Qué huevazos tienes

PEX CORRESPONSALÍA EN SANTIPONCE Hay personas que tienen un don innato para revertir situaciones que parecen seguras. Lance Armstrong publicó un libro tras ganar su primer Tour que es claro ejemplo de esta afirmación. Una suerte de autobiografía en la que cuenta sus inicios, sus primeras carreras, el paso al profesionalismo, el diagnóstico de un cáncer testicular con metástasis en pulmones y cerebro, superación de esta enfermedad y éxito posterior en el Tour. Además, en mitad del proceso de cura tuvo que acudir a un banco de esperma si quería tener descendencia porque lo más probable era que quedara estéril a causa del tratamiento; se quedó sin seguro médico por no sé qué lío legal entre su anterior equipo y Cofidis, con quien había firmado para la siguiente temporada. Como ven, Cofidis no sólo estafa a inteligentes mileuristas con ganas de crucero por el Báltico, son muy democráticos en su hijoputismo. Tras toda esta serie de cabronadas que no le deseas ni al vecino que se pone a hacer obras cada tres meses, el tío consigue algo sin precedentes: seguir cayendo como una patada en los huevos. No sé si le dejó a deber dinero a la que le escribió el libro, una tal Sally Jenkins, pero lo cierto es que se muestra como un hombre arrogante, soberbio, presuntuoso, ignorante y orgulloso de serlo, condescendiente y con muy poquito en la mollera. No dirán que la cosa no tiene mérito, relatar más penas que Guillermo Sautier Casaseca y seguir pareciendo un hijo de la gran puta.

Manuel Jiménez Jiménez ha logrado algo muy parecido. Es el tío con el récord de partidos en Primera con el Sevilla Fútbol Club, internacional, mundialista, cogió al filial en Tercera y lo dejó en Segunda División habiendo sacado de la cantera a unos tales Reyes, Antoñito, Navas, Puerta o Sergio Ramos. Al primer equipo logró llevarlo a un tercer puesto y a una final de Copa que posteriormente se ganaría, si bien con otro inquilino en el banquillo. No obstante todo esto, muy pocos sevillistas tienen de él un recuerdo sin mácula.

Debuta nuestro hombre en Valladolid el 30 de octubre de 1983, 3-3, con otros grandes artistas en el cartel, como el llorado a la par que corrupto, vendido y recusado por el F.C. Barcelona durante casi toda su carrera, Emilio Carlos Guruceta Muro, director de la contienda al silbato, o el autor del segundo gol pucelano, Patricio Yáñez Candía, más conocido en el mundo balompédico como “Pato” Yáñez. Las crónicas de la época lo recogen como el peor partido de los blanquivioletas ante un Sevilla “de circunstancias”. De la actuación de Jiménez aquel día poco podemos decir, lo único seguro es que no volvió a jugar un solo minuto con el primer equipo en toda la temporada. Al año siguiente disputa poco más de una decena de partidos para asentarse definitivamente en la campaña 85/86. Más adelante, debut con “la Roja”, entonces España a secas, Mundial en Italia y 300 y pico partidos defendiendo la camiseta del Sevilla. Con muy poquito que reprocharle, más bien todo lo contrario. Como recuerdo puramente personal, reseñar una magnífica entrevista a don Manuel que se publicó en la desaparecida revista mensual “El Sevillista” cuyo titular era algo así como “Me encantan los potajes y la caldereta de venado”, con fotos de Jiménez y su entonces señora ataviados con las camisas, tocados y hombreras propios de los años 80 en parajes emblemáticos de Arahal. Lástima que no conserve ese número, pero titulares así no se olvidan fácilmente, igual que recuerdo los del 12 de septiembre de 2001 o del 11 de mayo de 2006. Cosas que te marcan para toda la vida.

Más tarde se hace cargo del filial en la época en que no había ni para balones, cuando hasta don Manué, el del Fontanal, se echaba las manos a la cabeza declarando que aquí todo el mundo debe dinero, pero el único que lo airea cada tres días es el Sevilla. Que parecéis gilipollas, le faltaba decir al buen hombre. Hace un campaña excelente con el equipo, arrasando en la liga y en el grupo de ascenso, logrando subir a Segunda B casi sin oposición. Por cierto, en el partido en que se consumó el ascenso, contra el Málaga B, se organizó una celebración con fuegos artificiales incluidos para los cuatro frikis que nos encontrábamos en el estadio. Realmente conmovedor. Después, años en Segunda B alcanzando la fase de ascenso a Segunda en varias ocasiones, donde ya empieza a apuntar maneras de lo que sería su devenir como entrenador del primer equipo: cagarla cuando mejor lo tiene. A pesar de los buenos resultados del Sevilla Atlético, se caracteriza éste por ser un filial muy atípico. Encaja poquísimos goles, suele tener una media de edad muy alta  y un esquema que podía parecer conservador. Pero se sacan muy buenos jugadores para el primer equipo, con lo que su labor, a pesar de ciertas peculiaridades, no ofrece casi ninguna sombra. En 2007 consigue el ascenso a Segunda del filial en un finde que fue toda la polla: campeonato de España del primer equipo, ascenso al día siguiente de los chavales, caras de resacas impresentables en la grada y más caras impresentables serigrafiadas en los autobuses que recorrieron la ciudad con ambas plantillas celebrando la gesta.

Y en octubre, el entrenador que más éxitos le ha dado al Sevilla en toda su historia se va, por la pasta, está claro, pero también tras haber escuchado parabienes por los servicios prestados tales como que no hay nadie imprescindible, que estaba en el paro antes de venir, que soy el hombre más importante del orbe después de Su Santidad Benedicto XVI y a mí, por tanto, los tartajas me tocan los cojones. Llega Manolo a la primera plantilla, su sueño, lo que llevaba esperando más de siete años. Empieza bastante renqueante en Liga pero solventa la participación europea con nota en la liguilla de Champions. En la segunda parte de la temporada no se cansa de acertar cayendo en Copa de Europa contra el Fenerbahçe haciendo gala de un acojone y una ineptitud pasmosas (ese cambio de Luis Fabiano con 3-1 para después en la prórroga sacar a Koné es de genio), adornado todo ello con la derrota en casa contra el Atlético y lo del Almería pintándonos la cara, resultando de todo lo anterior que las opciones de Champions se vayan al carajo. Su segundo año, terceros; ole tú, Manolo. Pero tiene otro lunar importante como fue la vuelta de semifinales de Copa en San Mamés. Y pasamos por alto el papelón en UEFA. Tercera y última temporada, mete al equipo en la final de Copa, eliminando a Barcelona y Getafe en dos eliminatorias en las que lo de Fátima, Lourdes y el Palmar de Troya juntos se queda en bragas ante el milagro que vieron estos ojos que se tiene que tragar la tierra. En Liga empieza como un cohete, pero en la segunda vuelta el equipo se viene abajo dando recitales como el de Cornellá o la eliminatoria contra el CSKA de Moscú.

Con todo, el balance de tantos años, ateniéndonos al mantra jimenista, los números, no es malo en absoluto. Símbolo del club, el mejor entrenador de la historia del filial sin ninguna duda y éxitos en el primer equipo, con sus puntos negros, de acuerdo, pero éxitos al fin y al cabo con los que ni se soñaba hasta hace muy poquito por aquí. Entonces, ¿qué coño pasa con este señor, que teniéndolo todo para ser símbolo imperecedero del sevillismo, baste la sola mención de su nombre entre muchos aficionados para que se cambien los semblantes, se mesen los cabellos, se quite a los niños de en medio y se saquen las navajas? En opinión de esta humilde bitácora, lo mismo que con el tejano de un solo testículo. Le pierde la boquita.

Ya en su época de jugador era Jiménez muy dado a ver fantasmas donde sólo había críticas. Se venía abajo si no se le daba por sistema la puntuación más alta en las crónicas. Se caga en todo lo bendito cuando el Sevilla ficha a Luis de la Fuente, riojano de Haro pero suponemos que con factor rh negativo, porque considera eso de firmar a un jugador que ocupa su misma posición en el campo como un desafuero parejo al saqueo de Roma por parte del emperador Carlos. Ha estado alardeando cada vez que ha tenido la oportunidad de haber rechazado nada menos que al Real Madrid por su sevillismo sin fisuras, cuando lo cierto es que esa oferta nunca fue nada concreto y en los papeles de la época no se aprecia en sus declaraciones una negativa rotunda, más bien la típica verborrea vacía y cobarde propia de futbolistas. De su época de jugador queda una última alhaja en el camino. El Real Jaén-Sevilla F.C. de la 97/98 con el arahalense en las filas de los del Santo Reino (¿alguien sabe por qué coño se dice eso de Jaén?). La victoria local fue celebrada como suelen serlo estos raros hechos por nuestra Andalucía, con la salvedad de que un hombre parecía haber derrotado al paganismo en la última batalla  por la  religión verdadera. Éste no fue otro que don Manuel Jiménez, que a la vista de su euforia nadie dudaría que estaba viviendo uno de los mejores momentos de su  carrera, si no el mejor.

Pero agárrense, que vienen curvas. Etapa de entrenador. Ruedas de prensa. Demóstenes, Cicerón, Quintiliano y otros babuchas quedan a la altura de la mierda ante tales prodigios de oratoria donde consigue decirlo todo mal. Él todo lo hacía bien, pero en las derrotas, la culpa era de Juande, de que se muriera un jugador, de que no se le valoraba por ser de pueblo, de que las calderetas de venado no eran lo mismo desde la crisis de la encefalopatía espongiforme bovina. Un alarde de victimismo al que sólo podría acercarse en un día bueno, en plena forma, habiéndose mirado por la mañana al espejo acariciándose el mentón y diciéndose para sí en sublime monólogo interior “hoy la voy a liar” Josep Lluís Carod Rovira. Sacar números tuneados a gusto de cada situación, dejar caer que Sergio Ramos es lo que es gracias a él, o decir en petit comité que lo de Turquía fue culpa del pobrecillo de Antonio Álvarez por aconsejarle ir a por el partido. Pero Manolo puede con eso y mucho más. Una vez cesado, a los pocos días de proclamarse el Sevilla campeón de Copa en el Camp Nou y estar clasificado para la previa de Liga de Campeones, en lugar de felicitar al equipo y hacerse partícipe del éxito, pone la guinda al pastel. Inalcanzable.

Ahora bien, al César lo que es del César. En esta ocasión, el sr. Jiménez tuvo más razón que el santoral al completo. Él al menos, a pesar de tanto despropósito en rueda de prensa, no cambió nunca de discurso. Coherente en su desfachatez, pero coherente al fin y al cabo. Otros, sin embargo, que por cierto lo usaron durante mucho tiempo como escudo de una mala gestión, cambian de objetivo, argumento, denominación o chaqueta cuando mejor convenga, sin despeinarse y tomando a todo cristo por tonto. Manolo no era de esos. Siempre ha sabido que un tonto es alguien muy respetable.

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6 comentarios

Archivado bajo Memorabilia, Vendecolchas

6 Respuestas a “Qué huevazos tienes

  1. Las perlas de don Manuel Jiménez son para escribir un libro de lomo grueso, la verdad.

  2. Milton "Maravilla" Melgar

    El Jimenismo volverá

  3. Anónimo

    La historia le dara su sitio.

  4. Aswe

    Volverán banderas victoriosas con Aolo. Tembad, infieles.

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