Pecado, arrepentimiento y ¿perdón?

Desconocemos lo familiarizado que estará el lector con el evangelio según San Lucas. Aquí los aceptamos a todos. A los que llevan sus sacramentos al día, a los que fueron bautizados (sin voz, sin voto), recibieron la comunión (con voz, sin voto) y en la confirmación (con voz, con voto, con porno) dijeron que iba a seguir con aquella historia un cura, nunca mejor dicho. Incluso aceptamos a aquellos amigos de Marx y Engels que jamás hayan percibido el aroma y notado el frescor que ofrece una iglesia. Prueba de ello es la necrología que le dedicamos hace poco a Kim Jong-il, aunque, a tenor de los comentarios recibidos, hubo quien confundió al protagonista. A lo que vamos, será por las fechas que acabamos de superar, pero nos hemos puesto una mijita religiosos. Sacad vuestras sagradas escrituras de donde sea que las tengáis, si es con la tapa dura y los filos de las páginas dorados, mejor. Id a la colección de relatos cortos de Lucas, capítulo 15. Versículo 11, para más señas.

Ahí la tenéis ya. La parábola del hijo pródigo. Si sois de los que no habéis leído en vuestra vida y si no hicisteis una excepción en la secundaria, rincón del vago mediante, no la vais a hacer ahora, os la resumimos. La cosa va de un hombre que tenía dos zagales. Uno de ellos, el menor, un día se levanta con ganas de rumba y le dice al viejo que le entregue un anticipo de su herencia, que quiere ver mundo. Con los jurdeles en el bolsillo, el hijo se muda y se dedica a vivir por el lado más bestia de la vida. Lupanares, drogas y todo lo demás. Pecados de los gordos, vamos. Pero todo se acaba, y el dinero antes que nada. Así que el chaval se ve lejos de casa y con una mano delante y la otra detrás. Decide entonces ponerse a criar cerdos que, en aquella época, para los judíos eran el equivalente actual a un palestino. Es decir, que cayó lo más bajo que se podía caer. De repente, recuerda que tiene un padre, y que con él se vive mejor que en la inmundicia. Lo primero que dijo cuando llegó es que estaba muy feliz de estar allí, y se mostró arrepentido. No sospechaba las danzas y festejos que le esperaban a su llegada. Ante tal algarabía, el otro hijo, el que se había quedado mamando en el pueblo con el viejo, farfulla que qué cachondeo es este. Que el otro se había puesto boca abajo y boca arriba noche sí y noche también, y ahora iba a ser tratado igual que él. Pero el padre, misericordioso como él solo, y un poco carajote, no nos engañemos, suelta que su hermano estaba perdido y ahora ha sido hallado. Vamos, que lo perdonaba, de colegueo máximo. Fin de la parábola. Aquí paz y después gloria.

José Antonio Reyes apacienta a los cerdos.

Pues algo muy parecido le ha ocurrido a José Antonio Reyes. El pecado no es, por supuesto, hacer lo que hizo aquí. Además, él ni siquiera pidió un anticipo de la herencia, sino que el padre estaba tieso y tuvo que obligarle a irse de casa. El pecado tampoco es ser tan cortito como para no saber vivir en Londres. Lo jodido, lo pecaminoso, ocurre en esa villa infernal que tiene por nombre Madrid. Allí pecó, y luego, años más tarde, volvió a pecar. Se mezcló con cerdos, cayó bajo. Y no nos referimos a intentar jugar al fútbol lo mejor que pudiera en cada momento, sino a los gestos anteriormente enlazados. ¿Que fueron fruto de su idiotez supina fuera del terreno de juego, del deseo de caer simpático motivado por su inseguridad? Pues, queridos lectores, probablemente. Pero están feos. Más tarde, harto del olor de pocilga, se acordó de que tenía un padre. Y le llamó para regresar. Esa es la fase de arrepentimiento. Ahora sólo falta saber si logrará el perdón de manera tan rápida como el de la parábola, porque, seguro, se encontrará con muchos hermanos, chivatos y celosos, prestos a recordarle al padre aquellos tiempos en los que pecó.

Regreso de José Antonio Reyes.

Las cosas malas se olvidan más fácilmente con cosas buenas. Tan sencillo como esto. Si vuelve para ser, al menos, la mitad de lo que fue, nadie se acordará de lo malo. Todo lo contrario. Será un negocio perfecto, la adquisición de un jugador de los que el Sevilla, ahora mismo, no puede permitirse fichar. Y, que, coyunturalmente, viene por un precio irrisorio. Ahora, si la cosa no funciona, será para siempre aquel pecador que volvió para robar a su padre. La paz sea con vosotros.

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8 comentarios

Archivado bajo Relaciones de sucesos

8 Respuestas a “Pecado, arrepentimiento y ¿perdón?

  1. Cuco ZIganda

    Y con tu espíritu.

  2. Camilo Sexto

    Esa parábola nunca me ha gustado. Al final el malo de la película parece el hijo mayor que ha estado siempre al lado de su padre y lo venden como un envidioso y rencoroso.

  3. No voy a pedir que entienda de gestos a alguien como Reyes, básicamente porque no los entenderá, y nada más que llegue se pondrá la camiseta de los Biris y “palante” como si nada hubiera ocurrido.

    Lo que si le voy a pedir es que trabaje como un mulo, que aunque se esté bajando el sueldo va a cobrar una señora pasta que ya quisiéramos poder acumular entre todos nuestros sueldos. Y si no, leña al mono, que es a lo que podemos llegar.

    Si es que no nos lo recortan, que quién sabe…

  4. El primo de Lucas

    Amén.

    Te alabamos palanganismo.

  5. Biri-biri

    firma yaaaa, cabrooon 😦

  6. Si se puso la camiseta del Betis en su 13 cumpleaños y le perdonamos, aquí ya se perdona cualquier cosa. Somos gente seria y misericordiosa, de misa semanal en la Parroquia de los Remedios y ayuda anual a los negritos con las huchas del domunt.

  7. Pepillo "El Gamba"

    El bueno de José Antonio tiene menos cabeza que un palmito arrancao a patás. O que un munipa borracho.

    Llegaremos hasta a perdonarle que a los trece años se pusiera la camiseta de “mibétingüeno”, pues al fin y al cabo es de Utrera.

    En fin, siempre han existido genios. Leonardo lo era en todas las facetas de su vida. Miguel Ángel más de lo mismo. Pero también han habido geniales imbéciles. Un ejemplo: Mozart que fue, para mí, el músico mas grande de la historia del pentagrama, pero un perfecto idiota para todo lo demás.

  8. Anónimo

    Hubiera estado bien otra entrada como la del norcoreano, y no ponerle las cosas tan facilitas a los lectores.

    “…se encontrará con muchos hermanos, chivatos y celosos, prestos a recordarle al padre aquellos tiempos en los que pecó”. Esos, no nos engañemos van a ser los menos. Por mi parte, no voy a aplaudirle ni a cantarle hasta que lleve unos meses comprometido y a buen nivel. Que después los futbolistas salen con frasecitas del estilo “yo ya ni saltaba” de Negredo y a ver con qué cara se les mira luego.

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