La anécdota apasionada

“Los amaneceres posteriores a las derrotas suelen parecerme novelas de ciencia ficción: como el día después del Apocalipsis, cuando aparentemente el mundo debería haber terminado, pero sin embargo allí están algunas criaturas moviéndose y siguiendo con su vida como si nada hubiese ocurrido”. Fragmento del libro ‘Once ciudades’.

De un tiempo a esta parte, el rostro de Axel Torres es cada vez más reconocible para el gran público, si es que cabe esa denominación para referirse a la televisión de pago en España. Pero resulta innegable que desde que Bein Sports adquiriera los derechos de la Champions League, y ahora también los de la Liga, su impacto mediático es mayor. Sin olvidarnos, obviamente, de su participación en la emisora más escuchada del país. Pero centrándonos en su faceta televisiva, actualmente presenta el buque insignia de la cadena. Cualquiera que se acerque a ‘El club’ por vez primera se topará con la tristemente novedosa voluntad de dar cabida a todos los equipos, mediante una tertulia sosegada y apoyada en datos y en didácticos análisis tácticos. Eso sí, la imagen que se llevará de Axel Torres será la de un tipo profesional, claro, pero también con la sobriedad como principal rasgo definitorio. Y el que haya seguido su trayectoria lo encontrará circunspecto, casi maniatado. Aunque, supongo, está bien que así sea. Que para algo es el conductor de la charla. No obstante, más allá de las reglas de cada formato, esta versión es llamativa. Sorprende que sea el mismo Axel Torres de las hilarantes digresiones domingueras en Gol Televisión, del jovial Marcador Internacional de Radio Marca o de los inclasificables podcasts que ahora realiza los lunes. Y, por supuesto, su imagen lacónica contrasta con la del autor del maravilloso ‘Once ciudades’.

Bueno, pues aquí estamos. Actualizando una de esas pocas secciones del blog que no guardan relación con el Sevilla, aunque sí con el fútbol. Porque en este libro se respira fútbol (y otras muchas cosas) casi en cada párrafo. Aunque, a decir verdad, la primera página se lee regular. Está minada de puntualizaciones que inducen a temer que el autor quizás tenga demasiadas cosas que contar, y que lo hará de manera aturrullada. Pero nada más lejos de la realidad. En las trescientas páginas restantes, lo que te encuentras es un armonioso recorrido por la trayectoria vital y profesional del escritor, engarzado gracias a una de las principales virtudes del libro; su eficaz disposición de capítulos. Londres, Sevilla, Asunción o Tokio sirven para articular relatos plagados de referencias futbolísticas, saltos temporales y, por supuesto, viajes, con especial atención a las últimas eurocopas y mundiales. Como inicio y cierre, el libro describe Sabadell y el CE Sabadell, la infancia y la gloria para Axel Torres. Si algo consigue atraparte al exponer un tema que inicialmente te era indiferente, es que está muy bien escrito. Y eso le ocurre al lector cuando el Sabadell se está jugando el ascenso a Segunda en Eibar, que deseas que el partido se acabe en el siguiente renglón, casi nervioso, no vaya a ser que Google esté equivocado y la cosa se torciese al final. Exactamente la misma identificación instantánea que cuando narra los años de penuria de su equipo, los de su propia infancia en una ciudad que tiene fama de fea. Estamos ante un claro caso de “sí, esto es una mierda, pero es mi mierda”. Y en ese sentido detalla, eludiendo cualquier atisbo de heroicidad, cómo se mantuvo fiel a la única opción concebible: animar a su debilitado equipo pese a que a pocos kilómetros el FC Barcelona se estuviese convirtiendo en gigante.

No es preciso haberte pasado tu adolescencia tragándote partidos de un equipo hundido para deleitarse con el triunfo de los que nunca ganan nada, pero seguro que ayuda. A mí, que siendo un niño disfruté de mi primer abono cuando el Sevilla noventero estaba en Segunda, también me pasa. En el capítulo que aborda la Euro 2004, el periodista escribe “leí en una columna lo negativo que era para el fútbol que hubiera ganado Grecia. No lo pude comprender. No entendí, y sigo sin entenderlo, que no se valorara el aspecto social de aquella victoria. Qué representaba para el juego comprobar que sí era posible que el que va a un campeonato sin tener ni una sola opción puede acabar ganándolo. Lo que animaría aquello, a partir de entonces, a todos los equipos pequeños y sin recursos a creer en sí mismos, a saber que su fe tiene base. Cómo seguiría alimentando los sueños de los hinchas que saben que jamás van a ganar nada, pero que siguen siendo fieles a los equipos diminutos que sienten como propios porque en el fondo de su alma están convencidos de que, si una vez se produce el milagro, entonces serán los más felices del mundo”. Sí, probablemente sea la cita más larga que hayan leído en una reseña, o como se llame esto que estamos pergeñando, pero creo que merecía la pena.

Curiosamente, el protagonista de la mayor gesta de esta índole en la historia futbolística reciente fue el primer equipo foráneo al que el autor se aficionó. Y la forma en la que llegó hasta él define de manera bastante ajustada tanto el libro como al propio Axel Torres. Resulta que, siendo un adolescente, se cruzó en su camino un profesor inglés seguidor del Leicester. Y tras horas de clases y charlas, aquel chaval de Sabadell comenzó a seguir la actualidad de los foxes, y de ahí pasó a enamorarse del equipo, del entrenador y de la Premier. Lo que para cualquier otro no superaría la anécdota, él lo convirtió en su pasión. Y gracias a cultivarla con una más que presumible dedicación desmesurada, cuando apenas contaba con 17 años, tuvo la valiente desfachatez de enviarle un email a la COPE analizando el rival británico del Barcelona en Champions League, gracias a los conocimientos adquiridos desde que se enamoró del Leicester. Eso y pasar a ser comentarista a nivel nacional, cuando aún no tenía edad ni para votar, fue todo uno. Pues eso es el libro. Una sucesión de circunstancias que podrían pasar por anecdóticas de no ser porque son las que han ido cincelando la carrera y la vida del periodista catalán. Interesarse por el detalle hasta conocer el contexto y el relato que encierra, y disfrutar explicándolo. Y esos pequeños sucesos pueden derivar en su amistad con el padre de Cesc Fabregas o en el capítulo dedicado a la desconocida Medvode, que se termina con una inevitable sonrisa melancólica. Todo está contado con la misma calculada intensidad. Desde el entrenador que en su equipo de la infancia le recomendaba no masturbarse en la previa de un partido hasta conocer a Pelé, Just Fontaine o Emilio Botín, pasando por el camarero del antro al que acudía Isabel Coixet cuando visitaba Tokio.

El libro, aunque escrito con la voluntad de echar la vista atrás al pasado reciente, también sirve de enésima constatación de a qué velocidad se va modificando el mundo del fútbol. Pese a que fue publicado hace sólo tres años, la realidad ya ha desmentido frases que se presumían inalterables. Así, la citada época dorada del Leicester se queda en pañales ante su increíble título liguero, y Letonia ya nunca será el país más peculiar en haber disputado una Eurocopa. También llama la atención que el autor conociese de primera mano qué es vivir una final europea, precisamente, en Sevilla. Lo hizo siguiendo al Celtic, y es una circunstancia curiosa que jamás me había planteado. Resulta que Sevilla, que él prácticamente reduce al Olímpico y a la calle Alemanes, enseñó a una inmensa cantidad de aficionados europeos qué significaba tocar el cielo con las manos. Quedó grabada en miles de mentes extranjeras antes incluso de que sus propios habitantes se atreviesen siquiera a soñar ser protagonistas, y no anfitriones, de ese tipo de gestas. Años más tarde, las tornas se invirtieron, y fue el sevillista el que conoció (y hasta se doctoró en la materia) varias ciudades extranjeras que supieron enseñarnos qué era eso de ser finalista de Uefa. Parece mentira, pero la amalgama de temas apuntados en este artículo son únicamente un pequeño porcentaje de los países, partidos, jugadores, entrenadores y periodistas que aparecen hilados en ‘Once ciudades’. Porque ahora probablemente sea un servidor el que tenga demasiadas cosas que decir, y quizás lo esté haciendo de forma atropellada.

Es cierto. Vivimos una época complicada para el periodismo deportivo, una etapa en la que sobresale la baja calidad. Tal vez el mejor exponente de esta deriva sean las polémicas, cada vez más insustanciales y enrevesadas, que se propagan por los medios de comunicación y que han terminado por afectar al propio deporte. Pero no conviene olvidar que, más allá del ruido, existen opciones diferentes. Al cómodo alcance del espectador, o del lector, pueden encontrarse numerosas alternativas, y únicamente depende de él qué programa de televisión elige, qué página web visita, qué revista compra y qué programa de radio escucha. Y, por supuesto, qué libros lee. En este que hoy recomendamos encontrará algo tan simple como un periodista que se dedica al fútbol, apasionado del juego y de su oficio. ‘Once ciudades’ se devora por su buen gusto, su nobleza y por cómo hibrida su fascinación por los talentos futbolísticos y las grandes citas con el apoyo incondicional a un club humilde. Justamente, algunas de las cosas de las que carece el periodismo deportivo actual. No se dejen engañar: lo mayoritario no es lo único. No todo está perdido.

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1 comentario

Archivado bajo Literatura exacerbada

Una respuesta a “La anécdota apasionada

  1. Pues si puedes, tienes tiempo y ganas, échale un ojo a su segundo libro -escrito mano a mano con su profesor de alemán- sobre el mundo de la Bundesliga y la evolución del fútbol germánico. Una auténtica delicia.

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