Breve y descarnado elogio a unas semifinales

La vida, para qué andarnos con rodeos, es una concatenación de derrotas hasta la inconmovible derrota final. De la propia actitud del individuo depende cuántos pequeños triunfos sea capaz de descubrir, disfrutar o imaginar. Con suerte, logrará irse a la cama un buen puñado de noches con la convicción de que el día ha sido satisfactorio. O de que, al menos, los triunfos puntuales compensaron todo lo que se perdió. Lo habitual no es sentirte realizado profesionalmente, que te corresponda la persona a la que realmente amas, que te estremezca una película o una novela, que tu equipo de fútbol gane partidos determinantes. Que tus deseos más profundos se hagan realidad. No. Lo habitual es lo otro. Por eso quedan grabados con tanta fuerza los momentos efímeros en los que la victoria decide sentarse a nuestra vera.

Así, por más que el Sevilla Fútbol Club dispute este jueves su quinta semifinal europea, nadie en su sano juicio deja de valorarla como se merece. Por más que sea la tercera consecutiva. Claro que son muchas. Son muchísimas, pero el hueco por llenar es tan grande que nunca serán suficientes. Al final, el hombre es lo que recuerda, por eso necesitamos tantos días satisfactorios como sean posibles. Nuestros anhelos melancólicos se nutrirán de combates como los del Shakhtar. Vale que las finales y los títulos alzados acaparen álbumes y recortes de prensa. Es lógico que así sea, ya que nada hay más fotogénico que la llegada a meta. Pero las sensaciones más profundas aparecen durante el camino. Porque es durante el recorrido cuando crece la ilusión de que lo insólito se torne verdadero. Estos partidos significan que pudiste llegar a lo más alto, que estuvo en tu mano, que luchaste. En definitiva, que viviste. Y eso es lo que se echa de menos cuando no queda una migaja positiva que llevarte a la boca: la posibilidad. Unas semifinales es todo lo que una persona cuerda puede desear para su vida. Cruzar la meta el primero, la excelencia, es una cosa de locos.

Por tanto, dejar de sufrir, apretar, cantar, reír, llorar y estar histérico por unas semifinales representaría un pecado tan descomunal que ni el más valiente se atreve a cometerlo. Nadie tiene las agallas suficientes como para desafiar a lo extraordinario. Así que disfrutamos de las bolitas en los sorteos, de las previas, de los cánticos, de los tifos de Biris Norte. De cada detalle que rodea a estos partidos. Porque luego llegarán los trabajos de mierda, los besos que no te han dado, las películas anodinas y, por supuesto, las derrotas de tu equipo. Claro que llegarán. Pero al menos, hasta que otro fascinante jueves de primavera llegue a su fin, los sevillistas habremos conseguido esquivarlas. Y esa victoria ya no nos la puede quitar nadie.

Anuncios

4 comentarios

Archivado bajo La previa de la jornada

4 Respuestas a “Breve y descarnado elogio a unas semifinales

  1. Anónimo

    Ahí está. Engorilamiento sublimado.

  2. juanluuu

    DE MAMAZO !!!!!!

  3. ANTONIO JAVIER RODRIGUEZ DELIS

    Pelos como escarpias. Mañana al Pizjuan llueva, nieve o ventee.

  4. SG Firm

    “Y la luna me contestaba: para amar hay que sufrir”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s