Negociar con el Comisariado del Pueblo para los Deportes y Esparcimiento de la clase obrera

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Por mis muertos que no entiendo qué le ve la gente a los rumores sobre fichajes. No me entra en la cabeza. Y antes, al menos, sólo sacaba rumores la prensa. Llegaba, por ejemplo, el Diario 16, anterior proyecto para dominar la Tierra de Pedro Jota, y decía en su edición Andalucía que el Cádiz estaba interesado en José Ramón Bermell, prometedor cancerbero de la cantera valencianista, y en Casa Manteca se hablaba de eso, de que Bermell podía fichar por el Cádiz. Ni Ochotorena, ni Huguet, ni Cedrún, ni tan siquiera Manzanedo y su bigote. Bermell, lo que dice el periódico, hostias. La situación actual con internet es tan despreciable que me niego a reseñarla. Sólo decir que los individuos que propalan rumores deberían seguir sabios consejos de gente docta: anotarlos en una libreta con un boli bic rojo, como no podría ser de otra manera, y dejarlos ahí, en un cajón, al olvido de los siglos. Pero ya digo, no sé que se saca de imaginar tonterías. Además, después, todo es peor de lo que se esperaba. Yo aborrecí las negociaciones, los flecos, los plazos, las llamadas y los acercamientos hace ya más de 20 años. Claro que aquello no fue una operación normal, ni siquiera una operación con representantes uruguayos. Fue una negociación con funcionarios. El colmo de la lentitud y de la mala disposición. Casi seis meses duró la historia, suficiente para mandarlos a todos al carajo por mucho que llegara a buen puerto.

Durante la disputa de la Eurocopa del 88, por la fecha, obviamente, celebrada en Alemania, el Sevilla Fútbol Club envía a Javier Azcargorta, entonces técnico de la primera plantilla, a ver el torneo in situ. Echaban todos los partidos en TVE, pero ya se sabe que a los estudiosos del fútbol no les basta con dos cámaras y los comentarios de José Ángel de la Casa, tienen que verlo todo de cerca para apreciar a los jugadores, tomar notas, captar todos los matices y tener una comprensión global bien aproximada que les lleve a encontrar esa perla desconocida en la que nadie se fija y que se convertirá en un gran jugador. Prueba de esta sapiencia y de lo provechoso de su periplo por la entonces RFA es la lista de jugadores que habían sorprendido gratamente al entrenador guipuzcoano en esta edición del torneo: Van Basten, Klinsmann, Koeman, Baresi, Rijkaard y otros desconocidos. También subraya como positiva la actuación del mejor portero del campeonato, mejor portero del mundo por aquel entonces (según la Iffhhhs… como sea, ya saben, los de las estadísticas. Anda que no nos la han metido doblada pocas veces estos mendas), con una trayectoria internacional de más de una década y 31 años según los almanaques: Rinat Dassaev. Nadie se habría fijado en él de no haber estado allí en Alemania, al pie del cañón, nuestro entonces técnico.

El Sevilla aquel verano estaba intentando montar un buen proyecto deportivo que nos remontara a nuestro lugar, perdido por malas gestiones pasadas, y esencias de siempre, las que pertenecen por derecho propio al fútbol de seda, toque y cortita y al pie, propios de la escuela sevillana: el octavo puesto. Para ello se hace con Polster, intenta el fichaje de Víctor Muñoz, que acabó en la Sampdoria, de un “central sudamericano” del que no trascendió ni el nombre porque al final el que llegó fue Mino, y le quitamos al Betis a Diego. Con estos mimbres, más Zúñiga, ya se lo anticipo, dio para quedarnos fuera por un pelo del objetivo, seguramente todo debido a mala suerte o errores arbitrales: fuimos novenos.

Dentro de este proyecto ilusionante no quería dejarse nada al azar y reforzar todas las posiciones, quería construirse una plantilla sin fisuras, empezando por la portería. Fernando ya daba muestras de lo que era, un portero correctito y andando. De su suplente, Villalba, mejor no hablar. Por cierto, que hace un año, en el curro, di con una “ex-groupie” suya. Ya saben, muchacha de buen ver que emplea las noches en frecuentar discotecas a la caza de algún futbolista, a poder ser, con el cociente intelectual habitual entre el gremio, para ver qué se puede sacar. La compi, hoy feliz madre soltera, a la que no dudaría en calificar de MILF, usando un neologismo al uso, me relataba lo excelente persona que era el muchacho. Lástima que no acompañara esta sincera bonhomía con otras cualidades más acordes a su profesión.

En fin, ilusiones perdidas por el aplastante peso del tiempo y el sentido común aparte, decíamos que se quería reforzar la portería. Ya se había tanteado a Elduayen (el cachondo de Gil, encabronado como sólo él, Dios lo tenga en su gloria, podía, ya que el Sevilla había vendido a Serna al Barcelona en lugar de al Atlético, pedir nada menos que 100 millones por semejante desecho de tienta), Cedrún, condenado a priori al banquillo por la llegada de un tal José Luis Chilavert, o Agustín, entonces sempiterno suplente en el Real Madrid.

Pero, una vez más, el puto capitalismo vino a jodernos la marrana. La gran madre patria socialista, la abanderada del proletariado de todos los países, el faro que guiaba la Tercera Internacional Comunista, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, había empezado su derrumbamiento el año anterior, 1987, con una serie de medidas que culminarían en la mal llamada Perestroika, de infausto recuerdo. A efectos de lo que nos interesa aquí, abrían una mijita el cotarro. Con la lista de Azcargorta bien presente, con la celeridad y visión comercial innatas de un empresario juguetero, don Luis Cuervas Vilches se dice: “Ni en tres vidas van a venir al Sevilla Van Basten o Baresi, como pretende el sinvergüenza este del bigote, que ya podía taparse un poquito. Pero a los rusos se la podemos meter doblada, traernos al de amarillo y llegar a los 35.000 socios. Precisamente creo tener por ahí el número de uno que sabe tratar con los putos rojos…”. En efecto, lo tenía. Don Ramón Mendoza Fontela, licenciado en Derecho y Económicas, experto empresario que abrió mercado en la URSS cuando no había ni siquiera relaciones diplomáticas entre España y el contubernio marxista. Por sólo esta mención, un tío con dos cojones; aparte de presidente del Madrid. La respuesta de don Ramón fue esclarecedora: ni se te ocurra negociar con esos hijos de puta. Poco menos que imposible penetrar en ese nido de ratas. Recuerda a Napoleón, Luis. O al pobre Hitler. A la pregunta de entonces cómo lo había conseguido él, con Kruschev todavía al mando, sin perestroikas u otras componendas, don Ramón ríe y vuelve a pedir precio por Manolo Jiménez, verdadera obsesión del mandatario blanco.

El genio español del señor Mendoza se anticipó a todos.

Pero no todo estaba perdido. En 1987 se celebró en Sevilla el Campeonato Mundial de Ajedrez. Al parecer, el presidente de la federación andaluza de este incomprensible juego, don Rafael Cid Pérez, hizo muy buenas migas con el entonces ministro de deportes soviético, señor Gavrilin. El motivo de tan buena relación, el obvio y natural: se lo llevaría de putas. Porque ya me dirán ustedes qué le va a contar un tío de Villafranca de los Barros a un ruso de ajedrez. Con estos sólidos cimientos de amistad y cooperación entre ambas naciones, el Sevilla se pone en contacto con el Spartak de Moscú para interesarse por la situación de Rinat Dassaev. Y aquí es donde de verdad empieza esta apasionante historia.

Allí, en las oficinas del Spartak, flipan, miran el teléfono preguntándose qué cojones es esto y hacen lo que se espera: llamar al NKVD. Una vez confirmada la veracidad de la llamada, el funcionario de tan acrisolado organismo les dice que aquí no tiene nada que decir el Spartak, que si quieren negociar, hablen con el órgano competente, esto es, el ministerio de deportes soviético. Después de aprender a marchas forzadas lo que significa que los medios de producción y la fuerza de trabajo sean de titularidad pública, los dirigentes sevillistas dicen que vale, que van para allá. Nueva admonición dedo en alto del ruso. De aquí no sale ni Dios y entra quienes nosotros queremos. Esperen que voy a consultar. Y recuerden, es una negociación con funcionarios. Hay que aguardar no menos de una semana para dar luz verde a que viajen los directivos sevillistas. Se consigue el plácet. Allá que se marchan Rosendo Cabezas, José Ramón Cisneros Marco (les suena, ¿eh? Claro, hombre, el hijo del de la ciudad deportiva. Ah, qué bella meritocracia se respira desde siempre en esta junta directiva, ni una mínima sombra de nepotismo puede achacársele) y, cómo no, nuestro hombre orquesta, el señor Cid.

Los rusos serían lo que fueran, funcionarios, cerriles, obtusos, desconfiados, nietos de siervos de la gleba, pero no obstante, gilipollas no eran. Le dicen al Sevilla que guay, que el millón de dólares que ofrece está bien. Pero que el Hamburgo ofrece lo mismo. Que hay que someter la decisión a los consejeros del ministro de deportes a votación, que esta decisión debe ser por unanimidad, que hay que mirar por el bienestar del jugador y que ellos piensan en los niños. El ojeador, el enchufado y el fiestero vuelven a Sevilla más o menos con lo mismo que se habían ido, pero al menos los rusos ya sabían que el interés existía. Les comentan que ya mandarán un télex (nota para inscritos al nacer en un libro de familia sin el águila de San Juan en la cubierta: una especie de máquina de escribir conectada al telégrafo. Lo más cerca del “chat” que vieron mis ojos hasta la veintena) con la decisión de los cuatro colegas del ministro.

Pasa una semana. Dos. En el Sevilla empiezan a mosquearse. Máxime porque desde la federación se dejó caer que la norma del tercer extranjero no se implantaría durante esa temporada, con lo que el fichaje del ruso sería inviable. Los del ministerio les dicen que hay tres votos, de los cuatro necesarios, favorables para vendérnoslo. Uno de los cuatro señores que se pegaron el verano tocándose los huevos era, por cierto, el presidente del Spartak, que fue el primero en decir que sí. Misterios de la burocracia soviética. La respuesta, a la postre, es genial. El ministerio sale con la coña de que ahora el Sevilla tiene que negociar con la empresa estatal adscrita al mismo, que tiene como misión canalizar la salida de deportistas soviéticos al exterior, una tal Sovietintersport. Se personan, otra vez, los tres magníficos en Moscú para ver qué hostias es esto. Y, (ojo, ya estamos a finales de agosto, la liga a punto de arrancar) vuelve a hacer aparición nuestro presidente favorito, don Jesús Gil y Gil. Allí en Moscú le enseñan un télex a Rosendo Cabezas con el siguiente mensaje: “Superamos la oferta del Sevilla en todos sus términos”. Con dos cojones. Cuervas, que no pudo ir a Moscú por encontrarse en Hong-Kong, suponemos que adquiriendo género de insuperable calidad y acabados para su negocio, monta en cólera y vuelve a sacar el resentimiento del gordo por lo de Serna. Gil recula a su estilo, amenazando. Los rusos dicen que el Atlético ahora pasa, pero que nos ha llegado esta ofertita de Burdeos que no es moco de pavo; que, además, para el pago y confirmación total del fichaje, hace falta dirigirse a una empresa intermediaria, una tal Dorna, con la que aún tengo pesadillas, ubicada en el nada sospechoso fiscalmente Principado de Liechtenstein.

La cosa empieza a sonar a broma, a Cuervas se le hinchan los cojones y comienza a buscar otras opciones. Suenan unos tales Lung y Mihailov, uno rumano y el otro búlgaro. No contento con negociar con los rusos, ahora quería liarse con nada menos que Ceaucescu o Zhivkov. Los rusos ven que tal vez hayan tensado un poco la cuerda y llaman diciendo que, hombre, los gabachos ofrecen más, suban ustedes la oferta y se quedan el portero, que queremos que sea embajador del Estado soviético en la Exposición Universal de dentro de cuatro años en su ciudad. Textual. Nunca se sabe por dónde va a salirte un materialista histórico. Finalmente, ya casi en noviembre, se cierra la puta operación. Llega Dassaev. Partido de presentación del fichaje con medio tiempo jugando para el Spartak y el otro medio con el Sevilla. De los dos millones de dólares que paga el Sevilla, y he aquí lo bonito del comunismo, el 30% va al Spartak. El resto, para Sovietintersport, es decir, el estado. El jugador cobraría 100.000 pesetas mensuales que debían remitirse primero a esta sociedad estatal por parte del Sevilla y ellos le harían llegar el pago al jugador, nada de cobrar en b, y todos los recibos en regla. Con un par de huevos. Desde luego que demasiado duraron con esos incentivos a la excelencia individual.

¿Alguien cree, después de cinco meses de negociaciones, viajes, télex, ofertas fantasmas para encarecer la operación, votos de consejos ministeriales como el que aprueba un proyecto de ley y eso que en Moscú aquello de la separación de poderes era algo superado, y declaraciones de Gil, que a mí me quedaban ganas de seguir más fichajes? ¿Merece esto la pena? Anda y que se fueran al carajo. Encima, con el rendimiento que dio el amigo, que da para otro artículo casi tan largo y prolijo como el presente.

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8 comentarios

Archivado bajo Cancerberos, Memorabilia

8 Respuestas a “Negociar con el Comisariado del Pueblo para los Deportes y Esparcimiento de la clase obrera

  1. Camilo Sexto

    Artículo de mamazo. Enhorabuena.

    Aún así, no estaría de más una foto de la MILF fan de Villalba.

    Y un toque de atención si me lo permites. A ver si no se hacen tan espaciados en los días los artículos. Uno cada dos o tres días está bien, pero uno cada cinco es demasiado.

  2. Hombre, esto tiene una documentación exhaustiva que no es moco de pavo. Ni que yo me acordara de quién era el presidente de la Federación andaluza de ajedrez. Y que mando los artículos y me los publican a la buena de Dios, eso también. Le voy a cortar el cuello al director de la bitácora.

  3. Anónimo

    MAGNÍFICO NO, LO SIGUIENTE.

  4. Pingback: Amor en los tiempos de la puta mierda | Palanganismo exacerbado

  5. Una buena Sevillista

    Y usted malintencionado y torticero informador, ya que está tan bien documentado y con tantos detalles que posee su artículo (lo cual demuestra su implicación con la junta directiva de D. Luís Cuervas por una u otra razón), lo que llevaría implícito de ser cierto su condición de repugnante traidor. Por qué no dice también que el fichaje de Dassaev reportó al Sevilla multitud de ingresos en efectivo (esponsorización, venta de camisetas, publicidad estática y funcional, ingresos por partidos amistosos, amén del considerable incremento de socios para el club y el conocimiento internacional y prestigio que el fichaje de renombre supuso para la entidad) le repito, por qué no cuenta también que la entidad rusa (los oligarcas comunistas como siempre) dejó de percibir 60 millones de pesetas que, mediante aval bancario del banco Atlántico nunca fue cobrado por dichos comunistas, y sin embargo recuperado hace poco por la eficiente directiva del señor Del Nido.
    En resumen, el ojeador, el enchufado y el fiestero como usted malignamente y con envidea denomina a los tres viajeros, supuso un desenvolso mínimo para la entidad y una proyección internacional importante.
    El proyecto humano que se hizo con el jugador quedó en simple proyecto, culpa exclusivamente del jugador, su personalidad y su entorno. Ya era mayor de edad y experimentado en el mundo del deporte cuando fue fichado.
    No despida más hiel en su artículo o al menos procure ser más objetivo en sus historietas, tras contrastar como le detallo convenientemente, todos los pormenores de los hechos.
    Una buena, documentada y objetiva sevillista.

  6. Una buena Sevillista

    Fe de erratas en el artículo anterior:
    Desembolso no desenvolso
    Envidia no envidea.

  7. Pingback: Cortilandia y César Luis Menotti | Palanganismo exacerbado

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