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La toalla tirada en el vestuario

No eran fáciles aquellas mañanas. Apenas habíamos descubierto que, con la cadencia propicia, podíamos expulsar un líquido blanquecino para desfogarnos. Pero aún desconocíamos todo lo que se puede anhelar entre el primer y el penúltimo sorbo a un vaso. Y hacía frío. Aunque vivamos al norte de África, hacía frío. Y las mañanas eran complicadas porque tocaba levantarse sabiendo que te enfrentabas a uno de los equipos chungos. A los entrenados por tipos que gritaban tu dorsal para señalarte, y que contaban con jugadores que, amablemente, te mostraban tus dos opciones: o no marcar ni un gol más o conservar el tobillo. Por no hablar de tener que protegerte de una lluvia de piedras, de escupitajos por la espalda o de árbitros con más miedo que tú. En definitiva, eran mañanas de aguantar el temporal. De saber que el único resultado posible (por aquello de aferrarse a la vida) era la derrota. Para mí, que venía de competir en equipos que ganaban siempre, ese cambio fue tan chocante como instructivo. Aún no lo sabíamos, pero De Gregori hablaba de nosotros en una de las más bellas canciones que jamás se escribieron sobre fútbol. En la vida, con el tiempo, dejaríamos de tener miedo a tirar un penalti. Sigue leyendo

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Si Peter Pan viniera

Uno de los finales más tristes de toda la literatura universal es el final de ‘Peter Pan’. El tiempo ha pasado, y Wendy es toda una mujer. Tiene una hija hermosa, tan hermosa como lo era ella la primera vez que pisó Nunca Jamás de la mano de Peter Pan. Wendy acaba de acostar a su niña. La habitación está a oscuras. De repente, se abren las ventanas de par en par. Contra el cielo estrellado se recorta la figura de Peter Pan. “Wendy, vine a por ti. Es el tiempo de la limpieza de la primavera. Tienes que cuidar de mí y de los Niños Perdidos”. Pero Wendy le confiesa que se ha olvidado de volar. “No malgastes en mí el polvo de las alas de las hadas”, le dice. Peter Pan, que aún es un niño, no entiende nada. Wendy le dice “encenderé la luz para que comprendas”. Y, por primera vez en su vida, que nosotros sepamos, Peter Pan tiene miedo. Y sólo acierta a decir: “no enciendas la luz”.

El Sevilla Fútbol Club es un caso anómalo. Normalmente, la literatura, las canciones, el cine y, en definitiva, toda la cultura popular, tiende a glosar las virtudes demostradas por el protagonista. A recoger las más destacadas andanzas del héroe para dejar constancia de su importante labor. Desde los cantares de gesta hasta ‘La lista de Schindler’. Pero el Sevilla no. El Sevilla lo hizo al revés. Cuando Javier Labandón acompañó los acordes posteriores al estribillo del himno con el ya célebre “dicen que nunca se rinde”, era mentira. Por regla general, si nos metían un gol, en el campo que fuese, era buen momento para girarse al camarero, pedirle que dejase cerca la botella de Rives y apechugar, porque la tarde iba a ser dura. Aquel equipo se rendía. Pero todo cambió. El Sevilla se transformó en grande de Europa y ya no desiste ni aunque lo maten. Y ha convertido esa condición en seña de identidad. El Sevilla, directamente, se reinventó para adaptarse a su literatura. Sigue leyendo

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Fútbol Club Barcelona – Sevilla Fútbol Club

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Don Juan Belmonte, la primera vez que toreó en Barcelona, hizo dos descubrimientos que, en su condición de sevillano de bien nacido en la calle Feria y que nunca pisó Triana hasta que el padre debía hasta de callarse, le parecieron sensacionales: que las putas de las Ramblas se tocaran con un sombrerito y que los catalanes sacaran tabaco para ellos solos. Al contar esto en el puestecillo de agua sito en la calle San Jacinto donde paraba con sus camaradas, ellos sí, trianeros, no le querían creer, sin darse cuenta de los incontables lazos que los unen con el pueblo catalán. Ambos, trianeros y catalanes, se creen alguien por haber nacido más allá de un río; llevan a gala unos delirios de grandeza ciertamente misteriosos para pueblos que no han hecho nada destacable en toda su historia; y se apropian, falseando el pasado sin el menor sonrojo, de personalidades que dieron a los siglos y al orbe las naciones que ellos tanto denuestan. Yo les daba a los dos la independencia. Por puro hartazgo. Y que el año que viene unos jueguen su liga con el Palamós y otros hagan estación de penitencia a Santa Ana. De un plumazo, nos quitamos de en medio la monserga de los “valors”, los izquierdos sin venir a cuento y arreglamos la Madrugá para siempre. Que ya está bien de contemplaciones.

Algo funesto debimos hacer los sevillanos para aguantar a estos vecinos y su esquizofrenia ontológica. Pero que, cada vez que nos dé por ganar la UEFA, un equipo español haga lo propio con la Copa de Europa, ya suena a cachondeo. Para colmo, la única vez que jugamos la Supercopa de Europa contra un equipo al que no vemos, como mínimo, dos veces al año, el partido fue el más triste de toda nuestra historia. En fin. Como estamos en verano y en algo hay que emplear tantas horas en que no puede uno ni asomarse a la calle y una vez dejado claro que no podré volver a cruzar el puente de Isabel II en lo que me queda de vida, vamos con el análisis detallado del rival que se medirá al Sevilla Fútbol Club el próximo día 11 en Tiflis, ciudad que encontró ideal para un buen defenestre otro paisano ilustre, don José Díaz, secretario general del Partido Comunista de España. Con todos ustedes, el ejército desarmado de la yihad internacional, el Fútbol Club Barcelona. Sigue leyendo

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El día del cateto

El ser humano, caprichoso él, tiene la perversa costumbre de habituarse a lo bueno. Hay quien lo llama evolución. Una vez que se alcanza algo que el conjunto de una determinada sociedad puede convenir como positivo, se considera un atropello que alguien ejecute una degradación y  elimine ese logro. Se entiende, claro está, que esta máxima se aplica a situaciones duraderas y de índole social. Tú puedes irte una semana a la República Dominicana y por mor de una pulsera de plástico en tu muñeca no tener apenas preocupaciones relevantes. Principalmente, que el sol no te queme demasiado, que la camarera te siga echando mojitos todo el día y que el cocinero te haga, en mitad del salón comedor, un plato que no lleve demasiada yuca. Luego, regresas a tu casa y resulta que está lloviendo, te das cuenta de que los mojitos son una bebida para desviados y/o resacosos y comprendes que cocinar en el salón es imposible sin meterte en obras, además de ser una idiotez supina por aquello de los olores. Pues este choque, esta rebaja en tu calidad de vida llamada “síndrome postvacacional” por esa clase de tipos que le ponen nombre a todo, eso no cuenta. Ahora te das de bruces con la realidad y regresas al estado normal de las cosas, ya que lo del Caribe era algo meramente temporal.  Si nos ponemos una mijita serios, un buen ejemplo que sí refleja a la perfección lo comentado es esa ley que regula la voluntad de la mujer o aquella otra que coarta la de toda la sociedad. Leyes que si se hubiesen promulgado hace cuarenta años gozarían, probablemente, de una aceptación popular. ¿Qué ha cambiado? Pues el paso de los años, el bagaje social y la memoria. Salir con estas en el año 2014 es un acto de poca vergüenza porque la gente ya sabe qué es lo bueno. Ni siquiera lo bueno, simplemente lo lógico.  Sigue leyendo

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Los tontos del pueblo

La verdad es que se presenta como considerablemente laboriosa la tarea de redactar una crónica de lo acontecido anoche en el Camp Nou sin comenzarla con lo que todos tenemos en mente. Pero vamos allá. El Sevilla se plantaba en Barcelona tras lograr un bagaje en los albores de la temporada que, en el más cándido de los casos, podría calificarse de discreto. En Europa hemos jugado contra dos bandas y, salvo algunas graves imprecisiones en uno de los cuatro partidos, la cosa se despachó como era menester: goleando sin despeinarse. En la competición doméstica, en cambio, la cosa cambia. Perfectamente maniatados en la primera jornada, el partido contra el Levante fue una bazofia que recordó al peor Sevilla de Míchel y el del Málaga, pese a que no se jugó mal, tampoco se jugó bien. Y nos da igual que el linier anulara un gol perfectamente legal. Por eso jode lo de ayer. Porque nadie esperaba sacar absolutamente nada, y cuando ves que no es que puedas sacar un punto, sino que estás muy cerca de llevarte los tres, el enfado es mayúsculo. Yo no sé ustedes, estimados lectores, pero si estoy jugando al bingo, prefiero no poder tachar ni un solo número de mi cartón antes que estar a expensas de la última cifra, pensando ya en cómo voy a gritar, si a lo maricona loca o con una breve señal con el brazo, como lo haría Humphrey Bogart, y que de la nada aparezca alguna vieja robándome el premio a última hora. Eso es mucho peor, definitivamente. La miel en los labios no es miel, sino mierda. Sigue leyendo

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Qatar ens roba

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Como aquí no arrima el hombro ni Dios, como esto ya casi parece una bitácora personal en lugar de una empresa comunitaria y socialista, y como viene a cuento, me voy a cagar en todo y  enlazo con el anterior artículo que aparece en esta página, la excelsa crónica de mi viaje a tierras gaditanas para asistir al trofeo Carranza 1987. Contra todo pronóstico, llegamos a Benalmádena sin novedad. Dispuesto a sacar el máximo partido de lo que me quedaba de segunda quincena de agosto, de esos putos quince días que había estado esperando con fruición a que llegaran mientras veía irse a todos los muertos de hambre de mis amigos antes que yo a sus vacaciones, me fui a la playa a intentar olvidar el fin de semana en Cádiz con el viejo. Craso error. Yo creo que me vio demasiado contento. Con mis palas y mis cubitos, con los castillos de arena que construía con singular acierto; jugando con mi amigo Jacobo, un albino de Segovia que conocí en el hotel, a quien di un por culo horroroso preguntándole, entre risotadas, cuándo era el día de su santo, transcurrieron esos días. “Mu tranquilo está éste. Y eso de los cubitos y de que se junte con no sevillanos… ¿Me estará saliendo maricón?”, esta reflexión pasó a la velocidad del rayo por su enfermo cerebro. Así que, en aras de una descendencia indudablemente heterosexual, sólo tres días después de haber vuelto de Cádiz, terminó de liarla. Metió a toda la familia en el coche, le regaló dos días que teníamos pagados al hotel y volvimos a Sevilla, puesto que el día 30 de agosto comenzaba el Campeonato Nacional de Liga, con un Sevilla-Betis en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Me cago en su puta madre. Sigue leyendo

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Tú que no puedes, llévame a cuestas

PEX CORRESPONSALÍA AVENIDA DE LA PAZ Ya. Ustedes se andan preguntando porque motivo esta previa esta firmada por un gitano y no por un tipo con boina. O quizás crean que el gitano ha hecho lo que mejor sabe desde que su raza es raza, esto es, robar. Resulta que nuestro maño trabaja. Sí, eso que hacían nuestros abuelos en Suiza hace 50 años. Y por lo visto le resulta más rentable el conseguir una remuneración económica a cambio de su trabajo que sus loas tras sus escritos. Vamos que prefiere el dinero antes que vuestro cariño y gratitud. Como un catalán. Sigue leyendo

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