Me tienes loca, calvo

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Hay gestos que resumen un futuro. Si en la mañana que cumples 18 añitos te vas a la Ciudad Deportiva José Ramón Cisneros Palacios a ver un Sevilla Atlético-Moralo pudiera ser, sólo pudiera darse la posibilidad, de que no vayas a compartir un porvenir parecido al de Alejandro Bicorne de Macedonia. Pues ya ves tú qué pena. Así que ahí estaba yo a las once y media de la mañana viendo a nuestros chavales en su segundo partido como locales de la temporada 1998/99 del grupo IV de Segunda División B. A las doce empezaba en Butarque un Leganés-Sevilla. El que ganamos con gol de Igor Gluscevic de penalti, aquel. Poco antes del descanso, me acerco a un señor que llevaba puesto un walkman. Le doy un par de golpecitos en el hombro y le pregunto cómo va el Sevilla. “¿Eh?”, me responde, con un despliegue vocal a todas las luces innecesario. Que cómo va el Sevilla, oiga. “Ah, no sé.” Incrédulo, no me resisto a hacerle una pregunta personal, ¿pero no está escuchando al Sevilla? “No, no, yo estoy escuchando música.” No he odiado más a nadie en toda mi vida. Música. Ese subnormal estaba escuchando música. En un Sevilla Atlético-Moralo y con el Sevilla jugando un partido en Leganés, estaba escuchando música. Pues exactamente así vi anoche el partido. Con los cascos en las orejas y conectados al móvil que, a su vez, tenía sintonizado con Rock FM a todo lo que daba de volumen. Todo por culpa del puto fútbol moderno, las operadoras de televisión por cable, que han desvirtualizado este noble deporte y envían las imágenes a sus abonados con 38 minutos de retraso y de modo selectivo, por lo que si el del bar de abajo tiene más antigüedad como cliente en la empresa, tiene un decodificador premium o es un hijo de la gran puta con suerte, ofrecerá a sus clientes, a cambio de una cruzcampo rancia, la posibilidad de ver, disfrutar y, me cago en todos sus muertos, gritar, los goles del Sevilla Fútbol Club, mientras que yo, en mi casa, miro con cara de tonto a la tele, en la que sólo atisbo a Gabriel Mercado recoger la pelota de manos de un chavalito con peto para efectuar un saque de banda a treinta metros de la línea divisoria de medio campo y no consigo encontrar el motivo de tanta algarabía. Y esta no es manera de disfrutar de un partido con aprovechamiento. 

Holi, bebés. Aquí volvemos, mes y pico después de San Mamés, para contarles, oh, sí, una victoria del Sevilla de Sampa. Y en Liga de Campeones. Esa competición que, según un grupo de borrachos que se reúnen los domingos por Santa Catalina, el Sevilla debería tirar porque lo suyo es la UEFA. En sus balbuceos de dipsómanos, metaforizan su pergeño de opinión con algo así como que ganar esta competición es como tirarse a una modelo (la modelo es la Shempions) cuando hay otra más normalita pero que te quiere mucho (intuimos: la UEFA) que es la que mola. Una charlotada que no merece ser comentada ni para refutarse. No se dan cuenta estas excelentes personas de que su ejemplo, por así llamarlo, está categóricamente opuesto a la realidad. La Liga de Campeones no es como tirarse a una modelo. Por 100 pavos te presento cuando quieras a la portada del Vogue moldavo de abril de 2009. Ganar la Champions es como querer convertirse en millonario trabajando de camarero. Lograrlo no sólo es quimérico, sino que va contra la lógica del sistema. Follarse a una modelo no contradice al capitalismo, más bien lo confirma. Dejar un patrimonio de miles de millones a tus hijos, a las hermanitas de los pobres, a tus niñas de los Daneses, a quien tú veas, basado todo él en tu esfuerzo y tu trabajo poniendo copas y raciones de puntillitas, sí. Es una anomalía insoslayable.

Pero tenemos a Sampa. Una anomalía en sí mismo. La versión ultrahardcore de Fernando Vázquez cuando celebra los goles. Un señor que ha entrenado a mierdas tales como un tal Coronel Bolognesi de la liga peruana (y aquí reconozco el pavor que me entra de sólo imaginarme la hoja de servicios de un militar peruano de alta graduación al que conmemoran con el nombre de un equipo de fútbol). Un señor que dice en serio que la mayor maravilla que ha visto jugar a la pelota fue el Huracán (el argentino, no el de Valencia) del 73. Un señor que admira a Bielsa. Un señor que ha venido a Sevilla con Juan Manuel Lillo de ayudante. Un señor que, cuando se lesiona el que hasta ahora estaba siendo el mejor jugador del Sevilla, pone a un brasileño maricona y pasota, del que se reía hasta ayer las nueve décimas partes de la afición y resulta que se pone a meter pases que no se veían por aquí desde don Basilio Tsartas y hace que, anoche, llegando a la placita procedentes de Nervión de presenciar tanto asombro y tanta industria, mis kinkis de mi alma se pusieran a jugar con una pelota de plástico imitando allá el pase que mete a Vázquez en la primera parte, acullá la cuchara que manda a Váitol en la segunda, despertando con sus donosuras a todo el vecindario que prorrumpe en ovación cerrada ante la perseverancia y el encomio de tan generosos vecinos. Yo, con un gachó con ese curriculum, que todavía no sé si está quebrado de la potra que tiene o que es de verdad un enviado de los cielos, voy a donde haga falta. A la pelea por los octavos, a los octavos, a Cardiff o a Sevilla 2. Estoy en plan barroco, parece, así que vamos a darle al one x one antes de que la haga más gorda:

Serge Rich: De chico, salí tres años en el Beso de Judas. En ni uno solo acabé el recorrido. Todos los Lunes Santo me ponía a vomitar. Todavía no lo comprendo. Hoy lo achaco a un asunto psicosomático. Puede que mi monólogo interior, durante cinco o seis horas, en el que me repetía con saña: pero, mi arma, que tú eres ateo y, por tanto, inteligente y nada amigo de supersticiones, ¿qué haces aquí? ¿Qué pollas haces con un cartón en la cabeza, una tela de terciopelo que lo recubre y que te tapa la cara, una vela en la mano y una túnica de cola que da un calor de tres mil pares de pelotas? Asqueado de mí mismo, el estómago se me comprimía y, nunca más allá de Álvarez Quintero (demasiado aguantaba), largaba mi ración de bilis mezclada con torrijas, y a casa. Como ayer el chaval fue un espectador más, quería contar algo que tuviera relación con él. Bien trabajao, ex hermano en Cristo.

Escudero: Le habría pisado la cabeza cuando se queda amamonao del balonazo que le dan en la cara al principio del partido. Me da mucho coraje que cada vez que le den parezca que, más que al masajista, haya que llamar al viático. No porque encuentre mal que los jugadores finjan, no, por Dios, no me entiendan por ahí. Que soy fan de Alves. Sino porque es o éste, o Kolo. Comprendan mi situación. Y un tío que corre arriba y abajo los 90 minutos, que te mete el gol de la tranquilidad, que hasta ha cogido galones para tirar las faltas, de momento, sí, de aquella manera, pero que eso significa que tiene ganas de demostrar su compromiso para darnos amateurismo y espectáculo a partes iguales, no se puede lesionar. Menos, si la alternativa es eso otro.

Ramí: Los jugadores que ya llevaban tiempo en el Sevilla, ahora con Sampa, los catalogo en dos secciones: los que me parece que todavía no le cogen el aire a los delirios del puto calvo, y los que han abrazado el amateurismo con todas sus consecuencias. Al morito Adelardo el sampaolismo se la ha puesto dura, firme, lustrosa y, si bien esto lo tiene de serie merced a su religión, siempre descapullada. Lo mismo te lo ves de extremo que haciendo una pared con Vázquez en la frontal del área, sus arrancadas desde el centro de la defensa me hacen gritar un recio ALLAHU AKBAR, no se pierde nunca un córner en el área contraria y se gusta, al borde de la gilipollez, como ayer con el negro que jugaba en punta de ellos, en la banda derecha durante la segunda parte, que casi nos cuesta un gol. Y es que su lema es Hakuna Matata. Estaba condenado a enamorarse de Sampa.

Gabriel Mercado: En el instituto tenía un colega más raro que su puta madre. El Paquito. Se sentaba solo al final de la clase, iba siempre vestido de negro y no le dirigía la palabra a nadie. Cuando me dejaba caer por su pupitre, siempre lo veía dibujando muñecos muy desagradables, con trazos que casi perforaban el papel, también siempre con tinta negra. A pesar de estos rasgos de oligofrenia, sacaba unas notas de la muy reputísima madre que lo parió. Por supuesto, de un hijo de puta así, muy mal se tiene que dar el curso para que yo no acabe siendo uña y carne con él. Un día, paseando con el perro, echo un vistazo al campo de fútbol y me veo al Paquito, en un Clavel-San Antonio, ocupando la demarcación de teórico central derecho. Me quedé a ver el partido entero, fascinado con la transformación de mi colega. Qué manera de repartir hostias. Al cruce, de cabeza sacando bien los codos, tapando la banda cuando desbordaban a su lateral. Cuando terminó el partido, me acerqué a saludarlo y el Paquito era el tío más feliz de los mortales. Sonreía constantemente, me dio un abrazo, hasta acarició al perro. Son pocas, pero hay personas así. Seres que sobreviven con asco y odio por los semejantes a la vida diaria, pero que, cuando están en lo suyo, se convierten en colosos. Lobos esteparios. Pues eso. Gabriel Paquito Mercado, der Steppenwolf.

Mariano: Está cumpliendo el sino de los señores con nombre peculiar que aterrizan en esta ciudad. ¿O no recuerdan a los borrachos que decían “un kanuté, ío, me vía fumar un kanuté” con voz cazallosa y aire nauseabundo? Hijo de puta, qué bien está. ¿Quién es el mierda que juega en Brasil de lateral derecho? Es igual, paso de buscarlo. Mancharía el epígrafe de esta bestia parda que, incluso cuando el partido ya estaba en plan verbena, con todos los tíos buscando su golito como si esto fuera la local, él estaba en su sitio, donde debía, para seguir cumpliendo con su obligación y, encima, darle al moro nuevo su golito.

Kranevitter: Jejeje. Jeeeeejejejejejeje. Reconozco que este muchacho ha sido unos de los motivos que me han hecho ponerme a escribir estas soplapolleces. La madre que lo parió. ¿Pero cómo se puede ser tan inútil de meter cuello por tuiter, siendo futbolista, y no sólo no follar, sino que se ría de ti media España? Su corte de pelo podría explicar muchas cosas. Sin embargo, ayer estuvo muy bien, cubría las salidas de los laterales, liberó a mi negro de mis entrañas, lo que me lleva al recital que dio ayer mi

Federico Omar N’Zonzi: El día del Atleti, no, porque estaba de resaca. Pero ayer lloré con este mamón, sus dos remates de cabeza, uno al larguero, el otro agachando la cabeza porque ha saltado por encima de la trayectoria de la pelota, y clavándola en la red. Es como ir por la calle, ver un grupo de mozas pubescentes y el gesto de una, un cómo se arregla el pelo para cogerse una cola, una sonrisa enseñando unos “caballitos” que piden a gritos unos brackets, un meterse la mano por la delantera de la entrepierna de la falda para sacarse las bragas de la raja de salva sea la parte y origen del mundo, que te retrotraen a ese amor de octavo de EGB a quien tanto quisiste y tan caliente te puso.

Don Víctor Machín: Yo es que ya no sé qué decir del nota este. Simplemente que, si se le ocurre arrasar con un lanzallamas un colegio de huérfanos sordomudos y la estupidez del karma y la reencarnación de los budistas resulta que es cierta, Váitol está tan por encima de mí que, mientras yo me tendría que reencarnar en gusano de vertedero lindante con las Barranquillas como pena por esa travesura, él se reencarnaría en mí.

Franco Vázquez: Guti HAZ y sus mierdas. Vaya manera de sudar, mi armita. Le vi cosas de Bengoechea, y definitivamente me equivoqué. Le vi cosas de Basilio, y mierda para mí. Sí, es fundamental para Sampa, juega siempre, no lo hace mal, pero todavía le espero un partido de los de muchos barbos en adobo, muchas arvellanas verdes y mucho tomatito con sal.

Ganso: Pi-Eitsh. Tiene iniciales de fraternidad universitaria americana. Pi, Eta (con perdón), Gamma. Hecho el comentario de dudoso gusto, vamos a lo serio. Hacer un Banega con él no sería sólo importante. Sería histórico. Comparar su visión de juego con la de Laudrup sería como comparar la visión de juego de Laudrup con la de Josko Jelicic. Si Sampa consigue que se mueva como un sucio europeo mercantilista, no como un ángel carioca que busca la visión beatífica del pase entre líneas milimetrado…. Miedo me da. Miedo ni pollas: campeones, coño, campeones de todo. Creo que Sampa debería llevárselo a dar un paseo por las Candelarias. A cada paso, un insulto. Eres un mierda. No mereces vivir. Cuando estén a punto de aflorar las lágrimas por esos ojitos de avellana, sacar del bolsillo una mojamita. Continuar con collejas. Recompensarlo con un chicharrón. Vuelta a empezar y le das un serranito. Y ahí, que ya lo tienes a puntito de manicomio, lo llevas a la calle Galaxia. Le enseñas a la yonki más arrastrada que veas. Esa que ahí ves, marchita del tiempo y la puta droga, Paulo Henrique, es la Encarnita. Las dos caderas más turgentes que nunca vio el código postal 41006. Ubi sunt, Paulo Henrique. Yo te diré dónde están. En la pura mierda. Si bien la Encarnita tenía muy claro el amateurismo en lo tocante a dar espectáculo a toda su gente, olvidó agredir con la posesión y presionar alto. Y ahí la tienes, Paulo Henrique, yerma, seca, sin poder colonizar otra cosa que no sea una sífilis. Ahora te pregunto, Paulo Henrique, ¿qué vas a ser, una Encarnita? Si se levanta gritando NUNCA, NUNCA, a lo final de discurso de Marco Antonio ante la sucia plebe, está hecho. Campeones en Cardiff.

Vietto: Pues el gol que se marca es muy Kevin Farlopeiro. Y que en un equipo de Sampa, sin espacio para correr y ochocientos toques querría yo ver al padre de lo más grande que ha dado Almonte. Na, no me lo creo ni yo. Pero se le ve metido en el papel, no para de intentar cosas, da sus pases y me da cosa insultarlo. Quizá para la crónica del mes que viene ya me tenga hasta la polla.

Sarabia, el morito y el chino: Ya estaba cenando cuando salieron, para más inri, un sanjacobo enorme y riquísimo, así que vi poca cosa. Que el moro marcó, que Sarabia lo veo peligrosamente manudelmoralizado en las últimas jornadas y que el chino sigue amamonao.

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