Archivo de la etiqueta: Varsovia

No duerme nadie, nadie

Permítanme que, con toda la poca vergüenza, me ponga a citar a Federico García Lorca. No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie. No duerme nadie. ¿Cómo vamos a dormir? Hay varios miles de sevillistas que ya están en Varsovia, o montados en aviones y autobuses que les conducirán hasta allí. A esos a ver quién es el valiente que les convence de que hay que perder el tiempo durmiendo. Peor perspectiva se le presenta al ejército de los que nos quedamos en tierra. Nosotros, los que tenemos que concentrarnos mucho en banales tareas cotidianas para intentar engañar al rincón más indómito de nuestro corazón y confiar así en que deje de latir tanto. Ya saben, actos rutinarios como trabajar, dar una vuelta con los amigos o la familia y, en definitiva, aparentar que somos personas normales. Pero por dentro siempre están, deseando desbocarse, las ganas de que el balón eche a andar. Benditos nosotros, que vivimos estos momentos y que no nos acostumbramos. Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan. Y este Sevilla ha hecho tanto, que basta la opción de repetir lo logrado para que sea un sueño inimaginablemente bello.

Sigue leyendo

Anuncios

5 comentarios

Archivado bajo La previa de la jornada

Pasar la SE-30 debería estar penado

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Era demasiado joven y estaba a 800 kilómetros de mi casa, considero disculpables mis dos impresiones. La primera, ver salir al Sevilla de rojo. Una cuestión de costumbre, en los primeros 90, el Sevilla vestía de blanco inmaculado. Sabía que allí iba a vestir de rojo, pero, no sé por qué, no me lo esperaba. La segunda, que lo abuchearan a la salida. Esa todavía me dura. No comprendo cómo se puede ser tan hijo de la gran puta para insultar al Sevilla. Una vez, en Salamanca, me giré hacia la afición local e hice contacto visual con una vieja que insultaba a nuestro equipo. La interpelé así: “Señora; al Sevilla, palabrotas, no. Al Sevilla, besitos”, al tiempo que tiraba besos, ora con la mano izquierda, ora con la derecha. Se me quedó mirando unos cinco segundos y desapareció. Creo que evangelicé a un alma perdida. Lo último que sé de ella fue que llamaba a dos números de la policía nacional y, mientras conversaba con ellos, me señalaba llevándose un dedo a la sien. Aquella tarde del Sardinero formaba parte de una de esas temporadas noventeras en las que el desplazamiento más cercano era Albacete. Habíamos salido de Sevilla a las diez de la noche del sábado, recorrido la península durante catorce horas y presentado en Santander con el tiempo justo de ver el partido. Me gustó. Me gustó muchísimo esa especie de mística de marchar como un ladrón en la noche, cuando todos dormían o se drogaban, en pos de un bien mayor y comunitario. (Cuando los soldados soviéticos llegaron a Alemania, vieron en las granjas, en los pueblos, en las fábricas de sus enemigos, un nivel de vida, unas comodidades, completamente inconcebibles para ellos. No entendían cómo gentes tan ricas habían invadido el culo del mundo que ellos llamaban hogar. A veces, cuando hablo con sevillistas diez o doce años menores que yo, me siento como uno de esos soldados.) Creo innecesario decir que perdimos. El fútbol, como la vida, está fuera de casa. Sigue leyendo

4 comentarios

Archivado bajo Mejor fuera que dentro