Archivo de la categoría: Memorabilia

Qatar ens roba

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Como aquí no arrima el hombro ni Dios, como esto ya casi parece una bitácora personal en lugar de una empresa comunitaria y socialista, y como viene a cuento, me voy a cagar en todo y  enlazo con el anterior artículo que aparece en esta página, la excelsa crónica de mi viaje a tierras gaditanas para asistir al trofeo Carranza 1987. Contra todo pronóstico, llegamos a Benalmádena sin novedad. Dispuesto a sacar el máximo partido de lo que me quedaba de segunda quincena de agosto, de esos putos quince días que había estado esperando con fruición a que llegaran mientras veía irse a todos los muertos de hambre de mis amigos antes que yo a sus vacaciones, me fui a la playa a intentar olvidar el fin de semana en Cádiz con el viejo. Craso error. Yo creo que me vio demasiado contento. Con mis palas y mis cubitos, con los castillos de arena que construía con singular acierto; jugando con mi amigo Jacobo, un albino de Segovia que conocí en el hotel, a quien di un por culo horroroso preguntándole, entre risotadas, cuándo era el día de su santo, transcurrieron esos días. “Mu tranquilo está éste. Y eso de los cubitos y de que se junte con no sevillanos… ¿Me estará saliendo maricón?”, esta reflexión pasó a la velocidad del rayo por su enfermo cerebro. Así que, en aras de una descendencia indudablemente heterosexual, sólo tres días después de haber vuelto de Cádiz, terminó de liarla. Metió a toda la familia en el coche, le regaló dos días que teníamos pagados al hotel y volvimos a Sevilla, puesto que el día 30 de agosto comenzaba el Campeonato Nacional de Liga, con un Sevilla-Betis en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Me cago en su puta madre. Sigue leyendo

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Hermandad andaluza

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE “Coño, mira, un vicio. Voy a probarlo.” Ésta ha sido siempre mi divisa. Mía y de doña Carmen Cayetana Ordóñez González. No perderse una y apuntarse a un bombardeo. Esta naturaleza casquivana y festiva siempre ha alumbrado mi vida, desde la más tierna infancia, y yo no iba a perderme aquel partido. Aunque estuviera veraneando en Benalmádena y con una gastroenteritis galopante por haber dicho días atrás, “coño, mira, un espeto. Voy a probarlo”, había que estar con el equipo, con el nuevo Sevilla de Kevin Clifton McMinn. Así que, ante mi negativa tajante a quedarme con mi vieja y mi abuela en la Costa del Sol, mi padre me dio dos o tres collejas, me advirtió que si durante el trayecto vomitaba sobre la tapicería de su flamante Opel Corsa me pisaría la cabeza como una colilla, me metió en el coche y tiramos para Cádiz a ver la trigésimo tercera edición del Trofeo Ramón de Carranza.  Sigue leyendo

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Manual de supervivencia para tarados

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE La maricona de Trotsky dice en su autobiografía que toda su vida mantendría una deuda irredimible con el maestro que le enseñó a leer. Sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con la afirmación del judío traidor; guardo un gran recuerdo de la persona que me arrancó de las tinieblas del analfabetismo y que con su trabajo contribuyó a que esta magnífica bitácora exista. La señorita María Dolores. Una persona de principios férreos, a quien ya le había querido abrir la cabeza algún padre porque ella no veía con buenos ojos la aconfesionalidad de la enseñanza pública y se empeñaba en que los alumnos matriculados en Ética aprendieran el Padrenuestro, el Ave María y el Cuatro esquinitas tiene mi cama. Podemos estar de acuerdo con alguien así o no, pero no se le puede negar ni integridad ni un par de huevos. Cuando empezamos las primeras lecciones vio que yo era un tipo listo y me adelantó un tema del Micho, siendo el líder de la clase. Formación personalizada, a la finlandesa. Un ejemplo de mujer. Acababa el curso 87/88 y, en contubernio con la maestra de la clase de enfrente, los asilvestrados del B, convinieron en organizar un partido de futbito entre los combinados de ambas aulas. El anuncio del próximo encuentro de la máxima, Primero A contra Primero B, fue el acontecimiento del año. Fijado para última hora de un viernes, estuvimos toda la semana pensando, analizando y sopesando nuestras opciones, así como elaborando sesudos análisis tácticos y estratégicos para llevarnos la victoria, a pesar de las continuadas amenazas de que cualquier falta en nuestra conducta nos haría acreedores del castigo consistente en perdernos el partido. Mano de hierro en guante de terciopelo. Estos católicos son unos capos para la represión. La hora previa al derby, sabiendo que estábamos nerviosos y con el cuchillo entre los dientes, la señorita María Dolores cogió una tiza y escribió en la pizarra “DEPORTIVIDAD”. En lugar de tirar de repertorio cristiano y recordarnos unas líneas del “Elogio de la nueva milicia templaria” de San Bernardo, convenciéndonos de que los de enfrente ni eran hijos de Dios ni merecían piedad, nos endilga una parrafada sobre el respeto al adversario, a no reírnos de ellos si ganamos y a poner la otra mejilla en caso de que nos infligieran la derrota. Les juro que mentó, en anatema imperdonable, la palabra derrota antes de un partido. Éramos jóvenes e impresionables. Yo veía aterrado que esa invectiva causaba comprensión y aquiescencia entre mis compañeros. Entonces, me levanté, y ante el silencio de toda la clase, me vi en la obligación de decir: “Señorita María Dolores, todo esto me parece muy bien. Usted sabe que somos iletrados, de pocas luces, gente llana. Sobre todo el imbécil de Téllez, que sólo sirve para coger lagartijas y sacarles los ojos. Puede que lleve razón, señorita María Dolores. Pero quiero decirle una cosa. Si yo pierdo este partido, yo, señorita María Dolores, yo me muero.” No había acabado mi proclama cuando cundió el delirio en el aula. Un aullido unánime de toda la clase “¡¡¡¡¡y nosotros aaaaaaargrrgfrrgr!!!!!” se escuchó en todo el colegio. Sillas y pupitres empezaron a agitarse para meter jaleo y decirles a esos mierdas de enfrente, a esos subhumanos del B, que sería la muerte o la victoria. Las niñas me miraban arrobadas. Mis compañeros me proclamaron capitán. Téllez se enjugó una lágrima. Estábamos preparados. Sigue leyendo

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Demasiado bien nos ha ido

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Pocos amores hay más limpios, puros y mitificados para un varón mediterráneo como su abuela. Nunca tuvieron una mala palabra para ti, te consolaban de las iras de tu padre y si les rompes las gafas a martillazos porque no quieren gastar un quinto de su pensión no contributiva en regalarte el castillo de Skeletor, ni se enfadan, las tías. Ángeles sobre la tierra que ha puesto ahí el Hacedor para pasarte billetitos de dos mil pelas sin que nadie se dé cuenta. No obstante, tenemos una mala noticia que darles, pacatillos fariseos. A esos seres míticos les gusta follar. Más de una vez el abuelo tuvo que apartarlas porque querían jaleo. Más de quince vieron un maromo por la calle y se les hizo la boca agua. Pensaron, casi a diario, tengo ganas de leña de la buena. Y no tiene nada de malo. ¿Acaso es malo que a su señora abuela se le fueran los ojos detrás de una ración de jamón de bellota sin sentirse culpable al querer comer por simple deleite y no para garantizar su alimentación? No me jodan con el catolicismo y los complejos absurdos. Se folla, se come y se bebe porque, en caso contrario, la raza se exterminaría; y la naturaleza, en su sapiencia, hace que esos cometidos nos parezcan agradables en ocasiones, la hostia en verso en otros momentos, porque a ver quién iba a ponerse a comer habas con choco, con el mal aspecto que tienen, o un buen chocho a pesar del nauseabundo olor que desprende eso, si no fuera por la descarga de endorfinas que producen dichas actividades. Su abuela no era inmune a estos apetitos. Ni a esos olores. Alégrense. Si no, de qué iban a estar ahora perdiendo el tiempo leyendo esto.

En el principio, pues, no fue la luz, ni el verbo, ni el caos; fue el folleteo. La abuela fue una amazona que supo encontrar a un congénere de sexo opuesto con el que perpetuar sus secuencias de nucleótidos, dejando en el camino a otras candidatas menos dotadas para este fin. Los individuos fenotípicamente menos preparados, cuyo aspecto hace pensar en una descendencia enfermiza o sencillamente imbécil, quedan atrás, perdiéndose así su genoma para siempre. Estas bromas de Dios, no obstante sus carencias, tienen los mismos apetitos que el resto de humanos. Para calmarlos suelen recurrir a la autoestimulación genital, vulgo pajote. Huelga decirlo en un blog de frikis, pero por si acaso, dejémoslo claro: tampoco tiene nada de malo. Ni como sustitutivo ni como actividad lúdica. A este fin hay dedicada una categoría cinematográfica de extensísima filmografía y de obsceno ingenio para los títulos de sus obras: el porno. En PEX, humanistas a los que nada se nos escapa, hemos analizado con singular empeño este género cinematográfico; rara vez con ganas de solazarnos, sino casi siempre con el afán de estudio que nos caracteriza. Esa experiencia nos llevó a este magnífico artículo que escruta y categoriza las carreras, títulos, atuendos, pseudónimos e incluso color de pelo de más de 10.000 actrices y actores pornográficos, desmontando así no pocos mitos e ideas preconcebidas respecto a este, injusta e incomprensiblemente, denostado cine. ¿Un estudio acerca de un entretenimiento menospreciado por los biempensantes pero al que en realidad quien más quien menos se ha entregado como una bestia alguna vez para avergonzarse acto seguido, que rebate tópicos números en mano, que arroja algo de luz a una empresa menospreciada? Había que volver a plagiar. Sigue leyendo

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Cortilandia y César Luis Menotti

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Lo que más me gusta de la Navidad es el gilipollas que, para dárselas de interesante, te cuenta que la odia porque es un tiempo de hipocresía y consumismo. El genio que pone en Facebook ocurrencias de una agudeza obscena como “Feliz Falsedad”. A ése lo amo con toda mi alma. Como si el resto del año no fuese un paripé en el que se facilita la convivencia con sonrisas a personas que detestas o deferencia para con perfectos retrasados mentales. La hipocresía está muy minusvalorada, a pesar de ser un elemento indispensable para el buen orden social. “Yo es que soy muy directo y digo lo que pienso”. No, tú eres un imbécil sin sentido común, metomentodo y majadero, que te pones a opinar de lo que no te importa. Deja a la gente tranquila con sus kilos y su calvacie. Soplapollas. Y, en último término, ¿con qué argumentos sustentas tu afirmación de que entre mediados de diciembre y principios de enero, es la época del reinado de la hipocresía? ¿Es que decirle al tonto de la oficina en feria, cuando te invita a su caseta, “sí, luego si eso me paso”, es ir con la verdad por delante caiga quien caiga? Más tarde, el consumismo. Claro. Tú tienes un ordenador, un portátil, una “tablet”, un “smartphone”,  una consola de 300 pavos y otros tantos juegos, más diecisiste mallas térmicas de aquella vez que decidiste salir todos los domingos en bicicleta para bajar talega, intento que duró exactamente una semana; el consumismo es algo contra lo que llevas luchando toda tu vida. Con lo bonitos que son esos intercambios de regalos en los que tú te presentas con un peluche del Imaginarium, porque querías tirar la casa por la ventana, y tu chati te trae por su parte un pedazo de Omega de 400 euros. En momentos así cobra verdadero sentido para uno la expresión “lo que importa es el detalle” y la amas a ella y a todos tus semejantes, porque se ve que el mundo, a pesar de todo y mientras sigan naciendo incautos, marcha. Como detalles tienen las empresas para sus asalariados en estos días, con los regalitos. Tampoco falta entonces el subnormal que recibe su termo de café con una sonrisa, olvidando sólo por un instante que él no es hipócrita en absoluto, para después comentar con los compañeros que con los beneficios que sacan los dueños del tinglado ya podrían haber regalado algo mejor. Ahora te acuerdas de la plusvalía. El día de la huelga general, que lo trabajaste porque los del comité de empresa se toman un café más que tú los viernes y a ti no te engaña nadie, no; el día 24 de diciembre por la mañana. Pero vete a tomar por culo, hombre. Si quieres ir a contracorriente, ve, con dos huevos, pero no des lecciones a nadie. Sustancia tu cena de Nochebuena en una bolsa de Gublins de las grandes y una botella de ginebra Rives de a litro, pasa la velada con el perro, dale algún mantecaíto a las 4 de la mañana y acaba la cogorza cantando a voz en cuello “Bandiera Rossa”, “Bella Ciao”, “La Internacional”, “Auferstanden aus Ruinen” y, antes de que la policía tire la puerta abajo, el “Eusko Gudariak”.

Vayamos entrando en materia y digamos, por último en nuestra argumentación pro Navidad, que ser hincha de un equipo y no apreciar estas fechas es incoherente por completo. Vivimos perpetuamente en un estado de gilipollismo e ilusión sólo comparable a niños de cinco años que presentan su primera carta al negro que ponen en El Corte Inglés ataviado de mamarracho, que por unos días se libra de vender pañuelos de papel en el semáforo pero no de decir tonterías y gesticular con histrionismo. Estamos encallados en una infancia eterna que hace pensar a personas perfectamente razonables en su vida diaria que Fazio puede asentarse definitivamente como un central sin rasgos de oligofrenia, que Perotti explotará más allá de su condición de jugador embustero y ratonero, o que Medel no sólo no va a acabar siendo más sinvergüenza que Zokora, sino que, si lo logra, se quedará aquí muchos años. Esperar que un gordo vestido de rojo o tres mamones, encima ahora descubierto que andaluces, entren por la ventana y nos dejen regalos basados en nuestra bondad durante el año transcurrido es una esperanza mucho más fundamentada que todo lo anterior. Fútbol, Navidad e infancia insanamente eternizada. Ea, ya tenemos tema para el artículo. Sigue leyendo

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Dios estuvo con nosotros

NOTA DE LA REDACCIÓN: Este artículo se escribió días antes del último Sevilla Fútbol Club-F.C. Barcelona. Aunque pueda parecer lo contrario, las menguadas luces del autor no pretendían justificar aquel atropello, sino que se puso a aporrear teclas sin orden, plan ni propósito alguno como es habitual en él (y como quedará claro al que tenga el valor suficiente para tragarse este catálogo de incoherencias), le salió esto y, una vez terminado, Mateu Lahoz perpetró su villanía con posterioridad.

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE “Nunca salgas de casa sin ella”. Este sabio consejo, una puta frase hecha en referencia a la suerte, la potra, la pura chorra, me lo dio el oldface en el fondo sur del Santiago Bernabéu la tarde del 3 de febrero de 1991. Llevaban transcurridos pocos minutos del Real Madrid-Sevilla de la temporada 1990/91 cuando José Miguel González Martín del Campo penetra en el área y coloca un certero disparo en la escuadra izquierda del marco defendido por Juan Carlos Unzué, hermano de Eusebio, el cual ese año llevaría a Miguel Induráin a ganar su primer Tour de Francia. El meta navarro hace una excepcional parada enviando el esférico a córner. Con toda la parroquia madridista echándose las manos a la cabeza, mi santo padre me dijo la certera sentencia que encabeza estas líneas. De aquel viaje sólo recuerdo una portada de “El Jueves” que vi en una venta de la entonces N-IV, magnífica vía radial por la que se llegaba desde Sevilla en ocho horitas de nada a la capital de las Españas, en la que se hacía mofa de que ya hubiera prisioneros americanos en la guerra del Golfo, y aquella frase. Se podía haber metido la sabiduría popular por el culo. Porque, si usted no ha caído en la cuenta de qué partido hablamos, aquel 3 de febrero fue el día del 7-0. Qué partidito dieron entre el actual entrenador sevillista y Rafael Gordillo Vázquez, “el vendaval del Polígono” nacido en Almendralejo. Sevillanía pura verdiblanca, ya saben; este de Almendralejo, Del Sol de Soria; pero todos sevillanos porque ellos lo valen. En fin; criaturitas, mundos paralelos y partidas de nacimiento ficticias aparte, decíamos que allí estaba su seguro servidor y, entonces, protocorresponsal santiponcero en el Santiago Bernabéu. Qué repaso nos dieron. Y qué cosa más hija de puta de equipo, que parecía que les debíamos dinero. Yo estuve a punto de gritar gol cuando pitó el final del partido don Joaquín Urío Velázquez, colegiado guipuzcoano que dos años y medio más tarde le regalaría el título de campeón de la Copa de S.M. el Rey al Real Madrid Club de Fútbol en el entonces Luis Casanova ante el Real Zaragoza, ignorando penaltis a los aragoneses y haciendo la vista gorda ante los hachazos de Villarroya, Nando, Sanchís o Hierro, angelito este último que ahí sigue, sin condenar la violencia, pedir perdón a las víctimas ni entregar las armas. Cuánta mierda he tragado, Dios santo. Sólo me falta el 8-1 en La Romareda de la 87/88 para tener el paquete completo de desgracias y humillaciones imborrables en nuestra historia.  Sigue leyendo

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Archivado bajo Memorabilia, Se nos apareció la Virgen

De aquella vez que nos fuimos al carajo

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Hace quince años Sevilla era una ciudad que se respetaba a sí misma y a sus tradiciones, por lo que el día de San Fernando era festivo. Sí, igual que este año, pero todavía me reconcome el odio al recordar los años en que esa festividad imprescindible la pasaban al martes de feria para que la gente se emborrachase a gusto. Qué menos que honrar la memoria de un señor que nos había devuelto a la fe verdadera, había echado a los moros y que, cuando éstos le dijeron, negociando la rendición, que querían tirar la Giralda porque era una deshonra que los cristianos la convirtieran en campanario, en ese afán tan moruno por derribar torres, don Fernando les advirtió que si cuando entrase en Sevilla al minarete le faltaba un solo ladrillo, haría un Lidice en esta Sodoma del valle del Guadalquivir. Por tanto, cuando suban a la Giralda o al pasear por la plaza Virgen de los Reyes levanten la vista y contemplen el símbolo de la ciudad, digan, siempre, gracias San Fernando por haber salvado esta maravilla de las hordas mahometanas. Decíamos que el 30 de mayo era festivo y, para colmo de dicha, en 1997 cayó en viernes. Puente que te cagas. Así pues, me tiré todo ese primer día de asueto haciendo el vaina en el parque del Alamillo. Al llegar a casa para cenar, sabía que el pajote era inminente, es lo que pega después de haberte tirado el día entero burreado por las niñatas calientapollas de que te sueles rodear, o solíamos rodearnos los que nacimos en un país con dos canales de televisión, que la juventud está echada a perder, a la edad de 16 años. Paso por el salón y mi pobre madre me espeta: “Te han llamado unas siete veces por teléfono. Me parece que era De la Quadra Salcedo”. No, no era nuestro plusmarquista mundial de lanzamiento de jabalina nunca reconocido por la envidia de la IAAF ante el genio español quien quería dar conmigo, sino un amigo que una vez no había tenido mejor ocurrencia que llamar a mi casa a las 5 de la mañana de un lunes, despertar a mi madre, que ésta me despertase a mí, y me dijera, con la alarma pintada en el rostro de una señora católica educada en la creencia de que un timbrazo del teléfono de 12 de la noche a 8 de la mañana es parejo a la trompeta del ángel exterminador, pues sólo puede anunciar muertes, “niño, hay un hijo de la gran puta al teléfono que pregunta por ti. Yo creo que está de coña o borracho, dice que llama desde Guatemala y que cómo ha quedado el Sevilla hoy”. En la ruta Quetzal estaba el angelito, había pasado todo el día rodeado de indios o quién sabe si de algo peor y hasta esa hora no había podido dar con un teléfono. Aquella tarde estuve a punto de no devolverle la llamada porque sospechaba el motivo, pero como sabía que insistiría toda la noche, no tuve otro remedio que descolgar y llamarlo. Ni buenas tardes ni hostias, me larga al coger el teléfono: “Illo, ya tenemos billete y entrada para ir a Oviedo, me debes tres mil pelas, salimos mañana sobre las once del Telepizza”. Sigue leyendo

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