Archivo mensual: octubre 2012

Atado de pies y manos, con la boca tapada y un palo en el culo

Imagínense que son esa clase de personas que creen en la magia. Entiéndase, no nos referimos a un alelado que no sepa distinguir entre ilusión y realidad. Sino que usted es de esos que paga un dinero, o simplemente acude a tomarse unas copas, a alguna actuación de un señor vestido de manera muy elegante que, ataviado con cartas, varita, chistera y acompañado por alguna madurita que intenta remediar su falta de atractivo embutiéndose en un vestido de lentejuelas, hace trucos que engañan a cualquiera. Porque la verdad es que lo hacen. Díganme, si no, cómo carajo apareció el niño negro en la caja en el homenaje a Kanouté. Pero háganlo, en serio, que tenemos curiosidad. Volviendo al tema. Se van con amigos, parejas sentimentales, tutores legales o escoltas, lo que sea que tengan, a uno de esos espectáculos de magia. Todo perfecto, salen varios voluntarios, gente sin sentido del ridículo, usted ríe, o no, porque a veces los magos son tan graciosos como Javi Nemo. Y llega el número final. Señoras y señores, fíjense bien. Nada por aquí, nada por allá. El gran mago (inserten aquí el seudónimo acabado en -ini que más coraje les dé) va a escaparse de esta caja. Y tú dices, hostia, esto puede estar bien. Solamente eso, un nota en una caja hermética, ya sería interesante. Pero no. El tipo se pone una camisa de fuerza, se cuelga de una cuerda, pone cristales ardiendo en el suelo, y coloca a la de las lentejuelas en la boca de un caimán, al que únicamente él puede amansar, porque lo crió desde chico, y si no la pobre pureta la palma. Todo eso mientras suena música machacona. This is entertainment. Y al final el tipo se suelta, y el visitante aplaude y comenta con el de al lado alguno de los múltiples escollos que ha tenido que salvar pasa cumplir con su cometido. Bien, pues lo mismo ha ocurrido hoy en el Ramón Sánchez-Pizjuán. El Sevilla podría haber ganado hoy por goleada, y tan tranquilo. Pero ha decidido complicarse una mijita las cosas para que al final todo pareciese mucho más complicado. Todo sea por el espectáculo. Sigue leyendo

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El constructor de la gloria

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Ser del Sur está muy mal visto en todas partes. Que si no nos lavamos, que si no sabemos hablar, que si somos incultos, vagos y atrasados, que si perdemos todas, todas, pero es que todas las guerras. En las dos últimas hay que reconocer que tenían toda la razón los del Norte, tampoco seamos chovinistas de brújula. Por cierto, un inciso. Con el objetivo de poner una pica más en nuestra expansión imparable, PEX desea anunciarles que lanzamos al mercado editorial esta magna obra, editada en Pyongyang en 1976, que hemos estado pasando a word por la cara durante el mes pasado y poner así nuestro granito de arena para el triunfo de la ideología Juche. ¿Cómo adquirir este volumen imprescindible? Muy sencillo, nos envían un email a conkimilsungviviamosmejor@pexedichions.com y por el módico precio de 25 euros les remitiremos un pdf con el libro a su dirección de correo electrónico para que puedan leer y comprender las penosas condiciones de vida a que se enfrentan los trabajadores coreanos que tuvieron la mala suerte de encontrarse al sur del paralelo 38 en 1953. En espera de la masiva respuesta de nuestra fiel parroquia ante esta oferta, sigamos. Decían en Trainspotting (el libro) y en The Commitments (la película) que los irlandeses son los negros de Europa. Nada que objetar. Pero menos quejarse porque si es jodido ser irlandés, nacer en, según las palabras de W. H. Auden, poeta inglés y pederasta, valga la redundancia, “este trozo arrebatado a la ardiente África y soldado crudamente a la industriosa Europa”, ¿qué es? ¿Vivir en Disneylandia? Si además tienes la desgracia de haber venido al mundo al sur de Sierra Morena, la cagaste. Con un futuro más incierto en nuestra tierra que el de un padre carmelita en Barcelona en 1936, tenemos que aguantar que nos insulten, nos ninguneen y, lo peor de todo, imiten nuestro acento a la mínima que pasamos de Despeñaperros. ¿Te imito yo a ti, que parece que hablas con la boca llena de sopa, hijo de puta? Aquí hablamos un español evolucionado. Hay demasiadas consonantes en este idioma, así que las quitamos y el mensaje no sufre merma alguna. Eso sin mencionar que, gramaticalmente, nos follamos a la  península entera. A ver si nos enteramos de una vez, amigo septentrional que nos lees: decir “dala dos besos” es el mal. La ETA. Dale, hostias, dale. Objeto indirecto. Das los besos, no das la persona. Pero es que con el leísmo es todavía peor. Les juro que yo he escuchado alguna vez “es que cuando me pusieron el wifi, el que vino a instalármele”. Tal cual. Y como ellos son los que hacen los diccionarios y reforman la gramática, ahora todo es leísmo aceptado y normalizado. Le mataron, le enterraron, le follaron. ¿Le mataron a quién, a su madre, a su vecina, un nervio para practicarle una endodoncia? Unos mierdas que se están cargando el idioma nos dicen a nosotros que no sabemos hablar. Demencial. Otro gran éxito es aquello de que no trabajamos. En el verano de 2003, en la ola de calor más impresionante que hayamos vivido, los sindicatos alemanes consiguieron que se recortara la jornada laboral porque a unos abrasadores 35º a la sombra es imposible currar. Treinta y cinco grados, lo que aquí hace en abril como te descuides. Dile al jefe que no vas al trabajo porque en la calle hace 52º, a ver dónde te manda. Para rematar, donde lo dan todo y consiguen ponérmela dura es cuando nos usan de chivos expiatorios de sus políticas absurdas. Aquí ya se unen al linchamiento el resto de andaluces y pagamos el pato, tengamos culpa o no, los sevillanos, los negros del Magreb. O negros-judíos-moros-gitanos, todo junto. ¿Que en Cataluña la educación es un desastre? En Sevilla no se les entiende, a mí que me registren. Que el alcalde de Málaga tiene una huelga de servicios de limpieza; la culpa es de Sevilla, que se lo lleva todo. Que una señora mata a vergajazos a su marido en Jaén en la época del verdeo; malditos sevillanos que están siempre comiendo aceitunas en el bar y nos llevan a esta deshumanización. ¿Ustedes se imaginan al Zoido justificar nuestro chiste de metro porque en Cádiz se llevan subvención los carnavales? Y a mí qué me cuentas, trabaja que para eso te pagamos, maricona. Respuesta tan sensata parece que es imposible que la procese ningún español nacido al sur de Lebrija y al norte de El Real de la Jara. Seremos negros-judíos-moros-gitanos, mas somos sabios. O al menos, indolentes. En las buenas, aprovechamos nuestras cuatro cositas y pasamos el rato como podemos sin meternos con nadie. Cuando vienen vacas flacas, sacamos lo mejor de nosotros y, como son muchos años de estar comidos de piojos y mierda, hacemos de la necesidad virtud. Tomen un libro de recetas de tapas sevillanas, si no me creen. Nuestros platos más suculentos parece que se fraguaron en una tarde en la que no había nada que llevarse a la boca y uno dijo, bien, antes que morirnos de hambre, lo que sea: tú, llégate a la huerta y arrambla con todo lo que encuentres, ya sea tomates, pepinos, pimientos o ajos. Lo mezclamos todo y lo aliñamos y a ver qué sale. Tú, ve al pinar aquel y si puedes cazar alguna paloma, bien, y si no hay más cojones que conformarse con gorriones o lo que sea, te los traes igual. A los niños los voy a mandar al secarral ese de allí y que cojan caracoles, bichos repugnantes donde los haya, pero más cornás da el hambre. Y yo que tengo estudios y una caña de pescar me acerco al río a ver si pica algún barbo. Que no saben a nada, pero echándoles vinagre y pimentón se les puede sacar el jugo. Así, camaradas, inventamos nada menos que el gazpacho, los pajaritos fritos, los caracoles y los barbos en adobo. Cimas indiscutibles de la gastronomía universal. Chúpate esa, Berasategui. El cocinero, no el tenista aquel que tenía un drive extrañísimo. Y sin nitrógeno líquido. Engañabobos.

Cooperación y hermandad tan idílicas no se dan casi nunca, vamos a admitirlo, que esto es PEX, no una bitácora regionalista. La mayoría del tiempo somos una pandilla de indeseables, vagos y parásitos que no valemos ni el trabajo de mirarnos. Si hay tanta gente que no nos puede ver, por algo será. No vamos a ser nosotros los únicos buenos y el resto del mundo una pandilla de cabrones. Para que nos pongamos todos a una tenemos que vernos con el agua al cuello, sin más salida que tirar hacia adelante o pegarnos un tiro en la polla. Tal y como se encontraba el Sevilla Fútbol Club en el año 2000. Colista destacado y con el descenso más que asumido, con una plantilla descompensada y desmotivada, más una deuda que había obligado al club a emitir cédulas hipotecarias con la idea de recaudar unos 3.000 millones de pesetas que evitaran la venta del Ramón Sánchez-Pizjuán y nuestra marcha al Olímpico sito en el glorioso municipio de Santiponce, desde la cúpula del club se empieza a planificar la nueva temporada a mediados del mes de abril. En un alarde de coherencia organizativa inaudito en este club, se empieza por el principio: contratar al que será el máximo responsable de lo deportivo en el curso 2000/01. Se barajan varios nombres: Sergio Kresic, entrenador de Las Palmas; Gregorio Manzano, del Valladolid; Lucas Alcaraz, entonces director técnico del Dos Hermanas; Joaquín Caparrós, sin equipo desde septiembre cuando fue cesado del Villarreal; Rafael Benítez, también sin equipo; y el entrenador del Rayo Vallecano, don Juan de la Cruz Ramos Cano. Todavía quedaba más de un mes de competición y casi todos los vendecolchas con los que se tenía contacto estaban inmersos en el fin de campaña en sus respectivos equipos o, como en el caso de Benítez, preferían esperar a otras opciones más atractivas tanto en lo deportivo como en lo económico. Quién iba a querer ir a una casa de putas que contaba en su plantilla con gentuza como Rabajda, Nando o Marcelo Otero, todos pagados a precio de oro, 80, 90 y 150 millones de pesetas respectivamente por temporada para ser exactos. El Sevilla era una institución que olía a muerto por los cuatro costados. En esta tesitura, sólo un auténtico tarado mental podía aceptar la oferta sevillista. Por ejemplo, un hombre que hubiera dejado una plaza de funcionario, en un país donde los presidentes de gobierno anarcocapitalistas son inspectores de Hacienda o registradores de la propiedad, para entrenar al San José Obrero de Cuenca. Qué huevos. Sin duda alguna, don Joaquín Caparrós Camino, JC en sus siglas al igual que la única persona que ha hecho milagros más gordos que los que el utrerano se disponía a realizar aquel ejercicio 2000/01, debía ser el elegido.

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Dios estuvo con nosotros

NOTA DE LA REDACCIÓN: Este artículo se escribió días antes del último Sevilla Fútbol Club-F.C. Barcelona. Aunque pueda parecer lo contrario, las menguadas luces del autor no pretendían justificar aquel atropello, sino que se puso a aporrear teclas sin orden, plan ni propósito alguno como es habitual en él (y como quedará claro al que tenga el valor suficiente para tragarse este catálogo de incoherencias), le salió esto y, una vez terminado, Mateu Lahoz perpetró su villanía con posterioridad.

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE “Nunca salgas de casa sin ella”. Este sabio consejo, una puta frase hecha en referencia a la suerte, la potra, la pura chorra, me lo dio el oldface en el fondo sur del Santiago Bernabéu la tarde del 3 de febrero de 1991. Llevaban transcurridos pocos minutos del Real Madrid-Sevilla de la temporada 1990/91 cuando José Miguel González Martín del Campo penetra en el área y coloca un certero disparo en la escuadra izquierda del marco defendido por Juan Carlos Unzué, hermano de Eusebio, el cual ese año llevaría a Miguel Induráin a ganar su primer Tour de Francia. El meta navarro hace una excepcional parada enviando el esférico a córner. Con toda la parroquia madridista echándose las manos a la cabeza, mi santo padre me dijo la certera sentencia que encabeza estas líneas. De aquel viaje sólo recuerdo una portada de “El Jueves” que vi en una venta de la entonces N-IV, magnífica vía radial por la que se llegaba desde Sevilla en ocho horitas de nada a la capital de las Españas, en la que se hacía mofa de que ya hubiera prisioneros americanos en la guerra del Golfo, y aquella frase. Se podía haber metido la sabiduría popular por el culo. Porque, si usted no ha caído en la cuenta de qué partido hablamos, aquel 3 de febrero fue el día del 7-0. Qué partidito dieron entre el actual entrenador sevillista y Rafael Gordillo Vázquez, “el vendaval del Polígono” nacido en Almendralejo. Sevillanía pura verdiblanca, ya saben; este de Almendralejo, Del Sol de Soria; pero todos sevillanos porque ellos lo valen. En fin; criaturitas, mundos paralelos y partidas de nacimiento ficticias aparte, decíamos que allí estaba su seguro servidor y, entonces, protocorresponsal santiponcero en el Santiago Bernabéu. Qué repaso nos dieron. Y qué cosa más hija de puta de equipo, que parecía que les debíamos dinero. Yo estuve a punto de gritar gol cuando pitó el final del partido don Joaquín Urío Velázquez, colegiado guipuzcoano que dos años y medio más tarde le regalaría el título de campeón de la Copa de S.M. el Rey al Real Madrid Club de Fútbol en el entonces Luis Casanova ante el Real Zaragoza, ignorando penaltis a los aragoneses y haciendo la vista gorda ante los hachazos de Villarroya, Nando, Sanchís o Hierro, angelito este último que ahí sigue, sin condenar la violencia, pedir perdón a las víctimas ni entregar las armas. Cuánta mierda he tragado, Dios santo. Sólo me falta el 8-1 en La Romareda de la 87/88 para tener el paquete completo de desgracias y humillaciones imborrables en nuestra historia.  Sigue leyendo

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