Archivo mensual: mayo 2012

El pastor y el bohemio

PEX CORRESPONSALÍA AVENIDA DE LA PAZ Tras el uno por uno publicado hace unas semanas, la sección de comentarios hirvió, se levantó en armas, gritó, exclamó, defecó en nuestros difuntos, mancilló el honor de nuestras madres y, por si fuera poco, nos llamaron lights. La principal razón que movió a la mayoría a insultarnos es que los palos no habían sido suficientes. También hubo alguien que dijo que echaba de menos un análisis de los entrenadores que nos dirigieron durante el curso. Y para que vean ustedes que no somos nadie sin sus lecturas, apuntes, objeciones, sugerencias, ofertas y piropos sin los que no seríamos capaces de levantar la vista de la acera cuando nuestras madres nos envían por el pan, aquí tienen lo que deseaban. ¿Palos? No cojones, lo de los entrenadores.

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Kahn era una hermanita de la caridad

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Como ya advirtió hace casi un siglo el (en pie) camarada Lenin, el imperialismo es la fase superior del capitalismo. Unos años antes se había preguntado también ¿Qué hacer? ante tal estado de cosas, para acabar con la plutocracia que atenaza a la clase obrera. La respuesta nunca, jamás, en ningún caso, ni de puta coña, es organizar batukadas. No, caceroladas tampoco. Pero ustedes verán. De la lectura de las obras indubitables del (en pie) camarada Lenin podemos inferir que el capitalismo agonizante deviene en fascismo. Eso ya lo sabe hasta el más inocente, que nunca escarmentáis en cabeza ajena. Sin embargo, entre los mecanismos de defensa del capital, aparte de apalear a menores de edad por pedir calefacción en sus centros educativos, hay una extensa gama de soluciones intermedias, una de las cuales, de las más en boga y gilipollescas, es cambiarle el nombre a las cosas para que parezcan nuevas, modernas, respetuosas con el medio ambiente, con los pajaritos y hasta con los becarios. Así confunden al proletariado y ganan tiempo. Esto se hace hasta con lo más nimio y accesorio. Por ejemplo, engañifa por la que se supone vas a sentirte en total armonía con el cosmos por el simple medio de beber agua con sal a precio de Möet: wellness. Parecer un yanomami con un montón de argollas en sitios dolorosísimos, que te desfiguran por completo rostro, orejas y partes pudendas: piercing. Pintarse la piel con motivos que escandalizarían a la madre de un travesti adolescente asalariado en un burdel de Macao: tattoo. Fotos con letreros supuestamente graciosos: meme. Un teléfono móvil inmenso que no cabe en ningún bolsillo, con un montón de aplicaciones chorras que nunca vas a usar pero que se beben la batería en 24 horas: smartphone. Y un aparato electrónico que viene a cubrir una necesidad incomprensiblemente desatendida durante milenios como es la lectura: e-reader. Detengámonos en este último. El anuncio que enlazamos es magnífico, fotograma a fotograma. “Nuevo e-reader”. Cuidao. No es un libro de mierda, que eso no mola nada. Es un e-reader y, encima, nuevo. Cool hasta vomitar. Lo saca de su mochila un chavalote que parece que está sentado en la escalinata del monumento a Lincoln aunque a este lado del Atlántico la alusión patriótica pierda un poco y quede la impresión de que es un universitario de alguna institución de postín y solera. Pero ojo, no es un descerebrado que sustancia su vida en el botellón, la juerga y los estupefacientes, pues lleva un palestino. Es un tipo comprometido con los más débiles que además, fíjense a qué extremos llega en su lucha e idealismo, lee. A punto ya de cascarme un pajote ante la visión de este efebo acrisolado por lo mejor de las virtudes occidentales, el chaval se pone a leer un Noah Chomsky en una cosa que es pequeña, ligera y fácil de usar. No como los libros de bolsillo, que con ese funcionamiento tan enrevesado no hay quien los entienda. Siguen una serie de ventajas como que no tiene reflejos ni a plena luz del sol (¿cómo leería antes la gente en la playa un 15 de julio, por el amor de Dios?), que pesa poco y que lo puedes leer en una barca o con un puto perro dando por culo para que lo pasees, esa actividad hoy conocida como dogging. Pero nuestra virtud favorita es que puede almacenar hasta 1400 libros. Aquí se le ven las costuras a los amigos de Amazon y que el artilugio está dirigido a capullos que mueren por tener lo último aunque no sirva para nada. Porque, ¿ustedes saben lo que son 1400 libros? Una atrocidad. Eso no se lo lee alguien normal ni en tres vidas. Si aquí, en esta casa, abanderada de la cultura, entre todos los redactores nos habremos leído ocho libros tirando por lo alto. Yo cumplo con la media, dos libros. La maricona desertora del maño, el de las previas, que prefirió el sucio parné a la gloria de PEX y es que la culpa es nuestra por fiar nuestras ilusiones en gente que se pone un pañuelo horroroso en la cabeza, dan saltitos y su patrona, más que una Virgen como Dios manda, es un llavero, no se leyó nada en su vida, lo que no es de extrañar en vista de sus preferencias y de lo saludable de su vida laboral. Después hay dos pedantes que suben la media. ¿Cuánto me costó el acceder a esas lecturas que han asentado mi personalidad y dado nuevas perspectivas vitales al ente que conformo? Cero euros. Y cero pesetas, está bien dejarlo claro ahora que parece que volveremos a nuestra anterior y añorada divisa. Un libro robado y el otro heredado. Chúpate esa, Amazon. Porque a ver quién hereda un e-reader, un iPad o un smartphone. Con lo que les dura la batería, con suerte, aguantan 3 años. ¿Cien pavos, perdón, unos tres mil duros os voy a dar por la cara? A robar al monte, cabrones. Sigue leyendo

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Temporada 11/12 One x one, yeah dude!

En nuestro afán por homenajear plagiar a la RBBE, ya ni siquiera nos quebramos la cabeza para cambiar el título de sus escritos. Para los no iniciados, la cosa es sencilla. Un recorrido por los integrantes de la plantilla que nos ha hecho cosechar la peor puntuación desde que salimos de Mordor. Con dos entrenadores y los mismos directivos de siempre, hemos quedado novenos en una temporada en la que los puestos europeos estaban regalados. Para que luego no nos tachen de críticos, hacemos lo que nos manda el Don y su cohorte de aduladores. “Las conclusiones, a final de temporada”. Pues aquí están, justo antes de que sea la hora de “pasar página para pensar en el siguiente año”. Hemos consultado los horóscopos, la climatología y todos los aspectos imaginables antes de soltar el artículo, a ver si acertábamos una fecha en la que los que rigen el  club aceptasen una crítica. De cualquier manera, la premisa para aparecer en esta selecta lista es haber disputado, al menos, un minuto de competición oficial. En total, 28 concienzudos análisis de otros tantos alegres mozalbetes que han firmado, como conjunto, un año para olvidar. Sin más dilación, esto ha sido la temporada 2011/12. Sigue leyendo

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Peace and love

C.S. Bilardo (y II)

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE “Me cago en mi puta vida deportiva. ¿Pero qué es esto? Vaya partidito, ío. Vaya puta banda. Antes del minuto cinco, dos lesionados, uno de ellos con la rodilla girando como los perritos de los salpicaderos de los taxis, la que le ha dado el negro ese de los pelos que, cágate, es español y se llama nada menos que Vicente. Al menos, según dice la alhaja que tengo aquí al lado, el nota ese que ha quedado para un partido homenaje y poner una bodeguita parece que se va a un equipo de Galicia el año que viene y no me tengo que comer el marrón de recuperarlo. Ahora me entero de que Galicia no es España entera, que sólo es un trocito, por ahí arriba anda. Muchas vacas y buenas mozas, que la que no es bruja, es puta, me han dicho. Como en Loja, han culminado, aunque eso no lo he entendido bien. Lo que se aprende viajando. A ver si pita ya el árbitro y dejo de tragarme este bodrio. Hablando de tragar, vaya el saque que tienen aquí el amigo y sus compadres. Qué manera de pedir marisco en el restaurante del hotel. Yo con el café y un sobrecito de Eno y ellos diciendo que esperara, que iban a pedir otra ración de gambas, que un día es un día y los viajes pagados por el club acababan hoy. Y la parienta preocupada por los asados de mi tierra. Cago en la hostia, el ácido úrico de la peña aquí tiene que estar por las nubes. Bueno, por lo menos, trabajo hay. Y mucho. Porque vaya el equipito que me van a encasquetar. Ea, ya ha pitado este. Irse al carajo ya, hombre. Anda, coño, ¿qué hacen los de blanco y morado saludando desde el centro del campo? Le voy a preguntar aquí al consorte, que ya parece que se le ha ido el flatito, vuelve a poder fijar los ojos en sus órbitas y los lamparones del agüilla de las gambas van desapareciéndole de camisa, corbata, americana y pantalón y la gotita de la barbilla ya está seca. Por muy directivo que sea, algo de esto sabrá.” Don Carlos Salvador Bilardo pregunta, en efecto, que a qué viene la parranda que se está montando en el Nuevo José Zorrilla a la conclusión del Real Valladolid-Sevilla Fútbol Club de la última jornada de la 91/92, con todo el plantel blanquivioleta saludando a la afición local y ésta correspondiéndole con aplausos, si habían ganado algo los pucelanos, a pesar de lo malísimos que son. El interpelado responde que ganar no han ganado nada, ni ese año ni ninguno de su ridícula existencia, que habían descendido a Segunda y se despedían así de la afición hasta el año que viene. Bilardo no se lo cree. “¿Que les aplauden por descender? ¿El día que ganen algo qué hacen con ellos? Joder con la Comunidad Europea. Esto pasa en Argentina y esos tíos no salen de aquí vivos.” Sigue leyendo

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El corazón sigue estando en el norte

La vida está hecha de momentos. En ocasiones, ya sea en el lugar de trabajo, en la cola del cuarto de baño de un lupanar o en espera para comprar un litro en el chino, esos momentos los ocupas con gente que no te produce ni el más mínimo interés. Y eso lleva, obligatoria e irremediablemente, a conversaciones banales. Construidas con tópicos que se dicen para salir del paso. No sólo ocurre con tipos desconocidos, también existen conversaciones que no quieres mantener con ciertas personas, aunque les profeses alguna clase de estima o simpatía. Es el caso del fútbol. Gente que no se entera de la realidad o que, valga la redundancia, se informa por la prensa madrileña o catalana. Y tú, en un alarde de protocolo y saber estar, sueltas alguna frase manida, miras para otro lado o intentas, directamente, desviar el tema. Hablando del tiempo, por ejemplo, como si tuvieras ochenta años. Si los integrantes del coloquio poseen pene entre las piernas, es muy socorrido alabar las virtudes de una fémina que ha tenido a bien pasar por delante. Pero si nada ni nadie puede salvarte y te ves obligado a comerte la conversación, es probable que escuches frases sobre equipos de mierda y, cuando se refieran al tuyo, te puedes encontrar con cosas como “el Sevilla tiene una afición muy buena”. Ahí ya buscas el vaso, la tía, que alguno se atragante y llame a un médico, porque todos te miran y piensas que coger e irte por las buenas, en algunas culturas occidentales, está demasiado mal visto. Cosas del contrato social. Porque los múltiples matices que tiene el tema de la afición lo convierten en algo muy jodido de explicar, seas sevillista o del Maccabi Tel Aviv. Desconozco si la del Sevilla es buena o mala, pero lo que sí tiene este club es un grupo de animación excelente, que difícilmente encuentra competencia en el panorama nacional. Quien ha viajado un poco lo sabe. Y, desde luego, está muy por encima del nivel que ofrece la plantilla. Ahora, con la temporada en casa finalizada, no viene mal realizar un repaso de lo acontecido en las gradas del Ramón Sánchez-Pizjuán.

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