Archivo de la etiqueta: Javi Varas

Monchi más allá de la puerta de Tannhäuser

PEX CORRESPONSALÍA  SANTIPONCE Yo me cago en Javi Varas y en el supuesto milagro del Camp Nou. Un momento, no vayan raudos a escribir un comentario insultándome como acostumbran. Todo tiene una explicación. A medida que iban pasando los minutos del partido de Barcelona, mientras iba viendo parada tras parada de nuestro guardameta, me convencía cada vez más de que salíamos enteros del Estadi del Fútbol Club Barcelona (ni nombre tiene el estadio, que manda huevos la cosa. Hace falta ser… lo que sea) y a la vez acudía a mi memoria, al principio tan leve como la comprensión que puede hacer Fazio del teorema de Fermat, después haciéndose más palpable el recuerdo, el partido en el que vi el mayor milagro que voy a presenciar en un estadio de fútbol en mi vida: la victoria que logramos en el Vicente Calderón en 1996 con don Ramón Rodríguez Verdejo bajo palos. Sigue leyendo

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Orgullosos de Pino Montano

Bueno, y de Careñes, pero de eso hablamos luego. Partidazo el de esta noche. Partidazo. De los que marcan trayectorias, tanto personales como de equipo. Estábamos acostumbrados a ir a Barcelona como el que iba al matadero. Nada más llegar, nos desangrábamos. Y ni chillábamos como los cochinos siquiera. Ahora parece que el fútbol se inventó allí. Que sólo allí saben cómo se practica. Que la de allí es la única manera válida para jugar. Que todos los de allí son muy buenos, muy finos y muy buenas personas. Pues nosotros, desde aquí, nos cagamos en todos sus muertos. Desde el entrenador hasta el último suplente. Bueno, qué coño, sobre todo en los del entrenador. Tanta eduación, tanta falsa humildad y tanta mierda para luego ser igual que los nuestros: en cuanto se tuerce una mijita la cosa, a apretar al linier y a quejarse por todo. Con la salvedad de que él no tiene fama, claro. Pero a lo que vamos, que esa caterva de cabrones ya quedó suficientemente retratada en este rincón y no es cuestión de perder más tiempo con ellos, que hay que salir a la calle a tomarse algo cuanto antes. Sigue leyendo

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Un oasis de quince minutos

Hoy, desgraciadamente, ni yonkis ni gitanos. Todos muy ordenaditos atrás, jugando a defender y a mantener la media inglesa. Íbamos al Manzanares para enfrentarnos a una panda de cabrones que ya deben empezar a notar el cansancio que nosotros, gracias a los alemanes, no sufrimos. Han vendido a sus dos mejores jugadores, pero han fichado a algunos de perfil más bajo que están rindiendo, más o menos bien, por el momento. Y un portero buenísimo, pero que es del Chelsea (no sé dónde quedó aquella pancarta del Frente que nos tildaba de ser cantera de equipos grandes. Supongo que bien metida en su culo). Todo muy bonito, pero no son mejores que nosotros. Se puede decir con más contundencia y poniendo antecedentes, claro, pero esa es la idea. Por tanto, hay cosas que cuesta encajar en el partido de hoy. Como cuando te ligas a una más fea que tú pero al día siguiente te alegras pensando, bueno, pero al menos anoche la metí en caliente. Sigue leyendo

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Se llega más lejos con una palabra amable y una pistola, que sólo con una palabra amable

Corría 1987. Brian De Palma, que ya llevaba el éxito de Scarface a sus espaldas, dirigía un guión de David Mamet y lo convertía en The Untouchables. Morricone hizo la música y un elenco de actores lujo, lo demás. Personalmente, creo que para el recuerdo sólo queda la interpretación de Connery, probablemente, la mejor de su carrera, el homenaje a la escalera de Odessa, y algunos chispazos más. No es una gran película, pero me resulta simpática de ver. Bueno, a lo que vamos. Al principio de la cinta, Al Capone (caracterizado, con más sombras que luces, por de Niro), mientras lo están afeitando, suelta la frase que titula esta humilde crónica. Y eso lo resume todo. Acostumbrado a ver a tipejos de dudosa capacidad mental y escasa técnica para el ejercicio del balompié, y a veces todo junto, ver lo que han hecho hoy Spahic y Navarro ha provocado que este que escribe difícilmente pueda contener una lagrimilla de emoción. Ellos dos se han inventado la expulsión. Eso es ser un defensa. Con el equipo con nueve, le dicen de todo para calentarlo. Luego el bosnio le pisa, y va el otro chufla y responde. Spahic cae al suelo y Navarro se pone a pegar saltos como si se estuviese quemando su casa y los bomberos, en lugar de apagar el fuego, se dedicasen a violar a su mujer. Y el árbitro va y expulsa a Aduriz. En definitiva, una maravilla. Sigue leyendo

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