Él

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE A esta casa, la música, le toca los cojones. Dentro de ese sentir general hay diferentes criterios entre sus miembros; personalmente no la odio, como sí hacen algunos compañeros. Sólo me causa indiferencia. Puedo estar meses sin escuchar una nota musical, nunca he comprado un disco y habré descargado cuatro canciones en mi vida; apenas le he sacado partido al religioso pago de los miles de euros que llevaré abonados en concepto de canon digital. No entiendo qué se hace con ella. Es decir, pongo un disco, empiezo a escuchar canciones y entonces, ¿qué? ¿Me quedo quieto escuchando? ¿Me pongo a hacer cualquier otra cosa, al final paso de la música o ésta me distrae, para no hacer bien ni un menester ni el otro? No le veo el fondo, me parece aburrido; inquietante y sospechosamente pasivo. Mi viejo no pensaba igual y a mediados de los 80 se compró un pedazo de equipo que le costó, más o menos, lo que hoy un abono para menor de edad detrás de la portería. Una señora pasta. Desdeñó un nuevo sistema que le ofrecía el vendedor, que incrementaba el precio en unos dos mil duros más, del que decían sería el soporte del futuro. Un tal “compact disc”. Optó por lo conocido, el vinilo de toda la vida. También se inclinó por el sistema Beta para el vídeo, de más calidad que el VHS y además las cintas eran más pequeñas, se ahorraba espacio. Al ser una persona seria, cuando en febrero del 86 Salvat sacó su colección “Musicalia”, habló con el señor Joaquín, el kioskero, y la adquirió enterita. La verdad es que los fascículos estaban muy bien. No eran los archivos completos de la Deutsche Grammophon, pero tampoco era “Clásicos Populares”; ni “La vuelta al mundo en 80 dedales”; por entonces Salvat se respetaba a sí misma y al cliente lo consideraba un ser pensante. Me tragué los cien discos. Era el 86, en junio se jugó un Mundial con un campeón decente, que le daba emoción a los partidos ganando con la mano o con finales de cinco goles, había 10 tuercebotas deseosos de hacer olvidar lo de las Malvinas, su capitán era el Dios del fútbol y el seleccionador estaba loco. No aburrían con tristes 1-0 para después alardear de buen juego. Lo primero, ganar. Para jugar bien y cagarla ya estaban los brasileños o Las Palmas de Sergio Kresic. Y como los partidos se jugaban a una hora lógica en el país anfitrión, que entonces los horarios se fijaban por el bien del espectáculo y no por el de Mediapro, algo había que hacer después de cenar hasta que empezara el partido de cada madrugada, por lo que el viejo y yo nos entregábamos a la molicie y a la melomanía. Gran verano aquel, mi estío pre-Educación General Básica. De aquellas veladas me quedaron claras una serie de verdades durante mucho tiempo inamovibles. Verdi y Wagner eran los amos, los números uno sin discusión. Será que el nacionalismo centrípeto crea genios musicales; del centrífugo no puedo decir lo mismo. El primero era italiano, ya con eso me tenía medio ganado. Italiano serio, no como Puccini, que era un poquito histriónico; hasta un iletrado de cinco años se da cuenta. Nabucco, La Traviata o Aida, con mi léxico de entonces, las categoricé en el olimpo del “mucha tela”. Aparte, el del vídeo comunitario del barrio, que se cagaba en el gordo de Megaupload, emitía con asiduidad “Novecento”, película que, como ustedes saben, empieza con un tarado gritando por las calles de un pueblo que Verdi ha muerto. Aquello me ponía aún más. Si Verdi me gustaba, lo de Ricardo Wagner alcanzaba el paroxismo. La épica hecha música. Yo era muy fan del Guerrero del Antifaz; Wagner, el autor que mejor le cuadraba a mi héroe. El Toni Polster de la música, machacando de principio a fin. Y que fue un tío que se vestía por los pies. Consciente de pertenecer a una cultura bárbara, iletrada, inferior y septentrional, sin la insondable riqueza de la civilización grecorromana, no se arredraba y adaptaba como libreto leyendas y relatos nórdicos. Cada uno a lo suyo, nada de situar la acción en la ciudad más importante de la edad moderna, como Mozart, Rossini, Bizet, o Beethoven en su única ópera, que se fijaron, como personas cultas que eran, en Sevilla para escenario de sus obras. Wagner era el más grande; por tanto, Brahms me parecía un homosexual deicida, como toda su sucia estirpe, que no merece mayor comentario. Ah, si el mundo le hubiera hecho caso al genio de Leipzig; nos habríamos ahorrado a Brahms, sus mierdas húngaras, y el autoplagio anual de Woody Allen. Beethoven no estaba mal, pero muy llorón. Que si soy sordo, que si el mundo es una cloaca y Napoleon una mamona. Jódete; lo que yo daría por ser sordo y no tener que oír tantas gilipolleces. Bach es barroco. Odio el barroco. Ya vivo en la única ciudad del mundo que se quedó en el siglo XVII en todo lo que respecta a arte. Hasta la polla del barroco. Y Mozart, muy bueno, excepcional, pero a fin de cuentas, un mariconazo de tomo y lomo. Porque sí, porque un señor que compone estupideces sobre flautas mágicas, hombres pájaro y reinas de la noche, no es de fiar. A quién puede interesarle una pequeña serenata nocturna cuando tiene al alcance de la mano dramones como Tristán e Isolda u oberturas como la de Tannhäuser. Yo era sevillista ya entonces, más aún, conocedor de lo que eso implicaba; quería patetismo, tragedia, odio, violencia, muerte; no vacuas composiciones ilustradas que te engañan como a un chino. ¿Que el hombre en esencia es bueno, el advenimiento de la razón, la mayoría de edad del ser humano? Venga ya, cuéntame otra, Wolfgang. Muera la inteligencia. Vivan las cadenas. Reconocía su extraordinaria calidad, cómo no, y eso me ponía más en contra suya. Un tipo con ese talento lo desperdiciaba en las execrables ideas que malditos franceses maquinaban. Su Requiem me gustaba, pero comparen su Dies irae con el de Verdi. No hay color. Como una disputa en el área entre Federico Fazio y Vinnie Jones.

Claro que, el tiempo pasa, uno se hace mayor (aquí nos la sudará la música, pero amamos las tautologías), lee libros, y un buen día adquiere uno de estética. Estética la disciplina filosófica, no en lo que ha venido a llamarse el oficio de barbero. Tratados de ese jaez le dejan a uno hecho polvo, con el ego por los suelos. ¿Recuerdan el último partido del año 2000, que si lo ganábamos el Sevilla acabaría el año como líder de Segunda y costó Dios y ayuda empatarle al Universidad de Las Palmas el 0-2 con que se adelantaron al principio de la segunda mitad? La cura de humildad de que provee la lectura de una de esas obras es muy aproximada a la de aquel día. También es el mejor antídoto al burdo silogismo “pues a mí me gusta y para mí es arte”. Y lo peor de todo, te pone a la altura del betún razonando, con papeles de por medio. De lo poco que me quedó claro de aquellas lecturas es que los artificios que usa cualquier autor para provocar una emoción son bazofia, porquería que se mete para llevar de la mano a un público al que no se tiene respeto y del que se sabe su condición de mastuerzo. Este simple axioma es como una purga en el vestuario del Real Madrid en busca de un varón poderosa y netamente heterosexual: apenas deja títere con cabeza. Aunque la película sea deleznable, en “Amadeus”, el Salieri, el malo de la cara picaíta de viruela que después recibe su merecido en Bolivia cuando lo ahorca el señor Sosa en un helicóptero por chivato y por cabrón, le dice a Mozart, ante el fracaso de una de sus óperas, algo así como que debió haberle dado al público un “CHUNDA” final para que al menos supiera cuando aplaudir. Que pedía mucho de ellos, en realidad ninguno tenía ni la más remota idea de música y había que darles la astracanada de siempre para que siguieran parándolo por la calle, tirándole besos y llamándole artista. Qué sabrá sobre ópera un herrero, un funcionario, un marqués o un niñato de cinco años que escucha los discos como el que oye llover. Eso les pasa a todos los genios, a los que proponen algo diferente y encima, cometen el error de estimar al público. Mozart habría compuesto sobre hombres pájaro, etcétera, pero lo hizo porque estaba tieso como la mojama, un actor igual de acabado que él le propuso una tontería para sacar dinero y te hace el tío “La flauta mágica”. Como quien no quiere la cosa. Genio. Y como todos los que en el mundo han tenido esa cualidad, lo hizo sin golpes de pecho, sin chunda final, sin besarse tatuajes, sin quitarse la camiseta al celebrar el gol. Llegando de puntillas, siendo al principio ninguneado por la grada, apodado “Luisfallano”, marrando penalties en Balaídos, dejado de lado por un argentino cedido cuya mayor virtud era reventarle la cara a los porteros rivales a balonazos. Pero un tío tocado por la divinidad sabe lo que vale; sabe, y declara, que él está para aparecer en el momento justo. Vaya si apareció en ese instante; en el que han de salir los hombres que marcan la diferencia, que te dan la gloria con una anticipación, con un salto, con el giro de cuello que te lleva adonde nadie, en cien años de historia, te había llevado nunca; donde ni el más recalcitrante esperó llegar. Hay fotos en las que se puede ver a Martí casi llorando, o sin el casi, corriendo detrás de él para celebrar aquel gol único en la historia. Él está feliz, tranquilo, sonriente, como un niño que marca en la plaza de su barrio. Sin darle importancia, sin demagogia, sin besos al escudo. Sabía quién era, sabía que del mismo modo que mete el gol que borra de un plumazo 58 años de mediocridad, de tedio, de vergüenza, de esperpentos, podía anotar de tacón en Valencia en un momento muy delicado para él y para el equipo y darnos la victoria en un estadio dificilísimo. Sospecho que le daba igual una cosa que otra. Le daba igual marcar en Eindhoven que en el Nuevo Colombino, con una vaselina perfecta, en una tarde anodina de febrero; o en Getafe, donde metió un gol sólo al alcance de los más grandes de este deporte. Y lento. Lentito. Poquito a poco, como gustan aquí abajo las cosas, sin aspavientos. Vean el gol. Parece que los defensas van a más velocidad mientras él controla, toca, flota, la mata, la suspende, la acaricia. Consciente de que no hay prisa, de que ahí no falla; pero ya que estamos, hagámoslo bonito, que yo sé hacerlo así y mejor. Vamos a hacerlo bien, con tranquilidad, con suavidad, poniéndole corazón, que es muy grande lo que tenemos detrás para terminar las cosas de cualquier manera. ¿Qué interés tiene un zambombazo, reventar la red, si se puede hacer otra cosa más pausada, con más cariño? ¿A qué tanta prisa, tanta vehemencia, con lo lindo que puede llegar a ser esto? Genios como el de Campinas ya van quedando pocos, si es que queda alguno. Normal, puede que hasta sea lo mejor. No se le puede dar el Quijote a un tío que es incapaz de leer más de 140 caracteres seguidos; no se le puede dar “Don Giovanni” a alguien acostumbrado a escuchar cuatro minutos de música elaborada con dos acordes. Para alguien así sólo cuenta la inmediatez, el éxito rápido, los fuegos artificiales, la celebración final que no significa nada sin una travesía del desierto previa, sin una elaboración, sin un trabajo. Esperan el gesto vacuo, el tremendismo, el disparo desde cuarenta metros para abrir el telediario, el exhibicionismo, la apoteosis final a bombo y platillo que deje claro el cenit. Lo nuestro es la pausa, la serenidad, la calma, el saber hacer las cosas a su debido tiempo, dibujando cada gesto en el aire, dándole su sitio al contrario, que aunque sea más rápido o más fuerte, no hace falta darse prisa, con temple; sabedor de que quien para, manda. Hoy triunfa el más fuerte, el que más corre, el más rápido, el que toma más anabolizantes. Han convertido algo hermoso en simple pornografía. El toque sutil, el elevar el balón como si éste fuera de espuma ante la salida del portero, y elevarse uno mismo como si volara salvando la entrada, es ya algo de otra época. Ahí están sus obras maestras, cómo la pone por encima sin mirar siquiera a portería en su gol al Villarreal en la 05/06; cómo controla con la rodilla, le cambia el rumbo a la trayectoria de la pelota antes de que toque el suelo y la vuelve a tocar cruzándola, como el que juega en la playa, sin que ningún picapedrero de los que le encimaban en su gol a Osasuna en las semifinales de UEFA pueda siquiera olerla, pero regalándoles entrar en la historia gracias a que podrán contar que una vez los burreó Luis Fabiano, que una vez fueron testigos privilegiados de un monumento al fútbol. O la sinfonía que compusieron entre Alves y él en el primero que se llevó el Zaragoza en 2008 de cinco que le caerían. No hay nada trágico ni patético, no es un esfuerzo supremo que mueva bajas pasiones lo que nos obsequió con esas jugadas. Son en apariencia sencillas, simples como un juego de niños, como un cuarteto para cuerda y oboe, gozoso, armónico, pero que encierra una complejidad absoluta que sólo el genio hace parecer fácil. Ya no hay futbolistas así; puede que no los merezcamos. No merecemos poetas, sólo deportistas.

Hace un tiempo, en un comentario, se nos pedía actualizar la imagen de cabecera de la bitácora porque se había quedado anticuada, porque ya sólo quedan dos de los que aparecen. Claro. También puede el Papa encalar la Capilla Sixtina y colocar un proyector como el que se puso esta Navidad en el ayuntamiento. Que queda más rollo 2.0 y nos ahorramos las restauraciones. Un mito no se toca, un señor que te ha hecho tan feliz no se olvida, a un genio se le honra.

P.S.; Me dijo un compañero de esta santa casa un día, en el mejor símil que jamás me han expuesto con un lote mediante, que Luis Fabiano era otra cosa, ni mejor ni peor que nadie; diferente. Como Curro Romero, que igual le coge asco ya en el paseíllo a una corrida de Domingo de Resurrección en la Maestranza con toros escogiditos de Torrestrella, y después, en La Algaba, con morlacos de Cebada Gago, se lía la manta a la cabeza y te forma el taco. Ya ven. Hay gente que es capaz de jugar al fútbol, o de calificar a un jugador, con una pincelada que lo dice todo. Otros tenemos que escribir estos tochazos inconexos, dando mil vueltas para intentar decir lo mismo. Que Luis Fabiano Clemente es una de esas personas que nacen cada mucho tiempo y que debemos dar eternamente las gracias por haberlo podido disfrutar.

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26 comentarios

Archivado bajo Pajas y mamadas

26 Respuestas a “Él

  1. Y seguro que D10S habra salido pitado mas veces que Chevanton. Si es que tenemos lo que nos merecemos

  2. Saludos.

    Me rindo.

    Me he puesto de pie para aplaudir. Mi mujer me pregunta:

    -¿Qué haces, idiota?

    -Acabo le leer una sinfonía de PEX sublime -contesto, lágrimas en los ojos.

    -¡Ah! -responde- Pásamela antes de que la SOPA y la SINDE nos la jodan.

    Y ambos nos hemos abrazao de emoción.

    Gracias por contribuir a las interrelaciones matrimoniales en el mejor sentido.

    Cuidaros.

  3. Aixa, madre de Boabdil, le dijo tras la caída de Granada: “Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre”.

    Nosotros somos Boabdil, y Luis Fabiano la ciudad de la Alhambra.

    Voy por clínex.

  4. andreisfc

    Grandísimo, una vez mas. Lo único que me sobra es la postdata. Las referencias taurinófilas no van conmigo y menos para asociar el nombre de D10S al de la criaturita mojonera esa.
    O Fabuloso es un genio, y los genios no se discuten, se aman o se odian. En Nervión se le ha pitado y se le ha adorado, como le pasó a Suker, otro genio, y quizás el futbolista de nuestra Historia con el que más parecidos guarda. Con la gran diferencia de que el croata no remataba de cabeza ni una pelota de playa de Nivea.
    Para mi, el gol más increible, el que le coló al Arsenal. Un cabezazo imposible.
    Kanouté- Luis Fabiano arriba..No daba paz ni ná el oir la alineación y saber que estos dos jugaban juntos..

  5. bmwrojo

    Nada mas ver la camiseta de la foto, se me han saltado las lagrimas. El mejor delantero centro que he visto en mucho tiempo, y he visto muchos. Yo vi jugar a Pepillo y a Luis Fabiano.
    Gracias por el comentario

  6. pakokoSFC1905

    Siempre nos quedará Eindhoven.

  7. Camilo Sexto

    Cuando se juntan Luis Fabiano y Santiponce, sólo puede salir una obra de arte.

    Qué maravilla. Talento en estado puro, con el balón y con el teclado.

  8. Nunca me cayó bien Luis Fabiano. Era bueno, si, pero nunca me ganó el corazón como lo hicieron Polster, Suker, Tsartas o Kanouté. No se por qué, quizás porque en una época de sobreinformación, cada vez que decía que se quería ir lo leía en 50 sitios (Suker hacía lo mismo, pero solo lo leía en el suplemento deportivo del ABC si eso) y me tocaba las pelotas. Quizás porque cuando lo fiche pal comunio no rindió lo que esperaba y cuando lo vendía se hinchaba a meter goles… No se pro qué es, pero nunca me cayó bien Luis Fabiano. Eso si, ha formado parte de la mejor dupla de delanteros de nuestra historia

  9. Annekje

    Inesperado paralelismo. Enhorabuena!!

  10. Ignatus

    Decía Ernest Hemingway en su obra “Muerte en la tarde”:
    “El arte, el método, los perfeccionamientos, los descubrimientos permanecen; pero el hombre que con su acción los hizo posibles, su original, se pierde y, hasta que aparece otro individuo tan grande como él, el arte se deforma, se estira, se encoge, se debilita, y deja de ser arte…
    El individuo, el gran artista, cuando aparece, emplea todo lo que han descubierto los otros o lo que se ha llegado a saber en los dominios de su arte hasta ese momento, y es capaz de aceptarlo o rechazarlo en un lapso de tiempo tan corto que da la impresión de que su conocimiento ha nacido con él, cuando lo que hace es tomar instantáneamente lo que un hombre ordinario necesitaría toda una vida para aprender… El gran artista va entonces más allá de lo que se ha hecho o conocido hasta ese momento y hace algo propio, particular y único. Crea su estilo.”
    Para mi esta podría ser la perfecta definición de genio, o de artista en toda su dimensión y con todas sus consecuencias. Al igual que Juan Belmonte o el ya nombrado Curro Romero (lo siento Andreisfc, pero por muy poco que te gusten los toros estos dos nombres lo son de auténticos artistas y genios), Camarón de la isla, Mozart, Cervantes, Freddie Mercury, Dickens, Maradona, Miguel Ángel o el mismísimo Velazquez, por poner solo algunos ejemplos, el nombre de Luis Fabiano se merece un pequeño hueco al lado de tantísima personalidad. No quiero que la gente se confunda y considere que estoy intentando comparar o poner a la misma altura a LF con Cervantes, Miguel Ángel, Verdi o Maradona. No. Lo bueno que tienen los genios es que son incomparables, y que en esencia son únicos e irrepetibles. Pero si es cierto que tienen un fondo común, y es en la definición de Hemingway (este no era un genio, sino un gran escritor que trabajo y estudio a destajo toda su vida para serlo) de más arriba donde podemos verlo claramente. El genio es aquel que hace de lo extraordinario algo ordinario con una facilidad y naturalidad que parece que asi lo llevara haciendo toda su vida. Y, generalmente, no nos damos cuenta de su genialidad hasta que desaparece o deja de serlo, por la sencilla razón de que tomamos lo que hace como algo normal y ordinario, cuando de ninguna manera lo es. Aunque también es cierto que hay personas que se dan cuenta de estas cualidades humanas con solo dar un vistazo a una de las acciones del tipo en cuestión. PEX Santiponce ya me recordó en alguna que otra ocasión cuando LF celebraba alguno de sus goles “Este tío esta loco…”, para después añadir “pero es un puto genio…”.

  11. Sólo decir que tamaña mariconada no se volverá a repetir. Hubo disensiones y conatos de navajazos entre las posturas encontradas en el seno de PEX sobre si publicar o no este homenaje, más que a Luis Fabiano, a Pedro Zerolo y a los de su cuerda. Pero por O’Fabuloso merecía la pena ponernos moñas por primera y, esperemos, última vez.

    • Saludos.

      ¿Cómo? ¿Que no van a editar mas “mariconadas” como ésta? ¿Están de coña?

      Con todo el dolor de mi corazones… causaré baja en aplicación de la nueva Reforma Emocional.

      Bye.

      Uno que fue.

    • yovielgoldemosquera

      Pues sería una pena que no se volviera a dar. Es un texto en condiciones, de esos con los que uno intenta dar cuando está sensible, pero que no salen. Bien visto tiene hasta un mensaje de salvaguarda de lo estético importante, despreciando los hábitos actuales de lo superfluo.
      Quitaba el Micho 1 (el 2 no, que queramos o no, ése ya lo petaba) y enseñaba a leer a los niños con cosas así.

  12. Biri-biri

    Lo de “…cuéntame otra, Wolfgang” me lo apunto para título por si algún día me da por escribir un libro (dios no lo quiera, por el bien de la humanidad). Estupendo artículo, pex santiponce.

  13. Parker

    Recuerdo el partido contra el Bolton en la UC 2006. El genio de los banquillos puso un equipo plagado de suplentes: Los canteranos Pablo Ruiz, David Prieto, Crespo y Kepa, el capitán Pablo Alfaro (último partido con el club) y… Luis Fabiano. En la primera parte, Luis, Se marcó una jugada prodigiosa, con sombrero, control imposible y remate a la base del palo, todo a una velocidad vertiginosa. LF miraba al cielo buscando consuelo ante tanto infortunio.

    En ese momento me ganó, me dije, “te esperaré el tiempo que haga falta”. Mi fe en él se vio recompensada con creces.

  14. Al leer lo de “Él” por cierto, creía que se refería a Diego y que la entrada se titulaba así en honor a la canción más famosa de su ex Lucía (http://www.youtube.com/watch?v=XGSwPdrcXC4), lástima que no fuera así…

    Por cierto no veas como se lo toma la peña, digo que Luis Fabiano no me cae bien (no que sea mal jugador, que lo viera malo, no, hablaba de ÉL como personaje público) y ¡pon! votos negativacos. La próxima vez habrá que decir que es una estupenda persona pero aun mejor amigo, que colabora activamente con las misiones humanitarias de niños de Malawi donde cava zanjas para transportar agua con sus propias manos y que si tu le pides pa un bocadillo, ÉL te invita a una mariscada. Luisfa es así, un casho de pan…

  15. Suker, Tsartas y Luis Fabiano. Formas diferentes de disfrutar en diversas épocas de mi vida. Me quedaría con los dos últimos porque eran gente incomprendida y desde la primera vez que los vi sabía la genialidad que guardaban.
    Con Luis he tenido desde el principio una relación muy especial. No llegaba a entender la corriente negativa hacia su persona que existía entre el sevillismo y la admiración por el pequeño argentino. A mí desde el principio me tenía enamorado porque le vi cuatro detalles que hacía mucho tiempo que no veía en el Ramón Sánchez Pizjúan. Llegué a ver como habia personas que no celebraban sus goles. Luché y defendí desde siempre su figura y él me demostró que no estaba equivocado.
    Un auténtico artista al que venero. Gracias por esta increíble entrada.

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