Me río yo de Marlow río arriba por el Congo buscando a Kurtz

Antes de que empiecen a leer, debemos hacerles una advertencia muy seria. Lean este aviso antes de seguir adelante; se lo recomendamos por el bien de su salud mental, para que sus noches sigan siendo plácidas y no se vean inundadas de pesadillas. Este artículo versará sobre la parte más oscura del ser humano, acerca de seres que mejor sería para la raza humana que nunca hubieran existido, mas la Madre Naturaleza a veces tiene fallos monstruosos, bromas crueles. Nos adentraremos en los recovecos de la locura, la oligofrenia, la paranoia y otros inicuos fantasmas de la mente. Si son personas de sensibilidad a flor de piel, si se espantan ante la mera mención de los horrores de la genética, no sigan leyendo. A partir de aquí, se abre el abismo. 

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Empecemos al modo de los conferencistas de postín, relatando una bonita anécdota. Para el tema que vamos a tratar, mejor empezar poquito a poco. Unos preliminares, que diría la doctora Ochoa, a quien los hados confundan. Decíamos ayer que aquí, el que suscribe, es aficionado a darle al Pall Mall. No siempre fue así, claro, hubo una época en la que ni lo probaba, estaba en el instituto, a poco de entrar en la Universidad, jugaba al fútbol y claro, fumaba Chester. Tenía yo la costumbre de bajar al perro después de almorzar y pasarme por el kiosko del barrio a abastecerme de cigarrillos. Un día soleado de invierno, de esos a los que tan proclive es esta ciudad, benigna en cuanto a clima como pocas, cumpliendo con mis hábitos, me acerqué a comprarme un paquete de tabaco. Entro, doy las buenas tardes, pero hete aquí que el perro entra en la tienda y tengo que echarlo. Pido, y al momento oigo una voz que dice “Illo, ¿ese perro es tuyo?”. Soy de natural arisco y poco sociable, así que ni miré al cliente que, suponía, se dirigía a mí. Noto que me tocan en el hombro. Si el intercambiar banalidades con desconocidos me saca de quicio, el contacto físico innecesario con cualquiera me pone un velo de sangre ante los ojos. Me vuelvo, frunciendo los labios, inquiero, ¡¿QUÉ?!, y ahí estaba él. No alcanzaría el 1,60, tocado con una gorra de los Hornets de no sé dónde, los de las avispas esas celestes del baloncesto o algún deporte peor; bizco, pero no como Soldado, sino estrábico severo, que envidiaría la suerte de Genaro Gattuso para él; y con una camiseta del Real Betis Balompié como impedimenta de su tercio superior. Pensé, ojú, intelectual habemus. Me repite la pregunta. Respondo que sí, que el puto perro es mío. A lo que este muchacho, que entre sus dones debería contar también con el mal de Asperger, al no notar en absoluto mi mirada de desprecio ni mi entonación poco amistosa, repuso, “Po yo tengo un knishe q se kme a tu perro” (vano esfuerzo de intentar plasmar las menguadas luces y execrable sintaxis de mi indeseable interlocutor). Hasta los huevos de la situación, objeté: “Aaaaaaah. Pues tómate algo, mi arma”. Creo que no llegó a entender la chanza y siguió buscando aprobación a su comentario por parte del kioskero, contestándole éste que dejara de joder, que en realidad tenía un rottweiler. Lo vi todo claro. O sea, que el despojo social este me ha creído un igual, pensaba que entraría al trapo por el honor de mi perro, que me enzarzaría en un “y tú más” de los que tanto gustan por aquí, para al final haberme tenido que meter las bravatas por el culo. Un imbécil que ni sabe hablar, ni tiene educación, ni horizontes vitales, ni mierda en las tripas, encima con esa camiseta, había intentado tocarme los cojones. Pues eso, queridos amigos, es el paradigma del bético. Una broma de la genética, un chiste de Dios, que encima se te pone gracioso.

Tenemos constancia de que la mayoría de nuestros lectores son de la ciudad de Sevilla y no les contamos nada nuevo, pero por si hay foráneos entre nuestra dilecta parroquia a los que no les ha bastado el ejemplo anterior, apelaremos a su cinefilia, preguntaremos si han visto la obra maestra “Freaks”, de Tod Browning, y recuerden a la plétora de anormales que la protagonizaban. Sustráiganle a esas criaturas la ternura y la dignidad, y ya lo tienen. El 98% de béticos es tal que así. Porque los desquiciados, enanos, dementes y otros individuos de la película tenían plena consciencia de sus limitaciones, sabían que pertenecían a un mundo aparte y eran felices en él sin meterse con nadie. Pero el bético va más allá. Es un elemento que vive en un delirio permanente, de una mitomanía tal, que inventa un realidad paralela al considerar todo lo circundante, esto es, el mundo real, como intolerable. No los culpamos por ello, Dios nos libre, pero llegan a ser un poco cansinos en su empeño por ser equiparados como seres normales y, por ello, con la pretensión de que tomemos en cuenta sus absurdas disquisiciones llenas de embustes, bellaquerías, incoherencias, farfullos, tartamudeos, dudas y, con harta frecuencia, ventosidades.

Una vez caracterizado nuestro objeto de estudio y debate, debemos reconvenirles a no pensar que todo el monte es orégano. Recuerden que había un 2%, cifra aproximada pero plausible, de seres pensantes que profesan y admiten sin pudor aparente adhesión por las trece barras. Pero es un cifra tan escueta que lo dejaremos fuera de nuestro estudio. Dirigiéndonos de nuevo a nuestro ideal lector de fuera de la ciudad de Sevilla, pensamos importante señalarle una singularidad casi única en el mundo que acaece en esta, nuestra bella ciudad. A los tontopollas de verdiblanco no se les toma por el pito del sereno, no se les aparta en un rincón a que rumien sus fantasías y alucinaciones con un babero colgando del cuello, clorpromazina y otros neurolépticos en vena, aparte de un poco de levofloxacino para paliar el dolor de infecciones venéreas a las que también son proclives por no saber gobernarse según los criterios civilizados de la sociedad en que se insertan y ser poco tolerantes a la frustración. No señores. Aquí, ciudad solidaria como pocas, tanto que nos pasamos de la raya en según qué casos, y este es el más claro, los tratamos como a personas normales y corrientes. Más aún, desde la prensa se intenta dar trato igualitario tanto al mejor club de Andalucía, el que más títulos regionales tiene, el que más títulos nacionales, único poseedor de títulos continentales; con las cosas estas. Un ejemplo ilustrativo. En 2009, el Diario de Sevilla, que cumplía una década de existencia, hizo una exposición de sus portadas más significativas en los jardines del Cristina, enfrente de la Torre del Oro. En ese período, por ocioso que sea de recalcar, el Sevilla Fútbol Club había ganado dos Copas de la UEFA, una Supercopa de Europa, una Copa del Rey y una Supercopa de España, aparte de varias clasificaciones para la máxima competición continental, una Liga que peleó hasta la última jornada y otros éxitos. Los untermenschen de la Palmera habían ganado una Copa y se encontraban en el momento de la exposición en Segunda. ¿Cree usted, oh lector extranjero, español de bien, que el número de portadas que recogían las gestas del Sevilla era superior en número a las que mostraban las mamarrachadas de los otros, aunque sólo fuera por deferencia hacia el club de Nervión que con sus éxitos había contribuido a que multitud de periodistas de ese medio, que los cielos confunda, conocieran toda Europa de arriba abajo, cuando lo normal, si tenían que esperar a viajar con el Betis, es que lo más lejos que hubieran viajado en su vida fuera a Logroño? Nada más lejos de la realidad. Empataítos. Dos a dos. Una portada al Sevilla por lo de la primera UEFA, otra por la muerte de Antonio Puerta. Del resto, nada. Ellos, su Copa contra el Osasuna y, pásmense, no la del día siguiente a su victoria contra el Chelsea, hecho que fue glosado en la prensa local como la más alta cima del fútbol sevillano, sino la de la vez aquella que bajaron y a los pocos días salieron unos cuantos miles de subnormales a la calle a pedir no se sabe muy bien qué.

Como malos padres de locos o inadaptados, aquí se toma la táctica de “no le digas nada, shhh, que se enfada, tú síguele la corriente”. Mal hecho. La realidad es la que es. Puta, puede llegar a ser muy puta. Pero de nada sirve ignorarla, porque se llega a estos extremos. A que una de las mayores ciudades de España y, eso sin duda, la que más amor propio tiene al menos en lo relativo al fútbol, haya tenido que esperar más de un siglo a que su equipo tenga un campeonato continental, que sólo tengamos una Liga y en Dos Hermanas, otra. Aunque eso, a estos chistes con patas, les da igual. Porque, para finalizar, nos extenderemos sobre el rasgo más dañino de su naturaleza. A ellos, en realidad, su equipo se la suda. Se la suda. Su única razón de ser y existir es dar por culo. De sus escasas alegrías, yo, como cualquier ciudadano, lo que más les recuerdo son ascensos. Que no tiene nada de malo, cada uno celebra lo suyo, un ascenso, un Carranza, un suficiente en pretecnología. Tampoco vamos a ponernos exquisitos. Pues siempre, siempre, siempre, el leit motiv de sus celebraciones ha sido acordarse del sevillismo. Que si pobre palangana ya nos vamos a ver, que si la copa del centenario, que si “lociento”, que si la sábana, que si realidades y no recuerdos. Una pena, pero es así. Como las viejas de un pueblo de Córdoba donde eché unos días un verano, que se subieron al bus en el que yo iba declarando que la feria de su pueblo era mejor que la de Sevilla. Incapaces de disfrutar con lo suyo, tan hondo es su complejo de inferioridad. Y pasamos por alto sus primas a equipos que tenían que medirse al Sevilla para que éste no pudiera ascender a Primera o aquel Betis-Sporting de Gijón.

En fin. Así son nuestros vecinos. Qué le vamos a hacer, cada cual tiene su cruz y la nuestra es ésta. No precisamente una arbórea, tipo penitente de la Quinta Angustia (aquí ya me da igual el lector foráneo. El que quiera aprender, que hubiera nacido aquí), que eso lo lleva cualquiera y son cuatro horas de estación de penitencia. La nuestra es una cruz cuádruple de hermano de la Sed guardia civil en Intxaurrondo en los primeros años 80 con promesa de llevar eso todos los años porque, como dice la sevillana, dónde estaré, Dios mío, la próxima primavera.

Hemos hecho todo lo posible por caracterizar, delimitar, definir y poner en su contexto a estas criaturitas. Sin embargo, reconocemos que hemos fracasado al intentar responder al mayor interrogante; ¿cómo es posible que siendo de la misma ciudad, con las mismas costumbres, los mismos ritos, la misma herencia, que incluso compartiendo genoma, sean tan diferentes a las personas de orden? No podemos responder. Tal vez lo mejor sería remitirnos a ellos, que suelen proclamar que lo suyo es un sentimiento, o una tara, sin explicación ni utilidad alguna, añadiríamos nosotros. Como la malaria, el ornitorrinco, o la polidactilia. Mutaciones inútiles en las que es imposible ver la mano de un hacedor decente.

Anuncios

8 comentarios

Archivado bajo Mejor fuera que dentro

8 Respuestas a “Me río yo de Marlow río arriba por el Congo buscando a Kurtz

  1. maldinisfc

    una vez mas,GENIAL

    por una sevilla como belfast,PUTA BETIS

  2. La torpeza de la criaturita verderona media llega a unos niveles capaces de promover su autodenigración… o autocalificación objetiva, depende de si les tienes lástima o no.

    ¿Por qué digo esto? Pues porque tengo razones para ello. A costa de pecar de autobombo, dejo la url de un viejo post de mi blog: http://sevillismoboticario.blogspot.com/2011/07/el-comentario-cromosomico-de-la.html

    Para ir haciendo boca me cito: “Ahora bien, usted elige Fernando Fedriani ¿Quiere categorizar al bético como una especie nueva, una mutación del Homo sapiens? ¿O prefiere considerarlo un enfermo genético?”

  3. Camilo Sexto

    No soy sevillano y alguna de las cosas que dices, tienen mucho que ver con aficionados del Madrid y del Barcelona.

    Antes tenían la tara solo ellos y los atléticos. Ahora lo complicado es encontrar un aficionado normal.

  4. He sido siempre de la opinión, que el sevillano ha tenido que ser muy hijodeputa en tiempos remotos; en el siglo XIV importábamos esclavos negros para explotarlos hasta la muerte, fuimos cuna de la Santa Inquisición y formadores de una panda de inquisidores cabrones, jodimos a los indígenas americanos tras el descubrimiento de las Nuevas Tierras, etc; y en la contemporaneidad estamos pagando todas las fechorías cometidas y debemos convivir con estos deficientes mentales, no es más que un castigo divino, una plaga que ríete de las de Egipto, tenemos que purgar soportando esta catástrofe de seres inherente a la anormalidad. La ira de Dios azota a esta bendita ciudad y a sus habitantes, casi un siglo de mortificación, ya hemos sufragado la pena, a ver cuando nos libra definitivamente de esta condena.

  5. Lucius

    Mejor imposible, espero que sea el primero de una serie de monográficos hasta el sábado, como ya ocurrió con las perras de la meseta. Sólo un pequeño tirón de orejas, a pesar de estar suscrito a este blog, esta vez, no me ha llegado notificación de la nueva publicación.

  6. Pingback: Anónimo

  7. Camilo Sexto

    Primeros segundos del resumen de este partido.

    La policía, bastante guapa (un cañón) lo resume perfectamente en 4 segundos.

  8. me meo en la cara de los beticos

    “Deportivamente hablando”, te ha faltado poner al final del post, jo jo jo jo jo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s