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La coña del fútbol no se detiene en Anfield

Si el fútbol es una coña constante, un partido en uno de sus templos a nivel mundial tiene que reforzar el argumento y serlo de principio a fin. Para qué perder el tiempo elucubrando sobre el espectáculo visto. No le den más vueltas, no tiene sentido; si lo lógico fuese inherente a este deporte iba a verlo un guardia. Por eso, un equipo que, en condiciones normales, habría salido goleado del estadio del Liverpool, ha terminado empatando y no ha vencido de milagro. Sigue leyendo

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El grosor de la piel

Apenas le encuentro cosas positivas a lo de cumplir años. Si acaso, la experiencia. La posibilidad de tamizar un suceso por la memoria y calibrarlo en una medida más justa de lo que el calentón permite. Y ocurre con todo, ¿eh? Con el fútbol también. O mejor dicho: sobre todo con el fútbol. Ser aficionado a este deporte posibilita instalarse en una ilusión constante, donde cada año ofrecen la opción, por remota que sea, de enmendar errores pasados. De aprovechar las oportunidades que tanto llevas malogrando. Eso, en la vida real, es quimérico. El tren se escapa y tú ni siquiera sacas la mano para despedirlo, no vaya a ser que te haga parecer aún más estúpido. Pero el fútbol es diferente, es una serie que no tiene final. A estas alturas, todos hemos aprendido que cada verano se estrena una nueva temporada. Y los relevos de actores son obligatorios.

Por tanto, poco drama cuando un buen jugador se marcha. Poco o ninguno, en realidad. Hasta se me escapa una sonrisa recordando un gol excepcional, una actuación inspirada. O incluso alguna anécdota o declaración interesante. Lo que nunca se me ocurren son reproches. Si el que se va me gusta, es porque rindió mientras le tocó defender al Sevilla. Luego se marcha, como todos. Porque un club más fuerte económicamente le ofrece dinero o porque la edad (también como a todos) comienza a pisarle los talones. Algunos se enfadan si la manera de irse no se ajusta a sus deseos. Las famosas formas, maná para el ofendido. Yo acepté que aquí cada uno se busca sus habichuelas y que, en ocasiones, las cosas vienen como vienen. El jugador no puede controlar los aspectos tan azarosos que rodean a un fichaje. En las salidas, lo único que me importa es el fin, el qué, y no el cómo.

En esto, la prensa tiene un papel fundamental, que da para otra reflexión. Ni el Sevilla ni ningún equipo del mundo genera contenido relevante del que informar 365 días del año. Por tanto, se ven obligados a convertir lo accesorio en importante. Por mucho que se empeñen, todos los detalles de una negociación no son trascendentes. Pero las webs han de actualizarse a diario, y los periódicos salen con casi las mismas páginas en verano que en otoño. Aún recuerdo la tabarra que nos dieron con las salidas de Emery y Sampaoli. Se iban a ir, ¿no? Pues ya está, hombre. No me seas más coñazo. El ruido sólo puede enturbiar el recuerdo que el futbolista deja.

Me da repelús la gente crecidita con la piel fina y que, lejos de intentar aumentar su grosor, se desvive por reducirlo. Por tanto, para todo futbolista que se va, buena suerte y hasta luego. Esto está montado así, y el aficionado no tiene que volverse loco. Sin embargo, algo me frena si pretendo glosar las cuantiosas virtudes futbolísticas de Vitolo. Algo me impide rememorar, por poner un ejemplo, aquella descomunal noche en Mönchengladbach. Alabar su entrega intachable mientras estuvo aquí. Este texto debería ser otro, e ilustrarse con una foto del canario sonriendo y formando un corazón con sus dedos. Pero no me sale. De verdad que no me sale. Cada verano, filtro la información que consumo, tiro de experiencia y pongo media sonrisa en las despedidas. No sé si es una actitud madura, pero desde luego la considero más sana. Pues joder, qué rematadamente mal ha tenido que hacer las cosas Vitolo para que lo único que me salga sea desear que le vaya lo peor posible en su carrera. A un tío que ha ganado aquí tres uefas. Manda cojones.

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Primavera sin plata

Perder es lo normal. La frase no es mía, pero me identifico tanto con ella como si lo fuera. Romper boletos no premiados, el alcoholizado regreso a casa sin medio ligue a la vista, que los de selección de personal descubran la porosidad de tu CV al contacto con su ano. Que en la radio no suene tu canción favorita, o al menos una que te guste. Eso es lo habitual, y por eso es tan bonito cuando ocurre lo contrario. En el fútbol, el axioma se multiplica. En todos los países, cada temporada vencen un puñado de elegidos, pero la amplia mayoría no. El 99% pierde. Año tras año. Que el Sevilla haya conquistado tres uefas consecutivas supone tal excepcionalidad que podría compararse al avistamiento de ballenas barbadas en Utrera. Incluso el equipo con mejor palmarés en la Champions la pierde (o no la disputa, que es peor) nueve años por cada uno que la gana. Sigue leyendo

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El Sevilla de Monchi

Él no se acordará. Yo tenía veintipocos años, y un profesor me encargó mi primera entrevista. Era un simple trabajo universitario, con la idea de darnos soltura y poco más. Pero, pese a que el texto no se publicaría en ningún sitio, el personaje debía ser relativamente famoso. Yo probé con Monchi, y accedió. No tenía por qué, pero me abrió su despacho y se mostró afable. Estuve allí dos veces ya que, siempre tan perspicaz, la primera vez olvidé hacer las fotos. En la segunda visita, él ya había leído la entrevista (ahora que lo pienso, debo de guardar la transcripción de aquella charla por algún lado). Finalmente, cuando le pregunté si le importaba que la compartiera en un foro sevillista, se retrajo y me dijo que sí, que eso lo leía la prensa y no quería que le dieran palos. Sigue leyendo

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La toalla tirada en el vestuario

No eran fáciles aquellas mañanas. Apenas habíamos descubierto que, con la cadencia propicia, podíamos expulsar un líquido blanquecino para desfogarnos. Pero aún desconocíamos todo lo que se puede anhelar entre el primer y el penúltimo sorbo a un vaso. Y hacía frío. Aunque vivamos al norte de África, hacía frío. Y las mañanas eran complicadas porque tocaba levantarse sabiendo que te enfrentabas a uno de los equipos chungos. A los entrenados por tipos que gritaban tu dorsal para señalarte, y que contaban con jugadores que, amablemente, te mostraban tus dos opciones: o no marcar ni un gol más o conservar el tobillo. Por no hablar de tener que protegerte de una lluvia de piedras, de escupitajos por la espalda o de árbitros con más miedo que tú. En definitiva, eran mañanas de aguantar el temporal. De saber que el único resultado posible (por aquello de aferrarse a la vida) era la derrota. Para mí, que venía de competir en equipos que ganaban siempre, ese cambio fue tan chocante como instructivo. Aún no lo sabíamos, pero De Gregori hablaba de nosotros en una de las más bellas canciones que jamás se escribieron sobre fútbol. En la vida, con el tiempo, dejaríamos de tener miedo a tirar un penalti. Sigue leyendo

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El silencio

Franco Vázquez, en una maniobra absurda, se gira y hace un boquete en la barrera. El tiro de Durmisi, nacido para morir en su pecho, acaba entrando en la portería. Delirio verdiblanco. Éxtasis en La Palmera. No se vive tal algarabía desde la presentación de Denilson. Pero es más que comprensible: llevan mucho tiempo sin poder hacerlo. Siete largos derbis sin cantar un mísero gol, siete. El ruido es ensordecedor, y el estadio parece que se va a caer. Los cimientos, los nuevos y los viejos, tiemblan. La afición se embelesa, retoza y se frota los ojos vidriosos. Marcarle al Sevilla es lo más parecido a un título que han paladeado últimamente, y toda esa amargura contenida tiene que salir por algún lado. Sigue leyendo

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El día de Antonio López

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Hay mamones que ya habrán follado que no han visto a mi equipo en Segunda. Eso, con mi pila de años y el compendio de hostias que llevo en el curriculum, me da vértigo. Chavalotes en la universidad que no recuerdan al Sevilla en Segunda. Como uno de los propósitos de esta bitácora fue nuestro “ánimo de ser particularmente útiles a la juventud, y de contribuir a la reforma de las costumbres en general” o, en palabras mucho más asequibles, PEX está “dedicado para [sic] toda la juventud, para que se quiten [sic] de la droga”, como dijo don Toni el gitano, vamos a darle a un memorabilia que tengo en mente desde septiembre pasado, el cual lo habría escrito antes de la eliminatoria de Copa contra el Madrid de no haberse celebrado en Navidad, que con la cantidad de borracheras que cojo no estoy para nadie, que versará sobre las primeras semifinales de algo que no fuera un torneo veraniego que vi en mi vida, a mis lozanísimos 23 años (lo nuestro tuvo taco de mérito), la eliminatoria contra el Real Madrid de febrero de 2004.   Sigue leyendo

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