Si Peter Pan viniera

Uno de los finales más tristes de toda la literatura universal es el final de ‘Peter Pan’. El tiempo ha pasado, y Wendy es toda una mujer. Tiene una hija hermosa, tan hermosa como lo era ella la primera vez que pisó Nunca Jamás de la mano de Peter Pan. Wendy acaba de acostar a su niña. La habitación está a oscuras. De repente, se abren las ventanas de par en par. Contra el cielo estrellado se recorta la figura de Peter Pan. “Wendy, vine a por ti. Es el tiempo de la limpieza de la primavera. Tienes que cuidar de mí y de los Niños Perdidos”. Pero Wendy le confiesa que se ha olvidado de volar. “No malgastes en mí el polvo de las alas de las hadas”, le dice. Peter Pan, que aún es un niño, no entiende nada. Wendy le dice “encenderé la luz para que comprendas”. Y, por primera vez en su vida, que nosotros sepamos, Peter Pan tiene miedo. Y sólo acierta a decir: “no enciendas la luz”.

El Sevilla Fútbol Club es un caso anómalo. Normalmente, la literatura, las canciones, el cine y, en definitiva, toda la cultura popular, tiende a glosar las virtudes demostradas por el protagonista. A recoger las más destacadas andanzas del héroe para dejar constancia de su importante labor. Desde los cantares de gesta hasta ‘La lista de Schindler’. Pero el Sevilla no. El Sevilla lo hizo al revés. Cuando Javier Labandón acompañó los acordes posteriores al estribillo del himno con el ya célebre “dicen que nunca se rinde”, era mentira. Por regla general, si nos metían un gol, en el campo que fuese, era buen momento para girarse al camarero, pedirle que dejase cerca la botella de Rives y apechugar, porque la tarde iba a ser dura. Aquel equipo se rendía. Pero todo cambió. El Sevilla se transformó en grande de Europa y ya no desiste ni aunque lo maten. Y ha convertido esa condición en seña de identidad. El Sevilla, directamente, se reinventó para adaptarse a su literatura.

Y esa circunstancia, demostrada sobradamente en todo el continente, volvió a hacerse corpórea anoche. Sucede a menudo con las cosas que están a flor de piel, que necesitan muy poco para hacerse visibles. Te ilusionas adelantándote nada más arrancar el partido, pero resulta que el mejor jugador del mundo es una mamona que te ha elegido como víctima preferida. Antes del final del primer tiempo encajas otro, pero no pasa nada. Ahí está el descanso para motivarte. Somos buenos, somos los mejores, y podemos darle la vuelta… Hasta que regalamos el cuarto. Pierdes cuatro a uno contra el equipo más poderoso que puede saltar a un terreno de juego. Ahora es cuando toca hundirse. Esa sería la opción elegida por todos los demás. Pero tú no. Tú eres el Sevilla Fútbol Club y se te antoja una idea mucho más conveniente volver a inscribir tu nombre con letras de oro en la historia. La Supercopa de Europa jamás vio una contienda parecida. A ver si alguno se creía que nos habían invitado a la fiesta como sparring para que se divirtiesen unos georgianos de mierda. Con los cojones tan grandes que temes que se te salgan por el pantalón, terminas empatando y forzando la prórroga. Lo nunca visto, literalmente. Cierto es que luego anotaron ellos. Cierto es que perdimos. Y no hay que andarse con gilipolleces, la victoria se la merece únicamente el que la alcanza. Pero la grandeza de este equipo es tal, que se ha empeñado en dar lecciones vitales a su gente de manera periódica. La última, la dignidad de la derrota.

Los sevillistas somos unos tipos con las partes pudendas abarrotadas de pelo, pero que aún seguimos siendo niños. Sólo así se explica nuestra maníaca persistencia a no resignarnos ante la realidad. Nuestro empecinamiento en esquivar las bofetadas que trata de asestarnos el resto del mundo. El poderoso quizás nos termine venciendo, pero nosotros le sostenemos la mirada, porque no conocemos el miedo. Únicamente tenemos curiosidad por saber quién es ese imbécil que nos está mirando. Que le den mucho por culo a los adultos. Que nunca nos olvidemos de volar.

Esta noche encenderemos la luz con la certeza de que, si Peter Pan viene a buscarnos, podremos sostenerle la mirada sin darle un susto de muerte. Si Peter Pan viene a buscarles, no lo duden. Miren su cara. Y emprendan esa urgente huída. Cada noche que juegue el Sevilla puede tornarse en una ocasión inmejorable para escapar a Nunca Jamás. Y que no me entere yo, que se marchan sin nosotros.

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5 comentarios

Archivado bajo A toro pasado

5 Respuestas a “Si Peter Pan viniera

  1. Píter Man

    Si tu quisieras volar
    piensa en algo encantador

  2. Anónimo

    viva la madre que te pario, que con 52 años me has hecho llorar pedazo de cabron…..

  3. Álvaro Ruiz

    Peter Pan es el Barcelona, que nunca envejece y siempre vuela (el dinero todo lo puede). Pero cuando llegó el martes 11 y encendió la luz y vio al Sevilla FC, se giñó vivo patas abajo. El Sevilla FC vuela cuando quiere, ha trascendido la edad. No sólo se vuela cuando se es niño, también cuando se es grande.

  4. Eduardo Jesús Andrés Lapeña

    No es necesario incluir ni la más mínima coma. Es perfecto, original y muy didáctico.

  5. JoseFco

    Yo lo tengo muy claro: el Sevillismo (lo escribo con mayúsculas) se ha convertido en una legión feroz. Los sevillistas somos fieros. Indomables. Cada vez más.

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