Los tontos del pueblo

La verdad es que se presenta como considerablemente laboriosa la tarea de redactar una crónica de lo acontecido anoche en el Camp Nou sin comenzarla con lo que todos tenemos en mente. Pero vamos allá. El Sevilla se plantaba en Barcelona tras lograr un bagaje en los albores de la temporada que, en el más cándido de los casos, podría calificarse de discreto. En Europa hemos jugado contra dos bandas y, salvo algunas graves imprecisiones en uno de los cuatro partidos, la cosa se despachó como era menester: goleando sin despeinarse. En la competición doméstica, en cambio, la cosa cambia. Perfectamente maniatados en la primera jornada, el partido contra el Levante fue una bazofia que recordó al peor Sevilla de Míchel y el del Málaga, pese a que no se jugó mal, tampoco se jugó bien. Y nos da igual que el linier anulara un gol perfectamente legal. Por eso jode lo de ayer. Porque nadie esperaba sacar absolutamente nada, y cuando ves que no es que puedas sacar un punto, sino que estás muy cerca de llevarte los tres, el enfado es mayúsculo. Yo no sé ustedes, estimados lectores, pero si estoy jugando al bingo, prefiero no poder tachar ni un solo número de mi cartón antes que estar a expensas de la última cifra, pensando ya en cómo voy a gritar, si a lo maricona loca o con una breve señal con el brazo, como lo haría Humphrey Bogart, y que de la nada aparezca alguna vieja robándome el premio a última hora. Eso es mucho peor, definitivamente. La miel en los labios no es miel, sino mierda.

En la primera parte salimos más o menos bien plantados, pero siempre con el temor inherente a esta clase de partidos de que, de cualquier manera, sin importar lo azaroso de la circunstancia, la íbamos a acabar cagando y con un gol en contra. A decir verdad, nuestra banda derecha tenía todas las papeletas. Coke no pudo frenar a Neymar, que hizo que Beto tuviese que aplicarse en varias acciones. Como el Barcelona juega muy adelantado y Piqué ha sufrido un proceso de paquetización considerable últimamente, nuestras posibilidades ofensivas se veían reducidas al duelo entre Gameiro y esa máquina de defender llamada Mascherano. El francés perdió casi siempre, pero eso no significa que vaya a hacerlo con el resto de zagueros de la Primera División. Es más, da la impresión de que será todo lo contrario. Ya más asentados, el uruguayo (buen debut el suyo) y el negro fajándose en la media, nuestra salida de balón no era ni lo rápida ni lo clara que debe ser si se plantea un partido al contragolpe. Demasiadas pérdidas fáciles. En esas llegó el gol de Alves, tras un doble fallo de Vitolo. Primero, no sigue a su par y segundo, intenta despejar con el pie un balón que tenía muchos visos de golpear si hubiese metido la cabeza. Tras encajar el primero el equipo se tambaleó un poco hasta el descanso. Seamos serios la mayoría utilizamos el descanso para planear por whatsapp con los amigos la salida posterior, esconderle el mando a la mujer para que no pusiese esa comedia romántica que daban en el canal Cosmopolitan o en ir al cajero para disponer de efectivo y ser de los primeros en llegar al lupanar, que luego las muchachas llevan mucha rumba encima. En definitiva, que todos ya dábamos por perdido el encuentro y buscábamos de qué manera tirar otro sábado de septiembre de nuestras vidas por la borda.

Pero no. Bueno, sí, que al final perdimos, pero ustedes ya me entienden. El Sevilla se recompuso y salió con energías renovadas en la segunda mitad. Eso, en realidad, significa no pasar excesivos apuros atrás e intentar, las pocas veces que se llega al área rival, crea peligro directo o indirecto. Esto es, si no puedes meter un gol, fuerza un córner, auténtico talón de Aquiles de conjunto de enanos como el Barcelona. Y en una de esas llegó el gol de Cala. Nos lo anulan. Pues muy bien, oiga. Una lanza en favor de la pareja de centrales actual: ayer jugaron muy bien. Navarro, pese a que últimamente esté de modo criticarlo, jugaba muy bien de lateral. No tiene nada que ver con Alberto Moreno, pero lo hacía bien. Y de central cumple. Y Cala es el último mono en el equipo, pero también se está destapando con buenas actuaciones. Tras la anulación del tanto, ellos cuelan el segundo. Ahí sí que volvíamos a pensar en el móvil, el mando, las putas o lo que fuese. Emery ya había hecho el equivalente de lo que hizo Caparrós contra los griegos. Si aquella plantilla tenía cinco delanteros, abusó de ellos. Esta tiene un millón de mediapuntas, los fue sacando y le faltó enseñar una pancarta que pusiese: “Y QUE AQUÍ DEFIENDA UN GUARDIA”. Fue una apuesta osada, que si el partido hubiese acabado en goleada sería muy criticada, pero supieron adueñarse del medio campo y se creó peligro. Vitolo fue otro en la segunda parte. Gran jugada la suya, gol de Rakitic. El rubio de nuestras entretelas saca y Coke, libre de marca, empata. Minuto 90 y estamos empatando en el Camp Nou. Alegría, júbilo, algazara. Fuimos los últimos en empatar allí, sin contar al Madrid, y lo volvemos a hacer. Pero no. Un carajo más grande que La Giralda para nosotros.

Llega la hora de hablar del arbitraje. Ya saben, Muñiz Fernández, que obtuvo la peor calificación de entre todos los colegiados de Primera la pasada campaña. Que fue enviado a la nevera, justamente, por expulsar a Reyes en una acción imposible de adjetivar. Ese mismo árbitro, asturiano él, que de no ser hijo del asistente de confianza de Díaz Vega, presidente del colegio de árbitros, estaría fijando su peinado con el semen infecto de perros callejeros. Vamos a intentar perdonar que el último gol se produjese con el tiempo cumplido porque, aunque no sea más que una representación de la histórica ayuda a los grandes, bueno, pues puede pasar. Vamos a perdonar también la falta de Messi a Navarro en el segundo gol, cuyo inicio puede verse aquí. Ojo, que no es cualquier cosa lo que estamos perdonando, pero hoy nos hemos levantado piadosos. Pero lo del gol de Cala es intolerable. No protesta nadie, ni ellos tienen la más remota idea de por qué no están empatando ese partido. Y la solución es simple. Los árbitros tienen, en algún oscuro lugar de su cerebro, una idea implantada. Cosas que son así, y se hacen sin pensar. Como nosotros nunca cogemos la ficha verde si vamos a echar una partida a un juego de mesa. Pues la mayoría de Muñiz Fernández tienen claro que no quieren líos, aunque no los haya. Y si el Barcelona no gana en su casa es que algo está mal, y si algo está mal alguien puede echarle la culpa a él. Que cuatro gitanos estén hoy cagándose en la mujer del asistente de Díaz Vega le trae sin cuidado, pero con todo lo que representa el Barcelona la cosa cambiaría. Porque esa es otra. Tú puedes ir por la vida como quieras. Un ejemplo: Hola, me llamo, qué sé yo, Jose Mourinho, o Diego Costa, y soy un hijo de la gran puta. Lo tomas o lo dejas. Pues ole sus cojones. Pero lo del Barcelona, de llevar por bandera los valores, el señorío, la elegancia y toda la mierda hipócrita que quieran añadir, cuando son igual de corruptos que los moradores de la Castellana, es algo nauseabundo. Digno de que cada vez que bajen a Sevilla esto sea un infierno, y que robos como el de ayer o el del año pasado, tengan eco y aquí se respire el mismo odio que cuando llegan otra clase de rivales.

Pero no todo va a ser el arbitraje. Ayer nos tomaron por tontos, pero nosotros mismos nos empeñamos en meternos en ese traje. Varios detalles. Primero, continuamos, como debe ser, una jugada en la primera mitad porque un cabrón blaugrana está en el suelo fingiendo una lesión, todo el estadio empieza a silbar (tamaño atentado a la caballerosidad deportiva no podía quedar impune) y a nuestro jugador le tiemblan las piernas, le da el pase al portero en lugar de al delantero y no marcamos. Luego, nos han robado, nos ha costado la misma vida no encajar goles y encima conseguimos empatar en el descuento. Ahí se tiene que acabar el puto partido. Coke marca y se lesiona, y para hacer ver que no está perdiendo tiempo, se desplaza hasta fuera del terreno de juego. Vamos a ver, tú te quedas ahí tirado hasta que venga un helicóptero de rescate a sacarte. El partido sigue, Marin tiene una buena ocasión que sale fuera por poco. Siguiente jugada, seguimos atacando, dado que había más jugadores ofensivos que defensivos en el campo. Una contra, creo que de Vitolo, que tiene un pase sencillísimo que dejaría solo al alemán ante el portero, la pierna se le engarrota y la caga. Dos detalles técnicos que pudieron, más allá del mangazo, habernos dado el partido. ¿Que optamos por atacar en el descuento? Pues lo hacemos bien. Pero fallar y luego ni gitanear lo más mínimo es un error increíble. Increíble en un equipo que, no hace mucho, hubiese apuñalado al jugador que conduce el balón en el minuto 93 hacia el área. Que sí, que mala suerte, más tiempo de descuento y lo que sea, pero si tú quieres, eso no se juega. Y si quieres jugarla, hazlo bien y aprovecha tus ocasiones.

Lo único bueno que se puede sacar de una derrota así es que el equipo demostró saber levantarse, cosa extraña últimamente. Y que hay mimbres de sobra y que los dos puntos en el casillero deben ser una anécdota dentro de poco. Para empezar, en Mestalla. Aunque antes tenemos la Uefa, que ilusiona lo suyo. Con lo bonito que es esto y los mosqueos más inútiles que nos hacen coger los desalmados de turno. Los de blaugrana y los de blanco. Su puta madre.

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4 comentarios

Archivado bajo A toro pasado

4 Respuestas a “Los tontos del pueblo

  1. Partido calcado al del año pasado que acabó con idéntico resultado en el Pizjuán y con los mismos ingredientes: Mangazo y un Sevilla que le tiemblan las piernas en los minutos de descuento nervioso porque se está llevando un botín que se antojaba imposible.

    Y a parte de todo lo que todos vimos, esta es una circustancia que tampoco debemos esconder. Que en dos minutos se nos vaya al carajo un resultado favorable e inesperado, además de por los factores que comentas, porque no haya una mula capaz de enviar la pelota al tercer anfiteatro en el minuto 92 y 36 segundos, igual que el año pasado en Nervión (aun me acuerdo del despeje de Botía que no llegó ni a mediocentro y que originó el 2º o el 3er gol del Farsa). Una putada. Y es que como dijo Felipe II, no envíamos a nuestros hombre a luchar contra los elementos…

    A ver si las buenas sensaciones no se quedan en un espejismo y empezamos a estar donde se supone que debemos estar.

  2. Oiga, amigo Rinat, no fomente usted esa perniciosísima costumbre de escribir el adverbio APARTE separado.

    Y sí. Hubo que dormir el partido. Aunque estuviéramos con 5 mediapuntas y un delantero. Con Pep Martí esto no pasaba.

  3. GG

    Muy de acuerdo, si nos roban una vez (gol anulado a Cala), al menos no hay que dejar que lo hagan una segunda (que no se juege en el descuento).

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