Antes de que vuelva a ser tarde

Vaya por delante una puntualización. Este breve artículo, a diferencia de los que solemos publicar en esta humilde bitácora, no va dirigido al sevillismo. Al menos, no al sevillismo en su conjunto, sino a una parte muy específica del mismo. A la clase dirigente, concretamente. Sabemos que entre nuestro impagable abanico de lectores se incluye gente perfectamente capaz de hacerle llegar estas líneas a las cuatro o cinco personas que toman las decisiones en el club. A los que tienen los despachos en el largo pasillo de la planta noble del estadio. Así que, si pueden, háganlo. Nos permitirán esta osada exhortación, pero creemos que está sobradamente motivada. En primer lugar, porque somos una mijita sinvergüenzas, no tiene objeto negarlo. Y segundo, y más importante, estamos plenamente convencidos de que la razón nos asiste. Cuando alguien desarrolla un postulado válido, ha de ser capaz de defenderlo ante cualquiera.

Además, vamos hasta a hacer las cosas bien. Como tanto se ha repetido, los análisis los preferís a final de temporada con la intención, es de suponer, de que sean a posteriori. En este caso, pese a la fecha, serán a priori, ya que se refieren a decisiones que están por tomarse en el futuro próximo. En efecto, estamos poniendo el parche antes de la herida. Pero es que ya tenemos algunas cicatrices, y a estas alturas va siendo mejor prevenir que curar.

Por supuesto, todavía estamos en una nube por los brillantes éxitos conseguidos en la campaña recién concluida. Faltaría más. Habernos constituido, de pleno derecho y para siempre, como grandes de Europa, no es algo que ocurra muy a menudo. Ni es algo que siquiera hubiésemos soñado hace dos lustros. Pero un club grande está obligado a demostrar su grandeza en todos los aspectos. Y se nos ocurren dos cuya gestión es manifiestamente mejorable en los últimos tiempos. Uno cuenta con gran importancia. El otro es, sencillamente, vital.

Llevamos una década sin apenas faltar a nuestra cita con el fútbol continental, paseando nuestro nombre allá donde los sorteos nos envían. Y siempre nos quedará esa espinita clavada, cuando veamos algunos resúmenes en el futuro, al recordar de qué guisa hemos ido vestidos por esos campos. Rogamos que destierren para siempre esa costumbre nauseabunda. Una de las peores cosas que nos deja en herencia la anterior directiva es que cualquier concentración de sevillistas, ya sea en el estadio o en algún desplazamiento, se convierte en una amalgama de colores con la que no hay dios que se identifique. Nosotros somos el Sevilla Fútbol Club, y jugamos de blanco y de rojo. Dejen de profanar las camisetas. Abandonen las excentricidades, ahora que están a tiempo y las de la próxima campaña aún no han sido presentadas. Cuiden nuestra imagen y, sobre todo, no aduzcan milongas como el marketing, que hay sobrados ejemplos de otras gradas repletas de camisetas hermosas y respetuosas con su historia. Fíjense que ni siquiera entramos en otros detalles de la indumentaria que podrían ser más conflictivos, por aproximarse a la subjetividad, como las banderas, el diseño o la elección del escudo. Nos conformamos con poco. Logren que juguemos de rojo o de blanco y que, simple y llanamente, no queramos mirar para otro lado cuando salten nuestros jugadores al campo que les toque.

Y, finalmente, defiendan, promuevan y velen por el activo más importante que tiene este club, que es su afición. Huelga decirlo, intenten retener a los buenos futbolistas, fichen a algunos que completen la actual plantilla y líbrense de aquellos que no valen. Todos saldremos ganando si lo consiguen. Y, si no, se les reprochará, claro está, porque la exigencia es la base de los éxitos deportivos. Pero en lo verdaderamente significativo no se pueden equivocar. Mejor dicho, la afición no es que sea el activo más importante, es que es el club en sí mismo. Seguro que recuerdan el inolvidable ambiente vivido en el último partido de Liga disputado en nuestro estadio. Ustedes, hombres de fútbol acostumbrados a viajar, sabrán lo inusual que es eso. Dirigentes, hagan lo que tengan que hacer para promover que eso sea una constante. No creen crispaciones sin sentido. Agradezcan la enorme suerte de que su grupo ultra sea Biris Norte. Y pongan facilidades a la afición como conjunto. Otros equipos lo hacen y no nos llegan ni a la suela de los zapatos. Fijen precios para los abonos acordes a la realidad económica de nuestro entorno. Faciliten los desplazamientos. El presupuesto del club apenas se resentirá y la imagen de un estadio lleno y vibrando con su equipo bien lo vale. Además, que no nos referimos únicamente al dinero. Tan importante o más es que nos muestren respeto y agradecimiento  en sus gestos y declaraciones. Que sean canalizadores de la buena relación entre los once del césped y los miles que nos sentamos en la grada. Porque los de abajo, dependiendo del año, serán buenos, malos o regulares. Pero los de arriba, aunque quede feo que lo digamos, siempre somos excelentes. Así que aplíquense y, en definitiva, honren a su afición. Honradnos. Porque hubo un tiempo, no muy lejano, en el que se les olvidó hacerlo. No permitan que vuelva a repetirse.

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2 comentarios

Archivado bajo Mejor fuera que dentro

2 Respuestas a “Antes de que vuelva a ser tarde

  1. Luky

    Me levanto y te aplaudo durante 5 eternos minutos!!!!

  2. UNODELMONUMENTO

    Nuevo extraordinario trabajo, con menos retranca que otros pero igual de efectivo.

    Gracias de nuevo.

    Y no os mosqueeis por lo de la bipolaridad 😉

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