Manifiesto delnidista

PEX CORRESPONSALÍA SANTIPONCE Un fantasma recorre lamejorligadelmundo. El fantasma del delnidismo. Contra él se conjuran las potencias: madridismo, barcelonismo, medios de comunicación, editoriales, el FMI, el BM, el Circo del Sol, los circos tradicionales de caniches vestidos de gitana jugando partidillos de fútbol, también llamados prensa deportiva. A todo aquel que se opone al actual estado de cosas, se le llama delnidista. Todo el que disiente del reparto televisivo, delnidista. Todo el que deplora una liga con 30 puntos de diferencia entre segundo y tercero, delnidista. Todo aquel que tiene por punching-ball a la parienta, delnidista. Hora es ya que el delnidismo puro exprese ante todo el mundo sus aspiraciones, ideas y programa.

A nadie se le escapa que toda la historia del fútbol español es una lucha de clases. Eso ya lo dijeron dos alemanes dos judíos en 1848 a través de un oscuro opúsculo de mínima difusión. Aquí estamos nosotros para recordarlo, no se preocupen. El fútbol patrio empezó como un asunto de homosexuales puerilizados de buena familia que se dedicaban a ponerse en calzoncillos en descampados persiguiendo una pelota rodeados en su mayoría por marineros ingleses. Imaginen la alarma social ante el panorama. Sorprendentemente, ninguno de estos niñatos acabó en casas de esparcimiento del puerto de Singapur. Todo iba sólo de hacer deporte, concepto desconocido hasta entonces en la piel de toro. Así los chavales se desfogaban, dejaban de preguntarse por qué los obreros estaban siempre tan cabreados y que qué era eso de pedir “pan y trabajo” debajo de un palo con una cartulina adosada. Todos contentos.

La cosa avanza y los débiles mentales de los calzoncillos empiezan a federarse, ponerse en contacto con otras sociedades con los mismos fines a lo largo y ancho del país (ah, el colonialismo británico, siempre tan fecundo) y organizan torneos entre ellos. Los obreros portuarios empiezan a acercarse a ver los partidos y, como los que jugaban venían de las familias que venían, al segundo partido empiezan a cobrarles por mirar. Qué sorpresa no se llevarían cuando vieron que los parias de los mirones no sólo pagaban, sino que encima se daban de hostias entre ellos según las preferencias por la victoria de cada cual. El asunto estaba claro. De tamaña mariconada se podía sacar dinero.

Entran entonces en juego los poderes fácticos. Tú juegas, pero lo que pagan los débiles mentales que se arremolinan ante el terreno de juego me lo llevo yo. Avanzando el tiempo, los grandes equipos dicen que hasta aquí hemos llegado. Que tendremos campos puestos a disposición por la administración, que nos llevaremos ayudas públicas de libro, pero merecemos que todo se reparta por igual, ya que sin los de los calzones, esto no existe. Esta pujante nueva burguesía avanza inexorable hasta que se hace con todo el cotarro. Desempeñan, qué duda cabe, un papel imprescindible en la Historia, completamente revolucionario.

La implantación de un nuevo sistema de competición (de nombre tan sospechoso como todo lo demás circundante al nuevo negocio de ser poco varonil: la liga), las comisiones por fichajes, las primas, el desarrollo de los medios de comunicación de masas como la radio y la televisión, aparte, claro está, de la gran herramienta de gestión que hace de los grandes clubes de este país algo inalcanzable para toda Europa: las recalificaciones; todo redunda en beneficio de esta nueva clase social futbolera. Se convierten, así, en alta burguesía.

La población de clubes y, con ella, las necesidades, crecen, por lo que no es posible que el mercado, con sus mecanismos de distribución de la riqueza, provea a todos. Nos encontramos por ello en una situación aún peor que con la que se dieron de bruces los actuales grandes equipos en sus comienzos. Los parias, de un lado, y los “grandes”, del otro. Los segundos tienen en su poder los medios de producción, los medios de comunicación a gran escala que no son sino su órgano de propaganda, toda la plusvalía va a parar a sus manos. Entonces, surge una nueva clase social: los pringaos.

Se caracterizan éstos por no tener acceso a la riqueza, a pesar de ser generadores de su gran mayoría. Crían a los futuros deportistas/intelectuales/modelos a seguir de los grandes, que se los llevan bajo otro mecanismo perverso que ejercen: el ojeador. Una vez que consiguen alguna migaja del pastel caen sobre ellos los representantes de la burguesía de los cojones: los representantes, las comisiones y otros agentes encubiertos.

Es entonces cuando surge el delnidismo. Su objetivo es claro: formar la conciencia de clase de los pringaos, derrocar el régimen de los grandes y llevar al pringaismo a la conquista del Poder. Esta actitud revolucionaria no es nueva de ahora. Su líder siempre se ha caracterizado por inquietudes de esta índole. El delnidismo es la parte más decidida, más concienciada y de acción más directa de todo el pringaismo. Los delnidistas son la vanguardia de éste.

Ante esta amenaza, el grandismo moviliza a sus sicarios. Ponen en sus panfletos, cuando los ponen, que los muy mamones desde ayer no dicen nada, ideas que a todos los bienpensantes parecen peligrosas. Quieren igualar la liga por abajo. Quieren que todos veáis un Sporting-Osasuna antes que un Barcelona-Madrid. Quieren que Cristiano cobre lo que un taxista. Quieren que los dos grandes saquen lo mismo que el Granada. Veamos estas afirmaciones desde nuestro delnidismo.

¿Quiere el delnidismo acabar con lamejorligadelmundo? Por supuesto que no, precisamente sus demandas van encaminadas a preservar su integridad, emoción e interés. Nadie paga lo mismo por ver una liga de dos que por ver una liga de 20 con, al menos, cuatro equipos luchando por el título. ¿Se quiere acabar con el dinero de la televisión? No rotundo, lo que se pretende es que ese reparto sea más equitativo, a cada cual según su desempeño y audiencia, negociar la liga como un todo, no como una parte, con lo que el total sería mucho mayor a repartir. ¿Quiere que todos cobren igual, a pesar de la gran cantidad de seguidores que tienen Madrid y Barcelona? De nuevo debemos responder negativamente. Ellos cobrarán en función de sus éxitos, que casi siempre son mayores a los de los demás, por su audiencia, siempre superior a la del resto, por su volumen de partidos vendidos por PPV, con frecuencia por encima de todos. ¿Quieren acaso acabar con el actual modelo de negociación insolidario que hipoteca la liga y que hace que muchos equipos estén con la soga al cuello? Ah, sí, eso es precisamente lo que queremos y lo que conseguiremos. Con la ayuda de Dios.

Los pringaos no tienen que perder sino sus cadenas. Pringaos de todas las ligas, ¡uníos!

El delnidismo guiando a los pringaos al asalto de la LFP.

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7 comentarios

Archivado bajo Hasta la victoria siempre

7 Respuestas a “Manifiesto delnidista

  1. Sencillamente genial, la persona que hace este blog se merece una ración de Bacalao con Tomate en el Rinconcillo.

  2. ME he jartao de reí jejejeje Muy bueno

  3. Como Del Nido se levante y vea que lo has vestido de Ché la palma xD
    Grandísimo, como siempre.

  4. Me meo toa…

    Buenísimo.

    Por el poder de greiscol y el que me confiero yo a mi mismo te nombro mejor post de la semana,

    Un saludo!

  5. Anónimo

    Magnifico el encaje.

  6. Pingback: La ambición se quedó en casa | Palanganismo exacerbado

  7. Pingback: Orgullosos de Pino Montano | Palanganismo exacerbado

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