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Peace and love

C.S. Bilardo (y II)

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE “Me cago en mi puta vida deportiva. ¿Pero qué es esto? Vaya partidito, ío. Vaya puta banda. Antes del minuto cinco, dos lesionados, uno de ellos con la rodilla girando como los perritos de los salpicaderos de los taxis, la que le ha dado el negro ese de los pelos que, cágate, es español y se llama nada menos que Vicente. Al menos, según dice la alhaja que tengo aquí al lado, el nota ese que ha quedado para un partido homenaje y poner una bodeguita parece que se va a un equipo de Galicia el año que viene y no me tengo que comer el marrón de recuperarlo. Ahora me entero de que Galicia no es España entera, que sólo es un trocito, por ahí arriba anda. Muchas vacas y buenas mozas, que la que no es bruja, es puta, me han dicho. Como en Loja, han culminado, aunque eso no lo he entendido bien. Lo que se aprende viajando. A ver si pita ya el árbitro y dejo de tragarme este bodrio. Hablando de tragar, vaya el saque que tienen aquí el amigo y sus compadres. Qué manera de pedir marisco en el restaurante del hotel. Yo con el café y un sobrecito de Eno y ellos diciendo que esperara, que iban a pedir otra ración de gambas, que un día es un día y los viajes pagados por el club acababan hoy. Y la parienta preocupada por los asados de mi tierra. Cago en la hostia, el ácido úrico de la peña aquí tiene que estar por las nubes. Bueno, por lo menos, trabajo hay. Y mucho. Porque vaya el equipito que me van a encasquetar. Ea, ya ha pitado este. Irse al carajo ya, hombre. Anda, coño, ¿qué hacen los de blanco y morado saludando desde el centro del campo? Le voy a preguntar aquí al consorte, que ya parece que se le ha ido el flatito, vuelve a poder fijar los ojos en sus órbitas y los lamparones del agüilla de las gambas van desapareciéndole de camisa, corbata, americana y pantalón y la gotita de la barbilla ya está seca. Por muy directivo que sea, algo de esto sabrá.” Don Carlos Salvador Bilardo pregunta, en efecto, que a qué viene la parranda que se está montando en el Nuevo José Zorrilla a la conclusión del Real Valladolid-Sevilla Fútbol Club de la última jornada de la 91/92, con todo el plantel blanquivioleta saludando a la afición local y ésta correspondiéndole con aplausos, si habían ganado algo los pucelanos, a pesar de lo malísimos que son. El interpelado responde que ganar no han ganado nada, ni ese año ni ninguno de su ridícula existencia, que habían descendido a Segunda y se despedían así de la afición hasta el año que viene. Bilardo no se lo cree. “¿Que les aplauden por descender? ¿El día que ganen algo qué hacen con ellos? Joder con la Comunidad Europea. Esto pasa en Argentina y esos tíos no salen de aquí vivos.” Sigue leyendo

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A la gloria no se llega por un camino de rosas

C.S. Bilardo (I)

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Gran pueblo el alemán. La primera vez que les dio por unirse provocaron una nadería como la Alta Edad Media. Amariconadillos durante el siguiente milenio gracias al cristianismo, cuando Europa, al fin, levanta cabeza, se sacan de la manga la pestilente herejía protestante y guerras de religión, matanzas y persecuciones por todo el continente al canto. Pero faltaba lo mejor: su unificación. En menos de setenta años causan las guerras de Schleswig-Holstein, la guerra franco-prusiana, el Congreso de Berlín de 1885, la Primera Guerra Mundial y la Segunda. Setenta añitos y ese currículum. Que uno coge un libro y mira fechas y le parece muy lejano lo de Hitler y 1871. Pero ustedes imaginen que España, desde la victoria del Caudillo, hubiera liado todo eso hasta hoy. ¿A que ya no es tanto tiempo? Y lo más importante, ¿a que hay que ser tela de hijo de la gran puta, pero tela, y toda tu población, el 100%, tiene que ser muy bastarda para estar siempre maquinando cómo liarla aún más parda? Esos son los alemanes, que no les engañen. Coño, miren la que están montando ahora, sin ir más lejos. Aquí ya hemos retrocedido a 1871, su año fetiche, en cuanto a política laboral por su obra y gracia. En 1941 eran menos sutiles que ahora y entonces, entre otros grandes éxitos, pues hablamos de la verdadera edad de oro del germanismo, invaden Yugoslavia. Un reino ridículo pero con la peculiaridad de que sus buenas gentes tenían mala hostia para dar y tomar. No a niveles industriales como sus invasores, más bien siguiendo el modelo hispano: crueldad increíble que se canalizaba contra el pueblo de enfrente. El sino de los países sin revolución industrial; como no hay trenes, tenemos que sacarle los ojos a los de Villalpando o a los de Srebrenica. Y como no hay industria, por tanto no hay armas, les sacamos los ojos con una navaja o una cuchara, lo que haya más a mano. Entre estas excelentes personas estaban los ustachas croatas (aliados de primera hora de los alemanes), los musulmanes bosnios (ídem, por aquello del antisemitismo) y los chetniks serbios, en principio, reacios a la invasión. Entonces surge nuestro héroe que, a pesar de su absurdo nom de guerre, Tito, sería quien se llevara el gato al agua en aquel crisol de culturas. Ya en 1936 había hecho un erasmus por España que le dejó las cosas claras. Como le reconoció al abuelo del cuñado del vecino del 1º izquierda del fundador de esta casa en Alcázar de San Juan (el abuelo del cuñado del vecino del 1º izquierda del fundador de esta casa curraba en la RENFE), en unas declaraciones que han pasado desapercibidas para la historiografía oficial: “los españoles de ahora sois una panda de maricones que si estáis aguantando es porque los de enfrente son unos inútiles. Pero en 1808, y esto te lo dice un miembro del Partido Comunista Yugoslavo, cuidao, le echasteis huevos al asunto. Es más, también aprecio cierta imaginación y gusto por el detalle, que he visto los grabados de Goya”. A partir del 41, este viaje de estudios empieza a dar sus frutos. A lo Empecinado, se echa al monte y si hay que envenenar pozos y dejar sin agua a comarcas enteras pero con ello nos llevamos por delante a algún alemán, se envenenan. Si hay que vivir con las cabras, se vive, que con fantasía y cariño todo es uno. Por supuesto, alemanes, croatas, bosnios y hasta los serbios, llegado el momento, se unen contra él y sus partisanos. Porque eran enemigos y blablabla, pero sobre todo lo quieren quitar de en medio porque propugna la verdad del materialismo histórico, señores. “Ni sois el pueblo elegido ni a nadie le importa una mierda el santo destino de Serbia, Croacia o su puta madre. Somos una raza vergonzosa que se ha visto invadida y dominada por el primero que llegaba, ya fueran turcos, austriacos o alemanes. Hasta por los venecianos, me cago en mi vida, hasta por esos maricones de los venecianos. Así que vamos a echarle un poquito de vergüenza torera al asunto (recuerden el erasmus del amigo y la huella que dejó en él), sus, y a ellos”. Coño, que ganó la guerra sin una ayuda significativa y de ahí que Yugoslavia saliera siempre con un color raro en los mapas de los libros de Sociales por ser un país “no alineado”.

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Qué huevazos tienes

PEX CORRESPONSALÍA EN SANTIPONCE Hay personas que tienen un don innato para revertir situaciones que parecen seguras. Lance Armstrong publicó un libro tras ganar su primer Tour que es claro ejemplo de esta afirmación. Una suerte de autobiografía en la que cuenta sus inicios, sus primeras carreras, el paso al profesionalismo, el diagnóstico de un cáncer testicular con metástasis en pulmones y cerebro, superación de esta enfermedad y éxito posterior en el Tour. Además, en mitad del proceso de cura tuvo que acudir a un banco de esperma si quería tener descendencia porque lo más probable era que quedara estéril a causa del tratamiento; se quedó sin seguro médico por no sé qué lío legal entre su anterior equipo y Cofidis, con quien había firmado para la siguiente temporada. Como ven, Cofidis no sólo estafa a inteligentes mileuristas con ganas de crucero por el Báltico, son muy democráticos en su hijoputismo. Tras toda esta serie de cabronadas que no le deseas ni al vecino que se pone a hacer obras cada tres meses, el tío consigue algo sin precedentes: seguir cayendo como una patada en los huevos. No sé si le dejó a deber dinero a la que le escribió el libro, una tal Sally Jenkins, pero lo cierto es que se muestra como un hombre arrogante, soberbio, presuntuoso, ignorante y orgulloso de serlo, condescendiente y con muy poquito en la mollera. No dirán que la cosa no tiene mérito, relatar más penas que Guillermo Sautier Casaseca y seguir pareciendo un hijo de la gran puta.

Manuel Jiménez Jiménez ha logrado algo muy parecido. Es el tío con el récord de partidos en Primera con el Sevilla Fútbol Club, internacional, mundialista, cogió al filial en Tercera y lo dejó en Segunda División habiendo sacado de la cantera a unos tales Reyes, Antoñito, Navas, Puerta o Sergio Ramos. Al primer equipo logró llevarlo a un tercer puesto y a una final de Copa que posteriormente se ganaría, si bien con otro inquilino en el banquillo. No obstante todo esto, muy pocos sevillistas tienen de él un recuerdo sin mácula.

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