Hacía tiempo que no nos marcábamos un tocho de los de antaño

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Retomamos nuestra sección veraniega por excelencia, aquella que titulamos, en un momento de fecundidad intelectual especialmente feliz, “Literatura exacerbada”. El capitalismo continúa comportándose con su perversidad y mendacidad habituales, por lo que les traemos un volumen que es hijo de esta época despiadada que vivimos: “Soccernomics”. Un libro que, a rebufo de “Freakonomics” y “Moneyball”, pretende dar una visión científica, centrada en el análisis y desde una perspectiva económica, del despropósito que es el fútbol actual, su modelo de negocio, examinar si son ciertas las verdades asumidas sobre este deporte y, echándole un par de huevos, dar unas cuantas predicciones. Stefan Szymanski y Simon Kuper, los listos que escribieron esto, parten de que es un juego injusto, en el que la movilidad vertical entre sus actores es casi imposible. Sin embargo, a pesar de la asunción de esta desigualdad, nunca cuestionarán las reglas que rigen este modelo intrínsecamente abusivo: las leyes capitalistas del mercado. Economista el primero, periodista el segundo, estos representantes de dos sectores profesionales que conforman la hez social por antonomasia, se han visto con tiempo libre ahora que sabemos que la clase obrera siempre será puteada, y se dedican a escribir sobre tonterías como el fútbol. Ya nos veremos en las barricadas. Que en el año 150 DC al cristianismo también se le daba por muerto y enterrado. Cabrones.

Una vez hemos advertido que 2014 no es el fin de la historia y que el materialismo dialéctico seguirá su curso, este sí, inexorable hacia la emancipación del proletariado, podemos decir que el libro está de puta madre. Como el citado “Freakonomics”, ataca a supuestas verdades que nadie cuestiona porque se consideran de sentido común, utilizando herramientas como datos estadísticos y el análisis de regresión. A veces llegan a conclusiones un tanto inexplicables y tienen la decencia de reconocer que ese resultado no se lo creen ni ellos. Porque, además de estar bien escrito, hay mucho sentido del humor. Se lleva montones de palos Islandia (país de 300.000 habitantes que se convirtió en fondo de cobertura para autodestruirse), Italia, la selección inglesa y se atreven a decir algo que es una verdad asumida en todo el continente pero en España es tabú: que la ventaja competitiva del Real Madrid Club de Fútbol se llama Francisco Franco Bahamonde y su incalculable herencia. Sigue leyendo

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El rubio que pudo reinar

En esta casa, miren ustedes qué cosa tan disparatada, tenemos la costumbre de honrar a los grandes jugadores que vistieron nuestra camiseta. Incluso tenemos una sección dedicada en exclusiva a ese fin. Cierto es que no están todos los que son, pero todos los que están, son. Y en esa categoría entra de pleno derecho, qué duda cabe, el muchacho este que ahora se nos va al Barcelona. Somos conscientes de la controversia que ha suscitado su salida pero, respetando a los que se desviven por intentar ennegrecer su recuerdo, queremos zanjar esa cuestión ahora que el artículo se encuentra en sus albores: nos da mucha pereza todo eso. Y, la verdad, nos importa bien poco. Esto va de otra cosa. De dedicarle un puñado de líneas a uno de los mejores futbolistas que pasaron por aquí recientemente. Un tipo que se llama Ivan, y se apellida Rakitic. Y que nos hizo muy felices.  Sigue leyendo

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Antes de que vuelva a ser tarde

Vaya por delante una puntualización. Este breve artículo, a diferencia de los que solemos publicar en esta humilde bitácora, no va dirigido al sevillismo. Al menos, no al sevillismo en su conjunto, sino a una parte muy específica del mismo. A la clase dirigente, concretamente. Sabemos que entre nuestro impagable abanico de lectores se incluye gente perfectamente capaz de hacerle llegar estas líneas a las cuatro o cinco personas que toman las decisiones en el club. A los que tienen los despachos en el largo pasillo de la planta noble del estadio. Así que, si pueden, háganlo. Nos permitirán esta osada exhortación, pero creemos que está sobradamente motivada. En primer lugar, porque somos una mijita sinvergüenzas, no tiene objeto negarlo. Y segundo, y más importante, estamos plenamente convencidos de que la razón nos asiste. Cuando alguien desarrolla un postulado válido, ha de ser capaz de defenderlo ante cualquiera.

Además, vamos hasta a hacer las cosas bien. Como tanto se ha repetido, los análisis los preferís a final de temporada con la intención, es de suponer, de que sean a posteriori. En este caso, pese a la fecha, serán a priori, ya que se refieren a decisiones que están por tomarse en el futuro próximo. En efecto, estamos poniendo el parche antes de la herida. Pero es que ya tenemos algunas cicatrices, y a estas alturas va siendo mejor prevenir que curar.

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El principio de todo esto

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Aquel viernes de junio previo a la entrega de las notas, mientras terminábamos nuestras tareas del día (Pregunta del libro “Corzo” de la editorial Anaya: ¿Hay montañas en tu localidad? ¿Cómo se llaman? Respuesta de este que está aquí: Sí. Monte Gurugú) entró en el aula un desconocido precedido del director. Un breve cambio de impresiones y la entrega de un abultado sobre a la señorita María Dolores nos sumió en el más respetuoso silencio. La señorita María Dolores nos pide que dejemos por un momento los deberes y atendamos. “Chavales, el Sevilla Fútbol Club, el equipo de vuestra amada ciudad, ha tenido a bien invitar a los escolares de este colegio público al encuentro que se celebrará en el Ramón Sánchez-Pizjuán entre los combinados adiestrados por don Roque Olsen, el Sevilla Fútbol Club, y don José Manuel Díaz Novoa, el Real Club Celta de Vigo, el próximo domingo 18 de junio de 1989 a las 20.15 de la tarde.” Era redicha como la madre que la parió, pero la queríamos igual. El señor que había traído el sobre con las entradas lo recoge de las manos de nuestra maestra y empieza a repartirlas. Cuando se marcharon él y el director, no lo dudé. Cogí mi entrada, fui caminando lentamente pero con determinación a la cátedra de aquella luz de la enseñanza y, en un tono de voz lo suficientemente alto para que me escuchara toda la clase, anuncié: -Señorita María Dolores, a mí esto no me hace falta. Yo soy socio del Sevilla desde vaya usted a saber cuándo. No necesito limosna. Los paniaguados estos que me rodean puede que sí, pero yo soy un tío con dos cojones que está allí cada domingo llueva, ventee o salga el sol. Porque, como dijo Quintiliano… “Muy bien, mi arma, muy bien. Dame la entrada y vuelve a tu sitio, anda, guapo”, me interrumpió la buena señora, que ya estaba curada de espanto.

Siempre, a la mínima oportunidad, en cualquier circunstancia, hay que ronear. Sacar pecho por cualquier pollada y mirar por encima del hombro a los demás. A pesar de que cuando llegué a mi casa y conté la hazaña mi propia madre me llamara mamahostias por haberle robado la ocasión de haber podido echar el dominguito con el viejo en el fútbol, que ya había que tener ganas, aquellos segundos en los que noté cómo mi gallarda conducta sembraba admiración y espanto entre mis compañeros, me supieron a rives cola de cinco de la mañana filosofando con un amigo del alma. Sigue leyendo

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Ya no volveremos nunca

Volver es, qué duda cabe, una de las mejores acciones que puede realizar un ser humano de propia voluntad. Algunas aseveraciones solamente conservan su valía en el terreno de lo literario, ya que pocas veces se cumplen en la vida real. Así, aquel verso de Sabina de “en Comala comprendí que, al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver” es, probablemente, una mentira como un castillo. Bonito, vale, pero mentira. Todos queremos regresar al lugar que nos arrancó una sonrisa en el pasado. Y por lugar puede entenderse, efectivamente, un espacio físico concreto, pero también una persona, una situación o un status. Y ese sentimiento está presente en cualquier lado. El himno andaluz, sin ir más lejos, ya promulgaba el deseo de volver a ser lo que fuimos. Todos queremos hacerlo cuando no estamos atravesando un periodo de esplendor. La única diferencia es dónde queremos regresar. La magnitud de lo añorado es lo que determina tu grandeza.  Sigue leyendo

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Nosotros que no somos como los demás

Parece mentira que ya hayan transcurrido dos semanas. Desde casi las once de la noche del pasado 1 de mayo, hay un simple vocablo que monopoliza la mayoría de los pensamientos futbolísticos. Obviamente, es imposible concretar el minuto exacto. Como a todos los demás, las palabras que se escaparon de la boca, o que se alojaron en la mente, después de que Mbia rozase la dislocación de pescuezo, son insondables. Al igual que el número de espasmos, cortes de manga, puños apretados y abrazos. En definitiva, una enajenación mental transitoria de manual. Pero, tras todo eso, durase lo que durase, llegó para quedarse la palabra clave. Pronombre personal, primera persona del plural. Nosotros.  Sigue leyendo

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The world, chico, and everything in it

A lo largo de todo este escrito vamos a dar por hecho que los presentes han visto Scarface. La del 83, la de Brian De Palma. Ya saben, esa con una interpretación sencillamente magistral por parte de Al Pacino (probablemente, la más icónica de su extensa y bien ponderada carrera) que alguien más redicho no dudaría en calificar como tour de force. La película, además, fue escrita por un entonces desconocido Oliver Stone. A todo esto se le suman algunos secundarios inspirados y el resultado ya es sobradamente conocido. La escena del jacuzzi, por ejemplo, es una de esas que te marcan cuando empiezas a ver cine. Pero hay otra que entronca directamente con lo que nos ocupa. Tony Montana, el personaje de Al Pacino, conduce su coche junto a Manny. Los dos inmigrantes ya están establecidos en Estados Unidos, y el compañero le comenta que ese ya debería ser motivo suficiente para ser feliz. Tony, que albergaba unos planes bastante más ambiciosos (poca cosa, levantar un imperio criminal), le dice, así finamente, que un carajo para él. Manny le pregunta qué es lo que quiere, y ahí Tony responde la frase que titula este humilde artículo. “The world, chico, and everything in it”. Que, por si algún despistado faltó a la segunda clase de inglés, viene a significar algo así como “el mundo, y todo lo que hay en él”.  Sigue leyendo

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