Postulados sobre la 97/98 y la verbena actual en que a todas luces se ha convertido este invento

Lo que hizo que me diera cuenta de que estaba en una final no fueron los carteles en las farolas anunciando el Middlesbrough-Sevilla, las conversaciones que captaba alrededor, pasar siete horas en una plaza llamada genéricamente “fanzone”, la cerveza de trigo al escandaloso precio de dos euros, las camareras rubicundas que no entendían el concepto “cubata” ni muchísimo menos “cubata para el camino”, la moneda sin valor que me dieron en un bar para activar la máquina de tabaco, la parafernalia de niños con globos color butano y la pancarta gigante con el escudo del Sevilla sobre el césped, ni siquiera el hecho de tener que coger a mi padre por el cuello para que no le diese una hostia a un señor que nos había dado una dirección, a juicio de mi padre, de un modo risueño y, por tanto, hiriente en extremo. En Eindhoven, la revelación fue la luz. Bajo las cubiertas de un estadio del norte de Europa, construidas con la benevolencia de sociedades hiperdesarrolladas y el propósito de ahorrar imponderables climatológicos al público, el cielo era completamente azul, tal vez ya celeste, sin una sola nube, que anunciaba la noche y el verano. Las finales empiezan de día, pero se saborean en la oscuridad.

El 19 de abril de 1998 éramos potencialidad pura. El día 8, Miércoles Santo, primer partido en casa desde el hoy casi legendario Sevilla 0-Levante 4, el Sevilla gana 1-0 al Hércules, con gol de Carlitos. El partido fue aún peor que la designación de la hora y fecha de su celebración. El Hércules, a veinte minutos para el final, se quedó con diez jugadores por expulsión del internacional clementiano Giner. Con lo que quedó de defensa alicantina se podría escribir una historia de los últimos veinte años del Sevilla: Ferreras, Redondo y un tío bajito, torpe y cabezón, del que, sin embargo, no se fue ni una sola vez don Alfredo Santaelena, que según los papeles se llamaba David Castedo. Tras el partido, camino del centro por Luis Montoto, mis amigos y yo nos topamos con el Cristo de la Sed virando, en una avenida desierta, hacia la puerta del asilo de las Hermanitas de los Pobres. Un crucificado abandonado, viejos apoyados en monjas, en sillas de ruedas o arrastrando el taca-taca los más lozanos, dándole un sentido absoluto a la sevillana que dice “dónde estaré, Dios mío, la próxima primavera”, una banda de cornetas y tambores esforzándose en vano para que su música no se disolviera en una calle de treinta metros de anchura y tres pajilleros con bufandas rojiblancas al cuello, cabreados por el espectáculo infame que venían de ver. Sin saberlo, formábamos un retablo en movimiento de las edades del hombre, medieval, surrealista, con tantas claves ocultas como una pintura de El Bosco. El Sevilla, porque es así y tiene estas cosas, que tampoco lo vamos a descubrir ahora, juega el mejor partido de la temporada el Domingo de Resurrección en Vallecas. No niego que ayudara jugar una hora contra diez y la última media contra nueve, ni tan siquiera que una vanguardia como la rayista, compuesta por Onésimo y Pinedita, acaso no fuera un antecedente noventero de un Zidane-Ronaldo, pero aquel día había que ver jugar a Tarik Oulida, nuestra parte del botín del saqueo del Ajax campeón de Europa del 95. Con las espaldas cubiertas por nuestro exquisito mediocentro defensivo, don Carlos Marchena, quien, incomprensiblemente, acabó el partido expulsado, el morito Tarik, cuya etapa sevillista sólo se recordará por haberse partido la cabeza al tirarse en la parte menos profunda de la piscina de Moacir Rodrigues dos Santos y por haber hecho un fuck you a la afición bética agolpada tras el dispositivo policial desplegado ante la puerta de cristales del estadio heliopolitano cuando bajaba del autobús sevillista camino de los vestuarios el día del derbi del 3-3, desarrolló sobre el césped de Vallecas todas las enseñanzas adquiridas de la mano de Louis van Gaal. Después de aquel 1-3, el siguiente domingo, 19 de abril, visitaría el Ramón Sánchez-Pizjuán el Villarreal CF, cuarto clasificado, en puestos de promoción, que nos aventajaba en la tabla en seis puntos. Ya daba igual todo lo pasado. El 0-4 contra el Levante colista, los cuatro entrenadores que habían pasado por el banquillo nervionense, el 1-3 del Atlético de Madrid B, lo felices que nos las prometíamos cuando ganábamos al Leganés por 3-0 en el minuto 85 a pesar de contar con sólo nueve jugadores, lo que nos reímos con el zambombazo de Casagrande a la puta cabeza de Catanha que se convirtió en el 3-1 y el sufrimiento final con 3-2 por si el propio Catanha o el otro delantero del Leganés, Samuel Eto’o, conseguían el empate a última hora; incluso daba igual que en la madrugada del 30 de agosto de 1997 yo hubiese cogido una maquinilla y me rapase el pelo al uno con el consiguiente susto de mi pobre madre que se había acostado dejando a un hijo con melena rizada, sedosa y leonina, y se levantó viendo que había un gachó acostado en la cama de su hijo con un corte de pelo estilo Mauthausen temporada 41/42 que había decidido degradarse hasta la ignominia porque si su equipo bajaba al Hades de jugar en Segunda División a partir del día siguiente él no podía ir por ahí con un pelo de maricona. El 19 de abril de 1998, a las cinco de la tarde, era el momento.

No lo sabía todavía, pero aquel iba a ser el antepenúltimo partido que viviría en la grada de cemento, sin asientos, del gol norte del Sánchez-Pizjuán. Allí vi a hombres llorar de genuina amargura. A hombres destrozarse la garganta. Vi en los ojos de un amigo la despreocupada expresión de quien te cuenta su noche de sábado que se trocó una décima de segundo después en angustia al ver a la policía entrar por sorpresa para cargar. Vi a gente levantarse como si la hubieran apalizado después de celebrar un gol. Vi alegría inmortal. Vi desmayos y cómo sacaban al accidentado de hombro en hombro, a través de una grada abarrotada en la que nadie podía moverse. Vi una gratitud infinita al sacar de una montonera a un amigo en el gol de Suker en un derbi de domingo de feria. Vi el primer porro y la primera raya. Vi a cuarentones desconocidos disculparse en silencio ante mí por una derrota de la que en el fondo se sentían culpables. Me miraron con odio y con amor verdaderos. Me abrazaron, me empujaron y me besaron. Supe lo importante que era siempre ser más vivo que el de al lado para sentarte inmediatamente después de que el árbitro pitara el descanso porque si no te quedabas todo el rato de pie. Comprobé la razón que tiene la Consejería de Salud acerca de sus advertencias para combatir el calor en una primera jornada de agosto. Vi que dos hombres adultos pueden llegar a darse de hostias por una botella de agua y que no es un espectáculo agradable. Vi a niños de trece años caer borrachos. Vi a un chaval que si me lo hubiera encontrado en la calle me habría cambiado de acera compartir conmigo su último trago de agua. Aprendí, en este máster sobre hidratación, que siempre hay que guardarse en un bolsillo el tapón de las botellas antes de entrar al estadio. Vi a viejos con un pie en la tumba animar a su equipo y hacer que una grada muerta lo siga. Vi lo que puede hacer un cigarrillo mal apagado sobre la piel o la ropa de alguien. Vi bengalas y petardos que podían arrancarte una mano. Vi bufandas arder. El entrenador sevillista, Castro Santos, había emplazado a la afición a meter el primer gol contra el Villarreal. Por lo que conocía aquel universo en miniatura, los de amarillo podían empezar a darse por jodidos.

Cómo estaría jugando el Sevilla aquel 19 de abril que por un momento llegué a querer a aquellos once tipos de blanco, incluido David Cordón. El Villarreal nos dio la pelota desde el primer minuto y se arropó en torno a su portero, un valenciano de 24 años. Mala cosa. Los valencianos son gente extraña. Trabajan el Jueves Santo pero no el lunes siguiente al Domingo de Resurrección. Y, a pesar de vivir en un lugar con buen clima, playa y más que aceptable gastronomía, son sumamente atravesados. (Ejemplo perfectamente prescindible para el propósito de este artículo: si llamas a un valenciano para decir que puedes rebajar diez euros su cuota mensual de internet, televisión por cable y teléfono, el valenciano exigirá tu nombre completo, tu número de identificación en la empresa, lo grabará todo con su teléfono móvil para adjuntar el documento sonoro a una denuncia que ya considera inevitable, preguntará el motivo de tanta generosidad y, al enterarse de que no se trata más que de una actualización de las tarifas, su razonamiento fluctuará por tres vías a) ¿y por qué no me la han bajado antes? Esto es un robo, pienso denunciarles, b) actualícemela, claro, pero quiero que se me devuelva la parte proporcional que he estado pagando de más todos estos meses, de lo contrario, pienso denunciarles o c) estoy de acuerdo, mi duda es, ¿es usted imbécil? ¿De verdad tienen que llamar a los clientes para preguntarles si quieren pagar menos? Páseme con su supervisor, no me gustan estas molestias en la intimidad de mi hogar y, qué coño, pienso denunciarles. No es por joder, simplemente, son así. Entre esto y los gaditanos, que te pueden contar que el teléfono fijo no lo usan, que no tienen ordenador no obstante tener contratada una banda ancha de internet de 50 megas y que el decodificador del servicio de televisión no les funciona desde la boda del Cordobés y Vicky Martín Berrocal, pero no lo ponen en conocimiento de la empresa porque siempre se les pasa y total para qué si ellos sólo ven Canal Sur por el Juan y Medio y los carnavales y eso ya lo pillan por TDT, quiero creer que debe haber un término medio.) Las ocasiones no paran de repetirse. Desde el minuto 2, cuando Tsartas ya tuvo uno clarísima, pasando por la del minuto 62, la más sangrante de todas cuando el griego, con toda la portería para él, sorteado el portero, golpea a puerta vacía, se interpone un tal Díaz sobre quien rebota el balón, sigue hacia la portería en una mansa parábola y golpea en un palo para irse a córner. En el minuto 89, Ivan Juric pasa a Carlos que, escorado en el área, cae derribado por un defensa villarrealense. Turienzo Álvarez pita penalti. En diciembre pasado, contra el Éibar, el Sevilla disfrutó de una situación idéntica, penalti en el último minuto, que falló David, uno que vino cedido del Deportivo. Esta vez es diferente. El penalti va a lanzarlo Vassili Tsartas, sin duda el mejor jugador de aquel Sevilla y de toda la categoría. El portero se sitúa entre los palos. Sigue siendo valenciano. Un señor que diría, con cara de asco, en las bodas de Caná, que él prefería agua. Un tío tan esquinado que, con sólo 24 años, en el partido más importante de la temporada, en lugar de asegurar y tirarse al lado natural del lanzador del penalti, adivina que el griego va de artista y estrellita y que lo va a tirar a colocar con el interior al palo contrario. Y este hombre, que ha tenido una adolescencia de jornalero recogiendo garrofón, que es como llaman, con el gracejo que les caracteriza, a las habichuelas en el Reino de Valencia, nos da una lección para el futuro: para campeonar, ponga a un valenciano en su vida.

Sin embargo, el momento ya se ha producido. Fue cuando Tsartas avanzó hacia la pelota. El silencio denso y unánime de 40.000 personas. Una afasia repentina y comunitaria que nos asalta a todos. Esperando que, un segundo después, todo haya sido una broma, que seguimos siendo el Sevilla y esto de la Segunda División no es nuestro sitio, que este terreno inexplorado no nos atañe y que aunque nos separen seis puntos del Villarreal, ellos no dejan de ser unos catetos crecidos y nosotros el Sevilla Fútbol Club, campeón de una Liga y de tres Copas, con prácticamente toda nuestra historia en Primera División, salvo algún accidente lamentable como el que ahora creemos sufrir. La parada de Palop es una hierofanía: eres una puta mierda. Tu equipo es una puta mierda. Tu desesperación es real y no va a tener fin. Puedes hacer promesas, puedes cortarte el pelo al rape, nada va a solucionarlo. Miras incrédulo al que tienes al lado, como si fuera un camión que no has visto antes de cruzar y que va a arrollarte, como si un sacerdote invisible os dijera que os deis fraternalmente la paz.

Nueve años después, cuando la luz de aquel atardecer holandés ya se había disipado y nuestro capitán (valenciano) había levantado la copa de la UEFA, me llamó mi madre al móvil. Se le adivinaba la sonrisa por la voz y me hizo una sola pregunta que no necesitaba respuesta. Hijo, ¿qué ha pasado? Completamente tranquilo, fui a responderle, pero a mitad de la frase le tuve que colgar porque un señor andaluz no llora delante de su madre, aunque sea por teléfono. No pude decir tres simples palabras: que somos campeones. Pronunciarlo era crearlo. Las cosas no existen hasta que se las nombra. No pude tolerar la belleza efímera de un momento en el que todo parecía tener sentido.

Hace poco me encontré con el texto de una chavala de quince años en el que contaba lo que había vivido con el Sevilla. Me llamó mucho la atención una frase: “después de la final de Copa en el Camp Nou, llegó una terrible sequía de cuatro años sin títulos”. La hostia. Si hay sevillistas, cercanos a la mayoría de edad, que piensan así, es que el Sevilla ha logrado lo que todo gobernante aspira: que sus súbditos interioricen las normas sin necesidad de coacción. Ha cambiado la historia, corazones y mentes. Ya no nacerán más desgraciados que, cuando se reúnan en un bar, hablarán más de Tsartas, Molnar o Enría, que de Kanouté o Luis Fabiano; que relaten más decepciones que alegrías. Y está bien que sea así, por supuesto. Lo contrario sería como no desear para tus hijos un mundo sin enfermedades venéreas. Pero me recuerda a un chiste antiguo de actores que cuenta Alfredo Landa en sus memorias: “Entra en plano un autocar destartalado en el que viaja una compañía en gira. Invierno, por la noche. Se oye un crujido del motor, que ya no puede más. El autocar se casca y están realmente en medio de ninguna parte. Echan a andar, a ver qué van a hacer. Buscar un mecánico o simplemente un sitio donde pasar la noche. Se meten en un bosque. Empieza a nevar. Siguen caminando, muertos de frío, hasta que de pronto ven una luz, una ventana, y a través de la ventana, una familia feliz, en torno a un fuego, a punto de zamparse la cena de Navidad, y un cómico le dice a otro: ‘¿Tú ves lo mismo que yo?’ y el otro le contesta: ‘Sí, chico. Pobre gente, qué vida más aburrida’”.

Anuncios

6 comentarios

Archivado bajo Memorabilia

6 Respuestas a “Postulados sobre la 97/98 y la verbena actual en que a todas luces se ha convertido este invento

  1. Álvaro Ruiz

    Grandísimo artículo, recuperando sensaciones ya casi olvidadas de cuando mendigábamos por la Segunda División.

    Respecto a la grandeza y a los sevillistas adolescentes que sólo han conocido al Sevilla de los títulos, ya se ha hablado en otras ocasiones: somos grandes. Y buena prueba de ello es que estando en UEFA, a dos puntos de puestos europeos, y habiéndole ganado al Barsa, el Madrid, el Valencia y la Juve… no estamos satisfechos y vamos diciendo que la temporada está siendo regular nada más.

  2. Pepiyo "Er Gamba"

    ¡Están verdes!, dijo la zorra (con perdón) jartita de pegar saltos pa alcanzar las uvas.

    Nadie se aburre de ganar; solo los sevillistas que ‘semos asina’. Como tampoco nadie que no sea creaturita se aburre de beneficiarse a la simpar Charo Roca (Sharon Stone pa los peliculeros).

    Cuatro paragüeros como cuatro torres Pelli lucen en nuestras vitrinas.

    Mañana jugaremos otro derbi ancá La Manoli y, como casi siempre, seremos nosotros los que sumemos tres puntos más y serán las creaturitas las que atesorarán “zenzazioneh” en sus vitrinas pa que “er Juaqui” y “er de Var en Var” puedan presumir en sus pueblos de ser parte de los millones de “creaturitas huniberzaleh” que tanto placer parece proporcionarles.

    Dentro de un ratillo se sortearán los octavos de Copa; yo me pido a “Mibétingüeno” porque ya estoy enviciao perdío con el buyarengue de las creaturitas.

  3. Camilo Sexto

    Tuvimos ahí el volver a nuestra esencia y lo rechazamos. La culpa es nuestra. Estaba a huevo.

    Un entrenador que viene del filial, que ya nos prometía volver a ese sendero tan entrañable del que hablas, como la primera temporada en Segunda. Esos 1-4 contra el Logroñés o derrotas infumables fuera de casa por 1-0 con gol encajado en el minuto 70. Eso nos lo estaba dando Jiménez en el campo del Sporting, el Espanyol o recibiendo al Almería (ese glorioso 1-4). Era nuestro Sevilla de los noventa. Estaba dando los primeros pasos para recuperar nuestra historia. Y no quisimos.

    Pero es que luego nos lo vuelven a poner en bandeja, con un entrenador de pasado madridista, con delanteros como Baba y Manu del Moral, que prometían ser las estrellas en Segunda, y también lo dejamos escapar.

    Esos sábados sin follar, con la que te gustaba liándose con otro y que para que la vida te compensara, el domingo a las cinco tu equipo te hacía disfrutar con un 1-0 en Salamanca o un empate aquí contra el Racing o el Burgos de turno. Nuestros jóvenes no sabrán lo que es eso.

    Ahora follan el viernes, el sábado se lían con la que les gusta, y el domingo su equipo gana más que pierde.

  4. Abdeljalak Mohamed "Jala"

    Sevilla bueno, beti caca

  5. josefcoxxxl

    El lustro negro (1995/2000) nos hizo callo. El callo nos hizo cínicos. Y entonces vamos y nos da por ganar, el ganar nos da grandeza, y la grandeza nos pilla cínicos y con callo. Y quieras que no, donde hay callo falta sensibilidad, y donde hay cinismo sobran las mochilas.
    El caso es que la grandeza nos coge ya insensibles y llenitos de mochilas. Qué puta mierda. Cómo envidio a los neopajilleros y las fans de los gemeliers, que se asombran por aquellos cuatro años de sequía.

  6. Juanpirus

    Espero que esa adolescente, cuando sea cincuentona, siga pensando lo mismo…será buena señal…o bien es que hemos seguido ganando títulos a espuertas, o si no, al menos, es que seguimos siendo exigentes (base para lo que algún día se vuelva a ganar un título).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s