapiencia, hace que esos cometidos nos parezcan agradables en ocasiones, la hostia en verso en otros momentos, porque a ver quién iba a ponerse a comer habas con choco, con el mal aspecto que tienen, o un buen chocho a pesar del nauseabundo olor que desprende eso, si no fuera por la descarga de endorfinas que producen dichas actividades. Su abuela no era inmune a estos apetitos. Ni a esos olores. Alégrense. Si no, de qué iban a estar ahora perdiendo el tiempo leyendo esto.
En el principio, pues, no fue la luz, ni el verbo, ni el caos; fue el folleteo. La abuela fue una amazona que supo encontrar a un congénere de sexo opuesto con el que perpetuar sus secuencias de nucleótidos, dejando en el camino a otras candidatas menos dotadas para este fin. Los individuos fenotípicamente menos preparados, cuyo aspecto hace pensar en una descendencia enfermiza o sencillamente imbécil, quedan atrás, perdiéndose así su genoma para siempre. Estas bromas de Dios, no obstante sus carencias, tienen los mismos apetitos que el resto de humanos. Para calmarlos suelen recurrir a la autoestimulación genital, vulgo pajote. Huelga decirlo en un blog de frikis, pero por si acaso, dejémoslo claro: tampoco tiene nada de malo. Ni como sustitutivo ni como actividad lúdica. A este fin hay dedicada una categoría cinematográfica de extensísima filmografía y de obsceno ingenio para los títulos de sus obras: el porno. En PEX, humanistas a los que nada se nos escapa, hemos analizado con singular empeño este género cinematográfico; rara vez con ganas de solazarnos, sino casi siempre con el afán de estudio que nos caracteriza. Esa experiencia nos llevó a este magnífico artículo que escruta y categoriza las carreras, títulos, atuendos, pseudónimos e incluso color de pelo de más de 10.000 actrices y actores pornográficos, desmontando así no pocos mitos e ideas preconcebidas respecto a este, injusta e incomprensiblemente, denostado cine. ¿Un estudio acerca de un entretenimiento menospreciado por los biempensantes pero al que en realidad quien más quien menos se ha entregado como una bestia alguna vez para avergonzarse acto seguido, que rebate tópicos números en mano, que arroja algo de luz a una empresa menospreciada? Había que volver a plagiar. Sigue leyendo
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¿Alguna vez has bailado con el diablo bajo la pálida luz de la luna?
¿Se acuerdan de la última semifinal de Copa? Sí, hombre, seguro. Vale que hemos tenido tantas últimamente que es posible que se entremezclen en la telaraña cerebral que conforman los recuerdos futbolísticos. Pero hagan memoria y verán como si fuese ayer aquel balón que ÉL intentó alojar en la portería rival y, si no lo consiguió, le faltó muy poco. Aquel ambiente originado por la visita del equipo grande de ese fragmento de tierra que alguien tuvo a bien llamar Madrid, y no la cochambre a rayas con la que nos toca batirnos el cobre ahora. Pues ese día, este que les escribe tenía un examen. Todos hemos hecho pamplinas por cuestiones balompédicas. Desplantes a amigos, a parejas, a familiares. Viajes sin sentido, recursos económicos malgastados en cosas relacionadas con el fútbol en lugar de, qué sé yo, pagar alguna letra del coche, obtener opiáceos de camellos desdentados o comprarte una guitarra nueva. Pues en el partido de ida de aquella semifinal lo tuve claro. Mi examen era a las 19:30, y el partido comenzaba a las 21:00. Si hubiese estudiado en la facultad de Económicas, o en la de Psicología, pues a lo mejor. O en el Rectorado, como mucho. Pero si te ha tocado acudir cada día al culo del mundo, conocido por algunos como La Cartuja, lo tienes complicado para regresar con celeridad a la civilización cuando te sea preciso. Vamos, que no me daba tiempo ni en cien vidas. Primero, porque los exámenes no empiezan a su hora ni equivocación del profesor mediante. Y segundo, porque el puente se pone que da gloria verlo a esas horas, y no digamos ya los que circulan en bicicleta, sino las marujas enguatadas en mallas horteras, avanzan más rápido que los que quieren salir de ese páramo decorado por una amalgama de edificios sin orden ni concierto. Total, que lo supe en cuanto vi la fecha del partido. Al carajo el examen. Ya me presentaría en la siguiente convocatoria, que era en junio. Para contextualizar un poco el asunto, decir que no era un control de dos temas de Conocimiento del Medio en 4º de Primaria, sino que se trataba de un cuatrimestral de una de las asignaturas más importantes del último curso de la carrera que cursaba. Dicho y hecho, mientras mi compañeros se estrujaban los sesos yo me acercaba tranquilamente a Nervión a ver si los chiquillos tenían ganas de hacer algo ese día. Todo un ejercicio de responsabilidad y madurez, no se atreverán a negármelo. Aquel partido se perdió y yo aprobé la asignatura más tarde, me licencié y ahora tengo un bonito título con el que limpiarme el culo cuando me levanto fino. Pero ese no era el objetivo de la anécdota. Más bien se trataba de definir el público, de delimitar a qué lector va dedicado este escrito. Para los que se hayan sentido identificados por tener una historia similar de aquel día, o de cualquier otro. Para aquellos a los que la cordura les dio de lado en algún momento de sus vidas y se entregaron, desamparados emocional e intelectualmente, a las desventuras que le produce el fútbol al aficionado medio. Qué coño el fútbol, el Sevilla. Pues para esos, para sus cojones, mañana hay otra semifinal. Y el que no tenga pensado entrar en el estadio con el alma en la mano, que abandone raudo esta bitácora y arribe a cualquier otro portal en el que le informarán de cosas tan banales como las posibles alineaciones o el encargado de arbitrar el encuentro. Sigue leyendo
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Cómo tirarle las bragas a Cassano y no morir de frío en el intento
Vaya por delante una pequeña advertencia dirigida al lector asiduo de esta bitácora: salvo contadísimas excepciones, en este antro cibernético tendemos a contar, a nuestra peculiar manera, las penurias y los éxitos del Sevilla Fútbol Club. Pues bien, en el siguiente artículo no hallarán nada de eso. Si acaso, un par de referencias y algún parangón entre aficiones, todo motivado por puro chovinismo. Así, sabiendo de dónde partimos, los que estimen que su tiempo no debe ser malgastado en tamañas pamplinas y prefieran el calor de una buena información narrada en clave sevillista, ya saben dónde está la equis para salir de aquí. Webs que mienten y manipulan las horas de publicación de los artículos para aparentar que han dado una primicia, blogs redactados por tipos que suspendían hasta Refuerzo de Lengua o revistas, por llamarlo de algún modo, que hacen todo lo anterior y mucho más, y encima disfrutan de un pase de prensa. Y luego están los medios oficiales. No me negarán que la alternativa no es de calidad. En cambio, a aquellos visitantes que decidan quedarse, qué vamos a deciros. Que ánimo y fuerza, que si no nos apoyamos los tarados entre nosotros, a ver quién va a estar dispuesto a hacerlo.
Entremos en materia. Florencia es una ciudad bastante apañada, por no profundizar mucho. El Duomo con su cúpula de Brunelleschi, el Ponte Vecchio, museos como los Uffizi y la Galería de la Academia, la Piazza della Signoria y el Palazzo Vecchio, la Santa Croce y todo lo demás, ya saben. Y si no, viajen, cojan un libro o cometan alguna insania similar. Todo muy bonito, con cultura, historia y arte rebosando en cada esquina, capaz de dejar a alguno que otro patidifuso. Y en cuanto uno se hace al ajetreo diario y a las distancias, que ciertamente no son demasiado elevadas, resulta un lugar cómodo para vivir. Pero que no le engañen, porque Florencia esconde un secreto. En las guías te hablan de los Medici, de Dante, de Leonardo da Vinci, de Maquiavelo, pero pasan por alto un detalle de capital importancia. Servidor ya iba avisado por el corresponsal de esta casa en Santiponce, que una noche comentó algo que se constata al poco de pisar estas tierras; hace frío para todos sus muertos. Pero no frío de coge la rebequita o se te pone la piel de gallina, no. Más bien del de me falta meterme un calentador por el culo y aún así tirito. Por tanto, la vida fiorentina está altamente condicionada por el factor climático. Por eso y porque ya desde las 17.30 horas el cielo está más oscuro que el ano de Kondogbia, las calles, da igual lo céntricas que sean, presentan un aspecto desértico tarde sí y tarde también, si acaso interrumpido por grupos de adolescentes extranjeros alcoholizados o , en su defecto, camino de estarlo. Americanos, erasmus, algún asiático despidiéndose de su pubertad. Gente sana, en definitiva.

Stendhal, o cómo ser novelero ya en el siglo XIX. Que alguien le busque algún antepasado sevillano.
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