Que el cuarto sea cuarto y mitad

En el fútbol, como en tantos otros órdenes de la vida, existe cierta tendencia a la memoria selectiva. Especialmente, claro está, al rememorar experiencias negativas. Si tú tienes la costumbre de llegar puntual a los sitios, pero fallas en un par de eventos señalados (un examen, una entrevista de trabajo, una boda o cualquier tortura moderna similar), probablemente te caiga el sambenito de impresentable. O si tú, fiel marido, te pasas 859 noches durmiendo en el lecho con tu compañera sentimental y una mísera madrugada te escapas y acabas con el pene ensangrentado y la cartera vacía de tanto copular con embajadoras de la cultura del este de Europa, habrá quien te llame adúltero. O putero, incluso. Que ya es ponerse quisquilloso. Nadie te valora las veces que llegaste a tu hora, las veces que dormiste con quien debías. Pues algo así ocurre en el fútbol. Existe un comentario instaurado entre el sevillismo al referirse a su equipo, que viene a ser algo así como “cada vez que tiene que ganar, la caga”. Esta falacia se desmonta sin demasiada complicación puesto que, si fuese real, el Sevilla estaría deambulando por la Tercera División. Ni siquiera si lo reducimos a partidos clave, puesto que pocos objetivos ambiciosos se habrían conseguido de ser cierta esa máxima. Pero claro, aquí entra ya la trampa ventajista, esto es, etiquetar como claves los partidos en los que se falla para reforzar la teoría. ¿A qué viene toda esta milonga? Pues que anoche, cuando el argentino Luciano Vietto superaba la salida de Beto en el minuto 79, la frase de marras comenzó a propagarse más rápido que un alarmismo infundado en Twitter por el graderío del estadio y por los bares y las casas en las que hubiese un grupo de sevillistas viendo el encuentro.

Pero no. Nada de cagarla esta vez. El equipo había salido bien, como suele salir siempre. Con dos puntas, eso sí, como novedad en esta temporada. Y no es que se jugase mal, es que siempre se le entrega el balón al rival en algunas fases del partido y, claro, el Villarreal no es el Elche. Ni a la hora de atacarnos ni a la hora de defenderse de nuestras contras. Así, el Sevilla generó algún acercamiento antes de la locura final, pero los de amarillo tuvieron ocasiones claras. Dos, concretamente, que finalmente quedaron en nada. Pero claro, a la tercera ya la acabaron metiendo. Y ahí es cuando se dijo mira, al carajo la vida, vamos a ir para arriba de cualquier forma y que pase lo que tenga que pasar. Unai sacó a Banega para reforzar ese pensamiento generalizado. Y de un centro de Coke, tras algún rebote, un tío con clase como Denis, con una estética muy alejada de imaginarlo tirado en el suelo para darle a la pelota como sea, acabó estrenando su casillero particular con un churrigol con la zurda que ponía el empate y liberaba la garganta sevillista por todos los goles y uys que no pudo sacar a pasear durante el partido. Pero la cosa no acabó ahí. Un penalti bastante mongólico, pero penalti al fin y al cabo, que fue transformado por Bacca en el 92, nos daba una victoria tan poco merecida como importante. Pero en el fútbol, nos duele el teclado de escribirlo, nadie merece nada. No existen los méritos, solamente las victorias y las derrotas. Y ayer se consiguió una de esas que no se suelen conseguir. Bueno, que nunca se consiguen. Es la primera vez en nuestra historia que ganamos un encuentro que íbamos perdiendo en el minuto 87.

¿Y ahora qué? Pues ahora nada, a sonreír. La prensa ha adoptado el discurso de Simeone de ir partido a partido como si fuese un invento revolucionario a la altura del teléfono. Servidor, al primero que le escuchó repetir machaconamente un argumento similar fue a don Joaquín Caparrós con su paso a paso. Y, ojo, antes que el utrerano lo dirían trescientos más, no vayamos a pecar de lo que acabamos de criticar. Sea como sea, el enunciado está claro. Ahora hay que disfrutar. Llevamos un cuarto de Liga disputado. El único deseo que se me ocurre es que, al menos, sigamos entre los puestos altos cuando lleguemos al cuarto y mitad. Ya saben, como cuando le dices al carnicero, viendo que tienes tanta hambre que te comerías a un borrico por los pies, que ponga una mijita más de carne para el guiso. Vale que nuestro lugar natural no es estar empatado a puntos con el líder de la tabla, pero igual que nos torturábamos el año pasado cuando ocupamos el farolillo rojo, habrá que vanagloriarse antes de que el paso de los meses nos baje de la nube. Si es que nos baja, que tampoco hay que ponerse en plan sieso. Por lo pronto, victorias como la de anoche ponen de manifiesto que, además de lo que se presupone (calidad y pundonor), tenemos hasta suerte. Y, ojo, no es un factor a criticar y, ni mucho menos, a despreciar. Principalmente, porque todos los que alguna vez ganaron algo la tuvieron a su vera.

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5 comentarios

Archivado bajo A toro pasado

5 Respuestas a “Que el cuarto sea cuarto y mitad

  1. Como siempre, lo mejor, la introducción. De mamazo. Lo de las 859 noches ha sido de oleoleyole.

  2. Pedro Barco

    Creo que hay un fallo grande en la introducción. No hay persona en el mundo, de orden y con un mínimo de decencia, que duerma 859 noches seguidas en la misma cama y con la misma compañía. Imposible.
    Lo demás correcto, lo que pasa que uno se cansa de pelear con los vecinos que el hecho de ganar en el minuto 92 nunca es suerte. Se llama perseverancia.

  3. Alvaro Ruiz

    Ganar en el minuto 92 no es suerte. Clasificarse para la final de la UEFA marcando el 3-1 en el minuto 94 no es suerte. Remontar un 0-2 en contra en octavos de la UEFA no es suerte. Es no rendirse. Y si es suerte, pues entonces la suerte se entrena.

    “La suerte consiste en un 90% en insistir”

    (Woody Allen)

  4. Pepillo "El Gamba"

    Entra dentro de lo posible que cualquiera de nosotros sea capaz de la hazaña de dormir 859 noches seguías en la misma cama y con la misma persona. Más que ná porque la cama (el tálamo conyugal, digo) está hecha para dormir salvo en las contadísimas ocasiones en las que se nos subleva el rijo y nos dedicamos al desenfreno y a las ‘guarreridas espaniolas’. Pero vamos, que de higos a brevas.

    Ahora bien; si la piltra (o el jacuzi) contiene una o varias mozas (o mozos, que hay gente pa tó) de allende los Pirineos a la diestra mano pasando el Adriático, sobar es lo que menos hacemos.

    Una vez establecida la teoría, la práctica es, al menos en mi caso, que no la pongo en adobo desde hace lustros; mi vasca jefa no se deja, yo he perdío el fuelle y el muelle, el litro de Viagra está por la nubes y las joías macizorras puticluberas no se dedican a la beneficencia bisectril precisamente.

    La cosa es que cuando me disponía a tirar pal RSP lupara en ristre, va el cabezón Denís Suárez y marca un gol de los de canchero rioplatense. Y no había consumido yo la mitá del cigarrito pa los nervios cuando el ‘casi-sevillista’ (tanto ha sonado que algo de sevillismo tiene) manito chingón nos hizo la merced de hacerle al Benoit uno de los penaltis más esperpéticos que mis ojillos pirris han visto; 2-1 y el becerro Roig berreando camino de Mercadonaville.

    Uséase; al mamaero y con el ojete como enseña nipona.

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