Cubatas, golfas, griegos y compresas

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE No hay mejor lugar para pasar el verano que la ciudad de Sevilla. Todos los imbéciles que atestan la calles en Navidad, en Semana Santa, cuando se casa alguna terrateniente degenerada de estirpe degenerada o cuando se estrena una obra pública cuyo presupuesto se decuplica desde su proyecto hasta su inauguración, están al menos a 100 kms. de distancia. El paraíso sobre la Tierra; Sevilla sin sevillanos, que dijo lo único decente que nació en el Palacio de las Dueñas. Contamos con atractivos incomparables como el día del Carmen y sus dieciocho procesiones, la Velá de Santa Ana o las novilladas de promoción. Gloria bendita. No cambio todo eso por estar lleno de arena, con la espalda quemada y pegajosa de salitre, comiendo en un chiringuito que te cobra a precio de Ritz alimentos indignos de contenedor de restaurante chino ni muerto. Además, hay un factor interesante, como es que la mayoría de mis conocidos pertenecen a la categoría de personas que pierden el culo por ver una masa informe de agua y opositar al melanoma desde que empieza julio hasta que llega septiembre, pero son unos tiesos que no pueden permitirse estar los dos meses en la costa, con lo que soy el plan perfecto para aquellos que tienen la desgracia de pasar un fin de semana veraniego en Sevilla; plan, casi siempre, de ignominiosas consecuencias. Verbigracia: julio del 99. Solo en casa, tocándome los huevos a las seis de la tarde, suena el teléfono. Descuelgo y veo que tardan en contestar. Una amiga, con la que no tenía mucha confianza, llama y, con voz entrecortada y risitas nerviosas, empieza a preguntarme tonterías tales que cómo estoy (sudando), qué me cuento (que debería haberme dormido la siesta después de la exhibición de Giuseppe Guerini en Alpe d’Huez y no estaría aguantando esta conversación), que si ya he echado los papeles para la preinscripción (no, el año que viene me meto a recoger cartones). Inquieto ante tanta curiosidad sobre asuntos que ni a mí me podían parecer interesantes, la muchacha, al fin, se anima y me dice que si no hago nada esa noche podríamos quedar, que era su cumpleaños y me invitaba a algo. Jamás voy a entender los nervios para pedir algo tan banal. Pide, coño, que aunque parezca mentira no muerdo. Haciendo de tripas corazón, deseché el plan que tenía en mente para aquella noche (emborracharme) para aceptar el que me proponía (emborracharme con ella). Es jodido salir con alguien a quien conoces poco, a la hora de haber comenzado la cita y ventilados los tres temas de conversación en común que puedes tener con la prójima, llega el muy peliagudo momento en el que te planteas qué coño haces allí en lugar de en el banco del barrio con el perro y una litro. Pero esta tía era guay. Le daba a la cerveza siguiéndome el ritmo, lo que le hizo ganar un montón de puntos, aparte de tener un buen par de tetas y un mojino respetable. Por si esto fuera poco, había mamoneo. Ya de cubatas en la calle Betis comenzó un intercambio de andanadas que me llevaron a la conclusión diáfana de “esta noche, fijo que mojo”. Que quién me iba a decir que me lo iba a pasar tan bien con lo solita (atentos al diminutivo reflexivo. Como un tatuaje encima del culo: la firma indeleble de la golfa de tronío) que estaba en mi cumpleaños y lo que nos queda de noche; que si mira la cicatriz que me quedó en el pezón de un quiste que me extirparon; que si para cicatriz la que tengo yo en el nabo de los puntos de la fimosis. Pildorazos sutiles, casi versallescos. En el taxi que nos llevaría a su casa tuve la sensación de que quizá había cargado en demasía la suerte a la hora de asegurarme la inminente coyunta, pues tuvo que repetir la dirección siete veces al taxista para que la entendiera. No me seguí preocupando porque en el trayecto vi con claridad que las ganas de jaleo seguían intactas, no se quedó dormida, no empezó a vomitar. Seguía respirando. Suficiente. Arribados a nuestro nidito de amor, entré a saco, le metí la mano por debajo del vestido y, al pegar un tirón de las bragas, profirió tal alarido que me hizo temer que se hubieran evaporado de súbito los tres o cuatro gramos de alcohol en sangre que debía de llevar y se percatara de la insensatez en que incurría. La realidad, como siempre, era mucho peor. Qué clase de tajá infame no tendría encima que, en su última visita al servicio de un bar, justo antes de irnos, se había puesto una compresa al revés, con el pegamento para arriba, y no se había dado cuenta hasta ese momento. Y no, no era amiga de las ingles brasileñas, al menos hasta aquel instante. Al ver reducida la condición pilosa de sus partes pudendas a la de un nenuco de golpe y porrazo, se le pasó el ciego que llevaba y, encima, le dio llorona. Supongo que por lo humillante de la situación y por mi comentario (“Pero mi arma, ¿tú no has oído hablar de los tampax? Si los usa hasta Camilla Parker, por Dios Santo, hasta Camilla Parker!!!”) con el que intentaba quitarle hierro al asunto y dar algunos ánimos. A continuación, terminé de cagarla. Inspirado por el ejemplo de aquella tarde del señor Guerini, que a pocos metros de llegar a meta tras un ascensión de epopeya a las 21 rampas más señeras del ciclismo se había dado una hostia contra un subnormal que hacía una foto en mitad del asfalto, se había levantado y, apelando a su hombría y a los últimos picogramos que atesoraba en su organismo, se volvió a subir a la bicicleta y acabó ganando, me jugué el todo por el todo. Cuando cualquier persona normal habría intentado paliar la situación con mimitos y arrumacos para ver si con un poco de paciencia la noche llegaba a buen puerto, yo hice un Caparrós el día del Panathinaikos. De perdidos al río, saqué a Darío Silva, Baptista, Adriano, Makukula, Aranda y Antoñito, todos a una, contra un rival mermado, con diez, pero ultradefensivo por mor de las circunstancias. Como el que da con una solución brillante a un problema intrincado, propuse, triunfante: “Pues ya que tienes así el tema, podemos probar y te doy por el culo”.

Accedió, pero cambiando el sujeto paciente y dándole sentido metafórico. Al quedarme poco por hacer allí, la felicité por su cumpleaños, que hay que ser torero hasta tomando café, que dijo el Guerra, y tiré para mi casa. Reflexionando acerca de lo ocurrido, me preguntaba cómo se había ido todo al carajo si se daban todos los condicionantes para haber salido por la puerta grande. Buena materia prima, excelente disposición, aceptable ambiente, y sin embargo, por culpa de un elemento utilísimo de higiene personal, en su sitio pero en momento inoportuno, nada. Paré a tomarme la última rumiando improperios y lamiéndome las heridas, para concluir que todo aquello era como si llega un futbolista contrastado, con calidad, técnica, buen manejo de la pelota, pero no entra en la historia importante del club porque llega en el peor instante. Como Basilio Tsartas. Cada uno hace las analogías que le salen de la polla, máxime cuando no se tiene heroína a mano. Así que cavilé un rato largo, apoyado en la barra del antro, viendo los hielos del cubata derretirse, sobre el que entonces era el mejor futbolista de la plantilla que volvería a finales de aquel verano a la Primera División después de dos años en Segunda. Jugador de una clase excepcional, lo tenía todo para triunfar, no sólo en el equipo, sino en la Liga española. Zurdo, al igual que otros grandes jugadores de la historia del balompié, como Toni Polster, Davor Suker, Diego Armando Maradona o este que suscribe; había llegado tres veranos atrás, durante una de las pretemporadas más prometedoras que se recuerdan, en la que lo ganamos todo, incluido un Colombino de los añejos, con hostias como panes antes, durante y después de los partidos; fichamos al ciento y la madre, incluido un jugador pretendido por el Real Madrid; teníamos a uno de los entrenadores con más proyección del fútbol nacional y la presentación, con discursos ambiciosos, estadio abarrotado y fuegos artificiales, sólo conducía a una conclusión: íbamos a ser la puta polla que trepana.

No sólo no arrasamos sino que descendimos a Segunda por tercera vez en la historia, veinticinco años después de la última vez. Pidiendo el segundo rives-cola mascullé recordatorios para Camacho, Santos Márquez, De Caldas, Colusso y sus putas madres por la cabronada sin precedentes que nos hicieron; insultos que casi me cuestan una hostia de uno de los parroquianos que se dio por aludido, sin duda por no tener la conciencia tranquila en lo tocante a la virtud y a la decencia en el modo de ganarse la vida de su señora madre. Porque yo oigo “hijo de puta” por la calle y no me vuelvo, la verdad. Aclarado el malentendido con un “que no era a ti, mi arma, que no era a ti” (el “mi arma” es fundamental. Ese sintagma nominal amansa a las fieras), dejé sentado que la primera parte de la temporada de Tsartas había sido coherente con la marcha del equipo: una puñetera mierda. Frío, maricón y sin sangre en las venas, Iniesta creo que le podría haber hecho frente en una pelea callejera a botellazos. El concepto futbolístico del murciano bastardo, correr como pollos sin cabeza, tampoco le ayudaba en demasía. Sin embargo, cuando con el Sevilla casi desahuciado llega Julián Rubio al banquillo, el Basilio se erige en alma del equipo y rodeado de canteranos casi logra el milagro de salvarnos del descenso; es más, jugando muy bien a la pelota. Nos comimos una polla tan gorda como la que, valga la inmodestia, había dejado de comerse aquella noche mi amiga la cumpleañera, en parte porque era casi una misión imposible eludir la catástrofe, pero hay que reconocer que tuvimos una suerte atroz en demasiados partidos. En Valencia, Calderón, Bernabéu o en Anoeta contra el Athletic, en la que creo debió de ser la única vez en la historia que clausuraron San Mamés, merecimos mejor suerte. O en el puto partido de Oviedo, al que asistí con los ciento veinticinco mil que parece ser que fuimos, aunque yo allí recuerdo menos peña. Será la edad, el alcoholismo o que no soy un sevillista de granito de los buenos y malmeto menguando cifras. De haber ganado sólo este último encuentro quien hubiera bajado habría sido el propio Oviedo, contando con que las dos últimas jornadas las hubiésemos ganado como en efecto hicimos. Así nos aplaudían y cambiaban bufandas, los muy judas, si se habían librado a nuestra costa. Como me dijo un amigo en la grada, ojalá saliéramos apedreados de aquí en lugar de tanta mariconería, sería señal de que habríamos ganado. Dos semanas después, ya que hubo parón por partidos internacionales a falta de dos jornadas para acabarse el campeonato (PEX desea felicitar desde aquí al ínclito Ángel María Villar por su reelección a la búlgara), Tsartas mete uno de los goles más bonitos y más elegantes que se han hecho nunca en el Sánchez-Pizjuán. Se va de un defensor españolista, le hace un túnel al último y, en lugar de encarar, le pega de primeras poniéndola en la escuadra del primer palo. Más que elegante, decadente, lánguido. Tanta clase que sólo le faltó sacarse un pañuelo bordado, con puntillas, y limpiarse el sudor a golpecitos. Era tan sutil que a veces daba la sensación de ser más lacio que un chorro de Mistol.

Llorando como una magdalena por el recuerdo de aquella nefasta temporada, por el ejemplo de la grada, que nunca abandonó al equipo a pesar del papelón; por el polvo que se me había malogrado y por la que llevaba encima; compré un paquete de tabaco y volví a mi rincón en la barra en el que ya nadie me molestaba pues no es saludable meterse con un tío que habla solo, bebe solo, llora solo y que se caga en los muertos del aire, él solo. Me acordé de mi amiga y casi cambio el rumbo de mi divagación, pero aquellos eran tiempos heroicos en los que los SMS no formaban parte de la vida de casi nadie, seguí a lo mío, me limpié lágrimas, mocos y baba, y aguanté como un machote. Sorprendentemente, Tsartas no se fue del equipo en el verano del 97, aunque se quedó muy a regañadientes. En pretemporada, en un partido contra el entonces poderoso Real Club Deportivo de la Coruña, él y Carlitos la montan, y me acuerdo del comentario de un compañero de grada: “entre este y Carlos, este año estamos en Primera en el mes de febrero”. Un lince. Lo malo es que yo, por supuesto, era de la misma opinión y así se lo hice saber a aquel oráculo, asintiendo repetidas veces mientras lo miraba, poniendo morritos como signo de aprobación. No nos quedaba nada por delante… Si empiezas como un tiro, goleando, pero tu revelación se llama Paco Peña, no hay motivos para la alegría sino para todo lo contrario. Y el dato que acaba con cualquier optimismo y por el que sabes que aquello ha sido una mierda de año: que un portero nuevo inicie la temporada de titular y al final de ésta, acabe jugando Monchi. Basilio hizo lo que pudo entre tanta gloria del balompié, falló el penalty que significaba mandarlo todo a la mierda contra el Villarreal y eso fue todo. Eso y el pase que le metió al Pájaro Enría en el último partido de la temporada, contra Las Palmas, jugado en viernes porque ellos, y no nosotros, que íbamos a seguir otro año más en Segunda, querían más días para preparar la promoción de ascenso para la que estaban clasificados. Ni quince mil yonkis hubo aquel día en la grada. Porque aquello no era ni fidelidad, ni afición, ni sevillismo, ni nada. Eso se llama adicción a sustancias perniciosas e imposibilidad de saber tomar las riendas de un destino congruente.

La 98/99 tenía visos de ser un calco de la anterior. De la primera vuelta sólo es mencionable el impresionante pase que le metió el griego a Ivan Juric (joder. Y este tío era uno de los ídolos de entonces. Dios mío de mi vida, ¿pero cómo pudimos llegar a los cien años?) contra el Albacete, en el último minuto, remontando un 0-1 adverso con diez jugadores casi una hora por expulsión de Nando (vaya otro). A principios de abril empatamos a dos en casa contra el Toledo, claro candidato al ascenso, el domingo de resurrección a las 12 del mediodía. Menos de veinte mil desquiciados en la grada pidiendo la cabeza de jugadores, entrenador y directiva. La semana siguiente ganamos en Éibar, con uno de Tsartas, que enganchó una volea desde Iparralde y la metió en el único hueco disponible en la portería; otro de Olivera, y uno de los goles más ridículos y con más suspense que he visto meter al Sevilla antes del de Germán Hornos a la Real en 2004, a cargo, cómo no, de Igor Gluscevic, que casi consiguió poner un remate a un metro escaso de la línea de gol por encima del larguero. Siguiente jornada, matinal de preferia contra el Sporting, ganamos sufriendo como perras, con Tsartas abriendo el marcador. El sábado de feria íbamos a Gran Canaria, contra Las Palmas, rival directo por el ascenso. No ganamos de milagro, empate a dos. Próximo sábado, de nuevo sufriendo, se le gana al todopoderoso Mallorca B de Diego Tristán, Luque y Leo Franco. Otro sábado, en el Cerro del Espino, ganamos en el feudo del que sería subcampeón de la categoría, el Atlético de Madrid B. Siguiente jornada, goleamos al Rayo en cuarenta minutos; vamos a Logroño y Tsartas, en la única ocasión que tiene en 90 minutos, lanza una falta magistral que vale los tres puntos en litigio. Tocaba jugar en casa contra el Lérida y don Manué, el sevillista furibundo que tuvo secuestradas a las criaturitas tantos años, al que todos tenían calado desde el 92, prima al equipo catalán y no pasamos del empate. La semana siguiente, ya en el mes de junio, perderíamos en Soria por culpa de Cañas y del actual director deportivo, que hicieron de las suyas. Casi tres meses sin perder. ¿Piensa el lector que he tenido que buscar datos para poner en pie aquella remontada? Ni de coña. Yo estaba que me subía por las paredes, esta puta mierda de equipo nunca ha sido de rachas por su costumbre de acojonarse fuera de casa en una Condomina de la vida, aquella serie de encuentros invicto fue de lo más grande que había visto nunca.

Quedaban dos partidos, Compostela en casa y Málaga, ya ascendido, fuera. En el primero, nuestro amigo Basilio mete uno de esos golazos que me llevaría a una isla desierta. En el segundo, nos da la victoria de penalty. Tocaba jugar la promoción contra el Villarreal, que nos había eliminado esa temporada de la Copa y que aún recordábamos por el partidito del año anterior. Tuve que currar en un bar el día de la ida y me sudó la polla la cara del jefe al verme llegar con el walkman puesto. Tras un bloque de publicidad, oigo un sonido largo y monocorde que creí era una interferencia. A punto de cambiar de dial, el border line de Araujo termina de gritar el que era el primero de los dos goles que haría Tsartas aquella tarde. Volví a llorar desconsoladamente apoyado en una farola, pues ya me habían echado del tugurio donde ahogaba mis penas, al rememorar la vuelta, con campo lleno, afición entregada celebrando el ascenso, hecho incólume del que hacían dos semanas justas. Cuando quedaban pocos minutos para acabar el partido, me dije, con suma tranquilidad, “bueno, pues ya estamos en Primera”. Hasta me desilusioné un poco; ¿tanto jaleo para esto? Pero entonces me volví y vi a tíos como castillos, buenos amigos que se habían tragado conmigo aquellos años, callados, con media sonrisa y los ojos arrasados en lágrimas y, claro, me vine abajo uniéndome a la lamentable serie de abrazos, besos, gritos y mamarrachadas a las que somos tan dados los africanos. Al fin, en dieciocho putos años, celebraba algo con mi gente.

Tsartas había sido la bandera y alma de aquel equipo. Por su calidad incuestionable, mereció mejor suerte, haber llegado en otra época. Pero en fin, no se puede tener todo. Llegando a mi barrio, elucubré al fin sobre quién había sido Tsartas aquella ominosa noche. ¿Yo, que acudí a la llamada de una imbécil que no sabía autocontrolarse para verme mezclado en una anécdota tan bochornosa? ¿Ella, que había querido festejar su cumpleaños con un ser abyecto, que a pesar de darlo todo y llevar, a priori, buenas cualidades, vio su rendimiento humillado por un patán insensible y brutal? ¿La compresa, que era la única de fiar y que no tuvo culpa de que no supieran usarla, al verse rodeada de tanto mastuerzo? Al parar en el kiosko del señor Joaquín, ya abierto a aquellas horas de la mañana, dejé las cábalas, le compré el ABC y tabaco, que ya flaqueaba el paquete que adquirí en el bar, y me entregué a la lectura de los nuevos fichajes para nuestro retorno a la élite. Zalayeta y Juanjo Valencia, atados. Vaya equipazo. Este año, con un poco de suerte, volvemos a Europa.

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25 comentarios

Archivado bajo Pajas y mamadas

25 Respuestas a “Cubatas, golfas, griegos y compresas

  1. Alameda

    jajjaajajajjaajajajajajajajajjajajaajja

    increible tio, que cosa más grande

  2. “yo hice un Caparrós el día del Panathinaikos. De perdidos al río, saqué a Darío Silva, Baptista, Adriano, Makukula, Aranda y Antoñito”

    EPICO

    Ahora con tanto baile de nombres que hay en esta entrada (Glucevic, Paco Peña, Cañas,….) que no hayáis tenido una breve mención siquiera al compadre de Tsartas clama al cielo…

    A eso y a su cántico.

  3. Lucius

    PLAS, PLAS, PLAS.

  4. kanoutefans

    Te ha faltao el gran Dominique Casagrande, jajajaja que grande!!! Solo se le recuerda por cogerse lo que quiso a la morena del CANAL 47, Eva nosequemas. Paco Peña,jajajaja, tiene to la pinta de que ha montao una tienda de ultramarino y fruteria en Jerez. AL FINAL TODO TAMBIEN ES SEVILLISMO

  5. Camilo Sexto

    Hay tres detalles que cumple todo sevillista:
    -Todo el mundo estuvo en Oviedo.
    -Todo el mundo, al enterarse del descenso administrativo del 95 fue al estadio.
    -Todo el mundo se ha peleado con amigos por defender a Dani Alves en sus primeros meses, que según cuentan (otro mito) debió salir escoltado en cada partido de lo que le pitaba la siempre malísima afición sevillista.

    Comparto la frase final, la diferencia es que yo apostaba que quedaríamos cuartos. Ese año da para muchas historias, incluso con Juanjo Valencia, en un Sevilla 0-0 Málaga que no se le ocurrió otra cosa que al recibir un balón, esperar la presión del delantero, y milésimas antes de que le entrase, hacer un recorte que dejó a todo el estadio al borde de un infarto. Se escucharon hasta los suspiros después del susto que nos dio.

  6. SikanderDravot

    Los post de Hated tienen un problema: una vez pasada la introducción basada en su anecdotario personal, por la que hay que sacarle a hombros por la Puerta del Príncipe, el resto carece de importancia, aunque sea alabar al mito griego, mi segunda referencia como sevillista después de otro zurdo inmortal como Súker.

    El cabrón nos ascendió a primera en el 99, aún recuerdo aquel partido de domingo de Ramos a las 12 contra el Toledo, que empatamos a 2 y fue el comienzo de una racha de partidos ganados hasta la derrota en Soria. Toda la primera vuelta escondido hasta que ese día decidió sacarse la polla y empezar a ganar partidos él solo por su santa madre a base de zurdazos.

    Como Luis Fabiano, jugaba cuando quería. Aún recuerdo el partido del Español, ya descendido (el único en mi vida que he vivido en Gol Norte), con el estadio a reventar, y el tío dándolo todo como si el equipo se jugase ganar la Liga.

    Yo de Tsartas no me puedo quedar con sus intermitencias, con los momentos en los que se escondía. Tengo tan buen recuerdo de él que para mí sólo quedan sus jugadas de mago, sus pases entre los defensas, sus faltas inverosímiles (aún recuerdo la que les marcó al Madrid o al Zaragoza en su último año a quí) y la cantidad de goles que dejó el cabrón. Para mí, a pesar de todo lo que le rodeó, el peor Sevilla de todos los tiempos, tendrá un sitio en nuestra historia entre los más grandes

    • Si me hubiese tocado a mí hacer este artículo, sería mucho más melancólico, casi a la altura del de Luisfa. El croata, por aquello de la edad, más o menos, pero con el griego sí que chorreaba un servidor. Imitándolo a la hora de lanzar las faltas, los gestos y esas mariconadas. De mis primeros ídolos futbolísticos, y luego no es que hayan venido muchos más, precisamente. Por mucho que lo ganáramos todo.

    • Hombre, esto, en rigor, es una anécdota entera. Lo que pasa es que la trayectoria de Tsartas forma parte de ella.

      • Axel Lawaree

        Tiene usted algún blog personal de anecdotas como ésta en la que lo podamos seguir? El despolle de proporciones bíblicas estaría garantizado. Desde aquí le animamos a crearlo o a que se prodigue más en este. De aquí un autentico fan.

        PS: Incluso lo invitaríamos a una café en el bar ese de luces que hay en la carretera saliendo del pueblo.

      • No, yo sólo me debo a PEX, compañero Axel Lawaree. Me hicieron un contrato de exclusividad.

  7. SikanderDravot

    Perdón, el partido del Toledo fue Domingo de Resurrección con sus muertos, que se me ha ido

    • Camilo Sexto

      Claro. El Domingo de Ramos jugamos (por decir algo) en Albacete, donde hicimos un ridículo histórico. Por eso fue tan poca gente al partido contra el Toledo. Estaba todo el mundo muy mosqueado, con jugadores que pasaban un kilo de todo y Quevedo expulsado cada dos por tres.

      • SikanderDravot

        Hostia, Quevedo, al que luego Marcos reubicó como central junto a Hibic y Marchena.

        El día del Albacete fue un desastre. Creo que perdimos 2-1 haciendo un fútbol horrible. El día del Toledo fue cuando a Juan Carlos se le encendió el pilotito de “gol=balón entre los tres palos”

  8. Parker

    Además de todo lo que se cuenta en esta maravillosa entrada, quiero destacar la transformación que tuvo el Tsartas persona.

    En la época de Camacho era el paradigma del jugador que pasaba de todo. Tras el imfamous 2-3 con la Real, Salva Ballesta declaró: “no hay nadie más jodido que los jugadores después de esta derrota… bueno, no sé si esto lo pensarán todos…. como Tsartas, por ejemplo”.

    La única aparición con Bilardo fue en ese intento de maximum trolling a modo de cuarto cambio frente al Tenerife.

    Pero después de la llegada de Yulian Blonde, todo cambió. Y más todavía con la llegada de Marcos Alonso, sin duda, el entrenador que mejor supo entenderlo. Le dio el brazalete de capitán y le convirtió en un líder.

    En sus declaraciones hacía gala de un perfecto conocimiento de la, por entonces, alarmante situación institucional del club. Todo ello en un perfecto castellano y haciendo gala de una capacidad de expresión que más quisieran muchos de nuestros canteranos.

    Coincido en que, en otro Sevilla, Basilio hubiera llegado al olimpo de los más grandes de nuestra historia. Fijaos lo bueno que era que sigue siendo recordado con cariño pese a tener en su palmarés dos descensos, un 7º puesto en segunda y una eliminación copera a manos del Island Cristine.

  9. Inasequible al desaliento

    Honere a ese Julio del 99.

  10. Bz

    Me acuerdo cuando Don Domingo “¡LOS DE COLORADO SON LOS NUESTROS!” Pérez lo trajo a no se qué chorrada de fiesta que montamos en nuestro bloque de pisos en verano, la foto que me hice con él la guardo casi como reliquia.

    Era algo soseras pero un jugador del carajo, no se han vuelto a tirar las faltas tan bien en todos los años venideros, por mucho luisfa y alves y tantos que hayan pasao por aquí. Maestro. Mágico.

  11. Vassilis Tsartas, ah

    Yo estuve en el Cerro del Espino. Cero a uno con gol de Gabi Moya con la cara. La plantilla se volvió a Sevilla en autobús, Tsartas se fue dios sabe donde en un deportivos con unos amigos como el amante turco de Ana Belén en la pasión idem. Me dio tiempo a sacarme una foto con él. Lo gracioso es que, en plan Jarni, estuvo a punto de ficharlo el Madrid antes de que se volviera al AEK (y a jugar bastante bien, por cierto).

    He dado con esto pinchando y pinchando a raíz del enlace de Marinakis que ha puesto uno por ahí. No digo nada.
    http://www.elmundo.es/elmundo/2010/11/10/andalucia_sevilla/1289387538.html

    • ¿RBBE dep? Por favor, no juegue con nuestras ilusiones, la RBBE es (por si no hay suficientes pruebas) nuestro único modelo a seguir en cuanto a blogosfera futbolera que nosotros, dentro de nuestras evidentes limitaciones, intentamos seguir. Y no, no es coña. Si es usted realmente uno de ellos, manifiéstese.

      • Soy RBBE REDACCIÓN EL PARDO (dep también) hijo mío, y digo hijo mío con ese tono gangoso de voz del padre que orgulloso observa el Kandisnky lefal en la espalda de su retoño tras un irrefrenable alivio. Me hace mucha ilusión haber entrado aquí y ver todo este chiringuito. Seguid así, no hay bitácora de esta clase que dos décadas de alcoholismo y otras tantas de diván no curen. Ahí tenéis mi correo, el mismo de la RBBE, por si un finde decidís tajaros en Beograd.

      • Coño, pues un honor recibir a tan ilustre visitante. Como a todos, le recomendamos que se ponga cómodo y le anunciamos que en este agujero tiene su casa, pero claro, en este caso estas palabras las decimos con mucho más énfasis (apretando fuerte el teclado), por los motivos ya expuestos por el corresponsal de Santiponce.

  12. Anónimo

    Contra el Albacete perdimos 3-1.

    Vídeo que refleja perfectamente lo que era Tsartas, en un partido de Champions contra el Madrid.

  13. Camilo Sexto

    Contra el Albacete perdimos 3-1

    Vídeo que resume perfectamente lo que era Tsartas, en un partido de Champions contra el Madrid.

  14. Lucius

    Señor bloguero de Santiponce, aprenda usted de un profesional:

    Lógicamente no da para tan instructivas anécdotas, pero estoy seguro de que tampoco le importa demasiado.

  15. Para complementar lo que contaban antes acerca de la diferencia de rendimiento de una temporada a otra, con motivo de la semana de la afición que hubo el año pasado en la que vino Tsartas hubo un chat de estos online con él y le preguntamos por qué creía que Marinakis no triunfó en el Sevilla (defecto profesional).

    Tsartas contó que cuando llegó su madre cayó enferma y estaba bastante descentrado por este motivo, de ahí su precipitada salida a su hogar de nuevo y acto seguido comentó que a él le pasó algo parecido, ya que su rendimiento fue chungo durante la primera temporada porque nació su primera hija y que ésta no le dejaba dormir por las noches y estaba siempre muy cansado…

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