Archivo de la etiqueta: Vizcaíno

Las ratas no huyen del barco

Ante todo, no nos queda más que pedir disculpas a nuestros lectores por la reiteración temática. No es nuestra culpa, pero aun así lo hacemos. ¿Qué más nos gustaría a nosotros escribir nuestras paridas habituales en secciones como la de Vete y no vuelvas, donde Koné y Romaric piden su sitio desde hace semanas? Y sería mucho mejor contar algo sobre el reparto televisivo, o echar la vista atrás y hacer algún reportaje de los de Memorabilia. Pero no, nos obligan a seguir hablando de lo mismo. Porque sería de tener muy poca vergüenza que, tal y como está el patio, nosotros nos sacásemos un artículo de cualquiera de los temas anteriormente citados en lugar de tratar los extraños acontecimientos que se vienen sucediendo últimamente en el Sevilla. Otra vez.

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Archivado bajo Mejor fuera que dentro

Y se llevó el Scattergories a casa

PEX CORRESPONSALÍA AVENIDA DE LA PAZ Sí, nos hemos tomado unos días de descanso. Pero ustedes sabían de sobra que tarde o temprano volveríamos a sentir ese mono de posar el portátil sobre nuestras partes íntimas y, al calor de esas agradables radiaciones esterilizadoras, soltar una serie de paridas. Pues aquí estamos, no sabemos ni cómo ni hasta cuándo. Pero estamos, que no es poco.

Hoy volvemos a tratar un tema de rabiosa actualidad. Y no, no vamos a hablar ni de escopetas, reyes, elefantes, prostitutas ni cocaína. Bueno, quizás de esto sí. Hoy vamos a hablar de algo que realmente importa poco, ya que los beneficios que generan en un club son irrisorios, no tienen repercusión en la imagen del club y a la afición le importa una soberana mierda. Sí, volvemos a hablar de las equipaciones del primer equipo. Sigue leyendo

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Archivado bajo Mi reino por una lavadora

Salchichas, seguros y el último vals

Pasado viernes, por la noche. No sé si fue en las cervezas de la tarde, durante la cena, con los cubatas de la noche o con lo que fuera que consumiera a lo largo de la madrugada y en los albores de la mañana del sábado. No alcanzo a recordar, la verdad. Pero si me acuerdo de la pregunta: “quillo, ¿te has enterado de lo de las salchichas?” Yo, claro, no supe de qué mierda me hablaba mi interlocutor, y me lo explicó someramente. Que le habían dicho que los banquillos del estadio los iban a poner en forma de salchicha. En ese estado de felicidad y despreocupación que proporciona el alcohol, los que escuchamos aquello sólo acertamos a creer que se trataba de una extraña broma de nuestro colega, que se habría pasado con los chupitos y le había dado por ahí. Dijimos dos o tres pamplinas, el tema no tuvo más recorrido. Seguramente, nos distraeríamos mirando algún grácil caminar de una jamelga o con cualquier otra cosa importante. Eso sí, al día siguiente, o el mismo día ya, o cuando fuera que íbamos, con el tiempo justo, camino del estadio, me lo volvió a comentar. Ahí, más lúcido y con la bofetada de realidad que supone contemplar el mundo desde un punto de vista no alcohólico, supe de inmediato que lo de las salchichas podría ser verdad. Y tanto que podría, es que ya estaba seguro. Justo en el momento en el que asocié esa imagen a dos palabras que no recomendamos pronunciar en voz alta en ningún callejón oscuro: Manolo Vizcaíno. Sigue leyendo

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Modelo Cortés, o A.S. Siviglia (II)

“Asimismo se admiraban y espantaban de ver los caballos, y lo que hacían los españoles encima de ellos, y algunos pensaron que el hombre y el caballo fuese todo una persona, aunque esto fue al principio en los primeros pueblos; porque después todos conocieron ser el hombre por sí y el caballo ser bestia, que esta gente mira y nota las cosas.”

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Fray Toribio de Benavente, alias Motolinía, que viene a significar “el pringao” en lengua náhuatl, comentaba esto hacia 1.530 sobre los indios mayas y mexicas que veían llegar a los españoles a caballo. Más o menos viene a decir, serán unos salvajes aficionados a sacarle el corazón aún palpitante a sus enemigos, tendrán como rasgo de belleza supremo la bizquera y por ello animan a los niños a cruzar los ojos, a ver si se les queda; serán bajitos, lampiños y cambiarán cuentas de vidrio por oro; pero gilipollas, gilipollas del todo, no son. Se dan cuenta de las cosas, las criaturas. Un franciscano zamorano, de hace cinco siglos, ya avisaba que, por chuflas que veas a los paisanos, tampoco es plan de tomarlos por imbéciles. Sigue leyendo

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Archivado bajo Hasta la victoria siempre