El Extremúsika de Poulsen

Tenemos constancia de que muchos de nuestros visitantes alcanzan la edad suficiente como para haber traído un par de churumbeles al mundo. No sólo eso, sino que algunos han cometido la vesania de consumar la procreación y ahora tienen una máquina de comer, cagar, llorar y pedir dinero casi a partes iguales. Luego crecen, claro. Para aquellos padres de familia que, en sus ratos libres, frecuentan tugurios virtuales como este, allá va un poco de información. Para que luego no se diga, que cuando el visitante abandona la página, ya sea buscando morbo o en pos de alegrarse la vista, no sale de aquí instruido. Bueno, pues eso. Queridos padres del mundo, los macro festivales de música son citas que se celebran en medio de ninguna parte y a las que la muchachada acude a drogarse, escuchar música y ver si cae algo. Ordenen ustedes las prioridades en función de lo desviada que le haya salido la criatura. Todas las milongas que cuenten sus vástagos serán palabras vacías intentando disfrazar la realidad.

Una vez concluida la breve disertación sobre la tipología del evento en cuestión, pasemos a situarlo en su fecha. Año 2007. Lindando con el norte de África, Portugal y España, hay un territorio en tierra de nadie que alguien tuvo a bien llamar Extremadura. Extrema y dura. Como dice la canción, claro que son tierra de conquistadores. Entre otras cosas, porque no les quedan más cojones. Allí se celebraba un festival, que tenía el originalísimo nombre de Extremúsika. Y allí estaba un servidor, acampado desde la noche anterior al día de inicio, que no era otro que el 12 de abril. ¿Qué pasaba ese día? Pues que las huestes de Juan de la Cruz Ramos, también conocido en estos lares como The Inversor, se batían el cobre en White Hart Lane en la vuelta de los cuartos de final de la segunda Uefa que ganamos. Con una ventaja de 2-1 en la ida, como imagino que todos recuerdan.

Yo tenía por costumbre comportarme como un verdadero deficiente mental en los días de partidos gordos, por lo que confórmense ustedes el cuadro. En medio de un descampado dejado de la mano de dios (si es que alguna vez lo estuvo), con poco más que hacer que beber y achicharrarme al sol mientras llegaba la noche o, lo que es lo mismo, los conciertos para todos, el fútbol para mí. El tiempo pasó. A aquel festival acudí con tipos de un equipo con excelentes relaciones con el Sevilla y con mujeres a las que, como a todas las de bien, esto del fútbol les hace transpirar sus partes pudendas. En definitiva, que tenía que ir al pueblo yo solo. En honor a la síntesis únicamente diré que para mí se queda aquella búsqueda de autobús y el posterior trayecto por un lugar intransitable y una cuesta interminable. Recuerdo que acabé viendo un cuartel de la Guardia Civil y ahí creía yo que me la daban todas, sin móvil ni nada que iba. Pero no, finalmente vi la civilización, o lo que sea que haya en Cáceres. Entré en un par de bares y ninguno daba el partido. La hora se acercaba, y nanai. Al final llegué a otro, pregunté y el dueño me miró de arriba abajo. Ahora me pongo en su situación. El tipo vería a un nota coloradísimo por el sol, pelo largo, con la pulsera como seña inequívoca de que venía del festival y que, a duras penas, podía conservar la verticalidad sin apoyarse en la máquina de tabaco. Pues ole sus cojones, que me dijo que si era gratis lo ponía, que a los que allí estaban no les iba a molestar.

Recuerdo que, entre la que llevaba encima y la alineación que puso The Inversor, me quedé loki loker. Pero no pasaba nada, éramos los mejores. Los cinco o seis viejos que estaban en el bar ya habían entablado contacto conmigo, al principio me miraban como si fuese un tipo de otro planeta. De los que tiene equipo de fútbol que no sea Madrid o Barcelona. No sé cómo, les caí bien. Aquel partido lo daba Antena 3, como no podía ser de otra forma, dada nuestra estrecha relación con ese medio. En la transmisión se podía escuchar a dos tipejos indeseables y al que inauguró esta sección que hoy actualizamos. Y, bueno, aquello empezó. A los dos minutos, tras un córner botado por Martí, Poulsen cabeceó y un francés de mierda despejó mal y se la acabó colando. Aquel gol fue del danés, que le den por culo a la corrección estadística. Luego Kanouté mandó fuera un cabezazo clarísimo a pase del ruso, pero más tarde se resarció definiendo ante el portero como si estuviese jugando al fútbol con una babucha en el pasillo de su casa con su perro. Uno de los viejetes me invitó a una cerveza con el primer gol, y en el segundo, unos cinco minutos después, ya me la había acabado. Para que sepan ustedes cómo iba la cosa. Otro decidió invitar también con el segundo tanto. Viva el pueblo unido. Y, qué decir de aquella primera mitad uefera, que fue un espectáculo. Los pobres judíos miraban el calendario por si, en lugar de 12 de abril, fuera otra vez 9 de noviembre. Al descanso, 0-2 y perdonando.

Hasta que llegó lo bueno. Robamos un penalti en una de esas arrancadas sin sentido que se hacía Zokora, todavía en el equipo de enfrente. Total, un atraco más de los que pegamos en aquella Uefa. Avanzamos hasta el minuto 62. Poulsen pone un pase con la zurda, Puerta centra y el balón lo despeja la defensa. Lo siguiente que se ve en la tele es uno de blanco (nosotros íbamos con un precioso naranja de mierda) entrando como loco a disputarle un balón al danés, y el realizador pincha a Defoe, en la banda, presto para sustituir a otro judío. Cuando la imagen vuelve al juego, vemos a uno de blanco, presumiblemente el que iba a disputar la pelota antes, tendido en el suelo, llevándose las manos a la cabeza y retorciéndose de dolor. Era Jenas, Jermaine de nombre, que ya tenía esa cara de comepiedras antes de que este bello incidente sucediera. Palabrita.

Y decir bello es quedarse corto. La televisión nos mostró la repetición segundos después. Jermaine va con las dos piernas al balón, duro, bien. Nuestro Poulsen, con el que no nos deshacemos en loas porque más pronto que tarde haremos algo para que integre la sección Pajas y mamadas, despeja y levanta muchísimo su pie izquierdo. A todo esto, Jermaine seguía deslizándose, fruto de lo mojado del terreno, hasta ponerse justo debajo del pie del danés. Eso es como el chiste del niño bosnio en el columpio, que lo único que hacía era tocarle los cojones al francotirador. Pues lo mismo. Así se las ponían a Fernando VII. Ante esta situación, el hombre con sangre caliente que nos llegó del frío, puso el piloto automático y dejó que el instinto actuara. Sostuvo el pie en el aire más de lo normal hasta que la presa se puso, verdaderamente, a tiro. Y es ahí cuando, con un pisotón certero y limpio, estrujó la sesera del rival. Con un pronunciado énfasis final. Para que no pueda venir ningún maricón a decir que fue involuntario. Particularmente placentero fue el rostro de Poulsen al saber que había tocado la carne de Jermaine. Su cara parecía decir: “toma, esa te la llevas para tu casa, hijoputa”, para luego adoptar una expresión corporal únicamente traducible como “olemiscojonesahí”. Y si hay algo más bonito que un crimen, es un crimen perfecto. Sin castigo. El árbitro ya no es que no lo echara a la calle, sino que ni siquiera lo amonestó. Ni siquiera pitó falta, qué cojones. Ah, la eterna belleza de la maldad impune.

Si yo, en el bar, hubiese tenido un cartelito con un 10, como los parguelas que votan en gimnasia, salto de natación y esas mierdas, lo habría sacado al instante. Pero me conformé con vitorearlo. Y, claro, los viejetes eran buena gente, pero no tanto. Sin referirse directamente a mí, decían que aquello era expulsión, que el rubio era un salvaje e incluso hubo uno que insinuó que el Sevilla nunca iba a cambiar, por muy bien que jugara. Ese discurso ya estaba mucho mejor. Me preguntaron que qué me parecía, y sólo sonreí. Fue uno en la barra, que había permanecido en silencio hasta entonces, el que sentenció, con su marcado acento castúo: “a ese le ha gustado más la patá que los goles”. Iba a felicitarle por su ancestral sapiencia, esa que sólo conservan ya los hombres del campo, acostumbrados a tratar con bestias, pero un cabrón de los ingleses marcó gol, y luego otro hizo lo mismo, al minuto siguiente. Reconozco que me acojoné un poco. Un poco bastante. Y los viejos me animaban, como si yo pudiera despejar algún balón o algo. Más cervezas y menos ánimos, hostia. Pero bueno, ya conocen el resto de la historia. Aguantamos, y acabamos ganando la Uefa. Otra vez.

Lo siguiente que recuerdo es encontrar, como una aguja en un pajar, un autobús que me llevara de vuelta al Extremúsika. Iba flotando gracias a esa sensación que sólo conocen los que sufren en un partido de fútbol que al final acaba bien. También pensaba que quería llegar al concierto de Medina Azahara que, si bien nunca me gustaron mucho, en aquella gira tocaban varias canciones de Triana. Que sí, que aquello era como liarte con una gorda porque su sonrisa era levemente parecida a la de tu exnovia, la que estaba buena. Pero al menos era algo. Volví a ver la cuesta interminable y el cuartel de la benemérita. Y me bajé del autobús, por fin. Entre el gentío, de puta casualidad, encontré a mis dos colegas, que no habían tenido viejetes generosos, pero tampoco les había hecho falta. Y, vale que sean atléticos, pero también son amigos. Me preguntaron que qué tal el fútbol, y yo les dije que de puta madre. Sin entrar en detalles. Cómo iba a contarle, cómo iba a explicarle, que todo aquello estaba muy bien pero que lo que me había marcado era lo del rubiales, recuerdo inherente de aquellos días, de aquel festival.

Luego llegaron los conciertos, las tías, beber y no ducharse en tres días. El domingo, ya de vuelta a Sevilla, lo primero que hice fue cargar el móvil mientras me lavaba. A continuación ignoré las llamadas perdidas acumuladas, muchas del día del partido, y mandé un escueto mensaje a unos amigos, ya sevillistas, que ponía: ¿Viste lo que hizo Poulsen?

Cerciórense de que no hay nadie cerca y aprovechen para alcanzar el éxtasis. Una y otra vez.

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13 comentarios

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13 Respuestas a “El Extremúsika de Poulsen

  1. Lucius

    FUCK YEAAAAAAAHHH

  2. Joan Laporta

    El gol de palop en ucrania, el último penalti de la tanda de la final y el pisotón del hijoputa danés, lo más grande de aquella uefa.

    Y no necesariamente en ese orden.

  3. Dr.Funkenstein

    Corría marzo de 2005. Uno, en edad ya de merecer, se acerca al Hipercor y se gasta los cuartos en una botella de Matusalem. Sí. Habíamos empatado 0-0 en casa pero, con Don Joaquín Caparrós Camino, todo era posible. Estaba seguro que ese día íbamos a llegar más lejos que nunca en Europa. El partido, sin embargo, es un tostón y un cabronazo defensa parmesano mete un medio churro. 1-0 y para la ventalnabo. La botella de Matusalen, sin quitarle el precinto ni nada, queda pertinentemente guardada en el más recóndito lugar del bar del salón para mejor ocasión.

    Dos años después, Kanouté saca su sagrado miembro a pasear y, junto a 10 tíos más vestidos de naranja fosforito, realizan uno de los espectáculos más grandes que jamás vi.

    En el descanso se ilumina la bombilla y nos acordamos de aquella gloriosa botella de Matusalem…

  4. Camilo Sexto

    Para mí fue al contrario. Todo el buen sabor que me dejó aquella primera parte se hizo amargo con lo de Poulsen, el empate y el susto final. No era justo acabar así después de lo que nos regalaron Kanouté, Kerzhakov, Alves y compañía.

    Siento ir a contracorriente, pero no me gustaría que eso se lo hiciesen a Rakitic o Campaña.

    • Estimado lector, tenga por seguro que si eso le ocurre al rubio o a Campaña, todo nuestro banquillo saldría disparado como si tuvieran muelles en el ano, mientras que los aficionados de la zona gritarían con sus ojos inyectados en sangre.

      En cambio, los mierdas estos, apenas si protestan. Un par de ellos, a lo sumo. Sin duda son gente que se merece no ya uno, sino varios pisotones en la cabeza.

  5. Anónimo

    Se ve perfectamente que la pisada de chorla se le ocurre al momento, como diciendo “mira, la cabeza del nota este justo debajo de mi pie…..po toma !!!”. Ocurrencia a la velocidad de la luz. Craneo privilegiado el de poulsen…

  6. Anónimo

    No me canso de ver el gif. Lo mejor es cómo sale rebotada la cabeza del inglés. Como cuando pisas un hueso de aceituna en Pepe el muerto y sale disparado.

  7. PEX desde los Monegros

    Jajaja, magnífico

  8. Soy fan del viejo que sale a la izquierda de la imagen que se lleva las manos a la cabeza. Jodete puto lilywhite de los cojones

  9. Parker

    El informativo de deportes de Antena 3 de aquel día lo hizo Manu Sánchez desde el césped de White Hart Lane. Pocas horas de antes de que el Sevilla FC jugara un partido de máximo nivel y en el que bordó el fútbol en
    una primera parte para el recuerdo, entre las noticias se coló una de “nuestrobetiweno”: la world premiere del videoclip de las sevillanas del guau guau. La noticia se trató al fiel estilo humillante de la “voz en off de Antena 3”. Vaya día redondo.

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