Hijos de la misma rabia

La cosa sería algo tal que así: “No creo que seamos parientes muy cercanos, pero si usted es capaz de temblar de emoción cada vez que nos toca remontar una eliminatoria como local, somos compañeros, que es más importante”. Y quien dice temblar de emoción, dice dar cobijo al sentimiento por el que mutamos en masa sedienta cada vez que toca un envite como el del jueves: el deseo de venganza. Igual que lo hicimos en Europa, ahora es el turno de otra competición que nos pone especialmente cachondos. El ida y vuelta, en realidad. La Liga es para pusilánimes. Que nos asignen un rival, y con ellos nos tenemos que partir la cara, sin importar el resto del mundo. Eso es lo que nos motiva. Y se manifiesta en la sonrisa malévola del que se pregunta si ya finalizó el turno del contrario. Que se vayan preparando, porque ahora nos toca a nosotros.

Sí, ya lo sabemos. En PEX tenemos la misma vergüenza que un concejal tránsfuga. No actualizamos esta bitácora ni a tiros y ahora venimos con la prostitución de una frase célebre. Pero es que la ocasión lo merece. En un fútbol que se vuelve más anodino por momentos, en el que parece que algunos se hayan propuesto desencantar a los aficionados que aún conserven dos dedos de frente, inyecciones de adrenalina como la de estos cuartos de final se agradecen enormemente. Bueno, no es que se agradezcan, es que se convierten en imprescindibles. Las temporadas valen la pena por esta clase de cosas. Qué sería de nosotros sin esa mezcla de inquina y confianza, de orgullo y rencor, que va agigantándose en semanas así, y que no dejará de crecer hasta que la liberemos con el primer gol. Que se callen los directivos mafiosos, la persecución arbitraria a los aficionados, la sobreinformación que desinforma, el beneficio al poderoso, el circo mediático. Que se calle todo lo nauseabundo que rodea a este espectáculo. El fútbol es el Sevilla remontando un partido mientras su grada lo celebra.

Y sí, sabemos que, en este caso concreto, hay un rival específico enfrente, al que no dedicaremos ni una mísera línea. Es un enemigo, como tantos otros que vinieron y vendrán. Y vale que a nosotros nos falta Reyes, vital en esta clase de encuentros, y que hay alguna que otra baja más, pero saldremos con once. Suficientes para transformar en carreras, disparos y entradas los deseos de los que estamos detrás. Cambia el rival, cambia la alineación, pero nosotros somos los únicos que no cambiamos. Si acaso, los años nos van volviendo una mijita más supersticiosos y resabiados. Más cabrones. El que piense que los recientes éxitos aplacan el deseo de victoria, no se ha pasado últimamente por el Sánchez-Pizjuán. Seguimos con el puño apretado, esperando que llegue la hora de ajustar cuentas con el que haya osado ponerse delante. Compañeros solamente cuando tenemos un enemigo común al que doblegar. Más que aficionados del mismo equipo de fútbol, hijos de la misma rabia.

Un último apunte. De entre todas las liturgias que tengan en estos días previos, si suelen perderse entre los numerosos vídeos de las gestas pasadas para subirse la moral, hagan un alto en el camino. Pónganse el gol de Carlos Bacca en el partido de ida. Descuento, nos están meando las cachas. De nuevo un saque de banda en largo, un balón que se peina hacia atrás y, esta vez, tras un largo barullo, la bola le llega a uno del Sevilla y la cuela. Fíjense en la celebración posterior. Salvo uno que acaba de llegar, y que ya tendrá tiempo de enterarse, el resto lo celebra. No se van a poner a llorar, dirán ustedes. Nos referimos a que Iborra, Coke, el propio Bacca, así como Unai y todo el banquillo, reaccionan de la misma manera. Aprietan los puños, más de alivio que de felicidad, y se toman su tiempo. No corren para que el balón vuelva a ponerse en juego lo más rápidamente posible. Sabían que era suficiente. Que el rival nos había dejado un resquicio, y que con eso bastaba. Que han dejado abierta la posibilidad de que la noche vuelva a teñirse de rojo y de blanco. En definitiva, que el que nos deja con vida, acaba muerto. Los jugadores y el entrenador lo saben, claro que lo saben. Se lo hemos enseñado nosotros. Y se lo enseñaremos a cualquiera que ponga un pie en nuestra casa.

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4 comentarios

Archivado bajo La previa de la jornada

4 Respuestas a “Hijos de la misma rabia

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  2. Anónimo

    Holanda, Rusia, Escocia, Alemania , Monaco, España, Italia saben de nuestra pundonor! Vamos!!!!

  3. probe probe palancana

    po no

  4. no pasa ná, la afición dio la cara como siempre y eso es lo que importa. si el equipo no estuvo a la altura que requería la remontada, nosotros, la afición, sí lo estuvimos. ya quisieran todos los demás contar con una afición como la nuestra y lo saben…

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