Realismo socialista

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Ya lo dijo Gordon Gekko. Un imbécil y su dinero no están juntos mucho tiempo. En el verano de 1988, el Sevilla Fútbol Club tenía dinerito fresco de la recalificación de los terrenos que hoy ocupa el Nervión Plaza. Como el paleto que abre la cartera atada con una cuerda llena de billetes de mil en la calle Feria en el 52, era cuestión de tiempo de que todo el parné volara sin que le diera tiempo a saber cómo. Lo más duro fue que el factótum del tocomocho sería el faro de todos los trabajadores, la madre patria socialista, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Duro, mas justo. ¿Dinero público para entidades privadas? A ver, trae para acá. Pringao. Explotador. Ventajista. Burgués de mierda. 

A principios de verano ya nos la metieron doblada subliminalmente. Los records mundiales en cualquier disciplina de los países del bloque socialista los justificaban con una milonga sobre preparación física a ultranza, seguimiento personalizado, análisis de rendimientos y otras chorradas que Cuervas se tragó enterita. Ya podía haber seguido el camino del Consejo Superior de Deportes que, unos años antes, había contratado a un joven obstetra canario que estaba en el secreto. El Sevilla, en lugar de contactar con Eufe, lo hizo con Carlos Álvarez del Villar. Los rectores sevillistas le ofrecieron un contrato por cuatro años con un sueldo de diez millones de pesetas por temporada. “Este fichaje es tan importante, o más, que el de un futbolista”, justificó Luis Cuervas. El señor del Villar había empezado su carrera en la preparación física profesional en el Rayo Vallecano. Tras el fracaso de España en el Mundial 82, competición en la que fue el único combinado que no contó con un preparador físico específico, es empleado por la selección española. Allí, clasifica a los jugadores por categorías atléticas. Gordillo, fondista. Señor, decatleta. Rincón, politoxicómano. Y así. Al ser una rara avis en el deporte patrio ochentero, tuvo la oportunidad de atender a numerosas entrevistas donde volcar sus majaderías. “No entiendo que se llegue en buenas condiciones físicas al inicio de la competición y los jugadores se desfonden con el tiempo. Con la preparación adecuada, es incluso beneficioso jugar miércoles y domingo”. Un clarificador producto de la década de los ochenta, el señor del Villar. Un charlatán oportunista que se creía sus propias mierdas. Igual pensaba que el hecho de que las nadadoras de la República Democrática Alemana desarrollaran barba y testículos era cosa de entrenamiento. Para humanizar un poco el retrato del buen señor, decir que tenía pánico de volar y al recordado y amañado 12-1 a Malta vino a Sevilla en coche. En la Eurocopa de Francia amenaza con dimitir después del desastroso encuentro con Rumanía. Los jugadores no podían ni con el carnet de identidad, comentan a la prensa que la preparación era más propia de atletas que de un campeonato corto a final de temporada. Finalmente, lo echan de la selección por presiones de los futbolistas. Miguel Muñoz, su principal valedor, se ve pagado por el señor del Villar con unas declaraciones, tras su cese, en las que afirmaba que el seleccionador estaba engañando al país porque no había preparación física alguna en la selección española.

¿Una mierda en el mercado? ¿Un tío que se carga el ambiente del vestuario y después, cuando su propia ineptitud lo deja con el culo al aire, larga de sus empleadores? ¿Dónde hay que firmar? Y es que, si la historia es cíclica, la del Sevilla no iba a ser menos. Como preparador físico sevillista se las tiene tiesas desde septiembre con Toni Polster. El austríaco no venía de una liga a la que pudiéramos acusar de laxitud en su preparación física, como era la italiana. Sin embargo, a causa de la descabellada metodología de Álvarez del Villar, se preguntaba cuándo acaba en el Sevilla la pretemporada. El preparador, como su talante ya anticipaba, no escatima desprecios y comentarios hirientes hacia el mejor jugador sevillista de la época en cuanto tenía ocasión.

Pero cuando los rojos nos la metieron de verdad fue con el fichaje, con negociación exasperante, del entonces mejor portero del mundo, Rinat Faizrajmánovich Dassaev. El 22 de noviembre de 1988, como Caroline, la de “Poltergeist”, con igual sonrisa e inabarcable ilusión, dije, “Ya están aquí”. Vi salir al terreno de juego del Ramón Sánchez-Pizjuán a los once jugadores del Sevilla Fútbol Club enarbolando la bandera de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, para jugar el amistoso que enfrentaría a Sevilla y Spartak de Moscú, que sirvió como presentación de nuestro nuevo guardameta. Por la mañana, una multitud que ascendía del millar, compuesta por funcionarios y parados de larga duración, lo había recibido en el aeropuerto de San Pablo. El capellán del club, don Federico María Pérez-Estudillo, daba la primera bendición que, suponemos, recibía el ruso en su vida. Una niña ataviada con un traje de flamenca le hacía entrega de un ramo de claveles rojos y blancos. A través de la megafonía del estadio, antes de comenzar el encuentro, se escucharon canciones populares rusas. El camino había sido largo. La conferencia de Zimmerwald, la revolución, la paz de Brest-Litovsk, la Gran Guerra Patria, la invasión del valle de Arán, lo de Julián Grimau y una negociación más larga que su puta madre. Pero había merecido la pena. La guerra fría iba a decantarse del lado del bien. Una democracia perfecta, de partido único que representara a los trabajadores porque los promotores de partidos de ladrones, esclavistas y empresarios estarían en la cárcel, como dicta el sentido común y la más elemental concepción de justicia, estaba a punto de instaurarse en España. O eso creía yo.

El domingo siguiente, en el estadio de la Exposición del 29, goleamos al Betis por 1-3, con Fernando Peralta todavía defendiendo nuestro marco. Terceros en la tabla, recibíamos al Real Madrid. Empate a uno, con debut del portero soviético. En su primer partido como visitante, da un verdadero recital en La Romareda, saliendo Dassaev ovacionado del estadio maño. Hay un bachecillo la siguiente jornada en casa, contra el Valladolid, que nos arrebata dos positivos ganando aquí por 2-4. Ya en enero, después de un 4-0 en el Camp Nou, en jornada aplazada por la huelga general del 14 de diciembre (se convocó en contra de la introducción del contrato temporal para jóvenes. Rían, rían sin miedo. O lloren, como ustedes vean), llega el Club Deportivo Logroñés a Nervión. Una jovial muchachada de amarillo sale acompañando a su ídolo antes del inicio de las hostilidades. En el minuto 50 de partido, Adolfo Muñoz Mora remata de cabeza contra el marco sevillista. Un desplazamiento inocuo que protege Mino y llega a las manos de Dassaev. Yo no sé qué pollas hizo en el suelo. Va para 25 años de aquella tarde y todavía no lo comprendo. Antes de levantarse con el esférico, el puto bolchevique hace un aspaviento. Veo que la gente de gol sur se echa las manos a la cabeza. Simultáneamente el linier corre hacia el centro del campo. Se había metido el balón él solito en la portería y todavía le sobró desvergüenza para hacer gestos pidiendo la nulidad del tanto.

El extrañamiento es uno de los recursos más básicos del humor. Un caballero de las cruzadas en el siglo XX o un numerario del Opus en La Meca garantizan momentos de hilaridad a poco que se fuercen las situaciones. También es un mecanismo utilizado para provocar miedo. Un niño llorando, diciendo que se ha perdido, un 10 de julio en Chipiona, representa un suceso sin importancia, casi simpático. Sin embargo, el mismo niño aparece en el cruce de una comarcal a las cuatro de la mañana pidiéndote un Frigopie para esperar a la madre y la cosa cambia. El contexto es importante. Dejando aparte la bacalá que nos metieron los cabrones de los rusos al vendernos a precio de oro a un puto portero con artrosis en las rodillas, yo creo que el bueno de Rinat se descentró con la mudanza. Llegó a un equipo donde había cierto malestar por un fichaje caro e innecesario que condenaba al banquillo a Fernando. La pretemporada 88/89 tampoco había empezado bien por algo muy de aquí: una bandeja de pescaíto frito. En Sanlúcar se agasajó a la primera plantilla sevillista con una cena fundamentada en este manjar, con tan mala suerte que la práctica totalidad de papelones de adobo y puntillitas que sirvieron a nuestros gladiadores estaba en mal estado. Lo debieron pescar el Jueves Santo anterior, porque el cabreo de los jugadores llegó al punto de designar a Francisco como interlocutor con la directiva para pedir explicaciones, conversación que dio como resultado que el ursaonense se perdiera el primer partido de la temporada en Bilbao y, de paso, la capitanía. Estos códigos no me los imagino en Moscú, ciertamente. El recibimiento, con un tío vestido como una vieja de luto y una niña con un estrafalario traje de lunares tampoco lo ayudaría a confiarse con esos tíos bajitos y zafios que gustan de matar cochinos en familia y comérselos juntitos para que todo el pueblo vea que comen cerdo y no son criptomahometanos ni judaizantes. Y todo terminó de venirse abajo cuando dimitió Xabier Azkargorta siete días después de la cabronada con el Logroñés, tomando las riendas de este “Sevilla de la ilusión”, como se lo llamó, don Pepe Ortega. El tercer pilar en el que se apoyó el fracaso de la 88/89, tras Álvarez del Villar y el ruso.

El currículum de esta alhaja contemplaba un ascenso a Preferente con el Bollullos, de donde lo echaron porque, según Ortega, el presidente de la entidad onubense se había metido en su terreno. Se va al Ayamonte, al que coge casi desahuciado y lo sube a Tercera, pero en verano no llega a un acuerdo con la directiva para renovar. El Brian Clough del Condado marcha entonces al Alcalá, adonde llega con una pléyade de jugadores que ya conocía de anteriores plantillas confeccionadas a pesar de la incomprensión de las directivas que había tenido que sufrir. Cumple su sueño de entrenar en Tercera División. A final de temporada, estamos seguros que tras haberse negado a otra injerencia de presidentes endiosados, el presidente del Alcalá afirmará, “mi mayor error fue fichar a Pepe Ortega”. Habían descendido a Preferente. Tras pasar por Lora o Ubrique, localidad a la que llevaba a sus muchachos a los entrenamientos en su propio coche, pues su profesión era la de taxista, es contratado por el Sevilla en el año 87 para que se haga cargo del equipo juvenil de División de Honor. Vuelve a hacer muchos fichajes, cagándose en la política de cantera, consiguiendo in extremis que el filial sevillista mantenga una categoría que no era extraño que ganara en años precedentes.

Manolo Cardo hizo un excepcional trabajo durante sus cinco años como entrenador sevillista; pero, a la larga, hizo más daño que bien. Si había sonado la flauta con un tío de Coria, que ceceaba, sin experiencia alguna en la élite y con toda la cara de un burro asomado a una tapia, ¿por qué no iba a ser posible lo mismo con un taxista? Porque no. Porque lo que no puede ser no puede ser. Y además es imposible. Porque la excepción es eso, excepción; no norma. Porque no se le puede dar un equipo que ha costado cientos de millones de pesetas a un indocumentado. Y este último adjetivo no es gratuito. Tras su debut con empate a cero en Oviedo, en el que Cuervas lo ratifica como entrenador hasta final de temporada, se descubre que Ortega, a pesar de figurar en el organigrama como segundo entrenador, sólo tenía un contrato de carácter privado con el Sevilla, siendo el segundo de Azkargorta, a efectos federativos, Álvarez del Villar. Don José Ortega, como exigió a la prensa que lo llamara de ahí en adelante, y es que Pepe es nombre de chulo putas, chulo piscinas o chulo de tasca, ni siquiera estaba inscrito en el colegio de entrenadores. No por no poseer título alguno, sino por falta de pago de las 75.000 pelas que costaba la renovación del permiso. Enternecedor. Seguro que nunca se le olvidó renovar la licencia del taxi, al amigo.

Era evidente que con este alarde de profesionalidad en todos los estamentos del club lo mejor era rezar porque se acabara pronto la temporada y al carajo. Con Ortega no se consigue ganar ni un solo partido y el Sevilla sólo es capaz de marcar un gol, Pepe Salguero, al Cádiz, en el minuto 88, que malogró la que habría sido la primera victoria cadista en Nervión en la historia. Durante sus seis partidos en la élite sí regaló alguna de esas ruedas de prensa en las que el entrenador hace gala de una ira sorda inspirada por el íntimo convencimiento de la incapacidad propia y el miedo al choteo ajeno. Técnico de la Carretera de Utrera por los cuatro costados. En Semana Santa se hace cargo del equipo don Roque Olsen. Su primer partido, en Elche, lo gana el Sevilla 1-3. El siguiente, vence por la mínima al Valencia, que acabaría tercero, en el Sánchez-Pizjuán. Goleamos al Osasuna en El Sadar por 1-3 y vuelve a vencer ante la parroquia sevillista, esta vez al Sporting, en partido fijado para las ocho y media de la tarde para no coincidir con la corrida de Miura (decididamente, aquello era otro país), por 1-0. El equipo había cambiado la cara como el que le da la vuelta a un calcetín sudado. ¿Cómo era posible? La clave la daría nuestro amigo Álvarez del Villar al declarar a la prensa, después de la victoria en Pamplona, que se sentía infrautilizado. Olsen le había dicho que eso de engañar al presidente le parecía perfecto, pero que no jodiera a sus jugadores. Si un equipo fundido hace un cuatro de cuatro es que alguien ha dado con la tecla. Pero don Roque tampoco podía luchar contra los elementos y conseguir expulsar toda la subnormalidad adyacente a nuestro amado club. A dos jornadas del final, el Sevilla jugaba en Murcia, con los pimentoneros en puestos de descenso, a un punto del Betis. Retamero, presidente bético, calienta toda la semana el partido, diciendo que habrá que observarlo con lupa. El retrasado del Sevilla, que ya no se jugaba nada, gana 1-2. El Betis vence a su vez en casa al Elche, salvándose así del descenso directo, que no eludiría en la promoción contra el C.D. Tenerife. Este favor el Betis lo devolvería en septiembre de ese mismo año, denunciando una alineación indebida del Sevilla, por darle la titularidad a más jugadores del filial de los permitidos en el partido de Copa que jugó contra el Español en Nervión, encuentro que tuvo que repetirse en terreno neutral, en el estadio del Atlético de Madrid.

¿Y Dassaev? ¿Qué hizo mientras tanto? Cagarla de manera más o menos evidente. Lo que el sevillismo esperaba fuese una muralla como los gloriosos infantes que defendieron Stalingrado, fue un desastre que ni se parecía al que jugó en el Sánchez-Pizjuán contra Brasil en el 82. Ni por alto mandaba, de tan jodidas que tenía las rodillas. La verdad es que era un coñazo de tío. Que si visitas a las obras de la Expo, que si trofeítos que no se creía ni él, que si a ver cómo es eso del calor de agosto. Si no fuera por Ortega y Del Villar ni nos hubiéramos molestado en redactar este tocho. Al año siguiente, con Cantatore en el banquillo, Dassaev vuelve a hacer de las suyas en la famosa eliminatoria matinal de primero de noviembre contra el Sabadell, o en la goleada que sufrimos, para variar, en el Bernabéu. Ah, y paró un penalty con 1-2 en el marcador, en el minuto 95, en Tenerife, donde recibieron al Sevilla con ovación cerrada de todo el Heliodoro Rodríguez López y con el afamado y querido grupo musical “Sabandeños” cantando sevillanas sobre el césped a la salida del equipo sevillista.

En verano, tras un desastroso Mundial con la URSS en Italia, con Valeri Lobanovsky culpando a Dassaev públicamente de la derrota contra Rumanía, le hacen la cabra con el fichaje de Zamorano, que ocuparía ficha de extranjero y se ficha a dos jóvenes guardametas para el nuevo curso: Juan Carlos Unzué y Ramón Rodríguez Verdejo. Y aquí se tiró el dinero de los terrenos donde ganamos nuestra primera y única liga, camaradas. Con esta historia, ¿acaso merecemos ganar otra? Por supuesto que no. Merecemos todo lo malo que nos pase por haber dilapidado de esta manera el dinero de los trabajadores sevillanos y permitir que niñatas se prueben tangas en probadores que ocupan el mismo lugar donde antaño se ubicara el más glorioso coliseo sevillista.

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6 comentarios

Archivado bajo Cancerberos

6 Respuestas a “Realismo socialista

  1. Jeviyista

    Gracias a Dios en la sociedad actual disfrutamos del libre mercado y del capital, y para nuestro gozo nuestros clubes se convirtieron en sociedades anónimas y desde entonces gobiernan nuestros clubes los que tienen más parné, como en cualquier otro aspecto de la vida.
    De hecho, estamos tan encantados de esta libertad de empresa que ya ni siquiera nos mandan los grandes accionistas, sino directamente los dueños de las televisiones.
    Que en los países de la antigua Europa del Este saliesen hornadas de deportistas deslumbrantes se debe a algo más que a los complejos vitamínicos. Entre otras cosas se debe a la infraestructura deportiva y al hecho de que el deporte se practicase en las escuelas públicas y no quedase como un lujo de los hijos de los adinerados.
    Por el camino que vamos, privatizando, perdón, quise decir externalizando los centros deportivos como va a hacer nuestro querido alcalde don Zoido, pronto sólo podrán practicar deporte los chiquillos que lleven el escudo del cocodrilo en el pecho.

  2. Camilo Sexto

    Enhorabuena por todo el artículo. El final es buenísimo.

    Lo de Cardo es para partirse la polla.

    Una cosa que no me cuadra mucho es que llega Roque Olsen y ganamos tres partidos consecutivos fuera de casa. Y uno de ellos 1-3 en El Sadar. ¿Seguro que estamos hablando del Sevilla? ¿Nosotros ganando en Pamplona?

  3. yovielgoldemosquera

    La última frase debería ser de enseñanza obligatorio en colegios de educación primaria.

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