Archivo de la etiqueta: Supercopa de Europa

Saliendo del armario

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Qué asco me da ver a Lillo sentado en el banquillo del Sevilla. Cómo se puede sentar nadie con la espalda encorvada, las rodillas juntas y, entre ellas, las palmas de las manitas alineadas perfectamente. Primero, porque con esa pose tiene pinta de tonto hasta Clint Eastwood vestido de marine. Segundo, porque es Lillo. En el Sevilla. Lo que llevaba años poblando nuestras pesadillas, ahora, agosto del año del Señor de 2016, es una realidad. Este hecho espantosamente cierto puede causar que el Sevilla Fútbol Club, mientras va ganando una final de Supercopa de Europa, minuto 91, balón dividido en la esquina izquierda de la portería defendida por Kiko Casilla, un señor serbio al silbato, que ya te ha señalado un penalti que no te lo pitan en un Gloria Bistrita-Steaua de Bucarest con don Nicolae Ceaucescu en el palco y en el bolsillo de su americana una quiniela con un dos fijo, señala córner en un balón muy dudoso y que nunca te lo pitarán como tal en un partido contra el mismo rival en el Santiago Bernabéu ni en tu puta casa, ahí, y sólo ahí, debe terminar el partido, y no que un minuto después te haya empatado una final un tío que, por sí solo, justifica el bombardeo con fósforo blanco de la Ciudad Deportiva José Ramón Cisneros Palacios para asegurarnos de que no volverá salir nadie de allí que te haga tantas cabronadas que deja en chavalito revoltoso a Gonzalo Queipo de Llano y Sierra, enterrado con todos los honores en la Basílica de Santa María de la Esperanza Macarena.  Sigue leyendo

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Fútbol Club Barcelona – Sevilla Fútbol Club

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Don Juan Belmonte, la primera vez que toreó en Barcelona, hizo dos descubrimientos que, en su condición de sevillano de bien nacido en la calle Feria y que nunca pisó Triana hasta que el padre debía hasta de callarse, le parecieron sensacionales: que las putas de las Ramblas se tocaran con un sombrerito y que los catalanes sacaran tabaco para ellos solos. Al contar esto en el puestecillo de agua sito en la calle San Jacinto donde paraba con sus camaradas, ellos sí, trianeros, no le querían creer, sin darse cuenta de los incontables lazos que los unen con el pueblo catalán. Ambos, trianeros y catalanes, se creen alguien por haber nacido más allá de un río; llevan a gala unos delirios de grandeza ciertamente misteriosos para pueblos que no han hecho nada destacable en toda su historia; y se apropian, falseando el pasado sin el menor sonrojo, de personalidades que dieron a los siglos y al orbe las naciones que ellos tanto denuestan. Yo les daba a los dos la independencia. Por puro hartazgo. Y que el año que viene unos jueguen su liga con el Palamós y otros hagan estación de penitencia a Santa Ana. De un plumazo, nos quitamos de en medio la monserga de los “valors”, los izquierdos sin venir a cuento y arreglamos la Madrugá para siempre. Que ya está bien de contemplaciones.

Algo funesto debimos hacer los sevillanos para aguantar a estos vecinos y su esquizofrenia ontológica. Pero que, cada vez que nos dé por ganar la UEFA, un equipo español haga lo propio con la Copa de Europa, ya suena a cachondeo. Para colmo, la única vez que jugamos la Supercopa de Europa contra un equipo al que no vemos, como mínimo, dos veces al año, el partido fue el más triste de toda nuestra historia. En fin. Como estamos en verano y en algo hay que emplear tantas horas en que no puede uno ni asomarse a la calle y una vez dejado claro que no podré volver a cruzar el puente de Isabel II en lo que me queda de vida, vamos con el análisis detallado del rival que se medirá al Sevilla Fútbol Club el próximo día 11 en Tiflis, ciudad que encontró ideal para un buen defenestre otro paisano ilustre, don José Díaz, secretario general del Partido Comunista de España. Con todos ustedes, el ejército desarmado de la yihad internacional, el Fútbol Club Barcelona. Sigue leyendo

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Peleando a la contra

Pongamos una noche cualquiera. Primaveral, que siempre queda mejor en estos casos. Tú, más o menos seguro de ti mismo, más o menos guapo, más o menos todo, la divisas entre el gentío. Hace unos años la hubieses considerado inaccesible nada más verla, pero un par de experiencias pasadas te compelan a que te replantees tus propias certezas. Es casi imposible, pero… Ese pero, tan perjudicial en otros enunciados, es el que diferencia a los derrotados de antemano de los que aún conservan algo que decir. Total, que te acercas a ella. Y la cosa marcha, poco a poco, pero marcha. Cada vez mejor. Hay momentos en los que todo parecía perdido, o demasiado cuesta arriba, pero se acaba remontando y la conversación, los acercamientos, fluyen. Las horas vuelan en los relojes de la madrugada, pero a ti te queda tiempo y coraje para el último asalto. Tras un largo tanteo, culminas. Y triunfas.

Abres los ojos. Desconoces si ha sido un sueño repetido, pero giras la cabeza y comprendes que todo ha sido de verdad, otra vez. Y ya que estás en esa privilegiada situación, intentas repetir. No llevará aparejado tanto esfuerzo como la noche anterior pero, si se dan las circunstancias adecuadas, también puede ser placentero. La Supercopa de Europa es el polvo mañanero, pero en plan limpio. Con mucho boato, focos, lujo y elegancia. Con los dos sin resaca, sin sudores ni olores, y hasta con los dientes limpios. Aprovechemos que hemos llegado hasta aquí y, como quien no quiere la cosa, vamos a aproximarnos al objetivo, no vaya a ser que volvamos a tener la dicha eterna de sentirnos campeones una vez más. Sigue leyendo

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