Archivo mensual: mayo 2013

El portero

PEX CORRESPONSALÍA CEADE Genselkirchen, 20 de abril de 2006. Un buen puñado de majaras se sitúan en una esquina de un estadio faraónico a ver un partido de futbol. En el estadio está prohibido fumar, pero esa zona parece las alcantarillas de Nueva York. Humo y peste, mucha peste, tras un día tirados en una aldea en la que no merecía la pena ni robar en los bares, si a eso se le puede llamar bares. Eso sí, qué cantidad de Mercedes y BMWs. Son las 22:10 de la noche, minuto 84 de partido. Córner. Llantos y sollozos, que estamos en Alemania y sólo aquí y en Pamplona un córner es más peligroso que un penalti. El balón sobrevuela el área para encontrarse con la cabeza de Marcelo José Bordon, central brasileño de 1,89 natural de Riberao Preto, ciudad del interior del estado de Sao Paulo cuya principal actividad económica se basa en la extracción de la caña de azúcar y la exportación de meretrices culonas. Remata, claro. La vida pasa en un segundo delante de ti. 400 euros que me he gastado en ir y venir en el día a esta mierda de sitio, a ver cómo le explico a mi madre la quemadura de ‘cigarro’ que llevo en la sudadera, sabía yo que tenía que haberme traído una sudadera más gorda…  Sigue leyendo

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Manual de supervivencia para tarados

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE La maricona de Trotsky dice en su autobiografía que toda su vida mantendría una deuda irredimible con el maestro que le enseñó a leer. Sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con la afirmación del judío traidor; guardo un gran recuerdo de la persona que me arrancó de las tinieblas del analfabetismo y que con su trabajo contribuyó a que esta magnífica bitácora exista. La señorita María Dolores. Una persona de principios férreos, a quien ya le había querido abrir la cabeza algún padre porque ella no veía con buenos ojos la aconfesionalidad de la enseñanza pública y se empeñaba en que los alumnos matriculados en Ética aprendieran el Padrenuestro, el Ave María y el Cuatro esquinitas tiene mi cama. Podemos estar de acuerdo con alguien así o no, pero no se le puede negar ni integridad ni un par de huevos. Cuando empezamos las primeras lecciones vio que yo era un tipo listo y me adelantó un tema del Micho, siendo el líder de la clase. Formación personalizada, a la finlandesa. Un ejemplo de mujer. Acababa el curso 87/88 y, en contubernio con la maestra de la clase de enfrente, los asilvestrados del B, convinieron en organizar un partido de futbito entre los combinados de ambas aulas. El anuncio del próximo encuentro de la máxima, Primero A contra Primero B, fue el acontecimiento del año. Fijado para última hora de un viernes, estuvimos toda la semana pensando, analizando y sopesando nuestras opciones, así como elaborando sesudos análisis tácticos y estratégicos para llevarnos la victoria, a pesar de las continuadas amenazas de que cualquier falta en nuestra conducta nos haría acreedores del castigo consistente en perdernos el partido. Mano de hierro en guante de terciopelo. Estos católicos son unos capos para la represión. La hora previa al derby, sabiendo que estábamos nerviosos y con el cuchillo entre los dientes, la señorita María Dolores cogió una tiza y escribió en la pizarra “DEPORTIVIDAD”. En lugar de tirar de repertorio cristiano y recordarnos unas líneas del “Elogio de la nueva milicia templaria” de San Bernardo, convenciéndonos de que los de enfrente ni eran hijos de Dios ni merecían piedad, nos endilga una parrafada sobre el respeto al adversario, a no reírnos de ellos si ganamos y a poner la otra mejilla en caso de que nos infligieran la derrota. Les juro que mentó, en anatema imperdonable, la palabra derrota antes de un partido. Éramos jóvenes e impresionables. Yo veía aterrado que esa invectiva causaba comprensión y aquiescencia entre mis compañeros. Entonces, me levanté, y ante el silencio de toda la clase, me vi en la obligación de decir: “Señorita María Dolores, todo esto me parece muy bien. Usted sabe que somos iletrados, de pocas luces, gente llana. Sobre todo el imbécil de Téllez, que sólo sirve para coger lagartijas y sacarles los ojos. Puede que lleve razón, señorita María Dolores. Pero quiero decirle una cosa. Si yo pierdo este partido, yo, señorita María Dolores, yo me muero.” No había acabado mi proclama cuando cundió el delirio en el aula. Un aullido unánime de toda la clase “¡¡¡¡¡y nosotros aaaaaaargrrgfrrgr!!!!!” se escuchó en todo el colegio. Sillas y pupitres empezaron a agitarse para meter jaleo y decirles a esos mierdas de enfrente, a esos subhumanos del B, que sería la muerte o la victoria. Las niñas me miraban arrobadas. Mis compañeros me proclamaron capitán. Téllez se enjugó una lágrima. Estábamos preparados. Sigue leyendo

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