Gitanos traficando con yonkis

PEX CORRESPONSALÍA CEADE Escribir en esta bitácora le valió al Ayatollah de nuestro consejo de redacción publicar un libro. Aún no nos hemos vengado de tal afrenta ni de las múltiples reseñas que del mismo se hicieron, especialmente dolorosa una publicada en el blog amigo salmonpalangana sobre el actual estilo de esta casa, sosegado y alejado del salvajismo inicial. Lógicamente, no ha quedado un difunto que no nos hayamos mentado entre los socios capitalistas de esta solvente empresa, y eso que somos tres. Claro que, tampoco podíamos ponernos a escupir barbaridades así porque así de un equipo que gana todo lo que puede, que tiene al entrenador más cuqui, en el buen sentido, del planeta Tierra y a un portero con cara de subdelegado de primero de ESO.

Resignados a nuestra suerte, empezamos a asumir que quizás hemos quedado para vestir santos. Glosar nobles batallas, recordar héroes o intentar engorilar a la masa antes de una previa. Pero claro, torpes nosotros, por un instante olvidamos que estamos en Sevilla y en el Sevilla. Aquí, si no se da a la entrada, se da a la salida y, en Nervión, como cada año, había que ponerle precio a los abonos. Y aquí estamos, con una sonrisa de oreja a oreja y afilando la navaja. Sigue leyendo

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Las ratas no huyen del barco

“¿Qué es lo indispensable en el fútbol? En el fútbol, los entrenadores no son indispensables. Los medios de comunicación, da lo mismo. Los dirigentes, da lo mismo. Los árbitros, da lo mismo. Los espectadores, da lo mismo. Lo único que, desde mi óptica, es insustituible, son los hinchas”. La cita, para aquellos que desconozcan su autoría, es de Marcelo Bielsa, uno de esas cosas que todavía hacen que todo este tinglado del fútbol valga la pena. Y cada vez quedan menos. Otro de esos reductos, multiplicado por cien mil basándonos en obvias razones para todo lector de esta bitácora, es lo que acontece en el Sánchez-Pizjuán cada vez que el Sevilla disputa un partido como local. Ahí, donde el sevillista canta, ríe, llora, insulta, muere un poco para después resucitar mucho, es donde reside la magia. No es preciso que incidamos en la descripción: el que lo vivió lo sabe. Sigue leyendo

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No duerme nadie, nadie

Permítanme que, con toda la poca vergüenza, me ponga a citar a Federico García Lorca. No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie. No duerme nadie. ¿Cómo vamos a dormir? Hay varios miles de sevillistas que ya están en Varsovia, o montados en aviones y autobuses que les conducirán hasta allí. A esos a ver quién es el valiente que les convence de que hay que perder el tiempo durmiendo. Peor perspectiva se le presenta al ejército de los que nos quedamos en tierra. Nosotros, los que tenemos que concentrarnos mucho en banales tareas cotidianas para intentar engañar al rincón más indómito de nuestro corazón y confiar así en que deje de latir tanto. Ya saben, actos rutinarios como trabajar, dar una vuelta con los amigos o la familia y, en definitiva, aparentar que somos personas normales. Pero por dentro siempre están, deseando desbocarse, las ganas de que el balón eche a andar. Benditos nosotros, que vivimos estos momentos y que no nos acostumbramos. Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan. Y este Sevilla ha hecho tanto, que basta la opción de repetir lo logrado para que sea un sueño inimaginablemente bello.

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Pasar la SE-30 debería estar penado

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Era demasiado joven y estaba a 800 kilómetros de mi casa, considero disculpables mis dos impresiones. La primera, ver salir al Sevilla de rojo. Una cuestión de costumbre, en los primeros 90, el Sevilla vestía de blanco inmaculado. Sabía que allí iba a vestir de rojo, pero, no sé por qué, no me lo esperaba. La segunda, que lo abuchearan a la salida. Esa todavía me dura. No comprendo cómo se puede ser tan hijo de la gran puta para insultar al Sevilla. Una vez, en Salamanca, me giré hacia la afición local e hice contacto visual con una vieja que insultaba a nuestro equipo. La interpelé así: “Señora; al Sevilla, palabrotas, no. Al Sevilla, besitos”, al tiempo que tiraba besos, ora con la mano izquierda, ora con la derecha. Se me quedó mirando unos cinco segundos y desapareció. Creo que evangelicé a un alma perdida. Lo último que sé de ella fue que llamaba a dos números de la policía nacional y, mientras conversaba con ellos, me señalaba llevándose un dedo a la sien. Aquella tarde del Sardinero formaba parte de una de esas temporadas noventeras en las que el desplazamiento más cercano era Albacete. Habíamos salido de Sevilla a las diez de la noche del sábado, recorrido la península durante catorce horas y presentado en Santander con el tiempo justo de ver el partido. Me gustó. Me gustó muchísimo esa especie de mística de marchar como un ladrón en la noche, cuando todos dormían o se drogaban, en pos de un bien mayor y comunitario. (Cuando los soldados soviéticos llegaron a Alemania, vieron en las granjas, en los pueblos, en las fábricas de sus enemigos, un nivel de vida, unas comodidades, completamente inconcebibles para ellos. No entendían cómo gentes tan ricas habían invadido el culo del mundo que ellos llamaban hogar. A veces, cuando hablo con sevillistas diez o doce años menores que yo, me siento como uno de esos soldados.) Creo innecesario decir que perdimos. El fútbol, como la vida, está fuera de casa. Sigue leyendo

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Tú eres el equipo que yo nunca soñé

Supongo que a ustedes, estimados lectores de esta humilde bitácora, también les ocurrirá algo parecido. Cada persona conserva en el recuerdo algunas ciudades que, con sólo aparecer en la rutina diaria, consiguen arrancarte una sonrisa, casi siempre nostálgica. Como el ciudadano acostumbra a vivir en una constante dicotomía de amor y odio con el lugar en el que habita, nos referimos, claro está, a una ciudad que no sea la propia. Al que esto escribe, por motivos que no vienen al caso, lo descrito le sucede con Florencia. Y, ante estas semifinales ueferas, una extraña pregunta flotaba en el aire. En caso de no pasar a la final, ¿iba a permitir que variase mi excepcional recuerdo florentino el hecho de que el Sevilla se hincase de rodillas allí? O, trasladando la duda al resto del sevillismo, ¿podríamos ponerle una cruz eterna a una ciudad tan importante, desde todos los ámbitos posibles, por un mero resultado deportivo? Sinceramente, como estamos tan tocados de la cabeza, menos mal que hemos pasado a nuestra cuarta final europea y hemos esquivado la tesitura de tener que comprobarlo. Sigue leyendo

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Grandeza llama a grandeza

Decíamos ayer que la grandeza futbolística se crea, pero no se destruye. Es decir, que una vez que te atrincheras en el Olimpo balompédico ya no hay orden judicial ni manada de antidisturbios rabiosos que puedan desalojarte de allí. Siempre, pase lo que pase, cuando alguien eche un vistazo al palmarés, los grandes seguirán estando allí. Y eso, estimados camaradas, es lo que le ocurre al Sevilla Fútbol Club. Superó a su región, y por supuesto a su ciudad, para convertirse en grande de Europa. A base de éxitos incontestables se instaló en la grandeza. Y, si el refranero patrio es cierto, y el dinero llama al dinero, qué duda cabe que la grandeza llama a más grandeza. Por eso, porque nuestro equipo se agiganta, porque nuestro escudo pesa en el continente, porque en el fútbol es normal que los grandes disputen cosas grandes, nuestra casa vuelve a vivir este jueves nada más y menos que unas semifinales de competición europea.

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Money League 13/14; el último, que cierre

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Fue una tradición, en los dos primeros años de vida de esta casa, repasar el estudio que la consultora Deloitte publica anualmente sobre los veinte equipos que más dinero ingresan en el mundo, la conocida como “Money League”. La última temporada nos pasamos por el forro de los cojones el análisis. ¿Para qué volver con lo mismo si, año tras año, la lista se repite con variaciones anecdóticas, además de estar elaborada por una multinacional que ha sido cooperadora necesaria, vulgo “gancho”, en la excesivamente optimista valoración de las acciones de Bankia previa a su salida a bolsa, amén de que ponen tal celo en su trabajo que se les pasó el escándalo de las tarjetas negras de sus directivos? A pesar de la satisfacción que suponía no fallar en una sola de nuestras predicciones, si bien es verdad que esa visión de futuro incluso estaba al alcance, a poco que se pusieran, de redactores del diario As, preferimos pasar del tema y dedicarnos a aspectos más serios, como repasos del fútbol sevillano en Semana Santa o arengas terribles que sublimaran los instintos gregarios y telúricos de la masa antes de los partidos ueferos de la primavera del año 2014. Arderemos en el infierno muy merecidamente.   Sigue leyendo

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