La gloria vuelve a pasar por Sevilla

Somos unas mamonas. No me refiero a los redactores de esta casa, que también, sino a todos nosotros. A la afición sevillista. El pasado jueves, cuando el reloj apenas sobrepasaba las once de la noche, se podrían haber formulado numerosas observaciones. Ya fueses uno de los audaces que se desplazó a Oporto y se comió la derrota en la carretera de vuelta o uno de los que recogía la montaña de latas y botellines de cerveza que había brotado junto al televisor. Da igual, cualquiera podría haber buscado razones a lo ocurrido. Que si el equipo, pese a estar aculado, no defendió demasiado bien, que si regaló mucho terreno de juego y que si, especialmente, tuvo unos problemas asociativos inusuales en la gente de arriba. Claro que podrían haberse hecho todos esos sesudos análisis. Y alguno los hizo, pero durante un corto espacio de tiempo. Segundos, si acaso minutos. Pero absolutamente todos olvidamos rápidamente sus postes, su peligro, incluso la nuestra de Gameiro. Lo que nos salía del alma era aseverarnos a nosotros mismos: “¿Ya está?, ¿eso era todo? Pues ahora os vais a cagar”.

Porque nos encantan las remontadas. No podemos evitarlo. Pese a que se antoje difícil, como esta que nos ocupa. Ese cosquilleo de saber que los indeseables de turno se han equivocado de cabo a rabo dejándonos con vida. Y que los siete días que separan los partidos parezcan meses, llegando a importarnos muy poquito el encuentro liguero que está a mitad de camino. Si estamos convencidos de la remontada uefera, a cuento de qué nos va a venir ahora a importunar un tal Espanyol o Valladolid. Vamos a ser serios ya, hombre. La carrera clasificatoria en Liga está muy bien, pero nada es comparable a una eliminatoria europea.

Por eso, aunque resulte excesivamente prematuro realizar comparaciones con cuando fuimos los mejores, hay un paralelismo que sí cabe volverlo a adoptar. O convertirlo en norma, más bien. Otra vez, como en aquellos años, un partido como el del domingo nos vuelve a importar entre una y media mierda. Así era cuando teníamos cosas más importantes en las que pensar. La verdadera grandeza no es meterles cinco, sino enfrentarte a ellos (por última vez en un tiempo) sabiendo que esa no es tu guerra. Si acaso una batallita.

Nuestra guerra, nuestra verdadera lucha, ha de ser que un puñado de portugueses salgan escaldados del templo del fútbol sevillano. Solamente eso. Y para alcanzar ese objetivo habrá que jugar mucho mejor que en la ida, claro está, pero tampoco es algo que nos competa. Lo nuestro es disfrutar, enrabietarnos (quizás nuestro mayor disfrute) y, huelga decirlo, dejar claro que el Ramón Sánchez-Pizjuán no es un estadio más. Es el nuestro, nada más y nada menos. Y el que venga a intentar desvalijar nuestra casa, que al menos tenga presente que le tiene que costar ingentes cantidades de sudor, y probablemente una mijita de sangre.

Vale que el rival es bueno, pero esta es la clase de peaje a pagar si quieres llegar a la meta. No cabe excusa alguna que pueda ser aceptada. Hay que darlo todo, porque todo es lo que está en juego. Nada menos que la opción de demostrar que nos acostumbramos a ganar, a ganar mucho, y que esa identidad aún perdura. Que el escudo que anteayer sorprendió al continente, hoy sigue latiendo con fuerza. Y que nadie, absolutamente nadie, nos va a poder quitar la ilusión de volver a visitar unas semifinales de competición europea. Está en nuestra mano, qué duda cabe. A unos noventa minutos tan escasos como eternos. Pase lo que pase, lo grande es que aquí estamos de nuevo. En disposición de luchar de tú a tú contra la gente que vale la pena luchar. Sabiendo que, una vez más, el camino a la gloria vuelve a pasar por Sevilla. Concretamente, por el barrio de Nervión. ¿Por dónde si no?

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2 comentarios

Archivado bajo La previa de la jornada

2 Respuestas a “La gloria vuelve a pasar por Sevilla

  1. Álvaro Ruiz

    Es exactamente la misma sensación que cuando perdimos la ida de semifinales de UEFA en 2007 con Osasuna, 1-0 en Pamplona. Nos pudieron caer 4 ó 5 fácilmente, el Sevilla apenas tiró a puerta, y si no llega a ser por Palop y porque Soldado aquel día tenía las botas al revés, nos volvemos con un saco de goles.

    El año antes había 5.000 sevillistas en Heselkirchen. Un año después, éramos sólo 500 en Pamplona. “Es que coincide con la Feria, y claro…” Claro. Claro que sí. Que a lo bueno se acostumbra uno muy rápido, ¿verdad? Los que fuimos, aparte de los cariñosos cánticos y gestos de esa civilizada y ejemplar afición que es la osasunista, tuvimos que aguantar el demencial planteamiento de Juande Ramos y los pocos huevos que le echaron los jugadores sevillistas.

    Pero cuando acabó el partido, y mientras esperábamos que la Policía nos sacara del estadio durante casi una hora, supongo que porque los agentes estaban más cómodos haciéndonos compañía que conteniendo a los “Basque Wannabe”, el sentir generalizado era “¿1-0? Pues vaya mojón. A esta gente les cascamos dos y a otra cosa”

    Mañana toca apretar, arrimarse al toro, rematar la faena y salir a hombros. Como bien dijo Monchi: “No somos los únicos, pero hemos decidido ser los mejores”

    ¡¡¡ A POR ELLOS !!!

  2. Aldo Pedro D.

    A por ellos!!

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