La machine de George Louis

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE (Háganme el favor de pronunciar mentalmente el título de este cronicón, o de viva voz si son ustedes celadores de un hospicio y quieren enseñar la verdad de la vida, el fútbol, y el amateurismo en esta mañana de domingo a los chavales, no como si estuviera escrito en inglés, pues no hay nada más cateto y propio de los locutores deportivos televisivos y radiofónicos de este país que pronunciar los nombres extranjeros como (aproximadamente) piensa el perpetrador de la retransmisión que se dirían en inglés. De ahí que todas las W de los alemanes las pronunciemos como U. O que lo de arriba sería una especie de “Yorch Luis”. Y no. Imagínese, camarada lector, apoltronado en un sillón de mimbre. Una camisa de seda, desabotonada, por toda indumentaria. Juguetea con su collar de perlas de metro y setenta y cinco centímetros, mientras mira a un señor bajito, calvo y en chándal que entra en la estancia y la encuentra a usted mordiendo una de las cuentas de su collar, darle una fumada a su cigarrillo que pende de una boquilla de tres palmos de largo y, mientras mira al enano entrar, usted mantiene el humo en la boca, lo deja escapar poco a poco, para, a continuación, con la mejor voz de putón de que sea capaz, diga algo así como “Chogch Luí”. Esa es mi imagen mental para decir el nombre del Pastor de Casilda en francés y me sale como si acabara de escapar de un prostíbulo del departamento de Provence-Alpes-Côte d’Azur.)

Ni uno solo del más que probable millar de exámenes que habré hecho en mi vida lo aprobé sin copiar. Cambiazo, profesor subnormal con el que es un crimen perder una tarde estudiando si sabes que no habrá problema en hacer el examen con el libro sobre las rodillas, echar un ojo a un compañero, chuletas. Lo que sea. Gracias a esta manera de encarar los desafíos académicos desarrollé una memoria fotográfica incompleta: me acuerdo de todo lo que leo, pero no puedo recordar nada palabra por palabra. Por eso, pido disculpas por no acordarme de los nombres de los protagonistas de la anécdota, pero aseguro que es real y que podrán leerla en la biografía que Paul Preston escribió sobre don Francisco Franco Bahamonde. Resulta que en los 60, durante el nunca bien ponderado desarrollismo, Cerillita manda como nuevo embajador ante la Santa Sede a un meapilas del Opus. Familia numerosísima, duchas frías, misa y comunión diarias en gracia de Dios, y cilicio los viernes. Uno de ese plan. El día de entrega de las cartas credenciales le dan un pequeño refrigerio como homenaje. Una bagatela. Una pequeña kermesse, se diría hoy, que el Santo Padre es natural del Río de la Plata. Topa con un alto cargo de la curia. Un cardenal italiano que sabe que a Dios se le puede servir de muchas maneras y que ese imbécil que tiene ahora ante sí representa al país de mierda que sumió al suyo en las tinieblas y se cargó, nada menos que, el Renacimiento. Al tano le cae bien el español. Cuando se despiden, le dice, “oiga, y usted ¿es creyente o está en el secreto?”

Sampa, el Pastor de Casilda, está en el secreto. No es un imbécil, como, lo reconozco, pensé en un primer momento. No se cree nada de lo que dice. Porque lo que dice, desengañémonos, es como un muro de Facebook de una treintañera recién parida. Quién podría estar en contra de ir siempre a por el contrario, de pasar a la historia por cómo se jugó y no por lo que se ganó, de erradicar el hambre y la mortalidad infantil en el mundo o de que nada menos que todo el universo conspira para que consigas lo que deseas si lo pides muy muy fuerte, pero muy fuerte de verdad, tía. Nadie. Pero todo eso es mentira. Es imposible, no se puede. Este es un mundo muy cabrón. Sampa, que vivió el Proceso de Reorganización Nacional en sus carnes, lo sabe. Y tanto que lo sabe, como que se libró de una estancia a gastos pagados en la ESMA gracias a que su padre era madero y le decía a qué reuniones ir y a cuáles no. A la Juventus que vaya a buscarla a su campo un Agnelli, mi equipo, no. Si voy a jugarme pasar a octavos de final de Shempions a un estadio hostil y me vale perder por la mínima, no tengo ninguna pega en salir sin delanteros. Y si me tengo que enfrentar a un equipo que lleva un pobrecillo que sí que se ha creído a pies juntillas las mamonadas de Bielsa y le meto un gol de córner, que yo iré de someter con la posesión pero tengo un índice de acierto en jugadas a balón parado apabullante, te voy a dar la pelota y voy a quitar a Guti HAZ por Kolo (digan conmigo, “qué huevos”) porque así voy a tener espacios a la contra sin esa rémora del 22 a quien ayer se cargó con toda la razón del mundo y te voy a meter dos más. Como diría Diego Pablo Simeone antes de que lo poseyera el espíritu de Paco Jémez: “para ti, la posesión; para mí, los espacios”. Y anoche, con 10, sencillamente, no se jugó más. Eso no es menottismo. Eso no es bielsismo. Eso parece contradecir al Huracán del 73. Eso es ser listo como el hambre. Un tahúr. Un embustero. Un yonkigitano. Uno di noi.

Me cago en la hora en que me aboné al Bein, que veo una desasosegante abundancia de comentarios y conceptos, ejem, técnicos en lo que llevo de texto. Con lo que yo he sido. Vamos a darle fiesta a esto. Qué noche la de ayer, illos. Bueno, qué 25 minutos, recordemos que, como dijo Sartre, “el amateurismo es un trilerismo”. Qué manera de jugar a la pelota. Cuando este equipo se pone a jugar de verdad nadie lo hace igual. El Barcelona juega de escándalo, pero es un equipo que siempre me ha causado tristeza. Creo que la culpa la tiene la película “Furia española”, con Cassen de protagonista (sí, existe una película con ese título que va del Barcelona). Como está rodada en los 70, cuando Barcelona era una ciudad con identidad, con toneladas de mugre en casas y calles, sus putas, su barrio chino, una ciudad mediterránea y portuaria de toda la vida de Dios, y no la mierda posmoderna y de mentira que se inventaron en los 90, uno ve todos esos intangibles de ser seguidor culé, que, para mí, ni regalaítos. Y que cada vez que ganan algo recuerdo a Gaspart bailando o bañándose en el Támesis, y si te alegra eso es que tienes problemas serios. El Madrid es un equipo castellano. La alegría, por tanto, desterrada. Tíos del altiplano que hablan fatal, que ninguno es de allí, que no tienen raíces, criados con garbanzos que, en el colmo de la falta de civilización, se los comen a palo seco. El fútbol vasco dejó de ser un referente en la segunda década del siglo XX. Sin embargo, cuando los 11 mariconazos de blanco de aquí abajo dicen “¿que tú me vas a quitar la pelota? ¿Tú no serás tonto, no, mi arma?” y empiezan a pisarla, a buscarla, a pedirla, a ponerla en el sitio exacto, a no tirar hasta que están a un metro de la portería, que se han criado en una plaza usando los banquitos como portería y que pegar zurriagazos es de ex jugadores del Éibar imputados por la fiscalía y de mal gusto… Lo dicho. Serán mejores los de arriba, no lo niego. Pero nosotros somos otra cosa. Que no se explica, es, simplemente, otra cosa. Igual que en otras calles de Sevilla, por esas fechas, habrá más gente, en ninguna hay el ambiente de la calle Pureza un Viernes Santo a las tres de la mañana.

Serge Rich: Que recuerde a estas horas (04,06 AM a 18 días del mes de diciembre del año de Nuestro Señor de 2016), ha tenido dos. Paradón de cojones a un nota de amarillo en la primera parte. La falta, sí, entra entre Iborra y N’Zonzi, que ya hay que tener mala suerte. Pero tampoco es la mejor falta lanzada en el Ramón Sánchez-Pizjuán en sus cincuenta y ocho años de historia. Na, qué le vamos a decir. Si, además, con esa cara de no haberle sisado a la madre del monedero ni medio euro en toda su vida, le sirve para perder tiempo a espuertas sin una sola llamada de atención por parte del colegiado.

Rami: Al moro no puedo insultarlo. Por variadas razones, entre las que figuran: 1) esto es un pueblo, los malos encuentros los carga el diablo y yo no resisto una hostia de Adelardo, 2) cuando lo veo reírse me imagino tirado en mi sofá dándole besos y abracitos porque es el huérfano de Marrakech que siempre quise traerme en el ferry para criarlo en Sevilla con salud, cogerle los carrillos y pasarle billetitos de 20 euros por debajo de la mesa camilla para que nadie lo note y, 3) es un pedazo de central y por una roja que no es ni falta y que por esas protestas nunca expulsarán a uno de blanco pero en el Bernabéu o a uno de azulgrana en el Camp Nou, no pienso decirle lo más mínimo. Que se le ha ido y ya está.

Pareja: A bote pronto, se dio un abrazo con Kameni. Me acojonó verlo dolerse por una tarascada que le meten y qué cuenta le habré echado a la segunda parte que no me di cuenta de que había salido Kranevitter por él hasta la jugada del final en la que Váitol dice, “me voy a reír un rato de ustedes, chavales. ¿Que por qué? Porque puedo”.

Gabriel Mercado: Este tío es muy bueno porque sabe que es muy malo. Escuchemos a su sosias, mi amigo Paquito: “illo, en el fútbol lo que hay que hacer es ir a jierro. Calidad, para mi puta madre. Que sí, que yo puedo darle pataítas al balón, hacer recortitos y jugar como si fuera un niño del Arny. Pero, ¿tú te crees que así se puede jugar en albero? ¿En Torreblanca, en Alcosa? Sus muertos, hombre. A jierro siempre”. (Hacía mucho hincapié en el “a jierro”, pequeña interpolación.) Don Gabriel, por su parte, pega bocaos a todo lo que se mueve, si alguna vez sube y no lo ve claro no tiene ningún reparo en hacer la jugada del lateral paupérrimo, la Ele cicinhesca, subir hasta la línea de medio campo, pasársela al negro o a Vincenzo y replegarse. Y bien que hace. Porque después le da un gol al morito o el pase del penalti a Correa en Balaídos la semana pasada.

Don Vicente Iborra: En esta casa sólo hay dos jugadores intocables: Váitol y él. Ethan Edwards. Jugad vosotros, hijos míos, que yo pertenezco al desierto, a la briega y a la Real Senyera Valenciana. Te queremos, nano.

Federico Omar N’zonzi: Jugador de talla mundial. Va a recibir, recupera, sus compañeros de atrás siempre se apoyan en él para sacarla (¿qué hostias le pasaba a Kolo, que sólo lo buscaba a él a pesar de que en alguna ocasión podría haber dado un pase con erótico resultado marca de la casa?) y ayer le da al rubito el primero.

Sarabia: Manu Del. Na, el chaval allí, perdido en la banda, intentándolo y que, en efecto, no le recuerdo una puta jugada. (04,36 AM. ya. Demasiado que voy a terminar.)

Don Víctor Machín: A día de hoy está, tranquilamente, entre los diez mejores que he visto jugar en el Sevilla. Es verlo recoger una pelota y dejarla pasar después de amagarle al defensa que lo cubre y meter el cuerpo y correr cabizbajo y con una corpulencia que puede parecer que no va a aguantar la carrera y frenarse y creer que se va a trastabillar y darle un toquecito que quiebra al defensa o a los seis que están ya a su alrededor y se la saca de debajo y recortar y pasarla siempre con criterio que hace pensar, ¿se puede jugar tan bien a esto? ¿Un tío con esa planta puede poseer esa belleza motriz en un deporte de habilidad? ¿Dónde coño he visto antes algo así? Y sólo se me ocurre don Rogelio Federer.

Nasri: Estás en tu campo, más allá del círculo central. El caído en Leningrado, presionado por un delantero rival, te la da para quitársela de encima. Y tú, que vienes mirando hacia adelante, sin pararla, a pesar de que tienes por delante a diez jugadores contrarios, levantas una última vez la cabeza para ver a Atanas Mercado desmarcarse y ponerla justo ahí para que el cabezón, a lo suyo, la ponga de primeras y el morito marque. Querido lector, seguramente usted no ponga la pelota desde más atrás del círculo central en el vértice del área contraria en un campo sin nadie y a balón parado. ¿Sabe lo increíblemente bueno que hay que ser para hacer lo que hizo ayer el nota éste? Lo mejor es que él lo explicaría a lo Diego Armando, vi el desmarque, la toqué, “tac” y Mercado la alcanzó. “Tac”. Qué cabrones.

Ben Yedder: Su tipito me recuerda mucho a Carlitos Domínguez. Lo que más me gusta es que sale en todas las fotos de los goles más contento que si lo hubiera metido él en el primer partido que juega con el equipo del barrio. Esto es, es una mente colonizada. Marca cada vez que juega, es mahometano y lleva el 12 a la espalda.

Vietto: En Granada lo habría crucificado. Al descanso. Sampa, leyéndome la mente, lo manda a la mierda para Lyon y Vigo. Y anoche me alegré mucho de que le saliera casi todo. Porque no para de intentarlo, a veces te lo ves de GT2, delantero defensivo, apoyando a sus compañeros para sacar la pelota, metiendo la pierna y corriendo como si acabara de escaparse de una plantación de Georgia en 1850 y supiera que o sigue o le van a cortar los cojones.

Kolo, el ligón del Twitter y Diego González: Que Kolo casi hace una de las suyas y que debía ir de eme porque no es normal las ganas de jaleo que tenía y que, véase más arriba el epígrafe Pareja, de los otros dos me enteré de que salieron en el minuto 89.

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