Archivo mensual: enero 2012

Mibeti – Sevilla Fútbol Club

PEX CORRESPONSALÍA MAÑA Dice la leyenda que si un sevillista repite tres veces “pobre pobre palangana que amargado se te ve”, un sábado a las 10 de la noche en la grada del mediestadium, te aparecen el que fuma por el ojo, el de los escudos de pan, Don Olivé, Don Bosch, Pep Merl, Ozerramón, los 20.000 de Utrera y Juanito Calahorro y te meten una paliza que te dejan en el sitio. Eso sí, la paliza sería una paliza desde un punto de vista moral, todo es moralmente hablando en ese clusz. Sigue leyendo

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“Tú no eres de Triana”

Corría la noche del 19 de noviembre de 2005.  Se acordarán, que la batallita es de anteayer, como aquel que dice. Ya habíamos empezado a ser los mejores, pero aún apenas si lo sabíamos. Esa noche facilitó el proceso de concienciación. En honor al rigor, ya habían transcurrido más de treinta minutos del 20 de noviembre, fecha, sin duda, de grandes frases, cuando acaecieron estos sucesos. El equipo perdedor se disponía a abandonar el Ramón Sánchez-Pizjuán, apesadumbrado a la par que enervado por lo ocurrido en el césped con anterioridad. Era la confirmación de su escasa calidad, y eso que aquel era de los mejores planteles que han visto en su historia, lo que no deja de ser algo tristísimo. Por si la derrota no fuese poco castigo, de algún lugar indeterminado de la zona mixta irrumpe una voz, portentosa como sólo una mujer de mediana edad que acostumbra a ir al fútbol en esta ciudad tiene, para entonar unas palabras certeras como el láser que opera la miopía. Se rompió la noche, se colmó el vaso de la paciencia del que la oyó. “Tú no eres de Triana, tú lo que eres es un hijo de puta”. Ahí lo tienen, susurros celestiales. Primero, por tener el don de la oportunidad extrema. No existirá mejor momento en el devenir de los tiempos para declamar esa oración. Segundo, por defender el honor de un barrio entero, porque si analizamos esas escasas  quince palabras, se deduce que es imposible que un trianero sea hijo de una cortesana. Además, bien hizo en defender a su barrio en público, que suficiente penitencia lleva con albergar calles como “Trabajo”, “Constancia” o “Lealtad”, cualidades, todas, execrables del ser humano. En tercer y último lugar, aquella buena mujer supo erigirse como portavoz de todo el sevillismo, que, si bien aquella noche portaba una sonrisa hasta la nuca, torcía el gesto si aparecía en algún lugar la figura del destinatario de la frase anteriormente referida por lo ocurrido dos horas antes. Daniel Martín Alexandre, nombre de cantante para quinceañeras, segundo apellido casi de poeta sevillano. Resultado, niñato de mierda. Caprichos de la genealogía. Sigue leyendo

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Me río yo de Marlow río arriba por el Congo buscando a Kurtz

Antes de que empiecen a leer, debemos hacerles una advertencia muy seria. Lean este aviso antes de seguir adelante; se lo recomendamos por el bien de su salud mental, para que sus noches sigan siendo plácidas y no se vean inundadas de pesadillas. Este artículo versará sobre la parte más oscura del ser humano, acerca de seres que mejor sería para la raza humana que nunca hubieran existido, mas la Madre Naturaleza a veces tiene fallos monstruosos, bromas crueles. Nos adentraremos en los recovecos de la locura, la oligofrenia, la paranoia y otros inicuos fantasmas de la mente. Si son personas de sensibilidad a flor de piel, si se espantan ante la mera mención de los horrores de la genética, no sigan leyendo. A partir de aquí, se abre el abismo. 

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Empecemos al modo de los conferencistas de postín, relatando una bonita anécdota. Para el tema que vamos a tratar, mejor empezar poquito a poco. Unos preliminares, que diría la doctora Ochoa, a quien los hados confundan. Decíamos ayer que aquí, el que suscribe, es aficionado a darle al Pall Mall. No siempre fue así, claro, hubo una época en la que ni lo probaba, estaba en el instituto, a poco de entrar en la Universidad, jugaba al fútbol y claro, fumaba Chester. Tenía yo la costumbre de bajar al perro después de almorzar y pasarme por el kiosko del barrio a abastecerme de cigarrillos. Un día soleado de invierno, de esos a los que tan proclive es esta ciudad, benigna en cuanto a clima como pocas, cumpliendo con mis hábitos, me acerqué a comprarme un paquete de tabaco. Entro, doy las buenas tardes, pero hete aquí que el perro entra en la tienda y tengo que echarlo. Pido, y al momento oigo una voz que dice “Illo, ¿ese perro es tuyo?”. Soy de natural arisco y poco sociable, así que ni miré al cliente que, suponía, se dirigía a mí. Noto que me tocan en el hombro. Si el intercambiar banalidades con desconocidos me saca de quicio, el contacto físico innecesario con cualquiera me pone un velo de sangre ante los ojos. Me vuelvo, frunciendo los labios, inquiero, ¡¿QUÉ?!, y ahí estaba él. No alcanzaría el 1,60, tocado con una gorra de los Hornets de no sé dónde, los de las avispas esas celestes del baloncesto o algún deporte peor; bizco, pero no como Soldado, sino estrábico severo, que envidiaría la suerte de Genaro Gattuso para él; y con una camiseta del Real Betis Balompié como impedimenta de su tercio superior. Pensé, ojú, intelectual habemus. Me repite la pregunta. Respondo que sí, que el puto perro es mío. A lo que este muchacho, que entre sus dones debería contar también con el mal de Asperger, al no notar en absoluto mi mirada de desprecio ni mi entonación poco amistosa, repuso, “Po yo tengo un knishe q se kme a tu perro” (vano esfuerzo de intentar plasmar las menguadas luces y execrable sintaxis de mi indeseable interlocutor). Hasta los huevos de la situación, objeté: “Aaaaaaah. Pues tómate algo, mi arma”. Creo que no llegó a entender la chanza y siguió buscando aprobación a su comentario por parte del kioskero, contestándole éste que dejara de joder, que en realidad tenía un rottweiler. Lo vi todo claro. O sea, que el despojo social este me ha creído un igual, pensaba que entraría al trapo por el honor de mi perro, que me enzarzaría en un “y tú más” de los que tanto gustan por aquí, para al final haberme tenido que meter las bravatas por el culo. Un imbécil que ni sabe hablar, ni tiene educación, ni horizontes vitales, ni mierda en las tripas, encima con esa camiseta, había intentado tocarme los cojones. Pues eso, queridos amigos, es el paradigma del bético. Una broma de la genética, un chiste de Dios, que encima se te pone gracioso. Sigue leyendo

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La fábrica de humo

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Partamos de la base de que esto de internet es una mierda. No es sano que personas más dotadas para cargar en el muelle, pedir trabajo en el muelle, o si son proclives al vicio nefando, poner el culo en el muelle, tengan una tribuna desde la que despotricar sobre lo que les venga en gana. Te encuentras con opiniones de personas que pontifican sobre fútbol, política, cine, literatura o historia que nunca, jamás, han tenido el más mínimo conocimiento sobre estas áreas. “Es que todas las opiniones son respetables”, dicen, los muchachos. Y un carajo. Si a mí el hijo del estanquero, betiquito él, me dice que su equipo es el mejor del mundo, como mucho le sonrío, si tengo el día bueno, y a otra cosa. Tiene su opinión, el zagal; mas no por ello voy a respetarla ni, mucho menos, tenerla en cuenta. O aquí tienen este blog, llevado por dipsómanos y crápulas de toda laya. Sin embargo, siempre se puede descubrir una amapola, flor favorita de don José María Gutiérrez Hernández, en un vertedero. Había yo visto hace unos días la extraordinaria obra maestra “Capitanes intrépidos”, peliculón de tres mil pares de cojones y, al finalizar, me dio por buscar cosillas en la red sobre el particular. Me metí en “Filmaffinity”, verdadera cochinera, perfecto ejemplo de lo que detallábamos más arriba sobre por qué personas sin ni puta idea de nada se creen con derecho a criticar algo que no entienden más que la paradoja de De Moivre. Pero hete aquí que surgió el diamante entre la hulla, la amapola ibicenca que con ahínco busca GutiHAZ en una noche de san Juan. Un nota decía, entre otras mamarrachadas nostálgicas y sensibleras, que era de una generación en la que todos sus componentes, de los 5 a los 12 años más o menos, iban con las rodillas desolladas y llenas de mercromina. Me dije, recristo, cierto es. ¿Desde cuándo no veo yo a un chavalito con un chichón en la frente, con alguna herida en la cara, con las rodillas o los codos llenas de costras? Ni los voy a volver a ver. Ahora los columpios no son metálicos, el suelo está acolchado, si un niño pide una Barbie se le compra sin problemas en lugar de llevarse un mordisco en el cuello y el escarnio de toda la clase. Están amariconando a las nuevas generaciones. Así nos va, cada día más alérgicos, más lectores de Jorge Bucay y, como consecuencia, menos espermatozoides dignos de tal nombre en los cojones.    Sigue leyendo

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Discoteca y paja

Es viernes por la noche. Las 21:00 o así. Cenas algo ligerito, que si no luego cuesta más cogerla y a veces hasta te sienta mal. Lo acompañas con una cerveza. Hoy vas a hacer algo grande. Lo sabes. Tienes ganas de triunfar. En casa anda un poco revuelta la cosa, con gente que ve minada su confianza y con gente que atraviesa problemas legales. No pasa nada, pones la música que te gusta en el móvil, el ordenador, el ipod o lo que sea que tengas. Y te metes en la ducha. Cantas, gritas. Sales, te apañas el pelo como puedes y te echas colonia, en un minuto. Que vas a salir de fiesta pero no eres maricón. Te pones la camiseta buena, los vaqueros y los botines. Vestido para matar. Llamas a los colegas. No te toca cargar con el botellón. Hoy puede ser un gran día, y lo va a ser. Lo sabes. También lo sabe el conductor del autobús, que se ha esperado a que aparezcas por la esquina para pasar por tu parada. Los semáforos te dejan pasar. Tus amigos son puntuales. Sacas los avíos de la bolsa, y vámonos al lío.  Sigue leyendo

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Una caraja que lo complica todo

Complicado de analizar el partido de esta noche. Se ha podido salir goleado y se ha podido ganar. Los chotos andan calientes quejándose de dos cosas; la primera, un fuera de juego de Adriano de hace siete millones de años, en el partido de ida de una eliminatoria copera, con muchos minutos para remontar. La segunda, la genialidad de Navarro y Spahic en el partido de Liga, que hasta el hueleculos de su delantero tuvo que pedir perdón por ser tan idiota. Y un choto caliente sólo puede significar una cosa: agua. Llorar, llorar y llorar. Y con esa premisa fueron al estadio, a quejarse por todo, a gritar como becerros. A lo que van siempre, vamos.

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Pecado, arrepentimiento y ¿perdón?

Desconocemos lo familiarizado que estará el lector con el evangelio según San Lucas. Aquí los aceptamos a todos. A los que llevan sus sacramentos al día, a los que fueron bautizados (sin voz, sin voto), recibieron la comunión (con voz, sin voto) y en la confirmación (con voz, con voto, con porno) dijeron que iba a seguir con aquella historia un cura, nunca mejor dicho. Incluso aceptamos a aquellos amigos de Marx y Engels que jamás hayan percibido el aroma y notado el frescor que ofrece una iglesia. Prueba de ello es la necrología que le dedicamos hace poco a Kim Jong-il, aunque, a tenor de los comentarios recibidos, hubo quien confundió al protagonista. A lo que vamos, será por las fechas que acabamos de superar, pero nos hemos puesto una mijita religiosos. Sacad vuestras sagradas escrituras de donde sea que las tengáis, si es con la tapa dura y los filos de las páginas dorados, mejor. Id a la colección de relatos cortos de Lucas, capítulo 15. Versículo 11, para más señas. Sigue leyendo

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