No duerme nadie, nadie

Permítanme que, con toda la poca vergüenza, me ponga a citar a Federico García Lorca. No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie. No duerme nadie. ¿Cómo vamos a dormir? Hay varios miles de sevillistas que ya están en Varsovia, o montados en aviones y autobuses que les conducirán hasta allí. A esos a ver quién es el valiente que les convence de que hay que perder el tiempo durmiendo. Peor perspectiva se le presenta al ejército de los que nos quedamos en tierra. Nosotros, los que tenemos que concentrarnos mucho en banales tareas cotidianas para intentar engañar al rincón más indómito de nuestro corazón y confiar así en que deje de latir tanto. Ya saben, actos rutinarios como trabajar, dar una vuelta con los amigos o la familia y, en definitiva, aparentar que somos personas normales. Pero por dentro siempre están, deseando desbocarse, las ganas de que el balón eche a andar. Benditos nosotros, que vivimos estos momentos y que no nos acostumbramos. Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan. Y este Sevilla ha hecho tanto, que basta la opción de repetir lo logrado para que sea un sueño inimaginablemente bello.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie. No duerme nadie. Es el final del camino, el que volvimos a comenzar en septiembre. No queda sino disfrutarlo. Huelga decir el resultado que esperamos, pero no nos cansaremos de repetir la grandeza que supone haberlo recorrido. Porque, al fin y al cabo, en eso consiste todo. No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta! En saber disfrutar cada paso que das, los buenos y los malos, aunque especialmente los buenos. No hay olvido ni sueño: carne viva.

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie. No duerme nadie. Pero si alguien cierra los ojos, ¡azotadlo, hijos míos, azotadlo! Porque partidos como el del miércoles por la noche nos vuelven a colocar en las alturas eternas. De nuevo son los demás los que nos miran. Con indiferencia, con odio, con simpatía. Pero ellos, todos los demás, son los que miran. Y nosotros los que estamos. Abarcándolo todo, haciendo aún más hueco en el compartimento de los recuerdos indelebles. Ahí donde están guardados todos los éxitos pasados y las épocas desgraciadas, haciéndose compañía. Para que unas adquieran un regusto todavía más placentero y para que las otras, si es que regresan, duelan menos. Hay un panorama de ojos abiertos y amargas llagas encendidas.

Toda esta ciudad sin sueño que describimos no es Sevilla. O sí, claro que lo es, pero es mucho más que eso. Después de la oda al viajero que publicamos el otro día en esta humilde bitácora, era obligado acordarse de todos los Ramón Sánchez-Pizjuán que construiremos en miniatura aquellos que no pisaremos Varsovia. En el Auditorio, en las peñas, en los bares, en los salones de las casas. De la manera que sea humanamente posible. Lo mismo con aquellos sevillistas a los que la vida les llevó lejos, y tienen que conformarse con ver a su equipo desde Dublín, Londres o Roma. Donde haya alguien con las manos temblorosas deseando que ganen los de rojo, estará nuestro templo. Y eso es más que suficiente para sentirse acompañado cuando la televisión retransmita nuestra grandeza. Para saber que, cuando enfoquen a los nuestros en la grada, nosotros también estaremos ahí. Sufriendo, riendo y llorando. Habitando ese estadio imaginario, exacta réplica mental del original, que no se localiza en ningún emplazamiento físico. Como la calle Penny Lane para los Beatles, el Sánchez-Pizjuán está en nuestros oídos y en nuestros ojos. Y ahí vale la pena cada segundo que pasamos. Y ahí cada gol retumba en la eternidad. Y ahí somos invencibles, incluso cuando perdemos.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie. Ya lo he dicho. No duerme nadie. Cómo carajo vamos a dormir, si el Sevilla Fútbol Club vuelve a jugar una final europea. Ahora es tiempo de rugir.

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5 comentarios

Archivado bajo La previa de la jornada

5 Respuestas a “No duerme nadie, nadie

  1. Pepillo "El Gamba"

    Yo sí duermo un sueño dentro del sueño. Y, desde hace casi una década, temo despertar y que todo no haya sido más que un deseo insatisfecho.

    Hay veces que me pellizco el aparejámen para constatar que es verdá; que somos así de grandes y que si no lo somos más es porque hay hideputas que no nos dejan crecer porque les sobrepasaríamos.

    Mañana, cuando míster Atkinson pite el final de la final, espero seguir soñando. Así que se sus ruega que no me despertéis; dejadme seguir soñando.

  2. JoseFco

    Desde que éramos niños, mi hermano y yo nos preguntábamos: ¿Llegará el día en que veamos al Sevilla levantar un título? En mi caso, hube de esperar veintinueve años, pero llegó.
    ¡LLEGÓ!
    Y cuando dijo de llegar, llegó en tropel. Llegó a espuertas. Llegó en marabunta.
    Y ahora, el nombre de los logros del Sevilla es Legión.
    Yo no pedía tanto, tan sólo un poquito, pero ahora sería incapaz de renunciar ni a una sola migaja. Benditas migajas.
    Bendito mi Sevilla.
    Y bendita la espera, que ahora sé por qué fue tan larga.

  3. Inma

    Aquel fatídico año q nos querían ver en 2b,acudí con mi madre (q ya no esta) a todas las manifestaciones que hubo.Y me acuerdo de decirle a mi madre”mama q de gente x dios y eso que no hemos ganado nada ,el día que lo ganemos yo no se que vamos a hacer”,x suerte mi madre vio como el Sevilla ganaba sus dos primeras uefas,y yo camino (ojalá sea) de conocer la cuarta.Hoy volveré a sentirme nerviosa,presenciaré como mi padre le reza a todos los santos habidos y x haber,y como se dirimirá tanto a la foto de mi madre como a la de mi hermano y les dirá :Conchi y Antonio de mi alma ustedes q sois tan sevillista ayudar al Sevilla.Ese es el ritual en casa.

  4. Tetrarca

    Tú y yo acabamos en el Matahakas hoy y con Rives Cola. Y lo sabes.

  5. Anónimo

    Expatriado viviendo la final en Portugalete. Llorando como un niño!

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