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Antes de que vuelva a ser tarde

Vaya por delante una puntualización. Este breve artículo, a diferencia de los que solemos publicar en esta humilde bitácora, no va dirigido al sevillismo. Al menos, no al sevillismo en su conjunto, sino a una parte muy específica del mismo. A la clase dirigente, concretamente. Sabemos que entre nuestro impagable abanico de lectores se incluye gente perfectamente capaz de hacerle llegar estas líneas a las cuatro o cinco personas que toman las decisiones en el club. A los que tienen los despachos en el largo pasillo de la planta noble del estadio. Así que, si pueden, háganlo. Nos permitirán esta osada exhortación, pero creemos que está sobradamente motivada. En primer lugar, porque somos una mijita sinvergüenzas, no tiene objeto negarlo. Y segundo, y más importante, estamos plenamente convencidos de que la razón nos asiste. Cuando alguien desarrolla un postulado válido, ha de ser capaz de defenderlo ante cualquiera.

Además, vamos hasta a hacer las cosas bien. Como tanto se ha repetido, los análisis los preferís a final de temporada con la intención, es de suponer, de que sean a posteriori. En este caso, pese a la fecha, serán a priori, ya que se refieren a decisiones que están por tomarse en el futuro próximo. En efecto, estamos poniendo el parche antes de la herida. Pero es que ya tenemos algunas cicatrices, y a estas alturas va siendo mejor prevenir que curar.

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Salchichas, seguros y el último vals

Pasado viernes, por la noche. No sé si fue en las cervezas de la tarde, durante la cena, con los cubatas de la noche o con lo que fuera que consumiera a lo largo de la madrugada y en los albores de la mañana del sábado. No alcanzo a recordar, la verdad. Pero si me acuerdo de la pregunta: “quillo, ¿te has enterado de lo de las salchichas?” Yo, claro, no supe de qué mierda me hablaba mi interlocutor, y me lo explicó someramente. Que le habían dicho que los banquillos del estadio los iban a poner en forma de salchicha. En ese estado de felicidad y despreocupación que proporciona el alcohol, los que escuchamos aquello sólo acertamos a creer que se trataba de una extraña broma de nuestro colega, que se habría pasado con los chupitos y le había dado por ahí. Dijimos dos o tres pamplinas, el tema no tuvo más recorrido. Seguramente, nos distraeríamos mirando algún grácil caminar de una jamelga o con cualquier otra cosa importante. Eso sí, al día siguiente, o el mismo día ya, o cuando fuera que íbamos, con el tiempo justo, camino del estadio, me lo volvió a comentar. Ahí, más lúcido y con la bofetada de realidad que supone contemplar el mundo desde un punto de vista no alcohólico, supe de inmediato que lo de las salchichas podría ser verdad. Y tanto que podría, es que ya estaba seguro. Justo en el momento en el que asocié esa imagen a dos palabras que no recomendamos pronunciar en voz alta en ningún callejón oscuro: Manolo Vizcaíno. Sigue leyendo

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