El delantero Iborra

Los cronistas dirán que todo comenzó en el Santiago Bernabéu, pero ese es un relato falso. A buen seguro, la falsedad es fruto del despiste y alejada del embuste y, bueno, tampoco podemos culparles. Todo comenzó en Lieja. Es decir, en uno de esos insignificantes duelos de la no menos insustancial liguilla de grupos de la Uefa. Esa fase que apenas perdura en la memoria: ni es lo suficientemente extravagante como las rondas previas ni deja cicatrices que lucir con orgullo de campeón como las eliminatorias. De la fase de grupos uefera sólo importa una cosa: superarla. Y, para lograrlo, el Sevilla tuvo que pasear el sello de vigente vencedor de la competición por lugares como Lieja. Allí, en octubre de 2014, el conjunto que revalidaría el título meses después se enfrentó al Standard. Empate a cero. El partido se puede calificar como anodino, porque ahora nos hemos vuelto finos y decir que fue una puta mierda estaría, qué duda cabe, fuera de lugar. No obstante, el fútbol es tan caprichoso como un certamen de cortometrajistas jóvenes, y entre la mediocridad a veces encuentras una pepita de oro. Sí, probablemente se minusvalore por el conjunto que lo lastra, pero oro al fin y al cabo. Por eso decimos que este relato comenzó en tierras belgas. Allí fue donde Vicente Iborra jugó por primera vez de delantero.

Suele contar Unai Emery, y cuesta poquísimo darle veracidad a esas palabras, que pasa todo el día pensando en su trabajo. Que mientras conduce de vuelta del entrenamiento, se imagina el próximo durante el trayecto. Quizás fue durante una de esas acciones rutinarias cuando se le ocurrió la posibilidad de adelantar a Iborra. Un Iborra que, en su primer partido con el Sevilla (titular contra el Atlético de Madrid tras sólo dos entrenamientos con sus nuevos compañeros), terminó jugando de central antes de ser sustituido por lesión. Sea como fuere, a Unai se le encendió la bombillita. Y lo fue rumiando. Los dos son muy buenos, pero Gameiro es medio enano y Bacca usa la cabeza con la misma frecuencia que un guillotinado. Es arriesgado, pero podría resultar. Hasta que se aventuró en Lieja. Retrasó a Banega, lo acompañó del polaco y metió arriba al de Moncada. Probablemente, todo muy bien estudiado. Pero fue un desastre. Aquello no funcionó y alguno aprovechó para darle palos a Unai. Porque sí, al igual que hay gente que vota a VOX, hay sevillistas que critican sistemáticamente a Emery. De todo tiene que haber. El truco reside en no echarles mucha cuenta.

Unai no entendía cómo aquello pudo salirle tan mal. Repasaba conceptos, no comprendía nada y lo de Bélgica quedó como una boutade. Un ataque de entrenador. Si es que a quién se le ocurre poner a Iborra, que es un tronco, tan arriba. Pero carretera de Utrera para arriba y carretera de Utrera para abajo, Unai seguía dándole vueltas. Pasaron más de tres meses y, llegado el turno de visitar el Bernabéu, volvió a intentarlo. El polaco y Mbia en la media, e Iborra adelantado por detrás de Bacca. Aquel partido se perdió por la mínima, pero el valenciano registró una buena actuación. El invento ahora sí había salido bien. Aunque adoleció de una importante falta de puntería ante la meta rival, los comentarios fueron positivos. Con total seguridad, algunos provenían de los mismos que previamente criticaron de manera ferviente la idea.

Por aquel entonces, se pensaba que aquello era un parche. Luego, un recurso puntual. Aún era un considerado un centrocampista jugando más arriba. Pero las titularidades en ese puesto se fueron sucediendo. Y los goles. Si la temporada pasada anotó nueve tantos (siete en liga y dos en Uefa), en esta lleva ocho. Por tanto, la conclusión se nos presenta de forma diáfana: Vicente Iborra ya es delantero. Cuando Banega juega en esa zona es mediapunta, pero el perfil del valenciano lo convierte en delantero. Claro que podrá volver a jugar en el centro del campo, o incluso hacer alguna visita durante el juego para aprovechar su fortaleza (intercambiándose de forma circunstancial, precisamente, con el rosarino), pero Emery se ha salido con la suya. El mismo Emery que asegura que, como entrenador, además de títulos y victorias, lo que de verdad le enorgullece es mejorar el rendimiento de los jugadores con los que se cruza en el camino. Con Iborra puede estar complacido. La reconversión ha sido completada. Ya sea conduciendo tras un entrenamiento, braceando en la banda del Ramón Sánchez-Pizjuán o grabando uno de esos hilarantes vídeos con los que a veces nos obsequia, Unai sonreirá cada vez que se acuerde de que estaba en lo cierto. De que el trabajo y la constante búsqueda de superación tuvieron recompensa. Posiblemente, la más reconfortante que un entrenador de fútbol pueda alcanzar: que aquello que únicamente tenía sentido en su cabeza haya sido adoptado por la realidad.

El centrocampista de contención que llegó del Levante ya no es que marque goles y se parta los cuernos contra los defensas rivales, sino que ha terminado metiendo pases en profundidad, dando asistencias, tirando desmarques, desarrollando instinto oportunista y hasta permitiéndose frivolidades que llegan a buen puerto. Entre otras cosas. Y, todo ello, fundamentado en la seriedad y el esfuerzo. Da la sensación de que si le hubiesen encomendado adaptarse a la posición de central, como aquella noche ante el Atlético, se habría dejado los huevos para rendir lo mejor posible ahí. O de lateral zurdo si hace falta. Quizás por eso, por su condición de currante, celebra todos los goles con la misma rabia. Como si fuese el último. Porque es un hombre de club, ese concepto que dice tanto en tan poco y que es difícil encontrar actualmente en el fútbol de élite. Y, más que portar el brazalete, lo defiende. Como el escudo. Si a estas alturas no le duele, lo disimula bastante bien. Y eso es más que suficiente. Para resumir sus virtudes, hay quien suelta la manida frase de querer siempre un tipo como él en la plantilla. Permítanme que discrepe. Para qué queremos a alguien que se le parezca si ya tenemos a Iborra.

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6 comentarios

Archivado bajo Vendecolchas

6 Respuestas a “El delantero Iborra

  1. Camilo Sexto

    Justo reconocimiento a un tío que no creo que esté valorado como se merece. Hablo de Iborra. Emery tengo clarísimo que no lo está.

    Un detalle. Me parece que la primera vez que Iborra juega en esa posición es en el último partido de Liga contra el Elche, después de la tercera Europa League. En el Sánchez-Pizjuán. Ganamos 3-0 e Iborra, si no jugó en esa posición, lo hizo más suelto de lo habitual.

    • palanganismoexacerbado

      Pues ahí me pillas. Recuerdo que marcó dos goles, y puede que sí que jugase adelantado, pero para salvaguardar el artículo, vamos a decir que esos partidos se jugaban ya rellenando el once como buenamente se podía porque no valían de nada. Que no era una cosa competida. Es eso o cambiar el texto.

      • Camilo Sexto

        Hombre, el artículo se salva y está bien enfocado. Realmente, fue en Lieja donde ese cambio de posición generó debate y llamó la atención de la gente.

        Contra el Elche, si jugó o no en esa posición, como que daba igual. Todos estábamos a otro rollo.

  2. ANTONIO JAVIER RODRIGUEZ DELIS

    El domingo salió ovacionado del Pizjuán. Creo que sí nos estamos dando cuenta de lo que tenemos y lo que nos da.

  3. hoeman

    Comentar que en realidad Iborra comenzó su carrera como delantero y lo reconviertieron a mediocentro, así que la posición para él no debería ser tan novedosa, ni Unai es tan innovador.

  4. Pingback: El silencio | Palanganismo exacerbado

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