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Manifiesto delnidista

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Un fantasma recorre lamejorligadelmundo. El fantasma del delnidismo. Contra él se conjuran las potencias: madridismo, barcelonismo, medios de comunicación, editoriales, el FMI, el BM, el Circo del Sol, los circos tradicionales de caniches vestidos de gitana jugando partidillos de fútbol, también llamados prensa deportiva. A todo aquel que se opone al actual estado de cosas, se le llama delnidista. Todo el que disiente del reparto televisivo, delnidista. Todo el que deplora una liga con 30 puntos de diferencia entre segundo y tercero, delnidista. Todo aquel que tiene por punching-ball a la parienta, delnidista. Hora es ya que el delnidismo puro exprese ante todo el mundo sus aspiraciones, ideas y programa.

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Bien jodidos: la puta tele y el fútbol

PEX CORRESPONSALÍA EN SANTIPONCE Todo el mundo recuerda dónde estaba el 11 de julio de 2010 viendo la final del Mundial en que España se proclamó campeona del mundo. En casa con amigos, en un bar, con la familia, rodeado de delincuentes viéndolo en una pantalla gigante a cargo del erario público. Yo la vi en un prostíbulo. La cosa fue como sigue.

Volvíamos un amigo y yo de pasar el fin de semana en Conil. Salimos prudentemente a las cuatro de la tarde pues la idea era ver el partido en Sevilla. Tras un cúmulo de circunstancias que no vienen al caso, a las ocho todavía no habíamos ni pasado Los Palacios. Para colmo de males, el coche iba en reserva. Paramos en la gasolinera de un polígono industrial cuando se nos hizo la luz. En un afamado lupanar sito en dicho polígono vimos una oferta insuperable en cuanto a precio de las consumiciones, además de que se nos aseguraba ver la final en pantalla gigante y con la mejor compañía. Le hice notar la circunstancia al amiguete, muchacho, por más señas, alcohólico, putero, politoxicómano y, valga la redundancia todo lo anterior, gaditano. No lo dudamos y a ello que fuimos. Lo allí vivido para nosotros queda. Me recuerdo llorando a moco tendido con la cabeza entre los pechos de una senegalesa, de nombre Daisy, que no paraba de berrear y de darme puñetazos en la nuca como muestra de jolgorio cuando marcó Iniesta. Una dominicana, entre vivas a Cristóbal Colón y a los Reyes Católicos por haberle dado un idioma y una religión, me confesaba, sollozante, que se llamaba Raimunda Santiaga, no Tatiana como me había dicho horas antes, y juró que jamás volvería a renegar de su identidad. Y, si no es por el imperturbable portero rumano que allí se encontraba, cuando Casillas le comió la boca a la parienta, puedo asegurar que en el local se habría dado barra libre de algo más que de chupitos en vista de la cariñosa reacción de aquiescencia de mis compañeras de francachela. Hermandad entre los pueblos. Al gaditano no lo volví a localizar hasta las cinco de la mañana en un estado fiel a su idiosincrasia.

 Se preguntará usted, estimado lector de esta casa, a qué viene esta loa a la Hispanidad y sus gentes. Sencillo. A que no se entiende cómo un país que paraliza hasta sus locales de ocio por un partido tenga una liga que cada día da más asco. En este artículo vamos a ver sólo uno de los aspectos que nos han llevado a esta situación. El de la puta tele y el reparto del dinero.

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