Las ratas no huyen del barco

“¿Qué es lo indispensable en el fútbol? En el fútbol, los entrenadores no son indispensables. Los medios de comunicación, da lo mismo. Los dirigentes, da lo mismo. Los árbitros, da lo mismo. Los espectadores, da lo mismo. Lo único que, desde mi óptica, es insustituible, son los hinchas”. La cita, para aquellos que desconozcan su autoría, es de Marcelo Bielsa, uno de esas cosas que todavía hacen que todo este tinglado del fútbol valga la pena. Y cada vez quedan menos. Otro de esos reductos, multiplicado por cien mil basándonos en obvias razones para todo lector de esta bitácora, es lo que acontece en el Sánchez-Pizjuán cada vez que el Sevilla disputa un partido como local. Ahí, donde el sevillista canta, ríe, llora, insulta, muere un poco para después resucitar mucho, es donde reside la magia. No es preciso que incidamos en la descripción: el que lo vivió lo sabe.

Reconocemos no estar al tanto de todos los detalles del conflicto, pero ni falta que hace. La diferencia es que nosotros lo admitimos sin rubor, a diferencia de muchos de los que participan en las tertulias radiofónicas sevillanas, que logran articular un enunciado lógico por cada cuatro gilipolleces que rebuznan. Decíamos, pues, que nos faltan datos para comprender la motivación de la persecución a la que se ve sometida la grada de Gol Norte, pero que eso no es óbice para que nos hagamos una composición de lugar al respecto. Como ven, ser una persona prejuiciosa no reporta más que ventajas. Así, cuando escucho que un colectivo de trabajadores ha decidido ejercer su derecho a la huelga, o que un grupo de manifestantes ha recibido palos, pues qué quieren que les diga, pero inmediatamente mi mente se posiciona contra la empresa y contra la unidad antidisturbios. Que, ojo, eso no significa que si luego existe información al respecto que me haga cambiar de opinión, deje de hacerlo. Porque sólo hay una cosa peor que un tonto: un tonto que se agarra a su verdad aunque la realidad le evidencie lo contrario.

Todo esto, aplicado a la temática que nos ocupa, se podría extrapolar de la siguiente forma: si existe un enfrentamiento entre Biris Norte y los moradores de palcos y despachos, servidor, de forma natural, se pone del lado del grupo ultra. Y luego, pues ya veremos. Si encima uno rasca la superficie, y lo primero que encuentra son posibles ruidos de sables dentro del club, auspiciados por una familia cuyo patriarca está encarcelado por ladrón, para qué más. Por no hablar de que los grupos perseguidos se alinean todos en un espectro ideológico antagónico al del miserable personaje que administra el cotarro. A ver quién es el guapo que cambia su parecer inicial con este percal. Y que nadie confunda este profundo rechazo a nuestra propuesta de sanción con el deseo de que también sancionen a otros. No, la infamia repartida no deja de ser infamia.

Qué tendrá el fútbol que lo hace tan diferente del resto de ámbitos. Los cinéfilos, los aficionados a un grupo de música, desean saber cuánto más mejor de lo lo que rodea a sus gustos. En lo futbolístico, la podredumbre es tal que una persona con dos dedos de frente se ve obligada a desconectar de todo lo mediático para reducirlo a lo único que importa: el balón rodando, la gente, el estadio, el Sánchez-Pizjuán. En este mundillo, desmintiendo a lo que siempre nos enseñaron, las ratas no huyen del barco. Todo lo contrario, alguien las nombró capitán. Y la tripulación es la que sufre sus desmanes. El último, pretender cerrar durante cuatro partidos una grada por insultar. Al final, capaces de reducirlo a uno o dos partidos, y pretenderán que les demos las gracias. Esta vez parece que han pinchado en hueso y la milonga de que quieren sancionar a los malos malísimos no ha calado en ningún sector del sevillismo. Ahí se retrata la LFP. Si alguien ha logrado poner de acuerdo a un colectivo tan heterogéneo y cabrón como el que conforma nuestra afición, es que muy disparatado tiene que ser lo que plantea. Cómo va a venir aquí alguien a decirnos que nos quiere dejar sin magia.

En lo que atañe directamente al club, a los que rigen los designios del Sevilla, una severa reprimenda y un levísimo aplauso. Quizás, sólo quizás, estos abusos sean consecuencia de abrirle las puertas de tu casa a esta caterva de desalmados. Por lo general, a esta clase de gente, si les pones el culo, suelen venirse arriba y te obligan encima a pagar la cama. Quién sabe si una férrea defensa inicial de tus aficionados hubiera evitado que esto desembocase en tamaño despropósito. La ovación, aún muy escéptica, es por anunciar pelea en esta batalla. Cuando lo veamos, nos lo creeremos. Puestos a decepcionar a alguien, que sea a los canallas de fuera antes que a los tuyos. A los tuyos nunca. Al club le toca elegir bando, y el tiempo de los pusilánimes quedó atrás. Vaya desde aquí un consejo, más allá de todos los éxitos deportivos alcanzados en la última década. Como aquella canción que cantaba Calamaro, no te olvides que eres grande porque tienes multitudes que te esperan afuera.

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2 comentarios

Archivado bajo Mejor fuera que dentro

2 Respuestas a “Las ratas no huyen del barco

  1. Carlos

    Unodelmonumento
    Pues Castro lo tiene a huevo, si es capaz de tornar en Leonidas no le faltarán los trescientos. Que digo trescientos, trescientosmil

  2. Jose MME

    “En lo futbolístico, la podredumbre es tal que una persona con dos dedos de frente se ve obligada a desconectar de todo lo mediático para reducirlo a lo único que importa: el balón rodando, la gente, el estadio…”.

    Lo suscribo y lo plagiaré.

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