Archivo de la etiqueta: Abonos

Gitanos traficando con yonkis

PEX CORRESPONSALÍA CEADE Escribir en esta bitácora le valió al Ayatollah de nuestro consejo de redacción publicar un libro. Aún no nos hemos vengado de tal afrenta ni de las múltiples reseñas que del mismo se hicieron, especialmente dolorosa una publicada en el blog amigo salmonpalangana sobre el actual estilo de esta casa, sosegado y alejado del salvajismo inicial. Lógicamente, no ha quedado un difunto que no nos hayamos mentado entre los socios capitalistas de esta solvente empresa, y eso que somos tres. Claro que, tampoco podíamos ponernos a escupir barbaridades así porque así de un equipo que gana todo lo que puede, que tiene al entrenador más cuqui, en el buen sentido, del planeta Tierra y a un portero con cara de subdelegado de primero de ESO.

Resignados a nuestra suerte, empezamos a asumir que quizás hemos quedado para vestir santos. Glosar nobles batallas, recordar héroes o intentar engorilar a la masa antes de una previa. Pero claro, torpes nosotros, por un instante olvidamos que estamos en Sevilla y en el Sevilla. Aquí, si no se da a la entrada, se da a la salida y, en Nervión, como cada año, había que ponerle precio a los abonos. Y aquí estamos, con una sonrisa de oreja a oreja y afilando la navaja. Sigue leyendo

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Archivado bajo Mi reino por una lavadora

El día del cateto

El ser humano, caprichoso él, tiene la perversa costumbre de habituarse a lo bueno. Hay quien lo llama evolución. Una vez que se alcanza algo que el conjunto de una determinada sociedad puede convenir como positivo, se considera un atropello que alguien ejecute una degradación y  elimine ese logro. Se entiende, claro está, que esta máxima se aplica a situaciones duraderas y de índole social. Tú puedes irte una semana a la República Dominicana y por mor de una pulsera de plástico en tu muñeca no tener apenas preocupaciones relevantes. Principalmente, que el sol no te queme demasiado, que la camarera te siga echando mojitos todo el día y que el cocinero te haga, en mitad del salón comedor, un plato que no lleve demasiada yuca. Luego, regresas a tu casa y resulta que está lloviendo, te das cuenta de que los mojitos son una bebida para desviados y/o resacosos y comprendes que cocinar en el salón es imposible sin meterte en obras, además de ser una idiotez supina por aquello de los olores. Pues este choque, esta rebaja en tu calidad de vida llamada “síndrome postvacacional” por esa clase de tipos que le ponen nombre a todo, eso no cuenta. Ahora te das de bruces con la realidad y regresas al estado normal de las cosas, ya que lo del Caribe era algo meramente temporal.  Si nos ponemos una mijita serios, un buen ejemplo que sí refleja a la perfección lo comentado es esa ley que regula la voluntad de la mujer o aquella otra que coarta la de toda la sociedad. Leyes que si se hubiesen promulgado hace cuarenta años gozarían, probablemente, de una aceptación popular. ¿Qué ha cambiado? Pues el paso de los años, el bagaje social y la memoria. Salir con estas en el año 2014 es un acto de poca vergüenza porque la gente ya sabe qué es lo bueno. Ni siquiera lo bueno, simplemente lo lógico.  Sigue leyendo

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Archivado bajo Mejor fuera que dentro