Tantas veces me mataron, tantas veces me morí

Hay versos, probablemente los mejores, que se explican solos. Que a cualquiera emocionan y que cualquiera entiende, porque los convierte en suyos. Es decir, que traspasan el papel o la voz y se instalan para siempre en un misterioso recoveco del cerebro.  Ahí se atrincheran, aparentemente en calma, dispuestos a atacar en algún momento de nuestras vidas, generalmente cuando andamos con las defensas bajas. En mi caso, de forma casi indefectible, suelen aflorar con el fútbol.  Y el mejor ejemplo es el inicio de una canción que conocí de la boca de una bonaerense obesa, con la cara como una sandía, que vestía con mantas de un tamaño que permitiría a seis esquimales pasar calor en invierno, y que el resto del mundo reconocerá por el nombre de Mercedes Sosa. De la guitarra sale un arpegio, y la gorda se pone a cantar.

Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí… resucitando. Ea. ¿Qué más queremos? Ahí está todo. Estoy casi seguro de que cuando su compatriota María Elena Walsh lo escribió, a principios de los setenta, no tenía ni idea. Claro, cómo iba a saberlo. Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí… resucitando. Fíjense bien: es el Sevilla el que habla. No queda el menor resquicio para la duda. A veces por culpas ajenas, otras por las propias, qué más da. Lo importante es seguir. Para qué sirve el fútbol si no es para propiciar la muerte y la resurrección en una década, en una misma temporada, en la semana que separa una eliminatoria, en noventa minutos. Gracias doy a la desgracia, y a la mano con puñal, porque me mató tan mal… y seguí cantando. Nos tuvieron a su merced tantísimas veces, año tras año, creyendo que ya sí, por fin, no nos levantaríamos. Nos dieron por muertos y, probablemente, lo estuvimos. Pero el Sevilla se ha hecho grande de Europa a base de resucitar. No de competir, ni de sufrir, ya que eso respondería a alguna clase de lógica. No. De resucitar.

El siguiente en nuestra nómina de asesinos es el Liverpool. Un equipo con un buen puñado de imágenes que forman parte de la iconografía del fútbol mundial. Un club al que se le puede llamar gigante sin que suponga añadirle ni un gramo de hipérbole.  Que tiene en su palmarés cinco Copas de Europa y tres Uefas. Contra esos juega el Sevilla en Basilea. Cuando insistimos en recalcar la importancia del camino, también hablamos de esto. Los días previos, con comentarios de los analistas serios, en los que se nos coloca a la misma altura que los ingleses. Y no se refieren a cosas intangibles como comparativas de himnos, de aficiones, en las que resulta sencillo realizar ciertas aseveraciones. Qué va, se refieren a que podemos ganarles la final. Que el entrenador del Liverpool diga que el partido está al 50% y no suene a tópico condescendiente, eso también es el camino recorrido. Mirar a los ojos a gente a la que anteayer nos hubiese avergonzado mirarles a los pies. Y sostenerles la mirada, esperando que vengan a por nosotros. Que vengan a matarnos.

Al menos, para los que no podemos presenciarlas en directo, las muertes ya siempre son televisadas. Y veremos a unos tipos que llevan en el pecho el escudo del equipo que seguimos desde pequeños, partiéndose los huevos contra la historia del fútbol. Con la seguridad de que, igual que la gorda en ese verso que define a este Sevilla insondable, seguiremos cantando. Y, encima, sonriendo, ahora que los nervios aún nos lo permiten. Sonriamos, que no hay nada más épico que llegar al matadero con una sonrisa. Ni nada más desconcertante para nuestro asesino. Porque que no se equivoque nadie. El miércoles, en Basilea, van a matarnos. Tal y como nos mataron en aquellos cruces de los cuatro caminos anteriores. La cuestión es saber si el Liverpool, igual que hicieron todos los demás, también nos matará tan mal como para dejarnos resucitar. Que luego no digan que no les avisamos.

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8 comentarios

Archivado bajo La previa de la jornada

8 Respuestas a “Tantas veces me mataron, tantas veces me morí

  1. Anónimo

    De tanto odiarnos acabara amándonos.

  2. Anónimo.

    Casualmente hace un par de semanas la Tuna de Magisterio de Sevilla, la albirroja o rojiblanca empezó así el certamen de tunas de sevilla. ¿Casualidad?

    P.D.: Ganaron el Primer Premio.

  3. Pingback: Destacados Blogosfera: Tantas veces me mataron, tantas veces me morí - Vamos Mi Sevilla 5.0

  4. Pingback: HAGAN JUEGO, SEÑORES | cazónpalangana

  5. Anónimo

    “La cuestión es saber si el Liverpool, igual que hicieron todos los demás, también nos matará tan mal como para dejarnos resucitar. Que luego no digan que no les avisamos.”

    Espectacular, me acompañará para siempre el título de esta entrada.

    LEYENDA

  6. Javier Ávila

    Después de su capacidad visionaria, este post se debería haber llamado “Crónica de una resurrección anunciada”.
    Enhorabuena a todos.

  7. SG Firm

    “Y la luna me contestaba: para amar hay que sufrir”.

  8. Sevillaaaaaa, haaaa

    Pues nada. ni pre-avisandolos

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