Manual de supervivencia para tarados

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE La maricona de Trotsky dice en su autobiografía que toda su vida mantendría una deuda irredimible con el maestro que le enseñó a leer. Sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con la afirmación del judío traidor; guardo un gran recuerdo de la persona que me arrancó de las tinieblas del analfabetismo y que con su trabajo contribuyó a que esta magnífica bitácora exista. La señorita María Dolores. Una persona de principios férreos, a quien ya le había querido abrir la cabeza algún padre porque ella no veía con buenos ojos la aconfesionalidad de la enseñanza pública y se empeñaba en que los alumnos matriculados en Ética aprendieran el Padrenuestro, el Ave María y el Cuatro esquinitas tiene mi cama. Podemos estar de acuerdo con alguien así o no, pero no se le puede negar ni integridad ni un par de huevos. Cuando empezamos las primeras lecciones vio que yo era un tipo listo y me adelantó un tema del Micho, siendo el líder de la clase. Formación personalizada, a la finlandesa. Un ejemplo de mujer. Acababa el curso 87/88 y, en contubernio con la maestra de la clase de enfrente, los asilvestrados del B, convinieron en organizar un partido de futbito entre los combinados de ambas aulas. El anuncio del próximo encuentro de la máxima, Primero A contra Primero B, fue el acontecimiento del año. Fijado para última hora de un viernes, estuvimos toda la semana pensando, analizando y sopesando nuestras opciones, así como elaborando sesudos análisis tácticos y estratégicos para llevarnos la victoria, a pesar de las continuadas amenazas de que cualquier falta en nuestra conducta nos haría acreedores del castigo consistente en perdernos el partido. Mano de hierro en guante de terciopelo. Estos católicos son unos capos para la represión. La hora previa al derby, sabiendo que estábamos nerviosos y con el cuchillo entre los dientes, la señorita María Dolores cogió una tiza y escribió en la pizarra “DEPORTIVIDAD”. En lugar de tirar de repertorio cristiano y recordarnos unas líneas del “Elogio de la nueva milicia templaria” de San Bernardo, convenciéndonos de que los de enfrente ni eran hijos de Dios ni merecían piedad, nos endilga una parrafada sobre el respeto al adversario, a no reírnos de ellos si ganamos y a poner la otra mejilla en caso de que nos infligieran la derrota. Les juro que mentó, en anatema imperdonable, la palabra derrota antes de un partido. Éramos jóvenes e impresionables. Yo veía aterrado que esa invectiva causaba comprensión y aquiescencia entre mis compañeros. Entonces, me levanté, y ante el silencio de toda la clase, me vi en la obligación de decir: “Señorita María Dolores, todo esto me parece muy bien. Usted sabe que somos iletrados, de pocas luces, gente llana. Sobre todo el imbécil de Téllez, que sólo sirve para coger lagartijas y sacarles los ojos. Puede que lleve razón, señorita María Dolores. Pero quiero decirle una cosa. Si yo pierdo este partido, yo, señorita María Dolores, yo me muero.” No había acabado mi proclama cuando cundió el delirio en el aula. Un aullido unánime de toda la clase “¡¡¡¡¡y nosotros aaaaaaargrrgfrrgr!!!!!” se escuchó en todo el colegio. Sillas y pupitres empezaron a agitarse para meter jaleo y decirles a esos mierdas de enfrente, a esos subhumanos del B, que sería la muerte o la victoria. Las niñas me miraban arrobadas. Mis compañeros me proclamaron capitán. Téllez se enjugó una lágrima. Estábamos preparados.

Esta verdadera pieza oratoria me costó un sinfín de collejas, adobadas con un “pero muérete ya y deja de decir memeces, pringao”, cuando se consumó la tragedia. Un barullo en el área, cuando ya concluía el partido, entre sus diecisiete atacantes y nuestros doce defensores, hizo que el balón rebotara en el larguero, impactara en mi cabeza y, en parábola limpia, eterna, se introdujera en el marco defendido por nuestro guardameta, siendo este infortunado gol el único que subiera al marcador aquel mediodía. Veinticinco años después, aún mantengo que, si bien fui el instrumento del infortunio, estoy exento de culpa. La culpa fue de la señorita María Dolores por pronunciar la palabra derrota antes de un partido. Eso no se hace, coño. Hay muchísimas cosas que deben evitarse en las previas, como hay otras tantas cábalas que estamos obligados a cumplir. Están los ritos universales, esos que nadie en su sano juicio deja de observar antes de un partido, y los particulares, que sólo funcionan con su descubridor, quien guarda el secreto como oro en paño. Uno de mis favoritos y más efectivos lo leí en las memorias de Luis Buñuel. Con setenta u ochenta años, cuando vio que se le terminaba el asunto, el aragonés, cada vez que visitaba alguna ciudad en la que había sido feliz, se despedía de ella. Ya no te veré más, otros vendrán a repetir las mismas alegrías, los mismos errores, gracias y adiós. La primera vez que copié esta insensatez fue cuando quise dejarlo todo e irme a vivir a Londres, intento que duró exactamente doce días porque me gasté los poco más de seiscientos euros que llevaba para mi plan sin fisuras de establecerme en la capital británica en cerveza y fideos precocinados del Tesco que adquiría a un precio irrisorio porque caducaban en veinticuatro horas. No dio un gran resultado. Sin embargo, en la semana de la semifinal de UEFA contra el Schalke, volví a despedirme de la ciudad. Estaba seguro de que nada sería igual después del siguiente jueves de Feria. Era lógico decir adiós al pasado. Paseando sin rumbo, alcanzo la calle Placentines. Levanto la vista para contemplar la Giralda y veo que la sacrosanta alegoría de la victoria de la Fe Verdadera sobre el Islam, impelida por un viento benigno, estaba vuelta hacia mí. Un presagio inefable que se confirmaría pocos días después. Juro que no falla nunca. En estos paseos al azar antes de partidos importantes, ya puedo mirar hacia la Giralda desde Eduardo Dato, el Puente de Triana o la Puerta de Jerez que, si el Giraldillo está vuelto hacia mí, ganamos como hay Dios. Y es que al final va a existir y todo, el cabrón, y se muestra en estas cosillas.

Cuando se encuentra alguna panacea hay que saber administrarla, evitarle sobreexposición para no joder el invento. Si nos topamos con un tótem, es vital saber utilizarlo. Yo sólo he tenido uno en mi vida: un mechero naranja con funda metálica de la marca J&B. Como todos los grandes descubrimientos de la historia de la humanidad, desde América hasta la penicilina, su hallazgo fue casual. El 18 de diciembre de 2005, a falta de quince minutos para el final del Sevilla-Real Sociedad que se disputaba en Nervión, me llaman al móvil. Mando al carajo al majadero que me importuna en mitad de una derrota por 0-2, guardo el móvil y saco un cigarrillo. Para encenderlo, utilizo este mechero, que no había visto en mi vida. Vete a saber cómo había llegado allí. En vista de sus posteriores resultados, tuvo que ser el Arcángel San Gabriel quien lo puso en mi bolsillo, en una segunda Anunciación. Expeliendo la primera bocanada, marca Kepa. Cinco minutos después, a punto de tirar el pallmall, empata Kanouté. Y casi en el descuento, toqueteando el encendedor para echar el último pitillo de la tarde, Kepa logra el 3-2 definitivo al más puro estilo Wimbledon de Vinnie Jones. Lo cojonudo de este amuleto es que lo perdí hasta tres meses después.  Lo volví a encontrar el miércoles 15 de marzo de 2006 cuando, recién duchado, con prisa y en pelotas (la divinidad se manifiesta siempre ante la pureza), buscando unos calcetines medianamente aprovechables debajo de mi cama, observo allí abandonado el mechero que siempre soñé. Pocas horas más tarde, además de haber remontado la eliminatoria contra el Lille, habían caído dos favoritos para el triunfo final de aquella Copa de la UEFA: Hamburgo y Roma. Al día siguiente serían eliminados Palermo, Olympique de Marsella y Udinese. Joder, joder, joder; fue lo único que acerté a decir. Me serené. Quieto parao. Tienes un cheque al portador. Aprovéchalo. No te lo gastes todo en la primera noche en putas, metanfetaminas y cubatas. Eso ya te lo sabes y levanta sospechas. Hazte merecedor de este don del cielo. Decidí, pues, usarlo solamente en los partidos ueferos. El resultado ya lo conocen. Aquella UEFA no fue de Palop, Javi Navarro, Alves o Luis Fabiano. Fue de mi mecherito de propaganda de J&B. Porque, para que vean ustedes que todo está escrito recto con renglones torcidos, el 11 de mayo de 2006, llegando a la plaza de San Francisco para ver al equipo ofrecer la Copa de la UEFA a la ciudad, aquel mechero, aquel tótem con funda metálica fraguada yo diría que por el nibelungo Alberich con algo del oro que le sobró del anillo aquel, cumplió su último servicio. Se encendió por última vez. Y el muy cabrón no era recargable.

Si hay tótems, es justo y necesario que haya tabúes. He aquí una serie de hechos ignominiosos a evitar en días de partido, o siempre, como norma de vida: comer en un VIPS (7-0 en el Bernabéu), fumar Marlboro (día del Isla Cristina), acariciar perros camino del estadio (empate a cero con el Extremadura en casa en la 96/97), tomar café descafeinado (como obvio gesto de hombría y por el Toledo-Sevilla de la 97/98 cuando Vukicevic falló un penalty), jamás almorzar solomillo al whisky ni mucho menos hacerlo en familia (2-3 en siete minutos de la Real), dormir sin almohada (Sevilla-Fenerbahçe), felicitar a tu madre por su cumpleaños (0-3 del Español el día del 90 aniversario; sí, camaradas, mi pobre madre también tuvo la candidez de venir al mundo un 14 de octubre). La lista es extensa, como inacabable es la estolidez de los becerros que, tras larga observación, te percatas de su condición de gafes. Tengo un buen amigo que sólo ha venido dos veces conmigo al fútbol: el día aquel contra los turcos en Champions y el último domingo de Feria contra el Atlético. Yo lo quiero mucho, pero ese hijo de puta no pisa más el Ramón Sánchez-Pizjuán. Creo que es una postura fácil de entender, ¿no? Pues no. El tío dice que no tiene nada que ver, que es casualidad, que estoy loco. Loco estaría si no tomara medidas correctivas. Como decía Roberto Fontanarrosa en su maravilloso 19 de diciembre de 1971 (si no conocen el cuento, hagan el favor de pinchar ahí y ver lo que es escribir sobre fútbol de verdad) igual que hay gente que los lleves adonde los lleves te ganan el partido, están los que te hacen perder hasta con el lucero del alba. A esos, ni agua. Por pesados que se pongan. Deben entender que por muy amigos o familiares que sean, hay cosas que nunca podrán hacer contigo. ¿No vas a estar presente en mi noche de bodas, no? Pues hazte a la idea de que tengo una cada catorce o siete días. Subnormal.

Es una lástima que los aficionados al fútbol tengamos este rasgo, uno más, que no comprende el común de los mortales. Es lógico. Llevan toda la vida tratándonos como a niños, apelando a sentimientos y no a razones para hacernos pagar precios prohibitivos por no abandonar a lo que, al fin y al cabo, no es más que una empresa. Sí, es cierto, creemos en un panteón muerto. Pero cuando voy por la calle y veo a un mamonazo de siete u ocho años, con lo que tienen que soportar estos pobres de bombardeo mediático, jugando al fútbol con su camiseta del Sevilla, se me hinchan los cojones de orgullo y nostalgia. Y qué demonios, hasta si el niñato es betiquito tiene mi simpatía. Yo no creo ya en los reyes magos, pero ellos sí y con eso basta. A ver quién tiene huevos de decirle a ése que el Sevilla no le pertenece, si él es el Sevilla. Así que, por mi parte, seguiré buscando al Giraldillo en los días que preceden a partidos importantes. Por si acaso y por si no está todo perdido todavía.

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14 comentarios

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14 Respuestas a “Manual de supervivencia para tarados

  1. carlos

    Unodelmonumento,

    Sublime, genial, maravilloso.
    Otra apertura del tarrito de las esencias.
    Me lo paso como un enano con la lectura de estas joyas.
    ¿Qué carajo fumas tío? ¡YO quiero de eso!
    Mil gracias por tanto derroche de ingenio y de la forma en que lo expresas.
    Gracias mil.

  2. Lucius

    Este me ha llegao a la patata, cabronazo.

  3. Cuando yo fumaba era fundamental que me encendiera el cigarro durante una posesión del Sevilla. Si perdíamos el balón durante el encendido, derrota segura.
    Nunca debo mirar la alineación del rival
    Si en los penaltis a favor miro en plan bizco a al punto intermedio entre jugador y portero, gol seguro, aunque este truco me ha fallado con Negredo.
    ¿y qué decir del caramojón? Mi hermano se acordará, era un tío que a veces venía a saludar a uno que estaba al lado nuestro en el descanso; su visita era un fatal presagio.
    La radio la tengo prohibida, sin embargo twitter da buenos resultados
    Y muchísimas cosas más
    Un saludo

  4. Un lector habitual

    Cambio mi nick habitual por otro anónimo, aunque los que me rodean en el campo sabran rapidamente quien soy al contar esta historia.

    No se porque ocurre, de verdad, son sensaciones que fluyen, que me recorren en cuerpo y que están ahí, pero juro que esto que voy a contar ahora mismo es así y quizás alguno que sé que lee este blog pueda confirmarlo.

    Cada vez que me fumo un porro en el estadio el Sevilla marca un gol. Esto ocurre desde la temporada 2003/04 más o menos, eramos habituales de la esquina pegada a fondo de arriba en el Gol Norte y nos dimos cuenta que en el intervalo que deciamos “vamos a hacernos un porro” hasta que nos lo cascabamos el Sevilla marcaba. Nos lo tomabamos un poco a coña pero resultó especialmente sorprendente fue el día del Sevilla Osasuna en el que nos jugabamos la UEFA y dijimos: “hace falta un porro mágico” nos lo hicimos y gol de Baptista.Desde entonces dejamos de tomarnoslo tan a coña para rendirnos al embrujo del humo.

    No se trata de hacerse un canuto así como así, de hecho no funciona con el 2º porro, solo con el primero y por supuesto no garantiza la victoria del Sevilla, pero si el gol. Tampoco es cuestión de hacerse un maka pa que el Sevilla marque, son sensaciones, de repente me da un no se que en el cuerpo que digo “porro mágico” y marca. Obviamente no ha funcionado en el 100% de las ocasiones pero su porcentaje de acierto debe rondar el 80%.

    Hay también ciertas reglas, como por ejemplo si el porro mágico se fuma en los aledaños de la Espumosa antes del partido el Sevilla marca en los 10 primero minutos de partido… y coño, ¡que marca!. Juro por Jah que a veces da autentico miedo el poder del porro mágico y ya hemos comentado en alguna ocasión que si Monchi lo supiera se dejaba de fichajes y me garantazaba una buena dosis de ganja para toda la temporada. Aun no le ha llegado el rumor por lo que se ve…

    La putada es que esta temporada con tanto partido en día laborable (si vengo del curro no llevo nada encima) y con toda la seguridad que ha tenido el gol norte (ya he visto a la policía llevarse a varios chavales por estar fumándose su canutito tranquilamente sin molestar a nadie) está más difícil que nunca seguir con el ritual y encima el corte del acceso de grada baja (donde tengo el carnet) a grada alta (donde me solía sentar los días de partido tranquilo) ha acabado por poner más difícil el continuar tan ancestral tradición que el año que viene cumplirá 10 años, pero cuando la ocasión lo requería se ha hecho y el Sevilla ha marcado, así que esperemos que le queda vida al porro mágico por muchos años más.

  5. Joder, pedazo de post.

    La primera parte me ha recordado los derbis del recreo contra la clase que era un año mayor que nosotros. Un Boca-River era una basura al lado de aquello. En el último año antes de pasar al instituto los profesores acabaron prohibiendo el fútbol en el recreo porque con los años que íbamos cumpliendo las hostias eran ya de demasiado nivel. Para gloria personal, siendo un año más pequeños, la mayoría de veces les hacíamos morder el polvo. De aquella manera supongo que el universo me compensaba por como me ha ido normalmente con los Betis-Sevilla.

    Y luego ya entrando en el corazón del post yo no he tenido nunca manías concretas, pero sí cuando se ganaba trataba de repetir exactamente lo que había hecho durante todo el día para la semana siguiente. Y así hasta que el resultado no era satisfactorio, entonces cambiaba la rutina. Hoy día, con tanto baile de horario, eso es imposible de hacer. Chorradas inmensas pero que mantienen algo de magia en todo esto hoy día que, tras tantos años, se ha vuelto uno más cínico y descreído.

    Mi aplauso más cerrado para el post. Éste y el de Tsartas para mí los dos cum laude.

    • Yo he ido a todas las finales con exactamente la misma camiseta (la del centenario), los mismos vaqueros, los mismos calzoncillos y los mismos botines. Todas las hemos ganado.

      Hoy los calzoncillos y los vaqueros han pasado a mejor vida y descansan en el cielo de los calzoncillos y los vaqueros. Cumplisteis vuestra función con honor valientes soldados 😦

  6. #Carlos:
    Fumo Pall Mall, lo digo en el texto, hombre! Dronga, no. Me sienta muy mal. Fumada. Por otras vías soy más fan.

    #Jean Sol Partre:
    Tengo una muy parecida con el tabaco. En los años gordos, siempre me encendía un cigarro con el pitido inicial. Esa costumbre la abandoné con los años, pero en el derby en casa de esta temporada la recuperé y mientras me guardaba paquete (de tabaco) y mechero, marcó Reyes. Impresionante efectividad.

    #Lector habitual:
    Impresionante la historia del porro mágico. Creo que hasta la FAD haría una excepción en su lucha contra los estupefacientes en su caso.

    Y, como siempre, muchas gracias a todos por los comentarios y por compartir vuestras idas de olla para aportar nuestro esfuerzo e insania a cada victoria.

    • Un lector habitual

      Adivina quién se fumó un canuto en la Espumosa antes del derbi, del partido contra el Madrid y el otro día contra el Athletic…

      Especialmente maravilloso fue el partido contra el Mallorca en casa del año pasado (creo recordar que era Semana Santa), un partido que hubiera pasado al olvido más absoluto si no fuera por ser el partido en el que el porro mágico desplegó su máximo poder, además iba con un amigo que visitaba el Pizjuán por primera vez, le comenté “si me fumo un canuto el Sevilla marca un gol, no se porque pasa pero es así”. Le cayeron 3 al Mallorca en el tramo que va desde que nos lo hicimos hasta que lo tiramos y mi buen amigo se quedó rendido a la evidencia de su enflujo.

  7. Alvaro Ruiz

    Nosotros teníamos un gafe de cojones, qué digo un gafe, EL GAFE. El padre de nuestro amigo Antonio, que venía con el carnet del hijo cuando a éste le tocaba guardia (o boda, o comunión, o lo que fuese). Siempre perdíamos, SIEMPRE.

    La última vez que vino fue a un Sevilla – Alavés, no me acuerdo la temporada, fue la que descendió el Alavés (no me extraña después de aquel partido). En la primera parte había marcado Casquero, y la segunda transcurría plácidamente. El partido, controlado. El Alavés, plano, muerto, olía a segundazo. Mirábamos a este hombre de reojo, sabíamos que íbamos a perder fijo. Al buen señor no se le ocurre otra cosa que decir, mediado el segundo tiempo, “pues a ver si va a resultar que no soy tan gafe”. Joder. Hostias. Me cago en la puta. En un cuarto de hora el Alavés remonta. 1-2. Calladito estabas más guapo, miarma.

    Y en el minuto 80 va y dice “bueno señores, hasta el próximo día” y se marcha.

    Mano de santo. El Sevilla remonta con goles de Reyes y de Karmona, con K de Kapullo Kalvo Kavernícola, en propia puerta en el descuento. Delirio total. Y en cuanto el árbitro pita el final, llamada a Antonio: “Antonio, tío, tu padre no vuelve al Sánchez Pizjuán en su puta vida”.

  8. SEPTIMO DE CABALLERIA

    Mi manía es más bien tradición, locura, o como se quiera llamar….pero nunca, NUNCA, se habla sobre el partido que va a jugar el Sevilla ese día en casa por la mañana.

    Ni se comenta, como si no existiese. Mentar el partido es gafarlo.
    Solo se comenta a posteriori y poquita cosa, que pa comentarlo ya está el campo y el paseito de vuelta a casa.

    Nos miramos en casa mis padres, mis hermanos, sabemos lo que hay, lo que nos jugamos esa tarde-noche, pero nadie dice ni mu. Si el telediario habla de ello, contemplamos y seguimos comiendo.

    Maldito sevilla….

  9. deadmau5

    Mas vale no experimentar en dia de partido importante, y por supuesto estrenar colega ni de coña, derbi de la fabrica de sueños y el CSKA me avalan. Ademas todo sevillista tiene un gafe en un ratio no mas lejano de 6 asientos izq/drch y 1 fila arr/abj que el hijo de puta no se perderia ni un partido amistoso contra Atletico Algabeño, El post es de pajote.

  10. Aswe

    Bueno, yo cuando frecuentaba la grada baja del Gol Norte, tenía un no sé qué, que cuando fumaba, el Sevilla tendía a marcar. Más durante las segundas partes que durante las primeras.

    Nótese que gracias a esto, mucha gente de mi alrededor me invitaba a tabaco… Y los pulmones hechos mierda, claro.

  11. Seppuku

    ¿Os acordáis de la mierda aquella de revista llamada “Mediaputa” que regalaban antes del partido? Pues si la cogíamos, palmábamos, así que no solo dejamos de cogerla, sino que directamente pasamos a mirar al probe shico que la repartía como si fuera el portador de veinte enfermedades. Un día uno del grupo la cogió sin darse cuenta, y rápidamente le endilgamos un papirotazo para que la soltara como si fuera un escorpión de fuego; ese día empatamos, lo que nos reafirmó en nuestra injustificada pero irrebatible creencia.
    De lo de no cambiar de postura cuando vamos ganando, ya hablaremos otro día…

  12. Pingback: El principio de todo esto | Palanganismo exacerbado

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