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El silencio

Franco Vázquez, en una maniobra absurda, se gira y hace un boquete en la barrera. El tiro de Durmisi, nacido para morir en su pecho, acaba entrando en la portería. Delirio verdiblanco. Éxtasis en La Palmera. No se vive tal algarabía desde la presentación de Denilson. Pero es más que comprensible: llevan mucho tiempo sin poder hacerlo. Siete largos derbis sin cantar un mísero gol, siete. El ruido es ensordecedor, y el estadio parece que se va a caer. Los cimientos, los nuevos y los viejos, tiemblan. La afición se embelesa, retoza y se frota los ojos vidriosos. Marcarle al Sevilla es lo más parecido a un título que han paladeado últimamente, y toda esa amargura contenida tiene que salir por algún lado. Sigue leyendo

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El día de Antonio López

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Hay mamones que ya habrán follado que no han visto a mi equipo en Segunda. Eso, con mi pila de años y el compendio de hostias que llevo en el curriculum, me da vértigo. Chavalotes en la universidad que no recuerdan al Sevilla en Segunda. Como uno de los propósitos de esta bitácora fue nuestro “ánimo de ser particularmente útiles a la juventud, y de contribuir a la reforma de las costumbres en general” o, en palabras mucho más asequibles, PEX está “dedicado para [sic] toda la juventud, para que se quiten [sic] de la droga”, como dijo don Toni el gitano, vamos a darle a un memorabilia que tengo en mente desde septiembre pasado, el cual lo habría escrito antes de la eliminatoria de Copa contra el Madrid de no haberse celebrado en Navidad, que con la cantidad de borracheras que cojo no estoy para nadie, que versará sobre las primeras semifinales de algo que no fuera un torneo veraniego que vi en mi vida, a mis lozanísimos 23 años (lo nuestro tuvo taco de mérito), la eliminatoria contra el Real Madrid de febrero de 2004.   Sigue leyendo

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La machine de George Louis

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE (Háganme el favor de pronunciar mentalmente el título de este cronicón, o de viva voz si son ustedes celadores de un hospicio y quieren enseñar la verdad de la vida, el fútbol, y el amateurismo en esta mañana de domingo a los chavales, no como si estuviera escrito en inglés, pues no hay nada más cateto y propio de los locutores deportivos televisivos y radiofónicos de este país que pronunciar los nombres extranjeros como (aproximadamente) piensa el perpetrador de la retransmisión que se dirían en inglés. De ahí que todas las W de los alemanes las pronunciemos como U. O que lo de arriba sería una especie de “Yorch Luis”. Y no. Imagínese, camarada lector, apoltronado en un sillón de mimbre. Una camisa de seda, desabotonada, por toda indumentaria. Juguetea con su collar de perlas de metro y setenta y cinco centímetros, mientras mira a un señor bajito, calvo y en chándal que entra en la estancia y la encuentra a usted mordiendo una de las cuentas de su collar, darle una fumada a su cigarrillo que pende de una boquilla de tres palmos de largo y, mientras mira al enano entrar, usted mantiene el humo en la boca, lo deja escapar poco a poco, para, a continuación, con la mejor voz de putón de que sea capaz, diga algo así como “Chogch Luí”. Esa es mi imagen mental para decir el nombre del Pastor de Casilda en francés y me sale como si acabara de escapar de un prostíbulo del departamento de Provence-Alpes-Côte d’Azur.)

Ni uno solo del más que probable millar de exámenes que habré hecho en mi vida lo aprobé sin copiar. Cambiazo, profesor subnormal con el que es un crimen perder una tarde estudiando si sabes que no habrá problema en hacer el examen con el libro sobre las rodillas, echar un ojo a un compañero, chuletas. Lo que sea. Gracias a esta manera de encarar los desafíos académicos desarrollé una memoria fotográfica incompleta: me acuerdo de todo lo que leo, pero no puedo recordar nada palabra por palabra. Por eso, pido disculpas por no acordarme de los nombres de los protagonistas de la anécdota, pero aseguro que es real y que podrán leerla en la biografía que Paul Preston escribió sobre don Francisco Franco Bahamonde. Resulta que en los 60, durante el nunca bien ponderado desarrollismo, Cerillita manda como nuevo embajador ante la Santa Sede a un meapilas del Opus. Familia numerosísima, duchas frías, misa y comunión diarias en gracia de Dios, y cilicio los viernes. Uno de ese plan. El día de entrega de las cartas credenciales le dan un pequeño refrigerio como homenaje. Una bagatela. Una pequeña kermesse, se diría hoy, que el Santo Padre es natural del Río de la Plata. Topa con un alto cargo de la curia. Un cardenal italiano que sabe que a Dios se le puede servir de muchas maneras y que ese imbécil que tiene ahora ante sí representa al país de mierda que sumió al suyo en las tinieblas y se cargó, nada menos que, el Renacimiento. Al tano le cae bien el español. Cuando se despiden, le dice, “oiga, y usted ¿es creyente o está en el secreto?”

Sampa, el Pastor de Casilda, está en el secreto. No es un imbécil, como, lo reconozco, pensé en un primer momento. No se cree nada de lo que dice. Porque lo que dice, desengañémonos, es como un muro de Facebook de una treintañera recién parida. Quién podría estar en contra de ir siempre a por el contrario, de pasar a la historia por cómo se jugó y no por lo que se ganó, de erradicar el hambre y la mortalidad infantil en el mundo o de que nada menos que todo el universo conspira para que consigas lo que deseas si lo pides muy muy fuerte, pero muy fuerte de verdad, tía. Nadie. Pero todo eso es mentira. Es imposible, no se puede. Este es un mundo muy cabrón. Sampa, que vivió el Proceso de Reorganización Nacional en sus carnes, lo sabe. Y tanto que lo sabe, como que se libró de una estancia a gastos pagados en la ESMA gracias a que su padre era madero y le decía a qué reuniones ir y a cuáles no. A la Juventus que vaya a buscarla a su campo un Agnelli, mi equipo, no. Si voy a jugarme pasar a octavos de final de Shempions a un estadio hostil y me vale perder por la mínima, no tengo ninguna pega en salir sin delanteros. Y si me tengo que enfrentar a un equipo que lleva un pobrecillo que sí que se ha creído a pies juntillas las mamonadas de Bielsa y le meto un gol de córner, que yo iré de someter con la posesión pero tengo un índice de acierto en jugadas a balón parado apabullante, te voy a dar la pelota y voy a quitar a Guti HAZ por Kolo (digan conmigo, “qué huevos”) porque así voy a tener espacios a la contra sin esa rémora del 22 a quien ayer se cargó con toda la razón del mundo y te voy a meter dos más. Como diría Diego Pablo Simeone antes de que lo poseyera el espíritu de Paco Jémez: “para ti, la posesión; para mí, los espacios”. Y anoche, con 10, sencillamente, no se jugó más. Eso no es menottismo. Eso no es bielsismo. Eso parece contradecir al Huracán del 73. Eso es ser listo como el hambre. Un tahúr. Un embustero. Un yonkigitano. Uno di noi. Sigue leyendo

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Lo que ya nunca será

No es este el lugar más indicado para listar la retahíla de despropósitos que servidor llevaba a cabo cuando contaba veintipocos años, pero sí cabe señalar uno de ellos. A esas edades, y a algunas más tempranas, me tragaba partidos de equipos extranjeros concentrándome, casi exclusivamente, en determinados futbolistas. Y, ojo, era tan iluso que disfrutaba elucubrando que el Sevilla los fichase antes de que se convirtieran en inalcanzables para su economía, aunque probablemente la mayoría ya lo fuese. Como si a la secretaría técnica le hiciese falta alguna clase de ayuda. Aquel hábito, que hoy motivaría la inmediata apertura de una cuenta en Twitter con la palabra scouting en la biografía, a mí me servía, generalmente, para pasar las resacas.   Sigue leyendo

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Me tienes loca, calvo

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Hay gestos que resumen un futuro. Si en la mañana que cumples 18 añitos te vas a la Ciudad Deportiva José Ramón Cisneros Palacios a ver un Sevilla Atlético-Moralo pudiera ser, sólo pudiera darse la posibilidad, de que no vayas a compartir un porvenir parecido al de Alejandro Bicorne de Macedonia. Pues ya ves tú qué pena. Así que ahí estaba yo a las once y media de la mañana viendo a nuestros chavales en su segundo partido como locales de la temporada 1998/99 del grupo IV de Segunda División B. A las doce empezaba en Butarque un Leganés-Sevilla. El que ganamos con gol de Igor Gluscevic de penalti, aquel. Poco antes del descanso, me acerco a un señor que llevaba puesto un walkman. Le doy un par de golpecitos en el hombro y le pregunto cómo va el Sevilla. “¿Eh?”, me responde, con un despliegue vocal a todas las luces innecesario. Que cómo va el Sevilla, oiga. “Ah, no sé.” Incrédulo, no me resisto a hacerle una pregunta personal, ¿pero no está escuchando al Sevilla? “No, no, yo estoy escuchando música.” No he odiado más a nadie en toda mi vida. Música. Ese subnormal estaba escuchando música. En un Sevilla Atlético-Moralo y con el Sevilla jugando un partido en Leganés, estaba escuchando música. Pues exactamente así vi anoche el partido. Con los cascos en las orejas y conectados al móvil que, a su vez, tenía sintonizado con Rock FM a todo lo que daba de volumen. Todo por culpa del puto fútbol moderno, las operadoras de televisión por cable, que han desvirtualizado este noble deporte y envían las imágenes a sus abonados con 38 minutos de retraso y de modo selectivo, por lo que si el del bar de abajo tiene más antigüedad como cliente en la empresa, tiene un decodificador premium o es un hijo de la gran puta con suerte, ofrecerá a sus clientes, a cambio de una cruzcampo rancia, la posibilidad de ver, disfrutar y, me cago en todos sus muertos, gritar, los goles del Sevilla Fútbol Club, mientras que yo, en mi casa, miro con cara de tonto a la tele, en la que sólo atisbo a Gabriel Mercado recoger la pelota de manos de un chavalito con peto para efectuar un saque de banda a treinta metros de la línea divisoria de medio campo y no consigo encontrar el motivo de tanta algarabía. Y esta no es manera de disfrutar de un partido con aprovechamiento.  Sigue leyendo

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La anécdota apasionada

“Los amaneceres posteriores a las derrotas suelen parecerme novelas de ciencia ficción: como el día después del Apocalipsis, cuando aparentemente el mundo debería haber terminado, pero sin embargo allí están algunas criaturas moviéndose y siguiendo con su vida como si nada hubiese ocurrido”. Fragmento del libro ‘Once ciudades’.

De un tiempo a esta parte, el rostro de Axel Torres es cada vez más reconocible para el gran público, si es que cabe esa denominación para referirse a la televisión de pago en España. Pero resulta innegable que desde que Bein Sports adquiriera los derechos de la Champions League, y ahora también los de la Liga, su impacto mediático es mayor. Sin olvidarnos, obviamente, de su participación en la emisora más escuchada del país. Pero centrándonos en su faceta televisiva, actualmente presenta el buque insignia de la cadena. Cualquiera que se acerque a ‘El club’ por vez primera se topará con la tristemente novedosa voluntad de dar cabida a todos los equipos, mediante una tertulia sosegada y apoyada en datos y en didácticos análisis tácticos. Eso sí, la imagen que se llevará de Axel Torres será la de un tipo profesional, claro, pero también con la sobriedad como principal rasgo definitorio. Y el que haya seguido su trayectoria lo encontrará circunspecto, casi maniatado. Aunque, supongo, está bien que así sea. Que para algo es el conductor de la charla. No obstante, más allá de las reglas de cada formato, esta versión es llamativa. Sorprende que sea el mismo Axel Torres de las hilarantes digresiones domingueras en Gol Televisión, del jovial Marcador Internacional de Radio Marca o de los inclasificables podcasts que ahora realiza los lunes. Y, por supuesto, su imagen lacónica contrasta con la del autor del maravilloso ‘Once ciudades’.

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Amateurismo y peronismo

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE  Sampa militó en la Juventud Peronista. Descubrí este dato al leer una entrevista que le hacen en el último número de la revista Panenka, entrevista que, por cierto, aparece tras el mejor artículo que se haya escrito nunca sobre los últimos diez años de toda la polla del Sevilla Fútbol Club, redactado por este chavalote, a quien se le ve un tío sano a la par que atractivo, soltero y siempre receptivo para el jaleo, queridas lectoras. No es dato baladí. Que Sampa sea peronista, digo. Lo otro, tampoco, claro, pero vamos a lo que vamos. El peronismo es un movimiento político tan heterogéneo que te puedes encontrar desde terroristas de extrema derecha a grupos guerrilleros como los Montoneros. Una especie de yin y yang donde no hay en absoluto equilibrio, el yin es Reinhardt Heydrich, el yang Sor Ángela de la Cruz. Algo tan amplio que, imagino, porque en realidad no tengo ni puta idea de lo que hablo, casi equivale a ser argentino. Quien quiera ahondar en esta esquizofrenia de los españoles del Río de la Plata, puede ver esta película, que tiene un título bien bonito, de tango, hay hostias por un tubo, y todos, aunque parezca mentira, se hacían pajas con don Juan Domingo Perón.

No escapa a esa esquizofrenia, don Jorge Luis. Dice que Perón es la personalidad más notable que ha dado Argentina. Y es fan del Che. Como ser fan de Rodrigo Rato y tener tatuajes de Durruti. Ahora miren su aspecto. Esas gafas de Calculín. Esa voz de carajote. Su temita de ser recordado no por ganar sino por cómo ha ganado. Observemos ahora su porte de recién licenciado de presidio. Esos tatuajes. Su admiración por grupos que vendrían a ser los Camela de Argentina. Y lo de sacar la pelota desde atrás, mamonear con ella, tener ayer en San Mamés un espacio entre defensa y medios del tamaño del condado de Treviño, dar un pelotazo con los defensas a la altura del área pequeña, que gana de cabeza un jugador del Athletic y, o bien tienes a Usain Bolt como último defensor, bien no dejas en fuera de juego ni a tu puta madre. No es que nos tome por tontos, no es que sea incoherente. Es que es peronista.

Mes y pico después de la última die Chronik (todo suena más tétrico en alemán) no jugamos a una mierda, titos. No entramos por banda. No entramos por el medio. El Sevilla necesita unos 42 minutos de media para tirar a puerta. El viernes, medio borracho, vi Moneyball. Llorando a moco tendido, pensé, joder, esto quiere hacer Sampa. Cambiar el juego. Tiene un compromiso para darnos espectáculo, no escucha y sigue. Por eso le dan caña. Porque amenaza lo establecido. Ganso es nuestro Hatteberg. Lillo, el gordo drogata de El lobo de Wall Street. Vamos a follárnoslas a todas. Horas después, el hígado y los riñones cumplen con su obligación, te sientas a ver el partido y llega esa hija de la gran puta de siempre: la realidad. Aunque esperamos que Sampa haga un Billy Beane o, sencillamente, un Juande o un Unai, es normal que parte del sevillismo se cague en todo cuando ve cabronadas como la de ayer. Repasemos, sin más, el juego de los 14 mamones que ayer llegaron a la marca de 22 partidos seguidos sin ganar fuera de casa en Liga.

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